Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Nicaragua en la mira del imperio


Recientemente, Managua y otras ciudades nicaragüenses han conocido días de violencia. Como en Caracas, entre abril y julio del año pasado, turbas alzadas han implementado desmanes contra edificios públicos, mercados, escuelas, policlínicos; y hasta han consumado asesinatos contra policías y periodistas. Aunque las autoridades han pretendido minimizar los hechos, la CNN se ha encargado de llevar al mundo escenas que parecían olvidadas, por lo menos en la Patria de Sandino.

La gota que rebalsó el vaso del descontento social fue una disposición gubernamental orientada a elevar los aportes a la Seguridad Social, de Empleadores y Trabajadores. La iniciativa se generó por el marcado déficit presupuestario de ese servicio, habida cuenta que había creado nuevos beneficios para la población afectada por la guerra pasada, e incrementado otros. Quizá inoportuna, o tal vez mal explicada, la medida fue cuestionada, y generó una protesta que fue creciendo a partir del miércoles pasado.

Más allá de los deplorables hechos que ocurrieron en días sucesivos entre el 18 y el 22 de abril, habría que mirar con detenimiento lo que está en juego y el nivel de los intereses en pugna, en un país que se alza como referente para los pueblos de Centro América y el Caribe.

Nicaragua, en efecto, tuvo siempre una historia difícil. Hubo épocas en las que un pirata yanqui -William Walker- asumió el Poder y proclamó el Inglés como “idioma oficial” en medio de la destrucción masiva de la cultura popular y el exterminio de la población local. Después, vino el Amo Yanqui en toda su dimensión: los Marines de Yanquilandia se desplegaron por ese suelo, y permanecieron en él hasta que fueron expulsados por la lucha de Sandino y su “pequeño ejército loco”. Nuestros Mariátegui, en su momento, saludó esa acción, y dijo sin cortapisas: ”El único camino de resistencia activa al dominio yanqui, era el camino heroico de Sandino”. Y lo fue.

En 1934 Sandino fue asesinado en una trampa tendida por los Somoza, esa “Estirpe Sangrienta” que apagó la luz en Nicaragua durante casi 50 años. Sandino redivivo combatió con la bandera del FSLN al impulso de Carlos Fonseca, Tomás Borge y Daniel Ortega. Este último, conduce hoy los destinos del país y fue reelegido en noviembre del 2016 con más del 70% de los votos en un proceso electoral monitoreado por organismos internacionales.

¿Ha perdido legitimidad Ortega en los 16 meses de gestión gubernativa? ¿Ha cometido errores garrafales que lo descalifican como Mandatario de la Nación? ¿Merece hoy la repulsa ciudadana quien fuera ungido por tan consistente mayoría? No pareciera ser así. Por el contrario, su gobierno ha dispuesto acciones orientadas a mejorar las condiciones de vida de la gente. Hoy, la educación y la salud, son gratuitas para gran parte de la población. El empleo, no se ha visto afectado. El equilibrio económico, se mantiene. No se constatan niveles de inflación, ni ha descendido la capacidad adquisitiva de los salarios. Es verdad que no hay lujos, ni dispendio. Pero los empresarios no se pueden quejar -ni se quejan- de un proceso que no ha afectado lo sustancial de sus intereses. Y la Iglesia -que se opuso al Sandinismo en los años 80 del siglo pasado- goza hoy del apoyo del gobierno y el respeto de un pueblo marcadamente religioso. Preguntar en la calle a cualquier persona si es nacido en Nicaragua, es recibir una respuesta que no se usa en otras partes: “soy nicaragüense, por la gracia de Dios”. Y se han emprendido obras de gran trascendencia que modificarán sustantivamente la vida de millones de personas, como el Canal Trans Oceánico, ofrecido por todos, pero ejecutado por nadie.

Que Nicaragua ha generado reticencias y desconfianzas en Washington, es claro. No en vano el Canal en marcha fue pactado no con una empresa yanqui, sino con el Gobierno de la República Popular China. Y eso, ¡…se paga! La “Nic-Act”-un documento trabajado por el Departamento de Estado USA y destinado a sancionara Nicaragua- lo acredita.

Estados Unidos –más precisamente, la Administración Trump- se siente “dueña del mundo”; pero Corea del Norte le acaba de bajar el moño, y lo ha obligado a sentarse en la mesa de negociaciones; Irak, ha demostrado el fracaso absoluto de su política de dominación; Siria ha rechazado virilmente su injerencia en los asuntos internos de su país; Rusia ha puesto en su sitio a los Halcones del Pentágono al desviar los misiles yanquis disparados sobre Damasco. En suma, la estrategia de “dominación” hace agua por todas partes. Y a los Estados Unidos, lo que les queda, es América. Buscan aquí parapetarse, para sobrevivir.

Es explica su ofensiva continental contra los pueblos: la campaña contra Cuba, que se reaviva; la ofensiva económica, política y militar contra Venezuela; el apoyo a Temer, en Brasil y la captura de Lula; la capitulación de Moreno en el Ecuador; los ataques a Evo, en Bolivia; pero también los “éxitos” electorales en Chile y en Paraguay. Y -¿por qué no?- los sucesos que hoy estremecen a Nicaragua que en los últimos diez años ha venido reconstruyendo pacíficamente su economía, y su bienestar.

Lo que hoy ocurre en Managua tiene todo el estilo de un “golpe suave”, de “una primavera democrática”, como la acontecida en Europa del este. Pero más allá de las palabras, esconde en sus fauces el monstruo neo liberal y la dominación imperialista. De eso, puede caber la menor duda. Los gritos de “Democracia” y “Libertad” –que nunca amenazó el Sandinismo- habrán de apagarse si se corona con éxito la aventura golpista.
El pueblo de Nicaragua sabe ya lo que significa la dominación del amo del norte. Y no está dispuesto a arriar sus banderas. La Patria de Sandino “ni se entrega, ni se vende” dice una vieja canción revolucionaria nicaragüense. Hará honor a ella, sin duda.

Gustavo Espinoza M. Colectivo de dirección de Nuestra Bandera. 

