Uruguay
1- El contrato nos
obliga a hacer una inversión de tres mil millones de dólares para
beneficio de UPM, sin tener asegurado que luego UPM se instale, pues el
“contrato” así lo habilita. En rigor, este contrato, no es otra cosa que
una trampa para que luego UPM nos imponga peores condiciones, pues si
Uruguay no cumpliera en tiempo y forma, UPM no dejará de instalarse,
sino que nos impondrá nuevas condiciones.
Si por milagro,
cumpliéramos en tiempo y forma, igualmente UPM impondrá peores
condiciones, pues luego de haber invertido tres mil millones de dólares o
más (¡con absoluta certeza, muchísimo más!) estaríamos atados de pies y
manos ante una nueva negociación. Bastaría con que UPM dijera “Bajó el
precio de la celulosa” o “nos conviene instalarnos en otro país”, para
que cunda el pánico entre nuestros gobernantes, viajen a Finlandia para
postrarse de rodillas otra vez, y vuelvan con muy malas nuevas.
2-
Este contrato es desastroso porque invertiremos para llevar a cabo este
proyecto, mucho más de lo que invertirá UPM, recibiendo un 0% de las
acciones, es decir, no obtendremos ninguna ganancia, habiendo invertido
más que nuestro “socio”. Para colmo, no sólo no obtendremos ganancias,
sino que regalaremos agua y nutrientes, recibiendo a cambio tierra
estragada para siempre y agua contaminada.
3- Cuando se lleva a
cabo una inversión extranjera en un país, el país debería cobrar
impuestos a la inversión extranjera que, en este caso, obtendrá 800
millones de dólares anuales de ganancia, pero resulta que UPM no pagará
un sólo peso de impuestos. Sólo considerando el IRAE e IRPF que hubiera
aportado esta segunda planta de UPM, los impuestos que ellos ahorran y
nosotros regalamos, en 30 años, alcanzarían la cifra de 8000 millones de
dólares. Tres veces más de lo que, supuestamente, ellos invertirían.
Por otra parte, los 4000 millones de dólares que dijeron que
invertirían, fueron mentira, y también son mentira los 2500 millones que
dicen ahora que invertirán, cosa demostrada por la inversión que acaban
de llevar a cabo en Finlandia para una planta similar, la cual les
llevó 1250 millones de dólares.
4- Nos comprometemos a construir
las vías de un ferrocarril para uso exclusivo de UPM, que irá desde su
planta en el Río Negro hasta el puerto de Montevideo. Perderemos a lo
largo de 18 años por esas vías, un mínimo de 2300 millones de dólares, y
serán diseñadas por los técnicos que designe UPM, a los cuales
pagaremos el sueldo. Ningún otro productor podrá usar el ferrocarril
operado por UPM. Para llevar a cabo esas vías, deberemos expropiar 663
padrones, dejando a sus propietarios con sus campos partidos al medio,
es decir, con sus aguadas de un lado de la vía y sin tener acceso a
ellas. Estos 14 trenes diarios a una velocidad de 100 kilómetros por
hora, partirían pueblos e incluso sería necesario construir un doble
muro, complicando la vida de toda esa gente incluso al ingresar a
Montevideo. Como si esto fuera poco, si cinco de todos esos trenes que
viajarán por mes, se demoraran más de quince minutos, UPM no pagará el
canon correspondiente por el uso de las vías.
5- Nos
comprometemos a reforzar puentes que ya estamos reforzando a beneficio
de UPM, pues esos puentes tienen que soportar sus camiones trizorras,
que portan un tonelaje prohibido al resto de los camiones del país.
Además, nos comprometemos a arreglar carreteras e incluso a darle a UPM
un camino para uso exclusivo.
6- Nos comprometemos, durante 20
años, a comprar a precio excesivamente elevado, todo el resto de la
energía eléctrica que genere UPM. Actualmente Uruguay tiene sobrante de
energía eléctrica y cuando consigue mercados, exporta. La tendencia
mundial es a la baja del precio de la energía eléctrica. Es difícil
calcular exactamente la pérdida que deberá ser soportada por el bolsillo
del contribuyente, pues no sabemos cuánto bajará esta energía en el
futuro, pero con certeza serán varios miles de millones de dólares.
7-
Nos comprometemos a asignarle a UPM una zona franca en el puerto, lo
cual significa un enclave libre de impuestos, para lo cual habrá que
desplazar a otra empresa, pagando los correspondientes daños y
perjuicios y nos comprometemos a profundizar el dragado del puerto, con
los costos correspondientes.
8- Nos comprometemos a pagar de nuestro bolsillo el viaducto en Montevideo, para que pueda pasar por debajo el tren de UPM.
9-
Nos comprometemos a subir un metro la cota del embalse del Rincón del
Bonete, lo cual significa que el agua se desplazará por la superficie de
tal manera, que perderemos 10.000 hectáreas y además, le diremos adiós a
las playas de San Gregorio de Polanco y a los ingresos que genere su
turismo.
10- Mientras prohibimos a los productores rurales
bombear agua del Río Negro para su ganado y cosechas, y mientras le
cobramos la correspondiente tarifa de OSE a cada vecino, le regalaremos
un mínimo (¡más!) de 125 millones de litros de agua por día a UPM, lo
mismo que consume una población de casi un millón de habitantes y UPM
devolverá a un ya contaminado Río Negro, un mínimo (¡más!) de 106
millones de litros de efluentes por día, que son cualquier cosa menos
agua, en caso contrario, los reutilizaría. Para tener una idea de la
contaminación que generaría, si mencionamos un sólo factor, el fósforo,
principal responsable del proceso de eutrofización, y si atendemos a los
propios informes de UPM, devolverá 213 kilogramos de fósforo al día,
elevando el porcentaje de fósforo del río, de 130 mcg por litro, a 195,
cuando el máximo admitido por la DINAMA es de 25.
