¿Murió la Crítica cinematográfica?
Rebelión/Universidad de la Filosofía/FILM
Para que la crítica
cinematográfica no se trafique como anecdotario de gustos y caprichos,
exhibidos con tono erudito y desparpajo de sabiondos y para que no sea
catarsis impúdica de petulantes… se requiere método y auto-crítica.
Cuanto más cerca de la ciencia1
mejor. No es exagerado decir que una de las herramientas más poderosas
que el Cine generó al lado de su despliegue semántico, estético,
tecnológico e industrial es el campo fértil del filosofar crítico basado
en películas. Herramienta poderosa no siempre usada para emancipar
cabezas porque no todos los sedicentes “críticos” están a la altura de
la crítica que se necesita. Veamos.
Si “críticos” se hacen llamar
los que -para cobrar un salario- rinden pleitesía a la lógica del
mercado fílmico; si para llamarse “crítico” ha de reducirse el trabajo a
sólo hablar de los “logros en taquilla” las productoras y las
distribuidoras monopólicas2; si para exhibirse como conocedor
hay que recitar el santoral bibliográfico de las “academias” de moda… o
si para llamarse “crítico” se ha de pontificar con esnobismo
festivalero y pedantería de ignorantes… lo que realmente queda a la
vista es la pobreza enorme -y realmente existente- de la ceguera
funcional que reina. También la “crítica cinematográfica” fabricó sus
mercados y sus mercaditos. Una regla no escrita parece indicar que
cuanto más “masivo” es el medio más simplona es la crítica y ha
proliferado la, por definición, monstruosa manía de calificar películas
con “estrellitas” en lugar de ideas. Y hay quien gana dinero por hacer
eso.
Mientras tanto en la realidad los pueblos necesitan de un
movimiento numeroso y vigoroso de críticos cinematográficos dispuestos a
poner en su lugar el basurero fílmico con que se ha sobresaturado el
imaginario colectivo. Es que ese imaginario es uno de los campos de
batalla más codiciados por la burguesía. Ahí se disputa (entre mil
cosas) la forma del conocimiento del mundo y sus procesos de
nominación, incluidas las formas de la nominación al lado de las
herramientas de producción de enunciados fílmicos. Ahí se diputan los
imaginarios y las conductas que de ellos se derivan. Se disputan los
modelos del goce estético, de los placeres y de la subjetividad expuesta
a todo género de estímulos. Se disputan para someterlos y para
convertirlos en negocio. Impunemente.
Bajo el disfraz de
“entretenimiento”, legitimado y legalizado, el aparato ideológico de la
industria cinematográfica ha desplegado su batalla alienante casi ni
oposición y casi sin regulaciones gubernamentales. Eso no descarta el
fardo burocrático parasitario. Con el territorio liberado, “la
diversión” fílmica se adueñó de latifundios audiovisuales enormes (salas
cinematográficas, centimetraje impreso, comentaristas de radio y
T.V.) decorados con los anzuelos del negocio del “espectáculo” y
santificados por una estética del nihilismo más a-critico dispuesta a
tragarse cualquier película “chatarra” mientras sirva para complacer
ilusiones y alucinaciones propias del individualismo burgués, su
estética y su lógica consumista. El objetivo ideológico oligarca es que
agradezcas que te exploten, que aplaudas cuando te humillan y que
aceptes que ellos tienen la razón.
Visto con perspectiva el
“tsunami” audiovisual de cada semana, desatado desde la industria
cinematográfica y sus monopolios, pone en evidencia una guerra
asimétrica en la que no alcanzan las pocas buenas plumas (ni las
buenas intenciones) que son capaces de poner orden, (es decir hacer
crítica seria) suficientemente rica como para neutralizar los
dispositivos alienantes administrados en cada film. (Violencia espuria,
belicismo mercantil, padrotismo de soldaditos, policías,
detectives y autoritarios adláteres, en una lógica autoritaria, racista
sexista y clasista con banderas imperiales desplegadas).
No
tenemos ni el 10% de los críticos cinematográficos que necesitamos. No
tenemos a los críticos que luchen desde las bases. No tenemos los
talleres, las escuelas ni los movimientos sociales suficientes empeñados
en fundar núcleos de acción crítica en cada barrio. No tenemos la
infraestructura ni tenemos la metodología social de base que se requiere
para aspirar, en el plazo medio y largo, a dar una batalla semiótica
emancipadora contra ese cine que nos aplasta el imaginario mientras nos
roba millones dólares entre palomitas y refrescos.
Tampoco tenemos acceso al otro cine, al que se produce como se puede
con lo que se tiene. Al cine que interpela la situación social, las
condiciones inhumanas a que nos somete el capitalismo y el arsenal de
municiones ideológicas con que nos humillan y acomplejan
sistemáticamente. Sálvense todas las excepciones honrosas. No tenemos a
la mano ni los medios ni los modos para ver ese cine que nos espeja con
honestidad y que nos impulsa a mirar más allá de las apariencias
fílmicas. No sabemos quiénes son, dónde están, cómo trabaja ni cómo
viven los trabajadores del cine que no están contentos con el mundo que
nos impone la burguesía. Y no lo sabemos, entre otras muchas razones,
porque no contamos con ese movimiento internacionalista de críticos
cinematográficos que podrían salvar a los imaginarios colectivos con
ayuda de las herramientas científicas de una semiótica revolucionaria.
Que tampoco está a la vista todavía.
Aquí
podríamos decir que sólo cundo el capitalismo haya sido superado
podremos transformar las superestructuras. Pero eso es relativamente
incompleto sin un programa de lucha semiótico capaz de romper las falsas
dicotomías entre la forma y el contenido, entre la ética y la estética,
entre el trabajo manual y el intelectual. El debate capital-trabajo
está vivo en los campos de batalla fílmicos -hacia adentro y hacia
afuera- y no podremos hacerlo visible si nos sentamos a esperar a
que pase ante nuestra puerta el cadáver de la industria cinematográfica
dominante. Hay que darle una ayudada. Esa es, apenas, una parte de la
tarea que la crítica cinematográfica emancipadora habrá de librar… otra
es animarse a producir índices que marquen rumbos de lucha nuevos hacia
un cine liberado del arsenal ideológico predominante, gracias a un
método dialéctico afinado en la refriega metodológica diaria de mirar
películas, sin concesiones, y de aportar herramientas de análisis en los
que, de una vez por todas, la crítica cinematográfica deje de ser tarea
de “iluminados” y sea acción social encarnada en el placer de hacer la
revolución cinematográfica que la historia nos exige, también. ¿Lo
veremos?
Notas
1
Elí de Gortari definió la ciencia como “la explicación objetiva y
racional del universo”. Elí de Gortari, El método de las ciencias.
Nociones elementales, 12a. ed., México, Editorial Grijalbo, 1996, p.
11. (Tratados y Manuales Grijalbo)
2 How to make a hit Hollywood film: http://www.economist.com/blogs/graphicdetail/2016/02/daily-chart-19?fsrc=scn/tw/te/bl/ed/howtomakeahithollywoodfilm

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