Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.

jueves, 31 de octubre de 2019

Chile y la batalla entre dos modelos



Punto de giro en la patria grande. La heroica rebelión del pueblo chileno contra el modelo que los fundamentalistas de mercado proclamaban como la panacea del mundo ha hecho hundir al neoliberalismo irreversiblemente en el más profundo de los descréditos. Lo reafirma más aún la valentía con que jóvenes, mujeres, ancianos, el pueblo todo, se enfrentan a la represión pinochetista de Sebastián Piñera.
Las multitudes de participantes desarmados en las marchas pacíficas avanzan resueltamente hacia líneas de carabineros que disparan a mansalva gases lacrimógenos, balas de goma y perdigones que ya han ocasionado 3 mil 712 detenidos, 404 de ellos menores de edad, mil 233 heridos y pérdida de visión o lesiones oculares a más de 100 personas, mujeres y hombres agredidos sexualmente y torturados, a veces en plena calle. Los esbirros disparan a la cara en busca del máximo terror. Hay 20 fallecidos pero las causas específicas no me quedan claras.
La batalla de Chile es parte fundamental de la de mayor alcance que se dirime en América Latina y el Caribe, y en el mundo, por la hegemonía política. De un lado, el modelo neoliberal; del otro, uno llamado a desmantelarlo, como hemos visto en Venezuela, Bolivia, en el primer gobierno kirchnerista, en los de Lula y Dilma, en Uruguay y Nicaragua. En Honduras con Zelaya y en Paraguay con Lugo hasta el derrocamiento de ambos. Se trata de lograr la regresión del neoliberalismo cuanto más y hasta donde sea posible, según la correlación de fuerzas en cada país, considerando que aunque agoniza, es el patrón de acumulación por ahora hegemónico, al menos a escala del capitalismo occidental.
Un acontecimiento muy importante para el rumbo político progresista de la región fue la rotunda victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador con una agenda antineoliberal, de independencia, soberanía y dignidad nacional. El hecho puso en cuestión la insostenible fábula del fin de ciclo progresista. Mucho más al producirse en México, uno de los países más extensos, poblados, importantes económicamente e influyentes de nuestra América.
Pero se ve cada día más claro que en los estados donde gobiernos progresistas fueron derrocados o derrotados electoralmente, o en aquellos donde por años ha gobernado la derecha, caso de Colombia y Perú, al neoliberalismo no le va nada bien y es rechazado enérgicamente por crecientes luchas populares, como en Argentina, Brasil y Honduras. En esas estábamos y en octubre de este año estalló el formidable levantamiento indígena y popular en Ecuador contra el paquetazo del Fondo Monetario Internacional (FMI); aunque no haya conseguido sus objetivos por ahora, demostró la capacidad ofensiva de las fuerzas populares ecuatorianas, que ahora enfrentan una nueva ronda de conversaciones con el gobierno del traidor Moreno.
La resonante victoria electoral de Evo Morales en los comicios del 20 de octubre confirma también la viabilidad de una América Latina antineoliberal, pese a las patadas de ahogado de Mesa y sus socios separatistas de Santa Cruz. La transparencia con que el gobierno boliviano ha abierto la elección a la observación internacional y las gigantescas muestras de apoyo popular a su favor pondrán punto final al intento oligárquico-imperialista de robarse las elecciones a costa del voto indígena.
Mientras, en Argentina, otro país de la mayor importancia regional por razones semejantes a México, el resultado de las elecciones del 20 de octubre, con la victoria del dúo Fernández-Fernández muestra un rechazo frontal al neoliberalismo 3.0 de Macri y el anhelo de retomar el camino de la dignidad de ser humano, la independencia nacional, la reindustrialización, el empleo y el derecho a la educación y salud. De inmediato, se prevé un acuerdo sobre salarios que permita reactivar el mercado interno, que junto a una nueva fiscalidad permitirá avanzar en la agenda social. No le resultará nada fácil a Alberto y Cristina en un país saqueado y endeudado hasta el tuétano por los grandes capitales socios de Macri. Ese mismo día ganaba Daniel Martínez, candidato del Frente Amplio la primera vuelta de la elección uruguaya. Será cuesta arriba, pero no imposible, ganar en segunda vuelta contra la derecha unida. No debe omitirse la derrota electoral del guerrerista y corrupto uribismo en las alcaldías de Bogotá y Medellín, un paso a favor de la paz.
En este contexto, la heroica resistencia y batalla por su desarrollo de Cuba y Venezuela, en muy difíciles condiciones de creciente y cruel guerra económica y de cuarta generación por parte de Estados Unidos, constituye una contribución excepcional para inclinar la balanza del lado de los pueblos y uno de los estímulos morales más importantes en este momento para el movimiento revolucionario y progresista latinocaribeño. Éste, a la vez, tiene el sagrado deber de multiplicar sus esfuerzos solidarios con las revoluciones cubana y bolivariana, misión que debe colocar como prioridad máxima de su agenda.
Twitter: @aguerraguerra

Soros apoya a Elizabeth Warren vs. Trump y alucina el retorno del globalismo neoliberal

Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada


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▲ La senadora estadunidense Elizabeth Warren, una de las favoritas para ser elegida candidata demócrata para enfrentar a Donald Trump en 2020.Foto Afp

En la polémica entrevista de George Soros al New York Times (NYT), uno de los medios que se le tiran al suelo, sentencia que viene el reflujo de los globalistas con la derrota del nacionalismo de Donald Trump y el triunfo de la senadora Elizabeth Warren del Partido Demócrata (https://nyti.ms/2PEaF59). ¿De cuando acá Warren, feroz crítica de Wall Street, es globalista?
The Times of Israel comenta que Soros es un multimillonario judío-estadunidense y uno de los principales obsequiantes del Partido Demócrata (https://bit.ly/2BUdyGE).
Más allá de su encapsulamiento israelí-anglosajón, a sus casi 90 años de edad Soros no está actualizado en el tsunami antiglobalista que impera por doquier con diferentes pulsos regionales, en particular en América Latina, donde resalta la muerte del neoliberalismo desde Chile, su otrora ridículo paradigma (https://bit.ly/2PtcYaX), hasta la patética derrota de la Macrieconomía en Argentina –donde Soros posee pletóricos intereses en la Patagonia–, que pretendía durar una generación y a duras penas llegó a cuatro años cataclísmicos.
Durante toda su vida de megaespeculador, a Soros, que navega con disfraz de filántropo engañabobos, le ha importado un comino el daño que provocó en todo el planeta como operador financiero del Deep State israelí-anglosajón, de los banqueros esclavistas Rothschild y de la CIA, según el investigador Wayne Madsen, anterior espía del National Security Agency (https://goo.gl/F6h7sC).
Su entrevistador muy a modo Andrew Ross Sorkin comenta que la animadversión contra Soros se debe a que apoyó a Hillary Clinton y que con “su Open Society Foundation, financiada por sus miles de millones de dólares, ha apoyado a la democracia ( sic) y a los derechos humanos ( sic) en alrededor de 120 países ( ¡megasupersic!)” ¡120 países intoxicados!
Ni Soros ni su palafrenero Sorkin entienden los alcances de su seudodemocracia que propició, mediante financiamientos electorales multimillonarios –los tramposos Super-PACs (https://bit.ly/36ekoVr)–, la imposición de un modelo misántropo y antisocial: su globalismo neoliberal, publicitado por el Foro Económico de Davos, que pretende ocultar una aberrante plutocracia que benefició a uno por ciento de la población en detrimento de 99 por ciento: tanto en el mundo israelí-anglosajón como en Europa, no se diga en la desahuciada América Latina.
Soros acaba de publicar una colección de ensayos, En defensa de la sociedad abierta (https://amzn.to/2MXtxtP), en la que define que su marca de globalismo –una economía global integrada, apuntalada por las leyes ( sic)– choca con el abordaje de Primero Estados Unidos de Trump.
Otra alucinación de Soros consiste en subestimar el poder de Wall Street –en forma deliberada y farisea, cuando en su seno acumuló su fortuna avalada por la CIA, el MI6 y la banca Rothschild– frente al poder de la gente, que abulta en forma demagógica.
Soros ve señales de que la gente está cada vez mas cansada de las tendencias nacionalistas y arremete contra el mandatario chino Xi Jinping, a quien califica de la peor amenaza para la sociedad abierta, además de señalar a China como mortal enemigo.
Soros expectora con inmanencia de corte sicótico, como si fuera el hijo predilecto de Dios, y arremete contra sus abundantes detractores, a quienes cataloga de “dictadores o casi dictadores ( sic)” y de teóricos de la conspiración, sumados a sus enemigos: Trump y el gobierno ( sic) de China.
Falta ver si la senadora Warren será la ungida por su partido, en el que las tendencias socialistas, más en el segmento millennial, se han extendido desde Bernie Sanders hasta Alexandria Ocasio-Cortez y su grupo Squad.
El portal europeo GEAB (28/10/19) aduce que en la era de Internet el péndulo regresa de nuevo a la mitad donde convergen los intereses nacionales y la apertura al mundo. En América Latina y el Medio Oriente se vive otra pulsación asincrónica.
El grave problema de Soros es que sus alucinaciones son mentales, teledirigidas y semánticas al confundir populismos con nacionalismos. Al final, Soros es presa de su fallida propaganda y sus pesadillas paleobíblicas.
Facebook: AlfredoJalife

¿Quién es Alberto Fernández?