América Latina en el tiempo de Trump


"Creo que la Doctrina Monroe es tan relevante hoy como lo fue el día en que fue escrita (hace dos siglos)"
Rex Tillerson, Secretario de Estado, Feb. 2, 3027-Marzo 31, 2018.
Introducción
El presidente Trump canceló su asistencia a la reunión de la Cumbre de las Américas de los 35 presidentes de la región diseñados para debatir y formular una política común. Trump delegó al Vicepresidente Pence su lugar. VP Pence, una entidad no conocida con cero experiencia e incluso menos conocimiento de América Latina -las relaciones de los Estados Unidos indican el desprecio del régimen de Trump y la baja opinión de la octava reunión de la Cumbre trianual.
El presidente Trump no se siente obligado a asistir, porque la agenda, las decisiones y el resultado ya se habían decidido de acuerdo con los mejores intereses del imperio. El ex secretario de Estado Tillerson dejó en claro que América Latina es el patio trasero de Washington: la Doctrina Monroe está viva y en buenas condiciones.
El resurgimiento de la Doctrina Monroe es un trabajo en progreso: un esfuerzo colectivo que precedió al régimen de Trump y que ahora está en plena exhibición.
El monroísmo es una empresa conjunta que involucra a constructores de imperios de Washington y oligarcas latinoamericanos, golpistas en el Congreso, narcoterroristas presidenciales y matones militares y paramilitares. Para comprender el ascenso de la Doctrina Monroe de dos siglos de antigüedad, es necesario que examinemos el proceso: los medios y métodos que instalaron los sátrapas de Trump.
Muchos caminos, resultados comunes
El siglo XXI comenzó con una serie de trastornos que desafiaron a los estados clientes neoliberales en el poder e instalaron una serie de regímenes de centro izquierda que aumentaron el gasto social y declararon su independencia de los EU. Los políticos progresistas escribieron certificados de defunción prematura para la Doctrina Monroe, ya que fueron codeados con los banqueros locales, generales y oligarcas empresariales. En otras palabras, América Latina experimentó una serie de reformas temporales basadas en fundamentos oligárquicos.
Hacia el final de una década y media, el régimen de Trump proclamó la resurrección del monroísmo: títeres, pillaje y saqueo se convirtieron en el nuevo orden del día en toda América Latina. Los legisladores del Congreso cayeron en una serie de golpes, derrocando presidentes electos en Brasil, Paraguay y Honduras, reemplazándolos con sátrapas de buena fe aprobados por Estados Unidos.
El Secretario General de la Organización de Estados Americanos (Colonias), Luis Almagro, ex Ministro de Relaciones Exteriores de un régimen de centro izquierda en Uruguay, bendijo a los voceros de Washington.
Las elecciones organizadas en México y Guatemala garantizaron a Washington un par de lacayos confiables.
Los escuadrones de la muerte y el narcotraficante Santos en Colombia proporcionaron al Pentágono siete bases militares e inversiones estadounidenses en varios yacimientos petrolíferos.
Estafadores y defraudadores con lazos íntimos con Wall Street tomaron posesión en Argentina y Perú. Un ex izquierdista en Ecuador, Lenin Moreno hizo un llamamiento al pueblo para ganar una elección, y una vez que asumió el cargo, trabajó para los oligarcas.
En otras palabras, a través de diversas rutas que combinaban elecciones amañadas y violencia política, los presidentes Bush y Obama prepararon el escenario para que el presidente Trump heredara un servil séquito autodenominado democrático de... sátrapas.
El presidente Trump no necesita unirse a América Latina para la Cumbre. Dado que los escribas de Donald escribieron el programa y las políticas a seguir.
En el período previo a la Cumbre, los presidentes latinoamericanos pasaron su tiempo en el cargo demostrando su lealtad a la versión de Trump de la Doctrina Monroe actualizada.
El presidente de Argentina, Mauricio Macri, al asumir el cargo pagó 6 mil millones de dólares a un especulador de Wall Street; contrató una deuda de 100 mil millones de dólares a banqueros de Estados Unidos y el Reino Unido; redujo y/o eliminó los impuestos corporativos para los agroexportadores; cargos cuádruples en los servicios de gas, electricidad y agua para hogares y pequeñas y medianas empresas; minas y campos petrolíferos privatizados; despidió a varios miles de profesionales médicos y de la educación del sector público que empobrecieron las instalaciones educativas y de salud; amplió las bases militares de EU en todo el país y dio la bienvenida a las compañías químicas tóxicas para contaminar el campo.
A cambio, Trump pasó por alto las estafas de Macri y sus cuentas bancarias en el extranjero y elogió las medidas de su estado policial.
El presidente de Brasil, Michel Temer, fue instalado en la presidencia mediante un golpe de Estado en el Congreso, prometiendo privatizar todo el transporte público, la infraestructura, la minería, el petróleo y el sector eléctrico, así como el sistema financiero y bancario. Temer y sus aliados en el Congreso y en el poder Judicial se aseguran de que las alianzas militares y diplomáticas sirvan al impulso de Washington para derrocar a los gobiernos venezolano, cubano y boliviano. Temer y sus aliados judiciales han encarcelado al principal candidato presidencial de la oposición, Lula Da Silva.
Los sátrapas de Trump en el ejército brasileño se han unido a Estados Unidos para vigilar el continente.
A cambio, el presidente Temer, con un 95% de desaprobación popular y frente a la cárcel, ha obtenido el permiso del presidente Trump para obtener asilo en Miami y ser miembro de su club de golf una vez que esté fuera de la oficina.
El presidente mexicano, Peña Nieto, ha privatizado el patrimonio nacional: los yacimientos petrolíferos, las minas y los bancos. Peña Nieto ha colaborado con la policía, el ejército y los grupos paramilitares asesinando a docenas de estudiantes de la oposición, periodistas críticos y trabajadores de los derechos humanos. Peña Nieto permitió que el tráfico de drogas, los banqueros y los líderes empresariales laven miles de millones de dólares en cuentas en el extranjero para evadir impuestos. El presidente Peña Nieto ha sido un partidario activo de las políticas internacionales de Washington, en particular sus esfuerzos por aislar y derrocar al gobierno venezolano.
Debido a la subordinación de Peña Nieto a Washington, el presidente Trump ha exigido más concesiones, incluido el control estadounidense de la frontera mexicana, la inmigración y la vigilancia interna.
Colombia, bajo los presidentes Uribe y Santos, proporcionó a Estados Unidos siete bases militares. El presidente Santos firmó un acuerdo de paz con las FARC y procedió a desarmar y asesinar a más de 50 ex guerrilleros de las FARC y ordenó el encarcelamiento y la extradición de uno de sus líderes, Jesús Santrich.
El presidente Santos firmó concesiones petroleras lucrativas con EU y otras multinacionales.
El recién electo presidente de Ecuador, Lenin Moreno, siguió a los presidentes de Brasil, México, Perú, Argentina y Chile en la entrega de recursos naturales estratégicos a multinacionales estadounidenses.
Todos estos clientes políticos apoyaron los esfuerzos de EU para excluir al presidente venezolano Maduro de la Cumbre de las Américas por oponerse a los golpes de Estado, a Trump y a la Doctrina Monroe.
Los oligarcas respaldan los esfuerzos de Washington por deslegitimar las elecciones venezolanas en mayo de 2018 y paralizar su economía para derrocar al presidente electo.
El triunfo del Neo-Monroismo
El presidente Trump preside las Américas con la excepción de Cuba, Venezuela y Bolivia. Washington orquestó con éxito la conversión de América Latina en una importante plataforma política, militar y diplomática para la dominación global de Estados Unidos.
Ninguno de los regímenes tiene alguna legitimidad. Todos llegaron al poder por medios ilícitos, sus elecciones alimentadas por la corrupción, la fuerza, la violencia y la complicidad de Estados Unidos.
Las Américas reciben el 42% de las exportaciones manufactureras de los Estados Unidos (principalmente a México y Canadá) y es un importante mercado de Estados Unidos para armas y productos agroquímicos tóxicos. Sin embargo, Washington está perdiendo su competencia económica con China en el resto de América Latina y, como resultado, Trump intenta presionar a sus clientes para que reduzcan sus vínculos, acusando a China de ser "imperialista". Los gobernantes de América Latina, sin embargo, quieren servir a ambos poderes, políticamente a Estados Unidos y económicamente a China.
Conclusión
El presidente Trump ha abrazado la Doctrina Monroe en su búsqueda del dominio de América Latina. Washington da por sentada la sumisión de los oligarcas y no pretende celebrar consultas: simplemente dicta políticas a través de emisarios estadounidenses.
Bajo la tutela del presidente Trump, los súbditos latinoamericanos negocian los términos de su rendición de soberanía a fin de asegurar una porción del saqueo económico para sus oligarcas y la protección militar de Estados Unidos.
El presidente Trump está particularmente orgulloso de que el dominio de Estados Unidos sea prácticamente gratuito y sin esfuerzo. Los oligarcas latinoamericanos no demandan ninguna ayuda económica o militar: los clientes pagan por vigilancia del imperio, contratando economistas neoliberales para que entreguen su patrimonio público.
Los clientes latinoamericanos pronuncian discursos que se hacen eco de las políticas intervencionistas de Trump.
Los oligarcas latinoamericanos ignoran las crisis domésticas y la inestabilidad política del presidente Trump, así como su amenaza de guerra nuclear contra Siria y las sanciones contra Rusia.
En un área la oligarquía latinoamericana no sigue las órdenes de Washington: se niegan a boicotear a China. Argentina, Chile, Perú y las principales exportaciones de commodities agropecuarias de Brasil dependen de Beijing, que también se ha convertido en una fuente principal de préstamos e inversiones extranjeras.
Washington ha asegurado el dominio político (o "hegemonía" como lo llaman algunos expertos) pero ¡quiere más!
El presidente Trump exige una fuerza militar conjunta para derrocar al gobierno venezolano y la instalación de un régimen de clientes. Trump puede contar con que el jefe de la OEA, Luis Almagro, brinde la retórica, pero sus clientes necesitan que el ejército respalde su propia regla.
El presidente Trump les dice a sus clientes latinoamericanos que aíslen y disminuyan sus vínculos con China. Sin embargo, temen alimentar la oposición de la élite nacional. A lo sumo, Washington puede contar con sus clientes en Honduras, Paraguay y Argentina para seguir el ejemplo de Trump.
Trump aseguró el acuerdo de Peña Nieto para revisar el TLCAN con el fin de aumentar las ventajas comerciales de Estados Unidos, permitirle a EU un mayor control sobre la frontera y aumentar el flujo de dinero blanqueado a través de los bancos estadounidenses. México asume los costos de colaborar con el régimen de Trump.
Hasta el momento, el régimen de Trump ha tenido vía libre dirigiendo las provincias latinoamericanas del imperio a bajo costo! Tanto es así, que Trump ha ignorado a sus clientes y los ha relegado al patio trasero de Washington. Los partidarios de Trump, Wall Street y el Pentágono están razonablemente contentos con la forma en que maneja las Américas: están obteniendo préstamos con altos intereses y pagos a cuenta; agarrando miles de empresas públicas a precios de oferta en el sótano; bases militares libres de costo que incluyen puertos y bases aéreas; y tienen control sobre los generales flexibles del cliente a su entera disposición.
¿Qué y quién puede echar a perder la partida imperial de Trump en América Latina?
Venezuela celebra elecciones. El presidente Maduro gana, derrota los complots golpistas y procede a diversificar la economía y los mercados, baja la inflación y comienza una recuperación económica.
Cuba renueva su programa y liderazgo revolucionarios; democratiza su economía y socializa su sistema político.
Los sindicatos y movimientos sociales brasileños organizan huelgas generales, paralizan la economía, liberan a Lula. Es reelecto para avanzar en la lucha mucho más allá de los tribunales corruptos y el sistema electoral corrupto.
Argentina explota; los sindicatos, los desempleados y los desposeídos desencadenan huelgas generales y enfrentamientos contra la policía; toman el palacio presidencial y el presidente Macri huye al extranjero; deteniéndose en Panamá y las Bahamas para cobrar sus tenencias ilícitas.
México tiene elecciones libres y democráticas y AMLO gana, asume el cargo y finaliza la corrupción. Trump paga por la pared.
Paraguay, Honduras y Colombia persisten: los escuadrones de la muerte florecen, forzando a las guerrillas pacificadas a regresar a la lucha y los campesinos a ocupar las plantaciones.
Los medios de comunicación estadounidenses afirman que todo es un complot ruso. Putin es acusado de estar detrás de los bajos precios de la carne en Buenos Aires y la fuga de capitales desde Sao Paulo.
La embajadora de los Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, afirma que Bashar Assad está organizando conflictos en las fronteras árabes entre Bolivia y Chile, narcotraficantes en Paraguay y planeando corrupción en Brasil.
Tweets de Trump: la resistencia populista son todas "fake news" y tramas falsas. Denuncia a los oligarcas latinoamericanos que se oponen a su guerra comercial como partidarios del imperialismo chino.
Elogia a nuestros propios oligarcas, ya que son solo delincuentes que firman negocios!
Trump organiza una barbacoa para los oligarcas de su patio trasero. Solo los lavadores de dinero están invitados.
Traducido para La haine y CEDAM-Che Guevara, por José Luis Ríos Vera.  

