El
asesinato de la dirigente indígena Bertha Cáceres, presidenta del
Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras
(COPINH), defensora de derechos humanos, territoritos y fuentes de agua
de estos pueblos, ha merecido el repudio y la indignación mundial. Se
trata del asesinato de un ser humano cuyo único delito fue defender los
derechos humanos de pobladores indígenas dedicados a la agricultura de
subsistencia y conservar sus valores y prácticas culturales ancestrales
cercenados por el Estado por más de 500 años de existencia, al grado
que sus lenguas autóctonas, en especial de las lencas, han desaparecido.
Bertha
aprendió de su madre el sentido de justicia y la solidaridad en la
lucha de los demás. Inició muy temprano la defensa de los derechos de
los pueblos étnicos cuando la Minería de Cielo abierto y uso
indiscriminado de cianuro destruía bosques, fuentes de agua y mataba y
mata aún familias enteras en el territorio nacional. Igual se sumó a la
lucha contra las políticas públicas de liberalización del mercado de
tierras, aún vigentes con la Ley de Modernización y Desarrollo del
Sector Agrícola (LMDSA), ley de inversiones agrícolas que legaliza el
latifundio y ley de promoción y protección de la inversión privada.
Con
la aprobación de nuevas leyes como la ley energética que permite la
ejecución de proyectos de generación de energía renovable sin medir
consecuencias e impactos en las comunidades étnicas y campesinas, la
nueva Ley de Minería y Ley de las Zonas de Empleo y Desarrollo ( ZEDEs),
Bertha Cáceres se constituyó en el “muro de contención transnacional”
frente al otorgamiento por el Estado de concesiones mineras y de
ejecución de proyectos hidroeléctricos sin consulta y participación de
los pobladores, muchos de esos proyectos apoyados por organismos como el
Banco Mundial.
Esta lucha no fue nada fácil. Sufrió
persecución, violaciones de sus derechos ciudadanos y fue encarcelada.
El hostigamiento militar y paramilitar fue una constante en su lucha, al
grado que en cada marcha de protesta y asamblea con su gente, se le
amenaza que iba desaparecer con toda su familia. Creía que en los ríos
estaba la fuente de la vida de su pueblo, por lo que al morir el rio
ellos morían también.
Uno de los logros importantes de su
lucha ha sido la defensa del territorio lenca y el río Gualcarque, donde
se pensaba, todavía se piensa, construir la represa hidroeléctrica Agua
Zarca por una empresa China con financiamiento de la Corporación
Financiera del Banco Mundial; el río es un tesoro sagrado para las
comunidades lencas. Aunque desistieron en su construcción por la fuerte
oposición de los pueblos lencas liderados por Berta Cacarés, las
denuncias continúan ya que la represa piensan construirla más arriba. Se
ha denunciado que el proyecto lo impulsa la empresa Desarrollos
Energéticos (S.A), por lo que se realizan caminatas en contra de la
empresa, el Alcalde de San Francisco de Ojuera, el Ejército y Policía
Nacional que hostigan a los caminantes lencas. (COPIN; 2016).
Berta
Cáceres tenía medidas cautelares por la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH), que el Estado de Honduras estaba obligado a
cumplir. Los voceros de las Fuerzas de Seguridad e Inteligencia Miliar
manifiestan que ella había rechazado la protección a su integridad, pero
no se dice que estas medidas se hacen efectivas independientemente que
quiera o no la persona. En un un país con tanta inseguridad e impunidad
hay desconfianza de las instituciones de seguridad publica ya que se ha
demostrado que están infiltradas, muchos de sus miembros han sido
acusados de ser parte del crimen organizado y pandillas.
El
clamor internacional es para que se esclarezca el crimen de Bertha
Cáceres y castigue a los culpables materiales e intelectuales. No se
trata de utilizar la cantaleta de que fue por robo y asalto que se
cometió el crimen, se trata de poner todo el aparato público a
investigar las causas del asesinato e identificar quienes son los
responsables directos (caiga quién caiga).
Que el premio
medioambiental Goldman, uno de los máximos reconocimientos mundiales
otorgado al Bertha Cáceres, sirva de aliciente para que la Comunidad
Internacional presione al gobierno para que esclarezca este asesinato y
no queje en los anaqueles de la impunidad. Más aún, acompañe en el
diseño de una nueva política de desarrollo que otorgue derechos de
propiedad a las comunidades indígenas como la mejor opción para proteger
los recursos naturales del país y derechos humanos. Una energía
alternativa fuera de la lógica consumista, privatizadora y depredadora
de la vida con justicia y soberanía ambiental, como diría nuestra líder y
mártir de escala mundial.
Márcala, Honduras, 3 de marzo de 2016.

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