Buenos Aires. Nadie sabe de dónde viene, exactamente, aquello de que la política es el arte de lo posible. ¿De Aristóteles, Maquiavelo, Lenin? Pues con igual liviandad puede decirse que también es el arte de lo imposible.
Una aseveración, la segunda, que compartirían Perón, Fidel, Chávez, los Kirchner o Andrés Manuel. En particular, la dama que en mayo pasado, con insuperable maestría cantó jaque, y en los comicios presidenciales del domingo dio mate a Macri, quien se creía el rey de la política argentina. Cristina, of course.
Hace exactamente un año, en un café de la avenida de Mayo, el dirigente social Luis D’Elía (uno de los puntales del kirchnerismo) me propuso entrevistar al operador Alberto Fernández, con quien estaba colaborando.
–¿Alberto? –dije. Pocos argentinos sabían, entonces, que el ex jefe de gabinete de Néstor y Cristina había regresado luego del portazo que, por diferencias de… ¿temperamento?, le dio a la jefa en julio de 2008.
El operador había prestado servicios en los gobiernos de Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando De la Rúa y Eduardo Duhalde, habiendo armado en 2003 la ingeniería política del kirchnerismo originario. Un tipo raro de la política. De honestidad probada, Alberto Fernández piensa con cabeza propia, y supo guardar distancia de los correveidiles y alcahuetes del poder.
Cristina quedó inquieta con su distanciamiento. Dicen que dicen que, a veces, ella preguntaba: ¿Y qué es de la vida de Alberto? Así, pues, en mayo pasado, acosada por la persecución judicial y la jauría mediática liderada por el multimedios Clarín, La Nación, Infobae, propuso que Alberto encabece (con ella de vice), la fórmula que el domingo pasado consiguió la unidad y la victoria electoral.
Subrayo victoria electoral. Un clásico del peronismo que, históricamente, se caracterizó por tener un gran olfato para el poder… y un gatopardismo desquiciante a la hora de ejercerlo.
Siempre fue así: el peronismo de abajo con dirigentes como Luis D’Elía; el peronismo de arriba de los Alberto Fernández, y en el medio, conduciendo los antagonismos de la sociedad, magos de la política como Perón, Néstor y Cristina.
¿Pragmatismo, gobernabilidad? Hoy, en este país, no queda aire para testimoniar el legado del macrismo. Tierra arrasada, estimó Axel Kiciloff, el gobernador electo de la provincia de Buenos Aires.
En efecto, millares durmiendo en las calles de la hermosa ciudad, 40 por ciento de pobreza, hambre, desempleo de dos dígitos, ruina de los pequeños y medianos empresarios, endeudamiento feroz en lo que resta del siglo.
Flagelos que Alberto piensa resolver, y esperanzado en que el Fondo Monetario Internacional (FMI) entienda la megacrisis que ha dibujado una gran interrogante en el futuro de los argentinos. Empezando por el saqueo de las reservas del Banco Central, que en los últimos meses trató, sin éxito, de contener la corrida cambiaria: 22 mil 400 millones de dólares.
“Mirá, Pepe –comentó D’Elía–, tenemos que ganar: sin Cristina no se puede, sólo con ella no alcanza” (frase de Alberto). De modo que a mi regreso a México, aproveché que Alberto andaba en la Feria del Libro de Guadalajara y, vía wasap, intercambié unas pocas palabras con él. Decidí no hacer la entrevista. Confieso que el operador no me suscitaba lo mismo que Kiciloff o Cristina. Meses después regresé a esta ciudad y, nuevamente, me puse en contacto recordándole a nuestro amigo común.
No respondió. Para entonces, la justicia macrista había vuelto a meter en la cárcel a D’Elía, y allí sigue junto con el ex vicepresidente Amado Boudou, el diputado Julio de Vido, y la dirigente social Milagro Sala, a quienes en la noche de la victoria, nadie del Frente de Todos les envió una sola palabra de solidaridad. Aunque Alberto pidió –faltaba más– por la libertad de Lula, “…un hombre extraordinario que está injustamente preso desde hace un año y medio”.
Por consiguiente, y tratándose de un personaje al que acabo de votar (soy políticamente disciplinado), me resigné a leer su libro Pensado y escrito (Ediciones B, Buenos Aires, 2010). Tuve que hacer un esfuerzo. Plagado de lugares comunes sobre los ideales de la democracia y la socialdemocracia, el libro es una compilación de artículos de la coyuntura nacional y mundial, publicados entre junio de 2009 y febrero de 2010.
Lo interesante es que el propio autor se ha negado a reditar el libro. ¿A causa de qué? Es simple: hombre culto, formado, pragmático, Alberto Fernández sabe que sus páginas revelan el inconfesado deseo progre y burgués, para que el mayor movimiento de masas de la Argentina nacional y popular se convierta en una suerte de liberalismo progresista peronista.
Algo que el peronismo nunca fue. En todo caso, cualquier cosa iba ser buena para terminar con Mauricio Macri y su pandilla de mafiosos.

América Latina lucha y vota a la izquierda



Nuestro continente continúa siendo el escenario de las más importantes luchas del mundo contemporáneo –contra el neoliberalismo y por la construcción de alternativas al modelo adoptado por el capitalismo en el periodo histórico actual. El aliento de la retomada neoliberal se confirma como corto. Derrota espectacular de Mauricio Macri, del tamaño de la euforia que su victoria ha despertado. Evo Morales aguanta firme la ofensiva de la derecha, a pesar de la pérdida de apoyos. En Uruguay el Frente Amplio sigue como la más grande fuerza política, pero va a tener un desafío duro en la segunda vuelta, por la pérdida de apoyos y por la suma de los candidatos de derecha. En Colombia, las elecciones municipales representan una dura derrota para el actual presidente, Iván Duque, representante del uribismo, se fortalecen candidatos del campo popular y vinculados al nuevo líder de la izquierda, Gustavo Petro.
Argentina confirma las debilidades del neoliberalismo, que la derecha no tiene otra opción, que no ha aprendido del agotamiento de su modelo, que se ha engañado respecto al éxito de los gobiernos antineoliberales, vuelve con su política de ajustes fiscales y revela su incapacidad no sólo para retomar el crecimiento económico y luchas en contra del desempleo como, en consecuencia de ello, de conquistar bases de apoyo suficientes para tener gobiernos con estabilidad política.
A pesar de la recomposición de la derecha Evo Morales se apoyó en sus bases populares, en gran medida en el movimiento indígena, para resistir, triunfar electoralmente y ganar un nuevo mandato, importante no sólo para completar la extraordinaria recuperación económica y las conquistas sociales y étnicas de Bolivia, así como para recomponer a sus fuerzas políticas de apoyo.
En Colombia, también un gobierno neoliberal paga el precio del desgaste de ese modelo, así como de la política represiva y autoritaria del uribismo, retomada por el presidente actual. El gobierno fue derrotado en todos los frentes, empezando por Bogotá y Medellín, proyectando derrota en las próximas elecciones presidenciales en favor de Petro.
Pero América Latina no sólo vota a la izquierda, lucha a la izquierda, desmonta el modelo neoliberal en su eje fundamental, Chile, y destruye la posibilidad de Lenín Moreno de restablecer el neoliberalismo en Ecuador. Explosiones populares fueron la respuesta del pueblo a medidas de ajuste fiscal, que han tenido como reacción la retracción abierta de Sebastián Piñera y de Lenín Moreno, revelando cómo su modelo es claramente antipopular y cómo el pueblo ya se ha dado cuenta y no acepta la continuidad de las medidas antipopulares. Esos gobiernos se han agotado. En Ecuador se dibuja un retorno de gobiernos vinculados a Rafael Correa. En Chile, donde la derecha tradicional lideraba las encuestas, la izquierda –especialmente el Frente Amplio– tiene una nueva y enorme oportunidad de volver a polarizar en contra del gobierno de Piñera.
La primera década del siglo XXI en America Latina fue claramente de izquierda, con protagonismo de gobiernos antineoliberales y de sus dirigentes –Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Evo Morales, Rafael Correa– como los principales liderazgos de izquierda en el mundo. La contraofensiva conservadora se ha impuesto en la segunda década del nuevo siglo, con las victorias de Macri y de Bolsonaro, el vuelco del gobierno de Moreno, el aislamiento internacional del gobierno de Nicolás Maduro, en el marco de la elección de Donald Trump y la victoria del Brexit.
Esa ofensiva ha revelado luego sus debilidades, empezando por el mismo Trump y por el Brexit, por el fin del gobierno de Salvini en Italia, de la derrota de Benjamin Netanyahu en Israel, hasta que se ha consagrado con la formidable victoria de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner, la de Evo Morales, y las fantásticas movilizaciones en Ecuador y en Chile. China se reafirma como la gran potencia del siglo XXI y el bloque Brics como el proyecto de construcción de un mundo bipolar, alternativo a la hegemonía imperial estadunidense en declive.
La tercera década promete ser la de la retomada de la izquierda y la del ­declive de la derecha en America Latina.