martes, 1 de mayo de 2018

Ortega y su tufo neoliberal

Nicaragua

La decisión del presidente Daniel Ortega de menguar los montos de las pensiones de los trabajadores nicaragüenses sólo podía haber producido lo que produjo: un enorme, severo y ruidoso descontento social y popular. Tan enorme, severo y ruidoso, que Ortega no tuvo más opción que echar abajo la antipopular medida. 

Pero, ciertamente, no lo hizo de inmediato. Antes intentó salvarla acusando a los protestantes e inconformes de conspirar contra su gobierno. ¿Conspiradores y subversivos los modestos pensionados y sus familias que difícilmente llegan al fin de mes con los precarios montos de sus modestas, por no decir famélicas pensiones?

Digamos que Ortega puso en práctica una de las más conocidas y aborrecibles medidas de la teoría económica neoliberal, tan apreciadas y recomendadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Ese tipo de medidas que suelen ser la punta de lanza, la pica en Flandes, la cabeza de playa de los siniestros programas de ajuste que han sumido en la pobreza a las naciones donde se han aplicado desde hace tres décadas.

¿Ignoraba Ortega que al ordenar la reducción de las pensiones ponía en práctica una de las célebres recetas del FMI y del Consenso de Washington? ¿Se comportó como un clásico neoliberal sin saberlo? ¿O más bien cedió a las presiones y chantajes de los organismos financieros internacionales que condicionan el otorgamiento de créditos a la aplicación de esos tristemente célebres programas de ajustes, los que siempre implican reducciones salariales y pérdidas de prestaciones sociales?

Ya se ve que Daniel Ortega se colocó en el peor de los mundos posibles. Con la decisión de reducir las pensiones quedó mal con los pensionados, con las familias de éstos, con los trabajadores que en el futuro serán pensionados y con la clase trabajadora que entendió rápidamente que a esta primera medida neoliberal seguirían otras del mismo tenor, como el aumento de la edad de jubilación, mayor precarización de las pensiones y mayores aportaciones para obtener el derecho a la jubilación. Y, por contrapartida, con la determinación de echar abajo la medida quedó mal con el FMI y con otros ideólogos del neoliberalismo.

Ortega esgrimió como razón para reducir las pensiones la necesidad de paliar la severa crisis financiera del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social. Y aquí está otra clara concepción neoliberal: echar sobre las espaldas de los trabajadores la carga de resolver las crisis económicas. 

Finalmente, y saludando con beneplácito la decisión de derogar la reforma de las pensiones, es imprescindible destacar que la tal reforma mostraba una quizás incipiente pero innegable derechización del sandinismo. Al menos de la facción del sandinismo que representa Ortega.

Los penosos acontecimientos de estos días dejan, sin embargo, una clara enseñanza: los gobiernos populares no pueden ni deben atentar contra los intereses y el bienestar de los trabajadores. Porque actuar así tiene una obvia consecuencia. 

La pérdida de apoyo popular y social, y la consecuente invitación a la derecha criolla y al imperialismo yanqui para participar en los movimientos de rechazo a las medidas neoliberales con la finalidad de debilitar a esos gobiernos populares. Y luego, si las condiciones lo permiten, iniciar las tareas subversivas que conduzcan al derrocamiento del gobierno y al retorno de la derecha y del imperialismo al poder.

