El dirigente quiché Pedro Tzicá denuncia una ofensiva de los macroproyectos mineros en Guatemala
Fue a partir de la
firma de los acuerdos de paz de Guatemala, en 1996, que pusieron fin a
36 años de guerra civil, cuando Pedro Tzicá empezó a movilizarse. Hoy
es uno de los dirigentes del Consejo de Comunidades de Cunén, municipio
de 40.000 habitantes ubicado a 1.200 metros de altura en el
departamento del Quiché. Vive actualmente en la aldea donde nació hace
51 años, Chiul, aunque hace unos días voló rumbo al estado español para
impartir varias conferencias. Nada más aterrizar al aeropuerto de
Madrid, fue conducido por la policía a una sala donde permaneció, con
otros inmigrantes latinoamericanos, tres horas retenido. En Valencia ha
participado en un acto organizado por Periféries, Cedsala, Brigadas
Internacionales de Paz, Intersindical Valenciana, Acoec, Entrepobles,
Cedsala y el Centre Social Terra.
Pedro
Tzicá formó parte en su día del colectivo de poblaciones y comunidades
de desarraigados en el municipio de Nebaj (Quiché). Su familia tenía
tierras, relata, y tuvieron que organizarse al iniciarse la década de
los 80 frente a la represión y las masacres que sufrían las comunidades
en la zona de Ixcán, fronteriza con México. “Eran los tiempos del
general Lucas García, presidente entre 1978 y 1982, cuando los
gobiernos militares pretendían hacerse con el petróleo”. Hubo quien se
traspasó la frontera, otros formaron comunidades en resistencia y
otros, como Pedro Tzicá, se convirtieron en desplazados, sin otra
opción más que esconderse de la represión y abandonar las tierras. “El
gobierno de Ríos Montt entregó nuestras parcelas a las patrullas
civiles o paramilitares”. “Nos fuimos de Ixcán”, recuerda. Cuando a
mediados de los 90 se rubricaron los acuerdos de paz, se incluyó un
punto sobre reasentamiento de población desarraigada. Era la
oportunidad para recuperar las tierras, pero los procesos de
reclamación se eternizaron. Hasta el año 2002 no se cumplió el
objetivo. El activista indígena ha vuelto Chiul, a su lugar de
origen. Recuerda la guerra como “morir o vivir”, no había más. Hoy
continúa siendo campesino, cuenta con algunos terrenos donde cultiva
milpa (maíz) y frijol para el autoconsumo. Chiul es una aldea de unos
cinco mil habitantes, donde tradicionalmente la población se dedicaba
al campo, pero a la que se han sumado en la actualidad muchos
profesionales. “Aunque muchos de ellos no tienen empleo”, matiza Pedro
Tzicá. Además de campesino, Tzicá es miembro del Consejo de Comunidades
de Cunén, constituido por 22 miembros de ocho pequeñas regiones, la
gran mayoría de etnia quiché. Las razones para la fundación del consejo
en 2008 dan buena cuenta de las amenazas que sufre el municipio. Por
informaciones gubernamentales se supo de nueve macroproyectos, que
podían terminar con el 80% de las tierras de Cunén. Las comunidades
constataron sobre los planos el efecto de estas macroactuaciones, se
organizaron y pidieron al gobierno que se convocara una consulta. “Así
nació el Consejo de Comunidades de Cunén”, recuerda el activista.