El retorno del arsenal barroco



En su obra Movimientos seculares de la producción y los precios (1930), Simon Kuznets señaló que la principal causa del atraso de una industria reside en la reducción de su ritmo de innovación tecnológica. Para Kuznets, el desarrollo tecnológico puede alcanzar un ritmo muy acelerado de mutaciones y mejoras. Pero cada mejoría reduce las oportunidades de mayores progresos en el futuro. Cuando eso sucede, el ritmo del crecimiento y las inversiones se hacen cada vez más lentos.
En esos casos el ritmo de cambio técnico se mantiene introduciendo pequeñas innovaciones que mejoran marginalmente el desempeño de la plataforma original, pero a un costo cada vez más alto. Todo termina pareciéndose a una pieza de arte barroco, en la que la acumulación de capas ornamentales sólo lleva al manierismo y la extravagancia. En materia de armamentos, el término de arsenal barroco fue inicialmente acuñado por el físico Herbert York, uno de los desarrolladores de la bomba atómica y después fue popularizado en un libro extraordinario de Mary Kaldor sobre tecnología militar.
Hoy la idea del arsenal barroco, caro y decadente, regresa con la portentosa aventura del avión F-35. Es uno de los mejores ejemplos sobre los efectos negativos de la tecnología militar sobre la industria civil.
Hace 20 años el Departamento de Defensa en Estados Unidos dio a conocer los planes para un nuevo avión de combate. En gran despliegue de publicidad se habló de una nave furtiva que garantizaría la supremacía aérea hasta bien avanzado el siglo XXI.
Desde los planos originales, el F-35 tenía como misión llenar múltiples requisitos. Debía volar más rápido que sus antecesores, poseer mayor maniobrabilidad, alcance y poder destructivo. Sería capaz de despegar y aterrizar verticalmente, y tendría una mayor y más sofisticada capacidad para la guerra electrónica. Alcanzar esta serie de objetivos simultáneamente ya se anunciaba como una tarea difícil. Por si esto fuera poco, el F-35 debía ser un avión furtivo (o lo que en la jerga anglosajona se denomina stealth).
Ese último requisito tiene muchas implicaciones para la arquitectura del avión. Para lograr una huella de radar pequeña y lograr evadir las defensas enemigas, un avión furtivo debe estar revestido de material que absorba las señales de radar. Adicionalmente, todo el armamento y tanques de combustible adicionales tienen que estar al interior del fuselaje. De lo contrario, la silueta electrónica del avión sería visible para los radares enemigos.
El resultado final fue un desastre tecnológico, militar y económico. El F-35 resultó ser el avión militar más caro del mundo (con un costo aproximado de 120 millones de dólares por ejemplar). Además, su desempeño es inferior en cada uno de los rubros en que se pensaba tendría superioridad. Mientras el F-35 es capaz de alcanzar una velocidad de Mach 1.3, sus predecesores pueden desplazarse a velocidades superiores a Mach dos. En lo que concierne a la maniobrabilidad, el F-35 no puede dar las vueltas en ángulos cerrados que se necesitan para evadir defensas anti-aéreas. Es cierto que el F-35 puede aterrizar verticalmente en la cubierta de un barco, pero eso es lo que lo hace menos rápido. Ciertamente no tiene la velocidad para tratar de escapársele a un misil S 400 ruso, que alcanza velocidades de hasta Mach 14. Este deficiente desempeño se relaciona con las restricciones que cada uno de sus múltiples objetivos impone sobre los demás.
El revestimiento y la silueta del F-35 le permiten absorber o desviar las señales de radar, pero no lo ocultan totalmente. La cantidad de señales de radar que un objeto regresa al emisor se mide por su perfil transversal de radar. Los aviones de la cuarta generación (F-18) tienen un perfil de entre cinco y 10 metros cuadrados. El perfil transversal de radar del F-35 es mil veces más reducido, lo que le permite acercarse a las defensas y blancos enemigos antes de ser detectado. Sin embargo, todo eso depende de la longitud de ondas de radar utilizadas. En 1999, un F-117 estadunidense furtivo fue derribado por un misil antiaéreo en Yugoslavia. Ese misil no era muy sofisticado, pero se usó un radar de onda larga y el tan publicitado Stealth Nighthawk no pudo evadirlos.
El F-35 ya es considerado uno de los peores fiascos en la historia de la industria militar. Su costo ha rebasado todas las previsiones y alcanza ya la cifra de 1.4 billones (castellanos) de dólares durante la vida útil del proyecto. La red de proveedores del contratista principal, Martin Lockheed, cubre todo el territorio estadunidense. Así que el efecto de arrastre de este desplante tecnológico decadente ha contaminando el tejido industrial de todas las entidades federativas.
Así como el programa de máquinas herramientas de control numérico del Pentágono tuvo efectos negativos en la industria de máquinas herramientas de Estados Unidos durante los años 1950-60, hoy las preferencias del complejo militar industrial siguen erosionando la competitividad de la industria estadunidense.
Twitter: @anadaloficial

Lo que los grandes medios no están contando sobre EE.UU.


