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domingo, 3 de agosto de 2014

Tierra por gas: ¿acuerdo secreto de Alemania y Rusia para Ucrania?


Bajo la Lupa
Alfredo Jalife-Rahme
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Rebeldes pro rusos desfilan en vehículos militares en la ciudad de Donetsk, en el oriente de Ucrania, en celebración del Día del Paracaidista, ayerFoto Ap

En los círculos cupulares europeos corre la versión de un pacto secreto de gas por tierra entre Merkel y Putin con el fin de resolver la crisis ucrania.
Margareta Pagano, del rotativo británico The Independent (http://www.independent.co.uk/news/world/europe/land-for-gas-secret-german-deal-could-end-ukraine-crisis-9638764.html), divulga el plan secreto que depende de dos principales ambiciones: estabilizar las fronteras de Ucrania y proveer financieramente al atribulado país con un estímulo económico vigoroso, particularmente, un nuevo acuerdo energético que garantice la seguridad del abasto de gas.

Llama mucho la atención la exagerada pasividad con la que Rusia ha tomado la andanada de libelos y sanciones en su contra, lo cual explicaría sus tratativas tras bambalinas con Alemania, que marcaría la emancipación de Berlín del cordón umbilical obligado con Estados Unidos desde su derrota militar en la Segunda Guerra Mundial: ¡un verdadero game changer (punto de inflexión)!

A cambio del reconocimiento de la independencia de Crimea y su anexión por Rusia, el plan de estabilización requiere que Rusia retire su apoyo financiero y militar a los grupos pro separatistas que operan en Ucrania oriental, que contaría con algunos poderes autónomos.

En este fascinante quid pro quo, el presidente ucranio aceptaría no integrarse a la OTAN, mientras el presidente Putin no buscaría bloquear o interferir con las nuevas relaciones comerciales de Ucrania y la Unión Europea (UE).

Gazprom, el gigante gasero ruso, ofrecería a Ucrania un nuevo acuerdo de largo plazo en precio y abasto, cuando a unos meses del invierno, Kiev, en el límite de sus reservas gaseras, necesita el gas ruso para evitar su ruina económica y social.

En paralelo, Rusia compensaría a Ucrania con un paquete financiero de miles de millones de dólares por la pérdida de la renta que pagaba para estacionar sus flotas en el puerto de Sebastopol (Crimea) en el Mar Negro.

Van varios intentos de intermediación de Alemania con Rusia sobre el contencioso ucranio que han sido torpedeados por el injerencismo del Departamento de Estado/CIA en Kiev que promovió el golpe de Estado y la instalación del espurio gobierno fondomonetarista de Yatseniuk –quien, por cierto, acaba de renunciar por ineptitud–, y también azuzó al nuevo gobierno de Poroshenko a librar una guerra civil en las provincias de Donetsk y Lugansk, en meras fronteras de Rusia.

El misterioso derribo del avión de Malasia en los tormentosos cielos de Ucrania, cuya autoría hasta ahora es desconocida fehacientemente (no propagandísticamente), volvió a descarrilar el enésimo acercamiento entre Putin y Merkel que se había escenificado en la final del futbol en Maracaná.

A estas alturas, ya no importa tanto conocer la verdadera autoría del criminal derribo de pasajeros –sin olvidar que el crucero Vincennes CG-49 de Estados Unidos derribó el vuelo Irán Air Flight 655, asesinando a 290 pasajeros, entre ellos 66 niños (http://www.iranchamber.com/history/articles/shootingdown_iranair_flight655.php)–, sino vislumbrar si Alemania y Rusia son capaces de superar este enorme impedimento que alguien sembró.

Una alianza genuinamente europea entre Alemania –quinto sitial del PIB global (3.22 billones de dólares; trillones en anglosajón)– y Rusia –sexto PIB global (2.6 billones de dólares)– gestaría una nueva superpotencia geoeconómica/geoestratégica: el matrimonio de dos portentosas tecnologías bajo el paraguas nuclear ruso.