A 50 años del mayo 1968


Estamos a medio siglo de la gran insubordinación de obreros, estudiantes, intelectuales y pueblos oprimidos contra el conservadurismo y la dominación de los capitalistas pero hemos retrocedido dos siglos, al nacimiento casi del movimiento obrero y vivimos un mundo de pesadilla, no de sueño de liberación.
El mayo de 1968 sacudió Francia, Italia, Japón, la entonces Checoeslovaquia, México, Argentina, Brasil, Japón y tuvo fuertes repercusiones en Estados Unidos y en el resto del mundo y en el campo cultural. Ese terremoto social fue el resultado de más de 20 años de reconstrucción de la economía europea con pleno empleo, fuertes sindicatos obreros, prosperidad económica creciente y transformaciones sociales profundas como el vaciamiento de las zonas rurales francesas e italianas o checas y la incorporación a la industria de una multitud de jóvenes campesinos y artesanos combativos.
Resultó igualmente de la crisis del estalinismo después de la muerte de Stalin en 1952, de la desestalinización que debilitó la dictadura burocrática en la URSS, de la rebelión de los obreros de la construcción de Berlín oriental en 1953 y de las manifestaciones obreras en Poznan que iban al encuentro de los tanques con banderas rojas y cantando “La Internacional”, de la insurrección obrera de 1956 en Hungría, donde se volvieron a formar soviets y el Partido Comunista se diferenció de la Unión Soviética, de la derrota de los planes israelíes, franceses e ingleses durante su fracasada ofensiva para tomar el Canal de Suez en ese mismo año, de la revolución de independencia argelina y del apoyo que le dieron a esa lucha heroica y a los inmigrantes árabes en Francia muchísimos militantes de izquierda y destacados intelectuales.
Fue fruto, sobre todo, de la derrota estadounidense en 1952 en la guerra de Corea, de la de las tropas francesas en 1954 en Dien Bien Phu y del empantanamiento en la guerra de Vietnam de los estadounidenses que fueron a Indochina a salvar el colonialismo y lograron, en cambio, radicalizar y politizar la juventud de su propio país. El socialismo era entonces una esperanza. Existía aún la Unión Soviética que, aunque no atraía a los rebeldes de todo el mundo ya desde hacía tiempo, no era todavía capitalista, autocrática y mafiosa como la Rusia de Putin y China vivía desde 1966 la Revolución Cultural que, para los desinformados comunistas occidentales, aparecía como antiburocrática y libertaria aunque, en realidad, fue una lucha cruenta por el poder que provocó cerca de dos millones de muertos y un terrible desastre económico.
El mundo actual es muy diferente. Las grandes mayorías comparten los valores capitalistas y aceptan la regulación económica por el mercado y la meritocracia. La economía se está recuperando apenas de una crisis de 30 años que comenzó a fines de los setenta y provocó enorme desocupación, particularmente juvenil, inestabilidad e inseguridad en los hogares de los trabajadores, desarrollo del “sálvese quien pueda” y del “primero yo” a costa de la solidaridad y el espíritu colectivo y el ejemplo soviético y chino vacunaron contra la idea de socialismo a cientos de millones de trabajadores e intelectuales
Otras centenas de millones de personas se ven hoy obligadas a emigrar arriesgando sus vidas por las sequías, inundaciones y desastres ecológicos producidos por el recalentamiento climático y la contaminación ambiental provocados en su afán de lucro por el capitalismo. En la juventud han cundido la desocupación, la incultura, el consumismo, el individualismo, incluso las drogas y en los sectores más atrasados se piensa sólo sobre el propio país ignorando el mundo y crecen pestes inmundas como la xenofobia, el racismo, el neofascismo y neonazismo.
Rusia presenta al mundo un gobierno autocrático de capitalistas oligarcas que se apoya en la rancia Iglesia Ortodoxa y mantiene el nacionalismo y gran cantidad de residuos del estalinismo mientras añora al zarismo. China, por su parte, es una potencia capitalista nacionalista y su partido “comunista” confuciano de 90 millones de miembros reúne a casi todos los multimillonarios del país. Además, los grandes partidos socialdemócratas de la posguerra- salvo el inglés, que va a la izquierda- desaparecieron como el italiano, se desmoronaron como el francés o el español o se están debilitando día a día, como el alemán. Por último, en los países dependientes o hay gobiernos de derecha, antipopulares, o hay dictaduras nacionalistas de facto.
La juventud, en su inmensa mayoría, no ve hoy un futuro que pueda conquistar o construir. Ve en cambio la posibilidad de una guerra atómica o de un inmenso desastre ecológico. Las grandes luchas se hacen hoy para no seguir retrocediendo, como en Francia o en Argentina, y no son ofensivas sino defensivas frente a la ofensiva mundial capitalista y los socialistas consecuentes son poquísimos.
Es probable, por lo tanto, que pase casi desapercibido el aniversario del mayo de 1968 que fue escenario de la mayor huelga general en la historia de Francia con la ocupación de todas las fábricas y universidades y la lucha común de obreros y estudiantes y que en Italia llevó en 1969 a la creación de consejos obreros y a la ocupación de las fábricas, en Argentina a la insurrección obrero-estudiantil en Córdoba y en México a la huelga universitaria y la represión de 1968.
Pero las fechas son sólo una invención social para regularse en el fluir ininterrumpido del tiempo y de los acontecimientos y no reconocen ni conmemoraciones ni plazos. La resistencia, la rebelión, la autoorganización, la toma de conciencia por parte de las masas reciben el impulso que les dan la brutalidad del capitalismo, los ejemplos de movilizaciones que, aunque no triunfen, elevan la confianza en sí mismos de quienes luchan y, por último, del combate por las ideas de quienes no temen nadar contra la corriente y ayudan a abrir las mentes y los corazones de los oprimidos. Eso actúa aunque no se vea. 

El día y la noche del trabajador

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Foto: ALAI

Nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente vive de su trabajo, pero nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente trabaja sin sus derechos garantizados.

Una sociedad cuya riqueza es resultado de lo que hacen diariamente los trabajadores, cada vez les reconoce menos, cada vez garantiza menos sus empleos, sus derechos, sus salarios mínimamente dignos.

Es alrededor de las actividades del trabajo que vive la mayoría aplastante de la gente en todo el mundo. Entre despertar muy temprano, gastar algunas horas en un trasporte muy malo, cumplir una larga e intensa jornada de trabajo, retomar el mismo trasporte de retorno, llegar a la casa y recomponer las energías para reempezar la misma jornada al día siguiente, gira la vida de millones y millones de personas en todo el mundo.
             
Para la gran mayoría, se vive o se sobrevive para trabajar. No hay tiempo para mucho más. Ni se puede escoger en qué trabajar. Cuando hay trabajo

Porque lo que más caracteriza hoy al mundo del trabajo, en cualquier parte del mundo, en mayores o menores proporciones, es el trabajo informal, el trabajo precario, sin contrato de trabajo, con trabajo intermitente, como define la nueva y cruel legislación del trabajo en Brasil. Es decir, trabajo sin garantía de continuidad, sin vacaciones, ni licencia de salud o maternidad, ni décimo tercero, ni nada de lo que está presente en los contratos formales de trabajo.

La misma identidad del trabajador se va debilitando, en la medida en que la mayoría de ellos tienen varias actividades a la vez, para poder redondear el presupuesto familiar. Varios de ellos cambian de actividad de un mes a otro, se arreglan como pueden, juntando varias pagas en el mismo día.

Las organizaciones de los trabajadores, para que puedan defender sus reivindicaciones, a su vez, también se debilitan, dejando a los trabajadores cada vez más fragilizados frente a la ofensiva en contra de sus derechos elementales. En varios países, reformas aprobadas en los Congresos o en curso, en la práctica cancelan toda base mínima de negociación, dejando que el desempleo presione a los trabajadores a que acepten cualquier tipo de trabajo, por la necesidad elemental de sobrevivencia de él y de su familia.

Uno de las imágenes más tristes de nuestras sociedades es la figura del desempleado, que sale tempranito de su casa, golpeando de puerta en puerta, en la búsqueda de alguna fuente de sobrevivencia. Que en gran parte de los casos recibe una respuesta negativa, esto es, se le dice que ni por el miserable sueldo vital se le puede contratar, que él no vale ni ese sueldo mínimo miserable. Y tantas veces no dice a sus familiares que ha perdido su trabajo, que es un desempleado, deambula buscando trabajo, como si estuviera trabajando, pero llega un momento en que todos se dan cuenta que falta lo elemental en la casa, que el desempleo ha ingresado también en ese hogar.

Y el desempleado no tiene ni a quien alegar. Mientras el derecho a la propiedad está garantizado en las constituciones, aunque se refiera al derecho de una minoría, el derecho al trabajo no tiene ley que lo garantice ni alguien a quien reclamar. Como si el derecho al trabajo no se refiriera a la gran mayoría de la población y el derecho a la propiedad a una ínfima minoría.

Cuando las fuerzas conservadoras toman la ofensiva, quien paga el precio más caro es el trabajador. El ve amenazado su empleo, sus derechos, su salario, su educación, su salud. Este primero de mayo – día del trabajador y no del trabajo, como algunos insisten en decir – encuentra a la gran mayoría de los trabajadores del mundo en situación penosa. Perdiendo derechos y con muchas dificultades para defenderlos.