Si usted visita EE.UU. podrá ver la enorme atención que los principales medios de información de aquel país dedican al presidente Trump. En realidad, sus actividades centran las noticias políticas de la jornada, día tras día, desde el inicio de su mandato. Tal cobertura mediática tiende a ser negativa, criticándolo primordialmente por sus maneras, sus falsedades, sus groserías, sus salidas de tono muy poco presidenciales y un largo etcétera. Y lo mismo ocurre, por cierto, en los principales medios de información españoles, cuya cobertura de la situación política de aquel país es, con contadísimas excepciones, bastante deficiente. No soy yo alguien que valore positivamente la figura del presidente Trump. Todo lo contrario. Pero creo que es un gran error de tales medios de información que den tanta visibilidad y notoriedad a este personaje, pues contribuyen a crear la percepción de que el problema más importante que tiene EE.UU. es el comportamiento de Trump, olvidando que el mayor problema real de la vida política de aquel país es que un sector muy importante de la población le votó, y que muy probablemente le continuarán votando, no excluyéndose, por lo tanto, la posibilidad de que salga reelegido de nuevo en las próximas elecciones presidenciales.
Repito, pues, que por extraño que parezca, el mayor problema que tiene EE.UU. no es primordialmente Trump, sino que gran parte de la clase trabajadora blanca (que es la mayoría de la clase trabajadora) le votó y es probable que continúe votándole. Ni que decir tiene que muchos otros grupos y clases sociales también le votaron. Pero el grupo más decisorio y que jugó un papel clave en su victoria (especialmente en los estados industriales de aquel país que determinaron dicho triunfo) fueron barrios obreros blancos, algunos de los cuales, por cierto, habían votado al candidato Obama en las anteriores elecciones. Y lo que es más que preocupante es que este sector de la clase trabajadora blanca continúa siéndole muy leal. Según encuestas recientes, un 80% de los que le votaron le votarían de nuevo. No hay ningún otro candidato que tenga un nivel tan alto de lealtad de sus votantes como Trump. Este es el gran problema que existe en el país, del cual los medios no hablan. Y lo que es igualmente preocupante es que durante estos años de gobierno Trump, el Partido Demócrata (que es el otro partido del sistema bipartidista estadounidense) apenas ha prestado atención a por qué este personaje ganó las elecciones que el Partido Demócrata perdió. En realidad, este último partido, que ridiculiza constantemente la figura de Trump en lugar de analizar por qué la gente le votó, ignora deliberadamente que fueron precisamente las políticas públicas aplicadas por los gobiernos del Partido Demócrata las que causaron que se votara a Trump. De ahí que se centren tanto en el personaje y muy poco en la enorme responsabilidad que el Partido Demócrata ha tenido en su victoria.
Las causas de la victoria de Trump: las políticas neoliberales del establishment demócrata
Toda la evidencia muestra que han sido las políticas públicas neoliberales aplicadas por el establishment político del Partido Demócrata las que han antagonizado a la gran mayoría de la clase trabajadora, que se siente totalmente ignorada por dicho establishment. En realidad, este establishment actuaba bajo el erróneo supuesto de que ya no existía una clase trabajadora en el país. En su ideario y argumentario su base social era y continúa siendo la clase media, pues asumían que la clase trabajadora o bien había desaparecido o se había transformado en clase media (algo parecido le ocurre, por cierto, a la socialdemocracia europea, incluyendo a la española, el PSOE). De ahí que el Partido Demócrata no haya digerido todavía la victoria de Trump y no entienda lo que está pasando entre sus bases electorales, incluyendo la clase trabajadora, que ha ido abandonando este partido desde hace ya años, el cual solía llamarse el Partido del Pueblo (the People’s Party) y que ahora podría definirse como el partido del capital financiero (the Wall Street Party), siendo la banca (Wall Street) una de sus fuentes más importantes de financiación, incluyendo las candidaturas del presidente Clinton, del presidente Obama y de la presidenciable Hillary Clinton.
Las características del Partido Demócrata: su promoción de la globalización neoliberal
El Partido Demócrata, desde la época del presidente Clinton –que, junto con Tony Blair (del Partido Laborista británico), y Gerhard Schröder (del Partido Socialdemócrata alemán), fundó la Tercera Vía–, fue el abanderado de la globalización de la industria y del movimiento de capitales que han contribuido a la desindustrialización de EEUU (el sector con mayores salarios donde estaba empleada la clase trabajadora blanca). Este apoyo a las políticas globalizadoras era parte de su ideología neoliberal promovida por el mundo de las grandes empresas estadounidenses (que en EEUU se conoce como The Corporate Class, es decir, la clase de propietarios y gestores de las grandes corporaciones industriales y de servicios del país). Tal ideología representaba no solo un abandono de las políticas públicas keynesianas, sino también de aquellas que intentaban redistribuir los recursos a favor del mundo del trabajo. Es importante señalar, sin embargo, que Clinton no se presentó como neoliberal cuando fue elegido en 1992. Todo lo contrario. Ganó aquellas elecciones con un programa que tenía muchos componentes progresistas procedentes de la campaña de las izquierdas dentro del Partido Demócrata, lideradas por Jesse Jackson, del cual fui asesor, que casi ganó las primarias de tal partido en 1988 frente al candidato del aparato del Partido, Dukakis, gobernador de Massachusetts.
El gran éxito de Jackson y su Rainbow Coalition (repito, la alianza de las izquierdas del Partido Demócrata) explica que Clinton, astutamente, hiciera suyas muchas de sus propuestas progresistas, tales como establecer un Programa Nacional de Sanidad, todavía inexistente en EE.UU. Estas propuestas contribuyeron a su victoria, propuestas que, sin embargo, tan pronto ganó, abandonó. En realid.ad, no solo abandonó gran número de las propuestas de la Rainbow Coalition que había hecho suyas, sino que incluso aprobó algunas de las propuestas más favorables al mundo empresarial (The Corporate Class) que había promovido el presidente Bush padre, que le precedió. Entre ellas, la más importante fue el Tratado de Libre Comercio entre EE.UU., Canadá y México (NAFTA), que fue aprobado en el Congreso de EEUU en contra de la mayoría de demócratas y con el apoyo de los republicanos y los demócratas del sur de EEUU (el sector más conservador de tal partido). Esta medida creó un gran enfado y rechazo por parte de la clase trabajadora, que determinó su abstención en las elecciones al Congreso de 1994 (dos años después de la victoria de Clinton), lo que provocó que el Partido Republicano ganara la mayoría en dicha cámara, hablándose entonces de la “revolución republicana”, cuando en realidad el resultado de aquellas elecciones fue la derrota del Partido Demócrata liderado por Clinton, más que la victoria de los republicanos.
Las consecuencias del neoliberalismo de la Tercera Vía
Como consecuencia de tal “revolución republicana”, Clinton hizo suyas, de nuevo, las propuestas neoliberales promovidas por los republicanos. Como resultado de ello, los salarios y el poder adquisitivo de dicha clase trabajadora descendieron y han continuado descendiendo desde entonces (incluso durante el mandato del presidente Obama), de manera que el salario mínimo por hora en EEUU es de solo 7,25 dólares (estandarizados por unidades de poder de compra –UPP–), uno de los más bajos dentro del capitalismo desarrollado. El salario mínimo del promedio de los países de la UE-15 es de 9,2 dólares por hora (sin incluir Suecia, Dinamarca, Italia, Finlandia y Austria). El salario mínimo por hora en España es de 6,9 dólares estandarizados, uno de los más bajos de la UE-15.
Es importante señalar que una evolución semejante a la del nuevo Partido Demócrata clintoniano ocurrió en Europa con la socialdemocracia, que fue perdiendo su base electoral (primordialmente, la clase trabajadora) al convertirse al neoliberalismo, dejando de ser socialdemócrata para pasar a ser socioliberal, adoptando políticas públicas neoliberales que favorecieron claramente a sus Corporate Classes. Esta fue la causa del crecimiento de la ultraderecha, un fenómeno que ha caracterizado a muchos países a los dos lados del Atlántico Norte.
Esta transformación de la socialdemocracia al socioliberalismo se debe a muchas causas, pero una de especial interés es el cambio en la financiación de tales partidos (dependiendo cada vez más de los fondos procedentes de la Corporate Class), así como el cambio en la composición de su personal y de sus dirigentes, todos ellos pertenecientes a las clases medias de educación superior (la clase media ilustrada), que carecen de cualquier conexión con la clase trabajadora, a la cual ignoran.
La supuesta “modernización” del Partido Demócrata. La sustitución de las políticas redistributivas por las políticas de igualdad de oportunidades
El distanciamiento del Partido Demócrata de la clase trabajadora y su creciente acercamiento a la clase corporativa (característica de la Tercera Vía) explica su compromiso con la globalización neoliberal y con la redefinición de las políticas redistributivas, favoreciendo a partir de entonces a las rentas del capital y a los grupos pudientes, a costa del descenso de las rentas del trabajo. Así lo muestran los datos sobre la distribución de las rentas en aquel país: las rentas del trabajo descendieron, pasando de representar un 65,3% en 1993 (cuando Clinton comienza su presidencia) de todas las rentas del país, a un 60,5% en 2018. La continuación de tales políticas ha causado un enorme crecimiento de las desigualdades, de manera tal que, según un reciente estudio de Emmanuel Sáez y Gabriel Zucman, titulado The triumph of injustice, 400 familias pudientes acumulan más riqueza que el conjunto del 60% de renta inferior de todos los hogares. Y el 0,1% tiene más riqueza que el 80%. En realidad, un impuesto de un 2% sobre los ingresos a tales familias originaría suficientes ingresos para eliminar la pobreza en aquel país.
Esta transformación del Partido Demócrata ha ido acompañada de la desaparición de la categoría de clase social como variable para entender la realidad política y social del país. El enorme poder de la clase dominante (the Corporate Class en EEUU) explica la desaparición de la categoría de clase social en el análisis y discurso de un país (incluyendo los EEUU, donde el poder de la clase dominante es muy grande). En realidad, este fenómeno ocurre también en España, donde casi nadie habla de clases sociales. En su lugar, las categorías raza y género centran el tema de las desigualdades.
Este cambio en EEUU fue acompañado de otro: las políticas redistributivas pasaron a ser sustituidas por las políticas favorecedoras de la igualdad de oportunidades, con el objetivo de terminar con la discriminación racial y sexual (pero no por clase social). De esta manera el Partido Demócrata intentó y continúa presentándose como el partido de las oportunidades, garantizando que todo ciudadano estadounidense tenga la misma oportunidad de alcanzar la cúspide social. Su centro de acción es el área legislativa federal que sanciona y penaliza la discriminación por raza y género (repito, pero no por clase social), entre otros. Estas políticas han facilitado la movilidad vertical, sobre todo en el sentido de incorporar afroamericanos (y en menor medida, latinos) y mujeres en las instituciones públicas (y en menor grado, privadas) de EEUU. Su máxima expresión fue la elección de un afroamericano, el Sr. Obama, como presidente y la casi victoria de una mujer candidata a presidenta. Esta incorporación e integración de las minorías y de las mujeres en las estructuras de poder político tuvo desde el principio un condicionante de clase social, pues en su gran mayoría, las personas integradas pertenecían a las clases medias profesionales, y solo muy raramente a las clases trabajadoras.
Crítica de Nancy Fraser y del concepto del neoliberalismo progresista