En la consulta comunitaria organizada por el municipio y celebrada en
octubre de 2009, unas 19.000 personas de 80 comunidades se pronunciaron
en contra. “Todo el mundo participó y votó en sentido negativo, esto
se elevó a acuerdo municipal pero el Estado no reconoció el resultado
de la consulta al no considerarla vinculante”, explica el dirigente
indígena. Se trataba de parar nueve macroproyectos en materia de
minería, transporte y energía eléctrica, promovidas por transnacionales
y sus filiales guatemaltecas. Pedro Tzicá cita, entre otras, a una
empresa de Guatemala, Cementos Progreso, a la canadiense Nichromet, a
Fersa, Trecsa o Deocsa, adquirida por IC Power. La alarma llegó con las
declaraciones del nuevo ministro de Energía y Minas, Juan Pelayo
Castañón, quien a primeros de febrero de 2016 reconoció que durante las
presidencias de Álvaro Colom y Otto Pérez Molina no se concedieron
nuevas licencias mineras por la oposición popular. Con la excusa de
reducir la pobreza, anunció el fin de las moratorias y la agilización
de las concesiones. “Ése es el peligro que viene: ahí nos vendrá la
represión y la violación de los derechos humanos, se trata de una
provocación a la conflictividad”. Las empresas reclaman
seguridad al gobierno para poder desarrollar los megaproyectos. Pedro
Quitzá relaciona las palabras del ministro de Energía y Minas con la
reciente visita de funcionarios del Ministerio de Defensa y Gobernación
al municipio de Chicamán (Quiché), en la que se comunicó a la
población, en una reunión pública, que se requerían medidas de
seguridad y un destacamento militar. “La gente dijo que no, porque no
estamos en tiempo de guerra”, recuerda el miembro del Consejo de
Comunidades de Cunén. “Somos guatemaltecos y conocemos perfectamente
las mañas de los gobiernos, sabemos los proyectos que en la zona tienen
la eléctrica italiana Enel, la colombiana Trecsa, dedicada al
transporte de electricidad, y la eléctrica Fersa, además de las mineras
en los territorios contiguos”. La amenaza de que se aceleren
las concesiones mineras, expresada por varios ministros del presidente
Jimmy Morales, llevó a que el 24 de febrero el Consejo de Comunidades
de Cunén, de manera coordinada con el Gobierno Municipal, organizara
una asamblea abierta a la participación popular de las 80 comunidades
quichés. La asamblea decidió, con el apoyo del Gobierno Municipal de
Cunén, que había que fortalecer el consejo y movilizarse para defender
los derechos básicos. Pedro Tzicá alerta del gran riesgo que
actualmente representan las compañías eléctricas. “Están solicitando
derecho de servidumbre de paso, de aproximadamente 24 metros de
longitud lineales por cada parcela, con el fin de instalar el cableado
de alta tensión; de ese modo las empresas mineras, debidamente
“conectadas”, podrán operar”. “Están presionando a la gente para que
firme”, agrega. El argumento de presión que utilizan las compañías es
que sin los proyectos, el municipio y los vecinos se quedarán sin
electricidad, o ésta vería menguada su potencia. También se les
ha dicho que si los cables no pasan por las parcelas, se echarán a
perder otros proyectos comunitarios. Los alcaldes –aunque no el actual,
matiza Pedro Tzicá- han sido cómplices en la estrategia de presión.
Sin embargo, los cables atravesarán tierras de cultivo, aldeas,
comunidades, caseríos, calles y áreas urbanas donde viven familias.
Hasta el momento, las infraestructuras no se han podido ejecutar por la
oposición de las comunidades, aunque “por reclamar nuestros derechos
el gobierno nos llama rebeldes”. La situación de Cunén tampoco resulta
excepcional en Guatemala. En el Ministerio de Energía y Minas hay
actualmente 611 peticiones de licencia relacionadas con minerales
(tanto metálicos como no metálicos) y materiales de construcción.
Además, el ministerio cifra en 343 las licencias vigentes.
Pedro Tzicá trabaja asimismo en la Iniciativa de Recuperación de la
Memoria Histórica (IMH) de los municipios del Quiché, el departamento
de Guatemala donde se perpetró el mayor número de masacres durante una
guerra civil que, entre 1960 y 1996, se saldó según la Comisión para el
Esclarecimiento Histórico con 200.000 muertos, 45.000 desaparecidos y
unos 100.000 desplazados. El motivo de la iniciativa, que echó a andar
hace aproximadamente una década, se sintetiza de este modo: “Para
entender el presente hay que reconstruir el pasado”. Promueven
talleres, reuniones de intercambio, platican con compañeros que
vivieron la guerra para recomponer los hechos y han editado un libro
(“El camino de las palabras de los pueblos”) sobre la memoria histórica
del pueblo quiché -el mayor de los pueblos mayas- escrito a muchas
manos, a partir de asambleas, del trabajo en grupo y las historias
personales. ¿Qué parte de la memoria habría que priorizar?
“Históricamente fue fundamental la resistencia”, explica Pedro Tzicá,
“que empezó con la invasión española y continúa hasta hoy”. Añade que
la conquista “impuso su religión, su lenguas y costumbres”. Tal vez por
ello, reconoce el activista de la aldea de Chiul, “me quede muy poco
de la cosmovisión maya”.
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