Sin embargo, la mayoría aplastante de nuestras sociedades, aunque pueda no identificarse como tal, es trabajador, vive de su trabajo. Una actividad que diferencia al hombre de los otros animales, porque solo el hombre trasforma la naturaleza para sobrevivir y, así, se trasforma a sí mismo. Pero en la sociedad capitalista, el trabajador no es dueño de su trabajo, lo arrienda para poder sobrevivir, no tiene poder sobre lo que produce, a qué precio produce, para quien produce, cómo produce y no se reconoce en los productos de su mismo trabajo.  Es un trabajador alienado, que aliena su capacidad de trabajo y es alienado por el proceso de producción, que hace con que él sea alienado respecto a lo que el mismo ha producido.

En este año, en particular, la vida del trabajador es tormentosa. Si tiene empleo, no sabe hasta cuándo podrá tenerlo. Si tiene empleo, tantas veces no tiene contrato de trabajo firmado. El empleo ha dejado de ser fuente segura de mantención, de condiciones de vida mínimamente dignas para él y para su familia.

Un día del trabajador que más se parece a una noche por la inseguridad, por la ofensiva retrógrada respecto a los derechos básicos que el trabajador necesita y merece. Que el próximo primero de mayo sea de nuevo un día de fiesta, de celebración, de conquistas garantizadas, de empleo seguro y de salario digno.

- Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).


https://www.alainet.org/es/articulo/192558  

Argentina: profundizar la batalla política, construir una nueva mayoría y evitar la derrota estratégica


Publicado por José Cruz Campagnoli 

En 1992 el politólogo estadounidense de origen japonés, Francis Fukuyama, publicó su obra “El fin de la historia y el último hombre”, anunciando que se habían terminado las ideologías y que asistíamos a la consagración perpetua de la democracia liberal.

La caída del bloque socialista, el auge de la economía de mercado a escala global y la emergencia de EE.UU. como potencia hegemónica planetaria suponían el fin de la lucha de clases, de las disputas ideológicas y la supresión in eternum de los grandes conflictos.

Esa obra, no por su densidad teórica sino por lo determinante de su conclusión, sirve de referencia para señalar el punto más alto de la hegemonía neoliberal en nuestro continente.

Se iniciaba una etapa de gobiernos inspirados por el decálogo del Consenso de Washington y sostenidos en muchos casos por partidos de origen popular, mientras EE.UU. abandonaba la Doctrina de Seguridad Nacional que propició golpes de Estado en toda la región, no por un tema de orden moral sino por considerarla ya innecesaria.

Como sabemos, a las crisis de deuda externa de los ´80 le sucedieron los ajustes pro mercado en los ´90 con la secuencia de privatizaciones de empresas de servicios públicos, extranjerización de la economía, transferencia de riquezas hacia el vértice de la pirámide y crisis social.

Como también es sabido, el fin de siglo vino acompañado de explosiones sociales generalizadas en América Latina, que fueron sucedidas por una oleada de gobiernos populares en casi toda la región.

También sabemos que las derechas regionales basan actualmente su poder en el trípode medios de comunicación, poder judicial y burguesías-oligarquías financieras y, desde ese andamiaje, pretenden terminar con las experiencias populares y reinstalar su proyecto. Lo observamos en Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela y Brasil, solo por citar algunos ejemplos.

Ahora bien, podemos acreditar sin temor a equivocarnos que no hubo fin de la historia con los anuncios de Fukuyama. Y también podemos animarnos a contradecir la idea de que asistimos al fin de ciclo de los procesos populares en la región. Estamos en un escenario con retrocesos parciales, pero que sigue abierto con nuevas y múltiples complejidades.

La tesis de Fukuyama quedó desacreditada porque la disputa ideológica sigue vigente y además porque la propia derecha empezó a renegar de la democracia liberal. Estamos en un escenario donde las clases dominantes vuelven en el siglo XXI a apelar a mecanismos que cercenan la democracia, con el objetivo de impedir la continuidad y/o la reinstalación en el poder de los proyectos populares.

En Ecuador armaron un plebiscito para bloquear “para siempre” la posibilidad que Rafael Correa sea elegido nuevamente presidente, en Venezuela como no pudieron impedir las elecciones presidenciales, la derecha regional adelantó que no va a reconocer el resultado, y el ejemplo más reciente es la detención de Lula, como modo de evitar que sea candidato a presidente o esté en libertad haciendo campaña. 

Su encarcelamiento merece algunas consideraciones: por un lado, la dificultad de la derecha brasileña para imponer un proyecto económico con consenso social, por otro y como contracara, la vigencia de una corriente de opinión muy grande a favor de Lula que sin proscripción lo puede llevar a la presidencia y, por último, que la derecha no va a aceptar ninguna regla de juego que no sea funcional a sus intereses.

En este marco, se hace cada día más endeble la idea de que estamos frente a una derecha democrática, que respeta las instituciones y que se somete a las reglas de la democracia liberal.

En Argentina hemos visto la utilización de la Justicia, para perseguir y encarcelar a dirigentes políticos, sindicales y sociales opositores, y en particular la campaña de demolición (frustrada) con el intento de encarcelamiento de la principal líder de la oposición Cristina Fernández de Kirchner.

En Argentina, al igual que en Brasil, se trasluce que los gobiernos de derecha no han podido extirpar el “peligro populista”, porque evidentemente está enraizado en las entrañas de nuestros pueblos. Esa es la gran piedra en el zapato de las clases dominantes.

Ahora bien ¿por qué no han avanzado más en la Argentina como sí lo hicieron en Brasil? Creemos que por dos motivos: primero, porque aún no lo necesitan. El establishment cree que hoy, con Macri o la gobernadora María Eugenia Vidal, puede lograr un triunfo electoral el año próximo, con la precondición que no haya crisis social-económica y que un sector del Partido Justicialista y aliados impida la unidad de la oposición.

Segundo, por los costos políticos que pueden pagar. Argentina tiene un movimiento popular muy potente, sindical-político-social-cultural de larga tradición que demostró a lo largo de la historia su capacidad de lucha, que posibilitó –entre otras cosas– el empate hegemónico a partir de la segunda mitad del siglo XX como describió el sociólogo Juan Carlos Portantiero.

La última dictadura (1976-1983) en nuestro país fue una de las más sangrientas de la región pero también una de las más cortas. Dejaron 30.000, desaparecidos pero se fueron repudiados y con un poder político menguado.

Ni la dictadura ni los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa pudieron desarticular definitivamente el sistema de derechos.

En Brasil, donde las Fuerza Armadas gozan de un 65% de popularidad vimos como generales en actividad condicionaron el voto de los jueces de la Corte que estaban decidiendo sobre la prisión a Lula.

En Argentina, por el contrario, el nivel de adhesión que generan las huestes militares es muy bajo y el movimiento de Derechos Humanos es muy potente.

Un elemento que no puede dejarse de lado en el análisis es que en la Argentina la derecha reunió consenso social y ganó las elecciones, por el contrario en Brasil tuvo que apelar a un golpe de Estado parlamentario. Esta variable incide en el escenario.

En la Argentina no hay que descartar nada. La derecha va a avanzar sobre el sistema de derechos y sobre las instituciones sin ningún miramiento, el único límite que tienen es el que le imponga el movimiento popular y los condicionantes históricos.

La única forma en que la democracia liberal pueda ser el cuadrilátero en donde la derecha pueda dirimir los conflictos es que nadie desafíe con éxito el orden económico neoliberal.

La derecha va a avanzar sobre el sistema de derechos y sobre las instituciones sin ningún miramiento, el único límite que tienen es el que le imponga el movimiento popular y los condicionantes históricos. 

La estrategia parece clara: en el corto plazo perseguir, encarcelar y proscribir a las y los dirigentes opositores y así debilitar la potencia de los movimientos populares. Y al mismo tiempo estigmatizar a la política en su conjunto. ¿Para qué? Para poder lograr en el mediano plazo la derrota estratégica del polo popular-progresista.\

Esto significa colonizar las conciencias de millones de personas para que asumamos, por ejemplo, que la salud y la educación universal gratuita, los servicios públicos y el trabajo digno no son derechos sino mercancías.

Precisan tiempo en el gobierno para poder derrotar las resistencias populares e ir inoculando la mercantilización en nuestras mentes. Precisan implantarnos el panóptico de Michel Foucault, pero ya no como un dispositivo disciplinario externo, sino como un microchip insertado en nuestros cuerpos.