Se equivoca, sin embargo, Nancy Fraser al considerar el clintonismo como la alianza de los movimientos sociales –movimientos de los derechos civiles y feministas, entre otros- con el Partido Demócrata, definiendo tal alianza como el neoliberalismo progresista (ver su artículo “The end of progressive neoliberalism”, Dissent, 02.01.17). Su intento de convertirse en un partido feminista, por ejemplo, se da en respuesta a la radicalización de amplios sectores de tales movimientos que crearon una alarma entre el establishment político estadounidense y, muy en particular, en el Partido Demócrata, el cual respondió a tal amenaza mediante el intento (en parte exitoso) de coaptación e instrumentalización de sus dirigentes, incorporándolos a la estructura de poder, dentro de un contexto definido por la correlación de fuerzas bajo el dominio de la Corporate Class. Se intentaba con ello diluir así cualquier amenaza de inestabilidad para el orden existente.
La radicalización de los movimientos sociales y el intento del Partido Demócrata de contenerla. El movimiento feminista
Véase lo ocurrido con el mayor movimiento feminista existente en EEUU (NOW), que apoyó activamente a Hillary Clinton como candidata a la presidencia (que fue la máxima defensora de la globalización neoliberal en la administración Obama). La dirección de NOW insuflaba una visión neoliberal en sus programas que representaba solo a un sector de las mujeres y del movimiento defensor de los derechos de las mujeres: el sector formado por personas pertenecientes a la clase media profesional con educación superior (la citada clase media ilustrada). Tal clase social y tal feminismo neoliberal en EEUU eran y son profundamente antisocialistas: la candidata Hillary Clinton intentó destruir alcandidato socialista Bernie Sanders en las primarias del Partido Demócrata, que las encuestas mostraban que podría haber ganado las elecciones presidenciales. Esta hostilidad hacia las izquierdas incluyó también una fuerte oposición a las feministas contestatarias antiestablishment, que fueron marginadas y discriminadas. Las herederas de estos sectores de izquierdas, procedentes de las clases populares (como Alexandria Ocasio-Cortez, entre otras), representan el feminismo socialista, y se presentan sin tapujos como tales y como parte del movimiento socialista liderado por Bernie Sanders.
El movimiento de liberación de la población negra
Otro tanto ocurrió con el movimiento de liberación negro que, en sus orígenes, vio asociada la liberación de la mayoría de la población negra con la liberación de la mayoría de la clase trabajadora, hasta tal punto que una semana antes de ser asesinado, Martin Luther King definió la “lucha de clases” como la realidad social que afectaba más la vida política, económica y social del país, esto es, como el punto esencial de la vida del país. De ahí que promoviera la alianza e incluso confluencia de todos los movimientos que defendían a las víctimas del sistema político, económico y cultural de EEUU, dominado por la Corporate Class y sus establishments políticos y mediáticos. Promovió así la convergencia del movimiento de derechos civiles con el movimiento obrero, relacionando así la liberación de ambos colectivos. La clase social era, para Martin Luther King, el elemento de transversalidad que facilitaba las alianzas, denunciando el racismo como el mecanismo e ideología que la Corporate Class utilizaba para dividir a la clase trabajadora del país.
Las políticas del Partido Demócrata, sin embargo, no apoyaron tal estrategia. Al contrario, desarrollaron estrategias y políticas que intentaban integrar dentro del sistema a cada grupo por separado. En el caso de la población negra, las políticas públicas de tipo asistencial, a fin de integrarla dentro de la estructura de poder (idea que alcanzó su máxima expresión con la elección del presidente Obama), mostraron las limitaciones de tal estrategia: el nivel de vida de la población negra no mejoró durante su mandato.
Hacer esta observación no implica desmerecer la importancia del factor simbólico. Su importancia depende, sin embargo, del contexto en el que aparece. El bienestar y la calidad de vida de la mayoría de la clase trabajadora, de raza negra en Baltimore, no ha mejorado al cambiar de raza la alcaldía, años atrás blanca, y ahora negra. Las políticas neoliberales se han continuado aplicando incluso con una alcaldesa, mujer y afroamericana, que vetó el aumento del salario mínimo en una ciudad donde la mayoría de la población es precisamente afroamericana. Así pues, la integración de las minorías y de las mujeres en diferentes estratos del Estado realizada por el Partido Demócrata neoliberal ha servido primordialmente para promover mejor el neoliberalismo.
Trump como consecuencia del rechazo al neoliberalismo progresista
El mal llamado neoliberalismo progresista fue precisamente el que creó un enorme rechazo entre los grupos más perjudicados por la aplicación de sus políticas, principalmente los sectores de las clases populares en general y la clase trabajadora en particular: y esa fue la cantera de apoyo a Trump. Sanders podría haber canalizado este enfado y ello ocurrió durante la campaña, pues sus máximos apoyos vinieron de la clase trabajadora y de los jóvenes, como también está ocurriendo ahora. El ataque sobre él y su destrucción como candidato por parte del aparato del Partido Demócrata contribuyó al éxito de Trump, que se presentó como el candidato antiestablishment. El votante más fiel a Trump es profundamente antiglobalización, y percibe al gobierno federal como el origen de sus problemas debido a su atención supuestamente exclusiva a las minorías y a las mujeres (de renta superior) a costa suya (sean hombres o mujeres), y a su excesiva tolerancia con la inmigración. Trump, que lejos de ser un inepto es enormemente astuto, alimenta esta percepción con un lenguaje muy accesible y muy popular, con grandes dosis de racismo y sexismo, y con un comportamiento antiestablishment que ayuda a ofuscar y ocultar sus políticas enormemente favorables al componente más reaccionario de la Corporate Class.
Su nacionalismo extremo, basado en un sentido de supremacismo racial (de la raza blanca), machista, profundamente antidemocrático, autoritario y caudillista, reúne las características del fascismo europeo, con una excepción. El fascismo europeo (que era también el instrumento de las clases dominantes para destruir el movimiento socialista y comunista) no era anti-Estado, pues competía con el movimiento obrero en la necesidad de cubrir las necesidades básicas de la clase obrera. En cambio, el trumpismo sí que es anti-Estado y anti políticas públicas sociales. Es un fascismo libertario más semejante a Vox que a Le Pen. Y representa una enorme amenaza para la democracia y el bienestar de las clases populares.
¿Cuál es la alternativa?
Una de las causas del enorme poder de la Corporate Class en EEUU es la atomización y autonomía de los movimientos de resistencia, hecho que ya está también ocurriendo en Europa. En EEUU, a diferencia de la Europa Occidental, no ha habido movimientos que favorecieran la transversalidad entre ellos. La Rainbow Coalition fue una excepción. Su objetivo era establecer una alianza de los movimientos sociales. Pero incluso tal alianza no tuvo una ideología que permitiera relacionar los distintos tipos de explotación para establecer un futuro y proyecto común. La ausencia de un proyecto socialista de masas que permita relacionar explotación de clase social, explotación racial y explotación de género, por ejemplo, ha debilitado cada uno de estos movimientos, que acaban compitiendo por el apoyo popular.
En la Europa Occidental, el socialismo tuvo una amplia base social que permitió avanzar en varias dimensiones de la liberación humana. No es por casualidad que los países donde la explotación de clase (y las desigualdades que genera), de género y de raza es menor sean los del norte de Europa, donde partidos pertenecientes a tal tradición política han gobernado durante la mayor parte del período transcurrido desde la II Guerra Mundial. No hay en esos países movimientos feministas muy fuertes. Sin embargo, las mujeres tienen muchos más derechos políticos, sociales y laborales que en EEUU, donde tales derechos están enormemente limitados. El contexto político es determinante, y este contexto en EEUU es muy desfavorable para la liberación de las distintas causas de la opresión, al no haber un proyecto común. Lo que es preocupante es que este modelo neoliberal se está extendiendo también en Europa. En realidad, en Europa, el crecimiento de la ultraderecha no ha alcanzado todavía las dimensiones de EEUU, donde el partido gobernante, el republicano, es ya un partido de ultraderecha con características fascistoides. Esto es nuevo en EEUU, y es muy preocupante. Trump es un síntoma, pero no la causa. Y el que no se vea así es el gran problema.
Los candidatos en el Partido Demócrata
La alternativa a este “neoliberalismo supuestamente progresista” (hoy representada por una mujer, líder del Partido Demócrata, Nancy Pelosi), ha sido Bernie Sanders, que se define sin tapujos como socialista, tomando como referencia las políticas públicas de carácter universal que empoderan a la ciudadanía en su totalidad. Es el equivalente al socialdemócrata nórdico escandinavo de hace veinte años. Y es enormemente popular entre los jóvenes y entre la clase trabajadora. Ni que decir tiene que es una de las personas más odiadas por el establishment político-mediático de EEUU, que utiliza todos los medios a su alcance para destruirlo. La otra candidata es Elizabeth Warren, un personaje curioso, pues aunque procede de una familia con escasos recursos, pasó a ser integrada rápidamente en las instituciones, convirtiéndose en profesora de Harvard. En esta etapa de rápido ascenso tuvo posturas neoliberales. Pero cambió y ha ido tomando posiciones más próximas a Sanders, aclarando sin embargo que no es socialista. En realidad, se define como feminista y “capitalista hasta la médula”. Es popular, sobre todo, entre las clases medias con educación superior.
El que mejor representa la herencia Clinton en su versión más conservadora es Joe Biden, el que fuera vicepresidente con Obama, que claramente representa el Partido Demócrata tradicional y que, en contraste con Trump, da una imagen de tipo presidencial, heredera de la administración Obama. Este partido ha estado intentando destruir a Trump basándose en el comportamiento poco presidencial del hoy presidente. El objetivo central de su programa anti-Trump ha sido mostrar las conexiones de este con el gobierno ruso durante su etapa de hombre de negocios en asuntos inmobiliarios, y más tarde como presidenciable, con la petición de ayuda a Putin en su pugna electoral con la Sra. Clinton. Tal tema, sin embargo, no tiene particular importancia para el ciudadano normal y corriente, el cual sabe que el gobierno ha intervenido intensamente en las elecciones de otros países y encuentra normal (aunque no deseable) que otros países intenten intervenir en las elecciones de su país.
Y ahora, gran parte de la atención se centra en las conexiones de Trump con personajes y países extranjeros para que le ayuden en su próxima campaña electoral, proveyéndole información útil. La utilización del Estado como si fuera de su propiedad para fines personales es algo típico de Trump. Y es denunciable. Pero a su votante no le provoca tanto rechazo, pues sabe de la corrupción del sistema político. En realidad, el atractivo de Trump es que su comportamiento está fuera de lo normal, pues hace explícitamente lo que otros hacen ocultamente. Se salta a la torera todo el protocolo y los requisitos éticos de su mandato. Su antiestablishment es muy atrayente. Romper con todas las normas. Y su crítica a los medios es popular, pues estos son altamente impopulares.
Lo que el Partido Demócrata debería hacer, además de autocrítica, es ver cómo las políticas que está imponiendo están dañando a la población que le vota antes: la clase trabajadora. Pero para que ello suceda hace falta autocrítica de este partido, algo que es difícil (casi imposible) que ocurra. Y ahí está el problema. El sistema bipartidista estadounidense es muy poco democrático y las instituciones están claramente sesgadas en contra de cualquier cambio, tal como, por cierto, también ocurre en España. Y mucho me temo que, sin cambios en el Partido Demócrata, pocos cambios ocurrirán en EEUU.
Vicenç Navarro es catedrático emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra, y Professor de Public Policy, The Johns Hopkins University