11- Nos
comprometemos a dar celeridad a los trámites de permisos ambientales que
necesita UPM para su propaganda en Europa. Dar celeridad significa no
analizar los daños ambientales, en particular, desde que el gobierno y
la oposición son los principales impulsores nacionales del proyecto ROU
UPM.
12- Los acuerdos laborales que imponga UPM, se convertirán
en leyes para todos los trabajadores del país, lo cual quiere decir que
UPM se convertirá en legislador del Uruguay. A su vez, en el caso que
tengamos un problema cualquiera con UPM, el problema no se resolverá en
los tribunales de la República, sino en el CIADI, bajo dominio del Banco
Mundial, es decir, de UPM.
13- Los programas de estudio de las
escuelas técnico profesionales de los departamentos cercanos a la planta
de UPM, serán intervenidos por UPM, lo cual quiere decir que no la
República, sino UPM, determinará la formación de nuestros estudiantes.
14- Durante la fase de construcción de la planta, UPM podrá perforar el terreno para extraer agua de nuestros acuíferos.
15-
Le daremos a UPM, además de la zona franca del puerto, una gigantesca
zona franca donde instalará su planta de celulosa y su planta
elaboradora de productos químicos, pues UPM trabaja con insumos
producidos por UPM. También se provee, en amplísimo porcentaje, de su
propia madera, ya que es propietaria de 200.000 hectáreas y es la
segunda latifundista del país, inmediatamente después de Montes del
Plata. El canon pagado por esa zona franca, ni siquiera alcanzará para
costear el “control” que nuestra República debe hacer de la
contaminación producida por UPM. Las inversiones forestales de UPM,
también serán comprendidas en la zona franca.
16- El contrato le
permite a UPM crear una compleja ingeniería jurídica integrada por
diversas empresas propiedad de UPM, con el exclusivo objetivo de
“arreglar” su contabilidad.
17- El contrato amplía 30 años más, la zona franca de la planta de UPM en Fray Bentos, que viene operando desde hace diez años.
18-
El contrato aumentará nuestra deuda externa, es decir, debemos agregar a
los costos por vías de ferrocarril y todo lo demás, los intereses que
emanen de los préstamos que pediremos.
19- El contrato viola de
forma flagrante la Constitución de la República, primero que nada, por
haber sido negociado de forma confidencial y luego, por haber sido
firmado por funcionarios que no tienen potestades para ello. El contrato
ruinoso viola la Constitución todo un largo camino hasta llegar a la
violación de las autonomías departamentales y a la violación inaudita
que significa regalarle a la trasnacional, la potestad de dictar
nuestras leyes y nuestros programas de estudio.
Estas son algunas
de las monstruosidades del contrato aceptado por nuestro sistema
político, sin embargo, si estas condiciones se moderaran, igualmente los
efectos de una tercera planta de celulosa serían nefastos, pues a la
postre, sólo se trata para la trasnacional, de llevarse gratuitamente
agua, recursos de la tierra y sudor, camuflados en forma de pasta de
celulosa. Una tercera planta de celulosa extendería aún más el
monocultivo de eucalipto, con los elocuentes daños a nuestra agua, a
nuestra biodiversidad, a nuestra tierra empobrecida para siempre y a
nuestra cultura rural, pues el monocultivo de eucalipto y el latifundio
asociado a él, desplaza gente del campo, generando taperas, cierre de
escuelas, hospitales, comisarías y sociedades civiles. El monocultivo de
eucalipto eleva el precio de la tierra, agregando problemas a los
innumerables problemas que, como espada de Damocles, se ciernen sobre
los pequeños y medianos productores rurales.
Habida cuenta de la
comprobada corrupción de los gobernantes de los países vecinos, y habida
cuenta de los sonados casos de corrupción en nuestra República, es
dable imaginar que en todo tipo de negociaciones y emprendimientos
llevados a cabo en secreto o de forma poco cristalina, los cuales mueven
miles de millones de dólares, pueda haber una fuga lesiva para nuestros
intereses.
Si en función de los 300 puestos directos que
generará la tercera planta, invertiremos más de tres mil millones de
dólares, eso significa que cada puesto nos saldrá un mínimo de diez
millones de dólares ¿Qué otras cosas más benéficas podríamos hacer y
cuántos puestos generaríamos, con cada uno de esos diez millones de
dólares?
La acelerada concentración de recursos que llevan a cabo
las trasnacionales, arruina las culturas nativas, incluyendo en este
concepto de cultura, todas las creaciones de los países, desde las
Repúblicas, hasta los conocimientos y técnicas de sus trabajadores. La
erosión de esas culturas, desbroza el terreno para futuras invasiones de
las trasnacionales, pues la capacidad de resistencia de una nación,
deviene de su capacidad de sostener sus tradiciones, las únicas que
harán posible pensar el futuro. La cultura es la resistencia y esperanza
de una nación.
Ahora, yendo a nuestros hechos, el contrato
demencial tiene sin embargo medio punto a favor, hasta la decisión final
de inversión a cargo de UPM, Uruguay puede desistir de él sin pagar
ninguna multa, alcanza con un simple aviso por carta a la trasnacional.
Por ese motivo, estamos elevando una Petición al Poder Ejecutivo, para
que desista de este contrato despreciable.
Pedimos a todos
aquellos que estén de acuerdo con el espíritu que alienta estas
palabras, que las hagan suyas y las propalen por todos los medios
imaginables, para el bien de los habitantes actuales y futuros de
nuestra República.
No hay comentarios:
Publicar un comentario