Si logran eso, habrán logrado ganar la batalla cultural e impondrán su proyecto por varias décadas, como pasó en Chile, durante los diecisiete años de Pinochet y los mandatos de la Concertación Democrática.

En la Argentina tenemos que evitar una derrota estratégica, eso significa evitar un periodo más de gobierno de Cambiemos que les dé tiempo suficiente para instalar un proyecto hegemónico.

Ante este panorama, debemos construir una nueva mayoría con todos los sectores que tengamos un acuerdo mínimo en evitar la devastación del sistema de derechos en nuestro país.

Para construir una nueva mayoría, tiene que haber obviamente, voluntad política para lograrla, pero además un creciente clima de rechazo al avance neoliberal que se vaya desarrollando en la sociedad. Sin una gran voluntad social de cambio, no hay mayoría opositora posible.

Hay dirigentes “opositores” que se sienten más cómodos colaborando con un eventual triunfo de Cambiemos, dividiendo a la oposición y facilitándoles el triunfo en primera vuelta, recordemos que el sistema electoral argentino establece que si la fuerza más votada obtiene el 40% de los votos y diferencia de 10 puntos sobre el segundo se alza con la primera magistratura. 

La posibilidad de hacer naufragar esta estrategia es despoblando de votos cualquier alternativa que no sea verdaderamente opositora, para eso es imprescindible asumir que sin un 2018 de disputa social y política no hay mayoría ni unidad en 2019.

Si el Gobierno logra que el ajuste (despidos, reducción salarial, tarifazos, etc.) se aplique sin grandes resistencias tendrá el camino allanado y no habrá alquimia electoral que alcance para derrotarlos. Si por el contrario, el rechazo aumenta, las condiciones mejoran.

El objetivo es construir la más amplia mayoría antineoliberal, si eso sucede los opositores bajas calorías decididos a colaborar con Cambiemos para que no haya unidad tendrán muy baja representación.

Y en ese devenir, el polo popular democrático deberá ir construyendo una propuesta electoral que combine el mayor nivel de rechazo al programa de ajuste de Macri con la mayor capacidad de tracción de votos. Esta ecuación requiere tiempo, creatividad e inteligencia.

No una fórmula preestablecida que lo resuelva. Todavía queda un largo camino que transitar y van a producirse acontecimientos que van a ir configurando el escenario.

Este año tendremos elecciones cruciales que van a condicionar el panorama, en Colombia, México, Brasil y Venezuela.

La pareja elección en Paraguay ratificó que hay un escenario en disputa.

En 2015 la derecha obtuvo una victoria política en la Argentina, pero no pudo aún imponer su modelo cultural.

Impedir que lo logren es nuestro principal desafío.

Jóvenes y elecciones: entre el desencanto, la crítica y la movilización

@mcvollenweider
@Ava_GD
El auge de los medios digitales y de las redes sociales ha puesto de manifiesto no sólo la visible preponderancia de los más jóvenes en el ciberespacio, sino también las capacidades inusitadas de la interactividad en la movilización colectiva de la juventud latinoamericana.
A lo largo de la década del 2000 la región fue testigo de diferentes movilizaciones juveniles orientadas por objetivos específicos, que posteriormente se fueron ampliando al conjunto de las sociedades y se convirtieron en acontecimientos políticos y culturales que impactaron a lo largo y ancho del continente.
Los nuevos repertorios de la movilización colectiva se orientaron por demandas puntuales en torno a  la educación, como fue el caso de las manifestaciones de “Los Pingüinos” en 2011 en Chile, en las que los jóvenes reclamaban amplias mejoras en el sistema educativo; o las manifestaciones convocadas el mismo año en Colombia por la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, en la que estudiantes universitarios se organizaron para luchar en contra de la reforma a la Ley 30, que consideraban una profundización en el deterioro de la educación pública.
Más recientemente, en 2016, un grupo de jóvenes universitarios se organizó a través de redes sociales para movilizarse a favor de la paz, una vez se conocieron los resultados del plebiscito en Colombia. En una manifestación multitudinaria los jóvenes se convirtieron en un revulsivo del cambio a favor de los Acuerdos de Paz, expresando una posición contraria a los resultados de las urnas.
Estas movilizaciones tuvieron como resultado la interpelación a la política tradicional de los países en donde tuvieron lugar y fueron movimientos construidos desde la autonomía, la horizontalidad y la distancia de las formaciones políticas tradicionales. Pero no implicaron a posteriori la formulación de movimientos o partidos integrados institucionalmente para disputar procesos electorales. De los mencionados, fue quizá el movimiento estudiantil chileno el que se acercó más a la constitución efectiva de una formación política a través de Juventud Rebelde, si bien su impacto en la disputa política sigue siendo marginal.
Masivo y visible
Los jóvenes son el grupo poblacional con una mayor presencia en la región, un fenómeno que algunos países han acertado en denominar “bono demográfico” o “dividendo demográfico” y que, se estima, comienza su decadencia conforme avanza la segunda veintena del siglo XXI. Ellos también han sido protagonistas en los procesos electorales más recientes.
Estimación poblacional América Latina 15 -29 años 2000-2018
  
Fuente: CELADE / CEPAL[i]

Estimación poblacional América Latina 15 -29 años 2018-2020

Fuente: CELADE / CEPAL[ii]
 En Costa Rica los jóvenes entre 17 y 35 años fueron la población con mayor peso en el padrón electoral (1.383.498, representando un 40%). Después de las pasadas elecciones, el 33% de las nuevas curules en el Congreso estarán ocupadas por políticos menores de 40 años, mientras que la edad promedio pasará de 50 a 46 años. Además, su participación se visibilizó en la primera y la segunda vuelta electoral, los principales votantes de Carlos Alvarado fueron jóvenes, mujeres y personas con grado universitario[iii] [iv].
En el caso de Honduras, el 70% de la población es menor a los 40 años y 691,781 fueron nuevos votantes, una cifra equivalente al 13% del Censo Nacional definitivo Electoral, con un total de 1,497,290 son jóvenes electores, comprendidos entre los 18 y 25 años, representando el 24.7 % del CNDE.
Para el caso de Paraguay fueron 1.841.832 los jóvenes entre 18 a 34 años que estaban habilitados para votar, de ellos 884.927 tenían entre 18 a 24 años. Y, a pesar de que la tendencia fue el incremento de la participación en las elecciones generales (con 62,28% en 2003; 65,41% en 2008; y 68,56% en 2013), al comparar por grupos de edad el nivel de intervención más alto corresponde a los ciudadanos de 40 años para arriba (más del 70%); en tanto, el segmento de 18 a 24 años tuvo el menor nivel (inferior al 63%). En el caso de los pasados comicios del 22 de abril se estima que la participación de los más jóvenes se mantuvo a tendencia histórica de participación.

2018: juventud y nuevo progresismo
En los casos de Colombia y México hay dos candidaturas que están moviendo fuertemente al electorado joven. En el caso colombiano, Gustavo Petro hoy aglutina el mayor porcentaje de intención de voto en una primera vuelta entre los jóvenes de entre 18 y 24 años con el 43,7%, seguido de Iván Duque (35,3%) y, bastante por detrás, Germán Vargas lleras con 13,3%. En una eventual segunda vuelta, el candidato de Colombia Humana también recoge la mayoría del apoyo joven: el 60,5% de los jóvenes encuestados lo apoya, mientras que Duque recoge el 37,3%[v].
En el haber de Petro se encuentran no sólo un universo discursivo que abarca temáticas que atraen a los jóvenes –como el medioambiente, minorías, etc.- y programas específicos en educación y empleo, sino que se ha erigido entre buena parte de ellos como una alternativa de cambio al establecimiento.
Algo similar ocurre con Andrés Manuel López Obrador, candidato a la presidencia de México por MORENA. En un país con 30.6 millones de jóvenes entre 15 y 29 años, de los cuales 7.5 millones no estudian ni trabajan y el 60,6% de los que trabajan lo hacen en la informalidad, AMLO se lleva las preferencias juveniles. Según la tercera edición de la encuesta Voto Millenial de Nación 321, el 51% de los jóvenes votaría por AMLO –sin considerar el 29% de indecisos-, mientras que Ricardo Anaya, más próximo generacionalmente con sus 38 años, se lleva el 29% de la intención de voto[vi].
A nivel programático, López Obrador ha propuesto un ambicioso programa de becas de estudio y de formación laboral para jóvenes con pocos recursos, cupos para todos los jóvenes que quieran estudiar y representación de este segmento de edad en su futuro gabinete. Pero más allá de las propuestas, AMLO atrae a este grupo etario por su imagen de incorruptible, combativo con el decadente sistema político mexicano representado por el PRI y de figura política coherente. Un dato no menor al respecto es que, de acuerdo con el Instituto Nacional Electoral, de los más de 90 millones de ciudadanos habilitados para votar, 36.156.742 (36%) son jóvenes de 18 a 34 años.