miércoles, 30 de octubre de 2019

Trump mata a Bagdadi... y revive al Isis



Por lo regular, el Señor da y el Señor quita. Pero esta semana, en la Casa Blanca celestial, las cosas funcionaron al revés. El señor Trump le quitó la vida a Abú Bakr al Bagdadi y luego revivió al Isis al decirnos que había amagado con enviar a los asesinos sobrevivientes de su organización a las fronteras de Reino Unido y de otras naciones europeas.
¡Cómo se habrán reído los chicos del Isis al escuchar esa oferta extraordinaria! Cómo sus camaradas que están en gestación dentro de nuestras fronteras se habrán animado con esa sugerencia. Durante años nos hemos indignado con el vicioso culto del Isis, pero no contábamos con el culto de Trump.
Cierto, la locura particular de Trump no es tan costosa en vidas inocentes como la del Isis (a menos, claro, que uno sea palestino o kurdo o uno de los 60 mil presos políticos de Al Sisi). Y, dado que los estadunidenses y los rusos ya han afirmado antes que habían matado a Al Bagdadi, tal vez sea prudente dejar pasar los tres días de rigor por si acaso el malvado brinca por allí en otro video. Quizá recuerdan que a Osama lo matamos cuatro veces antes de que fuera cierto.
Pero esta vez Trump hasta dio las gracias a Rusia, Siria e Irak… ¿con Siria se habrá referido acaso al régimen de Assad? De ser así, sin duda es algo que deberá debatirse en el palacio presidencial de Damasco, cuyo ejército ha estado combatiendo al Isis –entre muchos otros– durante más años que el ejército estadunidense.
Pero también dijo Trump que el apoyo de las naciones europeas fue una tremenda decepción porque no quieren repatriar a sus nacionales que son miembros del Isis, y añadió: “Yo les dije realmente: si no los reciben, voy a ponerlos allí en sus fronteras y pueden divertirse capturándolos de nuevo… Podrían regresar… no pueden volver a nuestro país. Tenemos mucha agua entre nuestro país y ellos”.
Bueno, eso no sólo fue extraño, sino que sencillamente es el lenguaje del manicomio. Fue una verdadera motivación para los sobrevivientes del Isis.
Si fue como ver una película, entonces, claro, tenía que venir con el toque hollywoodesco de Trump.
Y, por supuesto, Trump nos dijo que Al Bagdadi “murió como un perro, como un cobarde… llorando, gimiendo y gritando”. Bueno, puede ser. Más bien parece la forma en que mueren los niños. Sus tres hijos, para ser precisos. Es un poco difícil imaginar a Al Bagdadi gritando y llorando en su túnel sin salida mientras tanteaba para detonar su cinturón suicida (prueba, desde luego, de que siempre supo que Estados Unidos iría por él). En cuanto a que el mundo es ahora un lugar mucho más seguro, bueno, habrá que esperar. Estos cultos islamitas tienen por lo regular un líder en crisálida esperando tomar el lugar del difunto. O una versión todavía peor de su propia cruel institución.
Como de costumbre, tendremos también que esperar unos días más para saber cuántos otros inocentes fueron abatidos en esta incursión. Sugerir que todos eran miembros del Isis tiene también algo de hollywoodesco.
Tengamos algo por seguro: la historia original del ataque a Al Bagdadi va a cambiar. Nos enteraremos de otras cosas. ¿Hubo involucramiento israelí? ¿Cuánta ayuda dieron los rusos? ¿O los sirios? ¿O los kurdos? ¿O tal vez el mismo Isis, si ya estaba cansado de su abyecto liderazgo? O fue sólo algún tipo interesado en los 25 millones de dólares de recompensa…
Pero, por el momento, Trump tiene un halo refulgente a los ojos de sus partidarios republicanos. Si su ejército –y recuerden, dado el apoyo de los militares a Trump, probablemente es su ejército– puede acabar con el terrorista más buscado del mundo, ¿entonces qué es esta tontería del juicio político que preparan sus enemigos internos demócratas? ¿Cómo se puede comparar abatir a Al Bagdadi y hacer un mundo más seguro con esas ridiculeces sobre Ucrania?
Y Trump pudo observarlo casi todo en vivo, así como Obama presenció la muerte de Osama. Bueno, en una era en que se puede transmitir por Internet la muerte de inocentes, por lo menos ahora pescaron a los chicos malos.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya

Chile, el fin de la razón neoliberal



El baile de los que sobran es el himno de la generación de los 80 en Chile. Fue compuesta en 1986 por Los Prisioneros, uno de los mejores grupos de rock de ese país, en un ambiente lleno de fogatas, balazos y militares escondidos en todos lados.
Hoy, 33 años después, miles de jóvenes que aún no habían nacido en aquel año, la entonan en las multitudinarias protestas que sacuden a esa nación desde el pasado 14 de octubre. Algo les dice. A todo pulmón, acompañados por guitarra, desafiando a la fuerza pública, cantan: Nos dijeron cuando chicos / jueguen a estudiar / y no fue tan verdad, porque esos juegos al final / terminaron para otros con laureles y futuro / y dejaron a mis amigos pateando piedras.
El baile de los que sobran da cuenta de la gran promesa incumplida del mito liberal en Chile y de la pesadilla que, día a día, viven los que no caben en el modelo. Resume el hastío, la rabia, el agobio, el malestar acumulado de una generación que, en medio de una represión atroz, combinando fiesta y protesta, ha hecho saltar por los aires el falso oasis dentro de una América Latina convulsionada, del que se jactaba el presidente Sebastián Piñera.
Nada raro hay de que una canción emblemática de hace tres décadas suene con fuerza ahora. Después de todo, el Chile del general Augusto Pinochet no es cosa del pasado. Más allá del despliegue mercadotécnico para embellecer sus horrores, sobrevive en sus fuerzas armadas, en su marco legal, en sus instituciones de gobierno, en su clase política, en su cultura. La doctrina neoliberal que guía el funcionamiento de su economía como si fuera un oráculo, maquillada con la fantasía de su inevitabilidad, es su herencia directa.
En su momento, las fuerzas políticas tradicionales se negaron a ajustar cuentas con el pasado dictatorial. Pragmáticamente, se desentendieron y, en los hechos, exoneraron a los responsables de crímenes de lesa humanidad. Decididos a mirar sólo hacia adelante, el centro-izquierda agrupado en la Concertación y la derecha de la Nueva mayoría, arroparon y profundizaron el modelo económico del pinochetismo, con el beneplácito de una clase media embriagada por el consumo suntuario y las posibilidades de endeudamiento.
Pero, más allá de sus quimeras, el capitalismo salvaje en versión chilena generó enormes desigualdades. Chile es, después de México, el país más desigual de la OCDE. Una desigualdad alimentada por la cruenta superexplotación de la fuerza de trabajo, el despojo indiscriminado de tierras, territorios y recursos naturales, la mercantilización de la vida pública, la injusticia para los de abajo, la guerra racista contra el pueblo mapuche y un modelo de representación política oprobioso y elitista.
De la mano de la precarización laboral, la inseguridad en el empleo y la abolición de numerosas conquistas gremiales caminó la privatización de las pensiones, la seguridad social, la sanidad, la educación pública y el agua. Negocio redondo. El Estado no garantiza proveer derechos sociales universales garantizados como salud, educación, pensiones, vivienda, pero financia a compañías privadas para que los proporcionen.
El temor a enfermarse sin poder pagar el tratamiento médico, o llegar a la vejez sin los recursos suficientes para vivir con dignidad es el pan nuestro de cada día. La media de las pensiones es de, apenas, 290 dólares, menos de la mitad del promedio salarial.
En Chile, una parte muy importante de la población vive agobiada por los préstamos, muchos de los cuales deben pagar a tasas usurarias. Setenta por ciento está endeudada. Para estudiar, quienes asisten a las universidades, empeñan su futuro. Y ni así tienen garantizada la subsistencia.
No puede extrañar entonces que, ante tantos y tan variados agravios, lo que arrancó como una simple protesta estudiantil contra el aumento al boleto del Metro sea hoy la movilización popular más importante en la historia reciente de Chile. La ciudadanía se convocó y organizó. Los inconformes prendieron fuego al Metro y a edificios emblemáticos, asaltaron supermercados y farmacias, ocuparon plazas públicas y realizaron gigantescas manifestaciones y cacerolazos locales. Su ira parece no haber tocado fondo.
Estamos en guerra contra un enemigo poderoso e implacable, declaró el presidente Piñera, en la mejor tradición pinochetista. Y lanzó al Ejército a las calles a hacer lo que aprendieron con el genocida: asesinar, torturar, ejercer violencia sexual. Pero, a pesar de esa brutalidad, como si el miedo les fuera ajeno, los jóvenes desafiaron el estado de emergencia y los toques de queda.
En unos cuantos días, la imagen de Chile como país ordenado y estable, con una economía boyante y un modelo deseado por sus ciudadanos, naufragó. Para desgracia de los delincuentes de cuello blanco que ofician como sus profetas, la supuesta infalibilidad de la fe neoliberal reprobó el examen de la realidad. Con su rebeldía, esos que expresan los ultrajes padecidos cantando en las calles El baile de los que sobran parecen haberla hundido. Somos los de abajo y venimos por los de arriba, advierten en sus manifestaciones. En el horizonte se vislumbra una Asamblea Constituyente que refunde al país.
Twitter: @lhan55

