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jueves, 22 de febrero de 2018

Rex Tillerson, de ExxonMobil al Departamento de Estado


El secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, ha acaparado la atención mundial con su reciente gira por varios países latinoamericanos. Antes y durante su visita a México, Argentina, Colombia, Perú y Jamaica, ha realizado declaraciones reiteradas sobre la necesidad de un cambio de régimen en Venezuela. [1] Sin embargo, su aparente preocupación por el destino de los ciudadanos de Venezuela podría confundirse con su ansiedad respecto del destino del petróleo venezolano.
Tillerson fue durante diez años (2006-2016) presidente y director ejecutivo de la petrolera ExxonMobil, de donde se trasladó al Departamento de Estado para dirigir la política exterior a principios de 2017. Entró a trabajar a dicha empresa en 1975 como ingeniero de producción [2] y escaló hasta llegar a la cúspide. Fue asimismo miembro del American Petroleum Institute [3] y del National Petroleum Council. [4] Cabe recordar que en 2007 ExxonMobil fue la única compañía estadounidense, junto con la ConocoPhillips, que se negó a aceptar las nuevas reglas establecidas en la Ley de Hidrocarburos, promulgada bajo presidencia de Hugo Chávez, que regulaban los porcentajes de regalías y la participación de las empresas extranjeras de extracción de petróleo que operaban en Venezuela. [5] El desacuerdo llegó a los centros de arbitraje internacional, entre ellos al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) vinculado al Banco Mundial. [6]
En 2013, el presidente ruso Vladimir Putin galardonó a Tillerson con la “orden de la amistad”. Este hecho y sus buenas relaciones con Rusia labradas durante sus años en ExxonMobil, sirvieron para que los demócratas cuestionaran su idoneidad para el cargo. Pero también desde las propias filas republicanas hubo voces como la de John McCain que se sumaron a las críticas. El presidente Trump defendió su elección como “hombre de negocios”: “Para mí, una gran ventaja es que conoce a muchas de las piezas clave y las conoce bien. Logra enormes acuerdos con Rusia, hace enormes acuerdos, no para él mismo, sino para la compañía”. [7] Dos conclusiones se extraen: lo que es bueno para ExxonMobil es bueno para EE. UU. (y para Donald Trump, que tenía acciones en la petrolera), [8] y el país se puede gobernar como se gestiona una empresa. De hecho, no hace falta tener experiencia previa en gestión pública, como lo muestran los casos de Tillerson [9] y Trump.
El perfil de Tillerson es un ejemplo más de los empresarios de la industria petrolera que incursionan en la gestión del Estado con un bagaje y relaciones institucionales y personales que pueden favorecer los intereses de las empresas a la hora de la toma de decisión. Algo muy frecuente en la política estadounidense. Son “ejecutivos” que, una vez fuera del Estado, hacen uso de la información e influencias acumuladas durante su función pública para beneficio particular y empresarial. En esa espiral, se convierten en protagonistas de las puertas giratorias (revolving doors) que garantizan la articulación permanente entre los intereses del sector público y privado estadounidense.
En este sentido, destacan sus vínculos con el Center for Strategic and International Studies , un think tank del establishment que marca línea en temas de Relaciones Internacionales y Seguridad, donde forma parte de la Junta Directiva desde 2005. Aquí, su área de trabajo prioritaria fue en la Comisión de Salud Global Inteligente. [10] El sector de la salud es otro importante nicho de negocio, que tiene a varias empresas estadounidenses entre las principales compañías mundiales según la lista de Fortune. [11]
Su gestión ha recibido hasta la fecha críticas por parte de algunos sectores del establishment estadounidense vinculados al Deep State, esto es, a los sectores burocráticos del Estado que permanecen por encima de las distintas administraciones. Se ha cuestionado su supuesto desmantelamiento de algunas áreas del Departamento de Estado [12] aunque las cifras globales del personal en servicio parecen mantenerse más o menos estables. [13]
Se desconoce cómo se posicionará el actual Departamento de Estado comandado por Tillerson en muchos de los temas de la agenda de política exterior estadounidense, si habrá continuidad o cambio y hasta qué punto. Lo que sí parece probable es que los intereses del lobby petrolero estén resguardados con la nueva administración. Nada nuevo, por otra parte, pues desde hace décadas han tratado de condicionar la política exterior de EE. UU. en América Latina y el Caribe. [14] Ahora tienen a un inside man para hacer este trabajo directamente.

Notas



Arantxa Tirado es investigadora de CELAG.

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