Jóvenes: un electorado fundamental, crítico y reacio a la política tradicional
2018 es un año en el que discurren diversas campañas electorales, que han sido permeadas por la preponderancia del voto joven. Movilizarlo ha sido el leitmotiv de buena parte de los equipos de campaña que, con mayor o menor éxito, han articulado discursos, actividades, programas y formas de comunicar con el estilo y los códigos de esta parte del electorado. Dado su peso en los padrones electorales, atraerlos a las urnas y a los candidatos en las últimas elecciones regionales fue una necesidad constante. Sin embargo, fueron y son pocas las propuestas que logran generar conexiones robustas dado que los jóvenes, aunque participan masivamente a través de redes sociales, tienen escasa presencia en los comicios. Y, aunque ocupan las calles de forma masiva y con diversas formas de protesta, encuentran escasamente seductoras las propuestas de los candidatos.
El nuevo progresismo latinoamericano parece haber identificado fórmulas concretas que pueden reflotar las relaciones entre los jóvenes y la política tradicional, aunque todavía es pronto para afirmar que van a poner fin al abstencionismo juvenil. Comenzar por propuestas claras y específicas, pero, sobre todo, viables, parece ser un primer paso hacia un acompañamiento definitivo.

[i] https://www.cepal.org/es/temas/proyecciones-demograficas/estimaciones-proyecciones-poblacion-total-urbana-rural-economicamente-activa
[ii] https://www.cepal.org/es/temas/proyecciones-demograficas/estimaciones-proyecciones-poblacion-total-urbana-rural-economicamente-activa
[iii] https://ciep.ucr.ac.cr/images/INFORMESUOP/EncuestaFebrero2018/Informe-encuesta-FEBRERO-14.pdf
[iv] https://ciep.ucr.ac.cr/images/INFORMESUOP/EncuestaAbril2018/Informe-encuesta-ABRIL-25.pdf
[v] https://es.scribd.com/document/377558353/Resultados-de-la-Gran-Encuesta-Caracol-television-Blu-Radio-y-Semana-27-de-abril#from_embed
[vi] http://www.nacion321.com/voto-millennial/encuesta-millennials-lo-tienen-claro-51-votaria-por-amlo-para-presidente1

Soberbia y paranoia gubernamental

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Jimmy Morales
Foto: publinews.gt

“Se atendió a una orden expresa de Jimmy Morales para ocultar los aportes y se evitó que estos pasaran por las cuentas del partido FCN-Nación (…) para evitar con ello que se le ligara a determinado grupo y comprometer su imagen de candidato sin compromisos…”
-Rafael Curruchiche, fiscal del caso. Abril 2018-

Acorralados en su propio laberinto y sin salida, el presidente Jimmy Morales, el Ministro de Gobernación, Enrique Degenhart, funcionarios del Poder Ejecutivo y algunos diputados, actúan con desesperación, soberbia y paranoia incontrolables que los lleva a tomar decisiones y contradecir el discurso que ellos mismos repiten, haciendo creer que abanderan la lucha contra la corrupción e impunidad, pero resulta que sus actos y palabras más bien los coloca a favor del pacto de corruptos, sobre todo por insistir en el intento de desprestigiar y debilitar el trabajo de la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIG), del Ministerio Público (MP) y ahora, hasta de la Policía Nacional Civil (PNC).

Es notoria la desesperación y desquiciamiento de estos servidores públicos temporales quienes en el afán de detener las investigaciones por corrupción e impunidad, por ahora, dirigidas al partido oficial FCN-Nación y al presidente Morales por financiamiento electoral ilícito, orquestan y ejecutan una serie de maniobras para deshacerse de CICIG, obstruir la investigación y la justicia. Sin embargo, interpreto que esta desatinada reacción desgasta la institucionalidad, debilita la escasa gobernabilidad y sobre todo, desprestigia la imagen de país y contribuye al aislamiento internacional.

Por el delito de financiamiento electoral ilícito, un grupo de empresarios, José Miguel Torrebiarte, Oscar Emilio Castillo, Sergio Paiz del Carmen, Carlos Manuel Paiz y Fernando Paiz, pidieron perdón a la población y declararon en el juzgado que tramita las diligencias, los detalles de las operaciones financieras efectuadas con los millonarios montos de dinero que durante la campaña electoral entregaron al FCN-Nación cuando el ahora presidente Morales, ocupaba la Secretaría General del citado partido político.

La juez Erika Aifán, titular del Juzgado de Mayor Riesgo “D”, escuchó la primera declaración de José Andrés Botrán Briz y Luis Rodrigo Arenas Echeverría, otros empresarios sindicados por la Fiscalía de Delitos Electorales por participar en el delito de financiamiento electoral ilícito. Los aportes de los empresarios al FCN-Nación, suman más de 8 millones de quetzales, 8 millones 038 mil 539 con 66 centavos, para ser exacto, cantidad que nunca fue declarada.

En este caso, todo indica que existen suficientes indicios, medios de prueba y testimonios sólidos que incriminan al partido oficial FCN-Nación y al presidente Jimmy Morales, como responsables de aceptar financiamiento, ocultando información. Se espera que el MP solicite de nuevo, retirar la inmunidad al presidente Morales. Los funcionarios que hoy están sindicados, deben entender que es innecesario tanto desgaste que los ahoga en un vaso de agua. Hay asuntos internos que merecen atención urgente, que están siendo descuidados y abandonados.

El país y la población necesitan funcionarios y empleados públicos idóneos, que trabajen con honradez, que con profesionalismo se dediquen a atender y solucionar los graves e históricos problemas que aquejan a la mayoría de la gente.

Aquí necesitamos seguir construyendo la paz, consolidando el Estado de Derecho, el respeto y vigencia de los derechos humanos (DDHH) y la cultura de legalidad. Dejen de hacer la guerra, de debilitar a las instituciones y de insistir en obstruir la justicia. No sean mentecatos.

Guatemala, 27/04/2018.

Factor Méndez Doninelli
Maestro e investigador.
Consultor en Derechos Humanos y métodos alternativos de resolución de conflictos.