Asesor de la Casa Blanca testifica contra Trump ante el Congreso

Calificó de alarmante la llamada con Zelensky

El presidente arremete y acusa de desleal al militar condecorado


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▲ El teniente coronel Alexander Vindman, director de asuntos europeos y experto sobre Ucrania del consejo de Seguridad Nacional, ayer al llegar a su comparecencia en el Capitolio.
Nueva york. Un asesor de la Casa Blanca declaró ante legisladores que investigan a Donald Trump lo que es quizás el testimonio más dañino hasta la fecha contra el comandante en jefe, mientras el liderazgo demócrata de la Cámara de Representantes presentó su propuesta formal para abrir la fase pública del proceso para la formulación de cargos en el juicio político del presidente.
El teniente coronel Alexander Vindman, director de asuntos europeos y experto sobre Ucrania del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), fue el primer oficial en activo de la Casa Blanca en comparecer ante integrantes de los tres comités de la cámara baja que encabezan la investigación para el impeachment, y aún más importante, el primer testigo que escuchó en vivo la llamada de Trump con su contraparte ucrania el 25 de julio, incidente que detonó este proceso.
Vindman –vestido en su uniforme formal con medallas y condecoraciones que incluyen el Corazón Púrpura por ser herido en combate en Irak– declaró (según su texto preparado) que esa llamada lo alarmó a tal grado que lo reportó de inmediato al abogado principal del NSC, explicando que no me parecía apropiado que un gobierno extranjero investigara a un ciudadano estadunidense, y me preocuparon las implicaciones para el apoyo de Ucrania del gobierno estadunidense que podrían llegar a minar la seguridad nacional de Estados Unidos.
Más aún, su testimonio contradice declaraciones del embajador estadunidense en la Unión Europea y donante del presidente, Gordon Sondland, quien afirmó en su audiencia ante estos comités hace unos días que Trump no había solicitado ningún favor político al gobierno ucranio.
La cámara baja investiga si Trump condicionó la asistencia militar y otro apoyo oficial estadunidense al gobierno del presidente ucranio Volodymir Zelensky a cambio de anunciar una investigación a uno de sus principales rivales políticos y precandidato demócrata, Joe Biden, y su hijo, solicitando con ello la interferencia de un poder extranjero en la política interna de Estados Unidos para su beneficio político personal.
Ante lo que seguramente sabían sería el testimonio más peligroso hasta la fecha para ellos, Trump y sus aliados se dedicaron a cuestionar la confiabilidad e incluso el patriotismo del testigo. Algunos señalaron que Vindman nació en Ucrania, sugiriendo que podría tener lealtades cruzadas o hasta ser espía (su familia huyó de la vieja Unión Soviética cuando él tenía tres años). La acusación fue tan extrema contra el militar condecorado y veterano de guerra que hasta algunos republicanos reprobaron los ataques.
Soy un patriota, y es mi deber sagrado y mi honor avanzar y defender nuestro país, sin importar partido o política, declaró Vindman.
Mientras llegaba el testigo al Capitolio, Trump tuiteó que Vindman era otro nunca trumpista (en referencia a burócratas de carrera y republicanos que percibe que no son leales a él), y poco más tarde, por enésima ocasión calificó el proceso de una cacería de brujas y su vocera reiteró que es una farsa.
Fase pública
Los legisladores demócratas que encabezan la investigación al presidente en la cámara baja presentaron ayer una resolución estableciendo los parámetros de la fase pública de este proceso, realizado hasta ahora a puerta cerrada.
Después del intenso ataque republicano condenando el manejo a puerta cerrada del proceso, la resolución elaborada por los demócratas encarga al Comité de Inteligencia encabezar las próximas audiencias públicas y elaborar un informe público.
El Comité Judicial sería el encargado de evaluar ese informe y realizar sus propias audiencias, donde por primera vez a un abogado de Trump le sería permitido participar. Ese comité estará encargado de formular cargos formales (llamados “artículos de impeachment”) contra el presidente. Además, según esta propuesta, las transcripciones de las audiencias privadas serían también hechas públicas. Esta resolución podría ser sometida a voto esta misma semana.
Los jefes de los hasta ahora comités encargados de la investigación informaron ayer que ya cuentan con evidencia que sustenta acusaciones de que Trump abusó de su poder al usar múltiples palancas del gobierno para presionar a un país extranjero para interferir en la elección de 2020.
Si el pleno de la Cámara de Representantes aprueba los cargos, eso detonaría un juicio político en el Senado (el cual ahora está bajo control republicano) para determinar si el presidente debe ser destituido o no.
Pero no se debe descartar el grado de talento de este mandatario. Hace un par de días, el ex jefe de gabinete John Kelly comentó que el proceso de impeachment podría haber sido evitado por Trump si el presidente hubiera estado rodeado de gente como él, que controlaban sus peores instintos. La vocera de la Casa Blanca respondió que Kelly no sólo nunca hizo tal cosa, sino que está totalmente no equipado para manejar el genio de nuestro gran presidente.

Foto Afp
Corresponsal, Periódico La Jornada

Gobierno de Bolivia invita al opositor Mesa a sumarse a una auditoría a los comicios


La Paz. La ola de protestas contra la relección del presidente Evo Morales continúa en Bolivia, donde el gobierno propuso ayer al candidato opositor Carlos Mesa sumarse a una auditoría internacional de los comicios para detener una violencia callejera que la Organización de Naciones Unidas (ONU) instó a detener de manera urgente.
Luego de las protestas del lunes que dejaron 30 heridos, el vicepresidente Álvaro García propuso a Mesa, a quien calificó de mal perdedor, que se sume a la auditoría de los comicios del 20 de octubre, que estará en manos de la Organización de Estados Americanos.
García detalló que la auditoría, que aún no tiene fecha, será acompañada por México, Paraguay y Perú.
Mesa, político centrista que fue presidente entre 2003 y 2005, respondió que sólo aceptará si (Morales) está dispuesto a no validar el resultado del Tribunal Supremo Electoral (TSE) mientras se realice la auditoría y si se le reconoce un carácter vinculante.
El ministro de Comunicación, Manuel Canelas, señaló: Nosotros nos sometemos a lo que concluya la auditoría.
Los opositores cuestionan los resultados de las elecciones del pasado día 20, que inicialmente anticipaban una segunda vuelta, pero tras un corte de 20 horas en el conteo rápido de votos se dio como ganador a Evo Morales en primera vuelta, lo que generó sospechas de fraude. El TSE confirmó el viernes 25 el triunfo del mandatario.
En La Paz, manifestantes opositores bloquearon calles y chocaron con agrupaciones de mineros y campesinos oficialistas provenientes de zonas andinas llegados para cercar la ciudad y cortar el suministro de alimentos y la provisión de agua potable.
Choferes del transporte público también enfrentaron ayer con palos y piedras a manifestantes en un intento por romper los bloqueos. La policía dispersó con gas lacrimógeno a ambos bandos.
Los cortes a la circulación vehicular más drásticos son en la zona sur de la capital, cuyos habitantes son de clase media y alta, contrarios a Morales. Ahí también se exacerbó la pugna racial, en un país donde las familias más pobres son indígenas.
Choques similares tuvieron lugar en barrios y ciudades como Cochabamba y Santa Cruz.
La ONU llamó a los actores políticos y sociales a reducir tensiones y rechazar todo acto de violencia.