Margareta Pagano juzga que pese a las turbulencias recientes, el plan de paz alemán sigue sobre la mesa, sin necesidad de saltar la imprescindible investigación del derribo del avión que ha puesto a Putin a la defensiva transitoria.

Considera que la solución es pertinente para los alemanes ya que Rusia es su principal socio comercial, cuando bajo la batuta de Merkel, el eje (¡supersic!) ruso-alemán se ha fortalecido significativamente.

Cita sin identificar a uno de los negociadores: “este es un arreglo de Merkel, quien ha tratado directamente con el presidente Putin sobre el tema. Necesita resolver la disputa porque no es del interés de nadie tener tensiones en Ucrania o de aislar a Rusia. Nadie desea otra guerra fría”.

¿Nadie? El otrora prudente jefe de las fuerzas armadas, general Martin Dempsey, confesó en una conferencia en el Foro de Seguridad Aspen que Estados Unidos “había desempolvado los planes de la guerra fría” desde la invasión de Stalin a Polonia (http://www.jcs.mil/Media/News/tabid/3887/Article/10243/dempsey-russian-attacks-change-europes-security-landscape.aspx).
Margareta Pagano comenta que algunas de las principales empresas de Alemania realizan grandes operaciones en Rusia, uno de los magnos mercados de carros de Europa, mientras varias de sus empresas pequeñas y medianas también se expanden en Rusia, quien es todavía el tercer socio comercial de la UE, con un comercio transfronterizo de 460 mil millones de dólares, por lo que las recientes sanciones contra Rusia dañarán a los países europeos más que a nadie, en particular a Alemania, pero también a la City de Londres.

Hasta The Financial Times acepta el daño que las sanciones a Rusia infligen a las empresas europeas (Alice Ross, 31/7/14).

Para los analistas estadunidenses Putin está arrinconado en Ucrania: tiene pocas opciones y todas parecen malas (http://www.washingtonpost.com/world/europe/ap-analysis-putin-cornered-over-ukraine/2014/07/31/dc11e97a-18cd-11e4-88f7-96ed767bb747_story.html?tid=pm_pop). ¿Será?

Queda claro que Estados Unidos desea esterilizar todo contacto de Rusia con Ucrania, y hasta su jefe de las fuerzas armadas, general Martin Dempsey, insinúa un cambio de régimen mediante un inducido golpe de Estado militar en Moscú.

La Alemania de 2014 no es la misma después de haber sido flagelada por la Gestapo y la Stasi, y hoy se rebela al fastidioso espionaje de Estados Unidos, al grado de haber expulsado al jefe de la estación de la CIA.
Uno de los objetivos de la geopolítica anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña, enunciado por sir Halford Mackinder, ha sido impedir la cercanía entre Alemania y Rusia, motivo por el cual fue creada la OTAN.
El grave problema de este acuerdo secreto es que deja fuera a Estados Unidos, quien hasta ahora ha excluido a Europa mediante la frase célebre de Victoria Nuland, la amazona del Departamento de Estado, “ fucking Europe” (http://www.alfredojalife.com/?p=1262 ).

¿Las tan cantadas sanciones a Rusia serían entonces un montaje hollywoodense o, como dicen en ruso, una maskirovka (camuflaje)?

La solución del contencioso de Ucrania asciende y trasciende su pertenencia a la UE que, inclusive, se puede volver aliada de la recién entronizada Unión Euroasiática, lo cual significaría un golpe letal al esquema estadunidense de la Asociación Trasatlántica de Comercio e Inversión” (TTIP, por sus siglas en inglés).

Una alianza de Alemania y Rusia –genial jugada de ajedrez de Lehrer Putin– significaría una derrota tremenda para Estados Unidos, así como la alianza entre Alemania y Estados Unidos encarnó la derrota de la URSS.

Hoy Alemania se volvió la indispensable bisagra europea entre Estados Unidos y Rusia. Allí se juega el destino del mundo en el siglo XXI.

Facebook: AlfredoJalife

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