https://www.alainet.org/es/articulo/192540  

American Curios: Antiterrorismo


David Brooks

Auno le tiembla la mano escribiendo, reportando, ciertas cosas. Y uno duda si dar aún más detalles sobre lo más oscuro y bárbaro sólo sirve para alimentar el nihilismo, o a fin de cuentas sólo lo normaliza más, o si acaba funcionado como anestesia. O peor, que nos volvemos sólo simples mirones del paisaje del horror. Antes uno hacía eso leyendo el Alarma o yendo a ver ciertas películas (ahora resulta que tal vez algunos de los filmes de horror más extremos son documentales).
Pero según algunos sabios, hay que confrontar el horror para superarlo y transformarlo, ya que no hacerlo, no reportarlo, no responder, no actuar, es volverse cómplice.
El jueves pasado se inauguró el Monumento Nacional por la Paz y la Justicia en Montgomery, Alabama. Ahí están instaladas 805 columnas de acero suspendidas de un techo, cada una representando un condado, y grabadas sobre ellas los nombres de más de 4 mil 400 afroestadunidenses y otros que fueron linchados entre 1877 y 1950. Fueron espectáculos públicos, a veces con miles de espectadores, y además de ahorcados, a veces fueron quemados vivos, castrados o desmembrados, casi siempre en público, a veces en frente de tribunales. Las razones para algunos de estos actos brutales: por caminar demasiado cerca a una mujer blanca, por tener la foto de una mujer blanca, o una mujer embarazada que se atrevió a protestar por el linchamiento de su esposo.
Es parte del terrorismo racial que forma parte de la historia de este país, afirma Bryan Stevenson, fundador de la Iniciativa de Justicia igualitaria que diseñó y construyó el monumento y un museo dedicado al asunto y cuyos bisabuelos eran esclavos. “No hemos creado espacios en este país que ofrezcan la historia de la desigualdad racial, de la esclavitud, del linchamiento, de la segregación que motive a la gente a decir ‘nunca más’”, comentó en entrevista con el Washington Post.
Afirmó que los afroestadunidenses, “a pesar de la brutalidad, a pesar del odio a pesar de la violencia, seguimos insistiendo ‘busquemos un camino para avanzar adelante’. Y es una historia notable de una comunidad de gente que desesperadamente sólo desea la paz”, afirmó Stevenson. Agregó que parte de la visión para el museo es crear un país donde de aquí a 100 años, la gente negra y café no serían presuntos peligrosos y culpables, donde reconocemos esta historia, donde logramos recuperarnos de ella. Indicó en entrevista con el New York Times: no me interesa hablar de la historia estadunidense porque quiero castigar a Estados Unidos. Quiero liberar a Estados Unidos.
Y es que a pesar de los grandes avances, sobre todo el cambio generado por el movimiento de derechos civiles, ese pasado sigue muy presente. Tal vez ya no hay linchamientos, pero hoy día existe la encarcelacion masiva; la profesora de leyes Michelle Alexander reveló que hay más hombres negros en las prisiones que el número de esclavos poco antes de la Guerra Civil. Mientras tanto, las condiciones de los que viven en la pobreza (sobre todo las comunidades afroestadunidenses y latinas) no han avanzado en medio siglo, con todo lo que eso implica para educación, salud y empleo.
Ese terrorismo racial desatado contra los inmigrantes africanos que llegaron en cadenas para ser el combustible de la economía estadunidense, ha sido ejercido en cierta medida contra olas de otros inmigrantes (irlandeses, italianos alemanes, chinos, y latinoamericanos) desde hace siglo y medio. De hecho, entre los linchados –aunque la gran mayoría eran afroestadunidenses– también hubo mexicanos, judíos, indígenas, y hasta algunos disidentes progresistas blancos; o sea, cualquiera que pudiera ser considerado una amenaza al dominio cristiano blanco.
Y en momentos en que la clase política necesita un enemigo para dividir a los pobres, versiones de ese mismo terrorismo racial se ha aplicado una y otra vez hasta hoy día.
El sábado, el presidente Donald Trump, en un discurso ante un mar muy blanco de sus fanáticos en Michigan preguntó: ¿hay hispanos en el salón. No, no tantos, está bien, poco antes de afirmar que “toda esta gente que se está volcando a través de la frontera van a votar (por los) demócratas (…) muchas veces no saben qué están haciendo ni por qué lo están haciendo, pero tenemos que tener fronteras y pronto (…) necesitamos el muro”. Poco antes, Trump grabó un mensaje para apoyar la campaña de un representante federal en Arizona donde advertía que si ganaba el contrincante demócrata, los inmigrantes ilegales se volcarán sobre tu frontera, trayendo con ellos sus drogas y su crimen.
Algunos expertos señalan que Hitler estudió los sistemas económicos y legales racistas de Estados Unidos para desarrollar sus políticas. De hecho, hace una semana, hubo un desfile público nazi en Georgia. Un comentarista advirtió: cuando los nazis no tienen miedo de caminar por las calles de Estados Unidos, y los afroestadunidenses sí, pues mejor despierta y escucha la chingada alarma. Un 57 por ciento de los estadunidenses –incluyendo más del 80 por ciento de los afroestadunidenses y un 75 por ciento de los latinos– opinan que Trump es un racista, según una encuesta reciente de AP-NORC.
Ese mismo terrorismo racial se expresa en las tácticas de las autoridades migratorias, quienes están literalmente arrancando a niños de los brazos de sus madres (más de 700 niños han sido separados de sus padres inmigrantes desde octubre, reportó el New York Times), en el juego cruel con que se amenaza a los jóvenes indocumentados que llegaron siendo menores de edad (los dreamers) como en las declaraciones del presidente y sus seguidores de que las familias centroamericanas que llegan a pedir asilo son amenazas a Estados Unidos.
Pero los inmigrantes, los esclavos liberados, los perseguidos, los refugiados, los otros, son las reales fuerzas antiterroristas en Estados Unidos, son los que han obligado a este país a enfrentar sus propios horrores y que una y otra vez lo invitan a cumplir con sus propias promesas de libertad y justicia para todos.

Tres descalabros


Arturo Balderas Rodríguez

No le fue muy bien a Donald Trump la semana pasada debido a que en por lo menos tres frentes sufrió tremendos descalabros: el primero, en el marco de la visita del presidente de Francia; el segundo, producto de la decisión de un juez federal que determinó que el gobierno debería aceptar nuevas solicitudes en el programa DACA, que ampara a los jóvenes cuyos padres los llevaron a Estados Unidos cuando eran niños, y el tercero, en lo que apunta como una posible rectificación por parte de la Suprema Corte a la orden del presidente, mediante la que prohíbe la entrada a ciudadanos de seis países cuya población es musulmana, en su mayoría.
Emmanuel Macron, presidente francés, fue invitado al Congreso, donde expresó su repudio a la política de aislamiento de algunas naciones. No comparto la fascinación por poderes absolutos, el abandono de las libertades en favor del miedo y la ilusión del nacionalismo. Podemos escoger aislamiento y nacionalismo, pero cerrar la puerta al mundo no detendrá la evolución; en cambio, debilitará el orden de libertades que construimos después de la Segunda Guerra Mundial. Sin decir su nombre y con sutil ironía, fue evidente su referencia a la política diseñada por Trump en su propósito de imponer rigurosas barreras al comercio. Si perseveramos en la idea de América primero o Francia primero, habrá otras naciones que implementen esa misma política que no beneficiará a nadie. Macron también reiteró su convicción sobre la necesidad de preservar el pacto mediante el que Irán se compromete a suspender su programa nuclear y de fabricación de misiles que permitió se levantaran las sanciones económicas en su contra. Nuestro objetivo es claro: Irán no debe poseer armamento nuclear, no hoy, no en cinco o 10 años, sino nunca. Más adelante se refirió a la necesidad de fortalecer el Acuerdo de París para proteger el medio ambiente, y agregó: nuestros niños merecen un planeta habitable en el futuro. Terminó diciendo que esperaba que algún día Estados Unidos regrese al acuerdo.
En el frente doméstico, un juez federal ordenó al gobierno de Trump reabrir el programa DACA, mediante el cual se garantiza la residencia a cientos de miles de jóvenes que llegaron cuando eran niños. Hace poco menos de un año, Trump decidió no sólo suspender el programa, sino iniciar juicios de deportación a muchos de ellos. El fallo del juez es un fuerte golpe a uno de los capítulos de la draconiana política migratoria presidencial.
También en relación con la política migratoria, la Suprema Corte inició las audiencias para determinar la legalidad de la suspensión del visado a todos los ciudadanos de seis naciones musulmanas. En diversos tribunales federales, los jueces determinaron que era una política discriminatoria por motivos religiosos y ordenaron al gobierno reabrir la expedición de visas. Trump se amparó en dos ocasiones y los jueces rechazaron el recurso. En unas semanas la decisión definitiva corresponderá a la Suprema Corte.
En cada uno de estos actos la administración de Trump ha salido raspada. En cambio, el presidente francés, quien con la evidente excepción de la bancada del Partido Republicano, recibió sonoras ovaciones en algunos momentos de su discurso, cuando fuera del protocolo diplomático, se refirió a la lamentable política externa de Trump.