Periódico La Jornada

Reservas del Banco Central de Argentina se evaporan en los últimos tres meses

Límite a venta y compra de dólares fortalece el peso

Revocan 2 procesos por corrupción contra la vicepresidenta electa

Buenos Aires. Dos días después de las elecciones generales, la realidad sobre la dramática situación económica que deja el gobierno del presidente argentino, Mauricio Macri, a su sucesor, Alberto Fernández, del opositor Frente de Todos (FdT), se evidencia en que mientras el dólar baja por el cepo impuesto por las autoridades en la noche del pasado domingo, las reservas del Banco Central siguen evaporándose y este martes se perdieron otros 94 millones de dólares.
Desde las pasadas primarias del 11 de agosto se han ido 22 mil millones de dólares, a lo que nadie encuentra justificación. De la misma manera, se intenta saber a dónde fueron los 45 mil millones de dólares entregados por el Fondo Monetario Internacional al gobierno de Macri, quien emitió un decreto de necesidad y urgencia para ampliar el presupuesto 2019 en 686 mil millones de pesos para cubrir gastos de gestión, de los que unos 308 mil 693 millones se destinarán a servicios de la deuda pública.
Horas después del triunfo de Fernández, el Banco Central dispuso a partir de esta semana un límite de venta y compra de dólares de apenas 200 por mes a través de cuentas bancarias y de cien dólares por adquisición en efectivo, para mantener las reservas hasta que asuma el nuevo gobierno, el 10 de diciembre. Hasta el viernes pasado el cepo fijaba un límite de 10 mil dólares.
La medida fortaleció al peso, que ganó 0.24 por ciento, para cerrar este martes a 59.46, y forzó a los inversores a desprenderse de sus dólares. Operadores destacaron que antes de las elecciones los bancos quedaron superados ante la cantidad de personas que demandaron dólares o que temerosos vaciaron sus cuentas en divisas, pero pasados los comicios las casas bancarias están desiertas.
En todo caso, aumentan las filas en las cuevas (casas de cambio ilegales). En la céntrica calle peatonal Florida se multiplican los arbolitos, donde el dólar se cotizó a 69 pesos, tres por encima del cambio oficial.
Por otra parte, a raíz de las denuncias sobre inconsistencias advertidas durante las elecciones generales y por irregularidades encontradas en la confección de los padrones y las sospechas que pesan sobre la empresa Smartmatic, contratada por el gobierno de Macri para el escrutinio provisional, fuentes del FdT aseguran que en realidad la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner ganó por 10 puntos a Mauricio Macri-Miguel Pichetto, y no por ocho, como se informó oficialmente, señala el portal El Destape.
El reconocido informático Ariel Grabaz dio algunos datos en cuanto a que la validez la tiene el escrutinio definitivo, y también se sabe que habría mucho más de medio millón de votos a favor del FdT que no habrían sido considerados en el conteo provisional, señala Garbaz.
Por otra parte, la Cámara Federal de Buenos Aires revocó dos procesamientos contra la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner sobre la causa armada con base en las fotocopias de los cuadernos presentados por el ex chofer Óscar Centeno, quien dijo que los había quemado y en las últimas horas otro juez federal tomó una dura resolución ante la supuesta aparición de seis cuadernos, un nuevo invento y una maniobra escandalosa.
Aunque se mantiene otro proceso por corrupción en obra pública contra la ex presidenta y ahora vicepresidenta electa, en el mismo no hay pruebas concretas, destacan juristas.
En otro gran escándalo judicial se conoció que el gobierno no sólo espió ilegalmente los movimientos de magistrados de todo el país y de los jueces de la Corte Suprema, sino también a gobernadores peronistas, incluido un importante mandatario provincial de la Unión Cívica Radical (UCR), Alfredo Cornejo máximo, socio del Partido Propuesta Republicana, de Macri.
Según el periódico digital Infobae, a la investigación que tramita el juez federal Rodolfo Canicoba Corral se sumaron ahora datos que permitieron acreditar que se vigilaron los movimientos de los gobernadores Alicia Kirchner (Santa Cruz), Óscar Domingo Peppo (Chaco), Mariano Arcioni (Chubut) y Hugo Mario Passalacqua (Misiones), de la actual oposición peronista. También fueron espiados diputados y funcionarios públicos. El tema de un manejo mafioso de la justicia será uno de los mayores escándalos de cuatro años del gobierno de Macri.
En otro orden, el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva agradeció al mandatario electo Alberto Fernández su solidaridad y le deseó buena suerte en su gestión.

Corresponsal
Periódico La Jornada

Piñera cambia gabinete, pero no frena la confrontación en Chile

Hoy, otro paro nacional
Los bloqueos se multiplican
La actividad comercial, muy afectada


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▲ Carabineros avanzan sobre manifestantes a punta de chorros de agua y balas de goma, ayer en Santiago.
Santiago. El gobierno del presidente Sebastián Piñera no logra restablecer la normalidad en la vida cotidiana de los chilenos, 12 días después de iniciadas las masivas protestas ciudadanas en contra de lo que abrumadoramente se percibe como abusos, maltratos e inequidades producidas por el modelo económico ultraneoliberal.
En Santiago, Valparaíso, Concepción, Antofagasta, Talca, Punta Arenas y decenas de otras grandes y pequeñas ciudades del país, se suceden diariamente manifestaciones más o menos multitudinarias, al igual que bloqueos de carreteras que se multiplican a lo largo de la Ruta 5, que une al país de norte a sur. El transporte público, el desplazamiento por las carreteras y la actividad comercial, se encuentran visiblemente afectados.
Para el miércoles, la Central Unitaria de Trabajadores y diversas organizaciones gremiales, incluidos los profesores, hicieron un llamado a un paro nacional.
El presidente concretó el lunes un significativo ajuste ministerial (ocho de 24) que incluyó la salida de los poderosos ministros del Interior –jefe político– y de Hacienda, a quienes remplazó por rostros jóvenes en lo que pareció ser una señal de recambio generacional y mayor flexibilidad para el diálogo.
Pero pese a insistir en su disposición a iniciar un diálogo social, el presidente falló al no decir expresamente que está disponible para realizar ajustes estructurales al modelo –que es lo que reclama la ciudadanía–, así como generar condiciones para un proceso constituyente insistentemente reclamado por sectores opositores.
La llamada agenda social del gobierno lleva un fuerte contrabando, es más privatización y menos Estado, defendamos la educación pública, escribió en su cuenta de Twitter la senadora Yasna Provoste (Democracia Cristiana).
El conjunto de senadores opositores (23 de 43) anunciaron que reactivarán un proyecto de reforma constitucional para establecer un plebiscito que permita iniciar un proceso constituyente. En general, la oposición consideró insuficientes los cambios y anuncios de Piñera.
El centro de Santiago fue nuevamente escenario de una batalla campal entre manifestantes que enfrentaron con palos, piedras, barricadas y fogatas a las fuerzas especiales de Carabineros, que los reprimieron con cañones de agua, gases lacrimógenos arrojados a mansalva y disparos de balines de goma.
El frustrado objetivo de los manifestantes era llegar hasta el palacio de La Moneda, sede del gobierno, que se encontraba protegido por un cerco de barreras policiales y cientos de efectivos. La policía actuó de inmediato, apenas los manifestantes comenzaron a acercarse.
Un observador del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), a cargo de verificar las actuaciones policiacas, recibió un impacto de perdigones que se incrustaron en su pierna izquierda.
No hemos logrado nada aún, debemos seguir luchando, dijo una joven manifestante que escribía consignas en las paredes de un edificio. Estimó que se avecina una lucha larga y que le preocupa la capacidad de resistencia del movimiento.
Otro joven, enmascarado, quien se identificó como estudiante del liceo Raimapu de La Tierra, respondió algunas preguntas para La Jornada respecto de por qué estaba manifestándose.
Básicamente son 30 años en los que la clase política de Chile nos ha estado robando las tierras, nuestros recursos, nuestras vidas. Estamos aquí peleando para lograr un cambio constitucional, porque la gente ya se dio cuenta de que lo que necesitamos no es un político de otro partido político, es una nueva Constitución.
–¿Qué opinas de la violencia que se produce?
–Yo puedo decir que violento es que una institución como el Sename (Servicio Nacional de Menores), que debe cuidar a los niños abandonados, sea una pésima institución, donde los pequeños terminan vendiendo droga o metidos en la pasta base. Violento es la vivienda que tenemos que arrendar o esperar 17 años pagando. La violencia física que más se ve es la de los pacos (Carabineros), nos disparan con balines, yo hago primeros auxilios y he tenido que vendar caras e inmovilizar brazos.
–¿Hasta cuándo esto?
–Hasta que lo logremos.
–¿Lograr qué?
–Una nueva Constitución, directamente, una asamblea constituyente donde el pueblo se siente con los políticos a hacer la Constitución.
–¿Hasta cuando alcanzan las energías?
–Es superintenso el desgaste, yo mismo le comentaba a mi mamá que estoy más cansado que la cresta, pero le dije que esto es por ella y por todas las personas que pueden sufrir. Y eso me motiva aunque esté cansado a seguir dando cara.
–¿Te apoyan en tu casa?
–Mi mamá sí, yo le digo todo lo que hago, ella sabe dónde estoy en este momento, sabe que yo me pongo al frente; le he contado a toda mi familia que soy de los que están al frente. Las personas que vinieron a la marcha del viernes, que fue muy pacífica, si no hubiese sido por las personas como yo que estamos al frente, donde llegan las balas y nos comemos las lacrimógenas, todas esas personas que estaban en Plaza Italia habrían sufrido lo que nos pasó a nosotros.

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Especial para La Jornada
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