Entrevista a Juan Caripán
“La toma se llama
Violeta Parra porque es un nombre representativo de la cultura popular y
cercano a las familias de la zona. Violeta Parra vivió en Barrancas,
cerca de donde se encuentra la toma”, explica Juan Caripán, dirigente de
la toma de terreno que inició en septiembre de 2019 y que “está
compuesta principalmente por familias de la zona poniente de la Región
Metropolitana que colindan con la comuna de Cerro Navia, como Pudahuel,
Renca, Lo Prado”.
Juan recuerda que llegaron a ocupar el terreno con
20 carpas. “El objetivo fue evitar riesgo de pérdida y que el daño
fuera mínimo para las familias y cumplir con los plazos legales que nos
permitieran convertirnos en toma de terreno y comenzar a construir”,
informa el dirigente y añade que “Hoy tenemos ocupadas las 6 hectáreas
del terreno con unas 300 familias viviendo en mediaguas (viviendas
provisorias de madera), en sitios trazados de 10 por 7,30 metros de
largo, que permiten construcciones de 70 metros cuadrados, usando la
extensión de las calle que son de 6 metros de largo, como continuidad de
los sitios para que niñas/os y adultos se vayan relacionando y
construyendo vida de barrio. El traslado de vehículos por las calle
interiores de la toma, es mínimo”.
-¿Cuál es un principio rector del proyecto de convivencia en la toma?
“Cuando hablamos de proyecto a largo plazo o colectivo, hablamos de
barrios obreros, por la composición de todas las familias que viven en
la toma. Todas son familias de trabajo. Hacemos el ejercicio político de
autogestión, donde todas y todos son necesarios y deben aportar en las
distintas tareas. El desarrollo de la independencia política de las y
los pobladores ha puesto límite para que ningún partido político del
régimen saque provecho personal de la situación, mientras que otras
organizaciones políticas y sociales, no hegemónicas, que se acercan
asumen las tareas de acompañamiento.”
-¿Qué dificultades han debido enfrentar?
“Vivir en una toma de terreno es un desafío permanente. Las condiciones
de vida son precarias, es un estado de emergencia y alerta constante.
Los principales problemas que hemos enfrentado durante estos cuatro
meses de ocupación son el oportunismo político de un pequeño grupo de
dirigentes que estaba intentando instrumentalizar la lucha como
plataforma electoral. También, el aprovechamiento y la sinvergüenzura de
dirigentes que buscan convertir la lucha por la vivienda en un negocio
personal, sacando ganancia de la necesidad y miseria de las familias
mediante el cobro por ingresar a la toma, conseguir un sitio, por ocupar
agua o luz. Además de robar plata y mercadería que llegaba como ayuda
para las familias de la toma. Como si no fuera suficiente está el
narcotráfico que ha intentado instalarse, pero que hemos logrado
expulsar de manera colectiva. Asimismo, la derecha ha tanteado
intervenir, ofreciendo soluciones que en nada ayudan a resolver los
problemas de fondo. Sin embargo, los pobladores están despiertos y no
aceptan este tipo de maniobras que vienen de operadores políticos
conocidos como Luis Plaza, ex alcalde de Cerro Navia, procesado un par
de años atrás por el caso basura KDM. En la práctica, hemos identificado
y denunciado a la derecha que hoy nos gobierna como la gran responsable
de negarnos el derecho a la vivienda propia a través de su ley de
‘integración social’, que busca entregar amplias facultades a las
inmobiliarias para negociar con el derecho a la vivienda. Por lo demás,
el actual régimen es el principal responsable político del estallido
social con graves violaciones de los derechos humanos, cobrando vidas de
nuestra gente, y donde han ocurrido violaciones, mutilaciones,
encarcelamientos, desapariciones, etc.
Y el mayor obstáculo que
se interpone a un desarrollo más rápido del proyecto de vivienda y
sociedad nueva que nos proponemos tiene que ver con el predominio del
individualismo por sobre los compromisos colectivos. Muchos prefieren
que las cosas sean fáciles, que tengamos solución a la vivienda ojalá
mañana. El sacrificio y la entrega son exigencias que no todos están
dispuesto a cumplir. Olvidan que este sistema político y económico está
hecho para mantener los privilegios de unos pocos a costa de negarle al
pueblo todos sus derechos.”
-¿Está presente el feminismo popular y el ambientalismo consecuente?
“Tanto el feminismo como el ambientalismo, tienen espacio en el devenir
de la toma. De hecho, son condiciones naturales y centrales para
sostener la ocupación. Pero la toma es una experiencia todavía muy joven
y sobre esos principios necesarios aún estamos en el trabajo
espontáneo, sin superior responsabilidad consciente de la organización.
Hay terreno para ocupar en trabajos de campo, reciclaje, huertos,
forestación, etc. Esos trabajos nos ayudarían mucho en términos de
alimentación, mejoramiento de las condiciones del lugar y mantención del
control sanitario de los espacios.
Y las mujeres de los
sectores populares siempre están presentes. Muchas de ellas son las que
levantan iniciativas para mantener el lugar. Hay casos en que son madre y
padre, se hacen cargo del cuidado y gasto completo de sus hijos,
dirigen la organización, toman decisiones, construyen sus viviendas,
participan instalando agua, luz, levantan cercos, hacen guardia para
mantener la seguridad en la noche, arman la olla común.”
-¿Las familias de la toma han tenido alguna participación en las protestas populares iniciadas el 18 de octubre de 2019?
“Parte de las familias de la toma han participado en las movilizaciones
desde el 18 de octubre. Ahora bien, la toma de terreno es una respuesta
a la crisis social que vivimos porque arranca de la injusticia social y
la negación sistemática a las familias trabajadoras del derecho a la
vivienda propia. Esa crisis se expresa mediante la espera por largos
años de una solución habitacional, y en la caída en la especulación
inmobiliaria, donde las familias terminan endeudadas por 20 o 30 años,
pagando créditos hipotecarios cada vez más caros.”
-¿Qué ocurre con la solidaridad externa a la toma?
“La solidaridad es fundamental para sostener una experiencia de lucha
como una toma de terreno. Así como los trabajadores necesitan
organizarse para obtener conquistas sociales; los pobladores, cada uno
por su lado, no pueden mejorar su vida. Necesitamos el apoyo y la
dirección técnica, legal, logística; la organización en distintas
comisiones que permitan a las familias sacar adelante las tareas que
sean necesarias. Por supuesto que esa solidaridad externa, para que
resulte eficiente, no confunde los espacios, siempre apunta a la
compañía y la independencia que la clase trabajadora y el pueblo
necesitan para llevar adelante demandas como el derecho a la vivienda.”
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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