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lunes, 6 de octubre de 2014

Detenidos en México 22 policías por el asesinato de 43 estudiantes


El hallazgo el sábado de seis fosas en la localidad mexicana de Iguala, en el Estado de Guerrero, ha conmocionado a México entero.

La Fiscalía sospecha que los 28 cuerpos que se han encontrado hasta ahora seguramente son algunos de los 43 estudiantes de magisterio desaparecidos el pasado 26 de septiembre en la misma ciudad.

Las autoridades también creen que la policía local está implicada en el dramático suceso: acusa a los agentes de aliarse con un grupo criminal para eliminar a los estudiantes

Iñaky Blanco, titular de la Procuraduría (Fiscalía) General de Justicia del Estado de Guerrero, donde se encuentra Iguala, desveló la trama pergeñada por los uniformados en connivencia con la organización mafiosa Guerreros Unidos.

La investigación se basó en los sucesos sangrientos del pasado fin de semana, cuando varias acciones represivas de la policía local terminaron con seis muertos a tiros. Entre las víctimas hubo dos personas que viajaban en el autobús de un equipo de fútbol juvenil y una mujer. Ninguno de los tres tenía nada que ver con el conflicto.

Según Blanco, para rehacer el rompecabezas fue decisivo el testimonio de los 22 agentes de seguridad pública de Iguala detenidos tras los incidentes, que declararon “conscientes, orientados en tiempo y lugar y persona”, y “sin lesiones externas recientes”.

Sus armas “todas fueron disparadas recientemente” y “se estableció correspondencia” entre las municiones halladas en el lugar de las muertes y las de los uniformados, que además dieron positivo en las pruebas de radizonato de sodio (que permiten saber si han disparado por los restos que queda en la piel de la mano).
Por ello, el fiscal anunció que se ha dictado formal prisión contra ellos.

Pero esa parece solo la punta del iceberg de una intriga en la que podría estar involucrado el alcalde de Iguala, José Luis Abarca y su secretario de seguridad pública, Felipe Flores, ambos en paradero desconocido desde los sucesos violentos.

El primero tiene que responder a una orden de “presentación” y Blanco ya ha anunciado que la fiscalía presentará ante el Congreso de Guerrero un “juicio de procedencia” a efecto de que “se le retire el fuero constituional que le protege”.

Contra el segundo, señalado por la fiscalía como uno de los mandos que instruyó la detención de los estudiantes desaparecidos, hay una orden de captura.

Junto a Flores, el director de Seguridad Pública municipal, Salgado Valladares, es responsable de buscar a los aspirantes a maestros, que pertenecían a la Escuela Normal de Ayotzinapa, mientras que el líder de Guerreros Unidos, apodado Chucky, fue el que ordenó eliminarlos, afirmó el fiscal.

También integraban esa organización criminal 30 efectivos de la Policía Municipal Preventiva a los que el Ministerio Público busca, denunció Blanco.

Gracias a sus indagaciones, la fiscalía guerrerense dio el sábado con seis fosas en las afueras de Iguala, concretamente en un punto denominado Pueblo Viejo.

Este domingo un portavoz del Gobierno estatal informó del hallazgo de ocho cuerpos. Luego subieron a veinte, según la versión de una fuente de la Secretaría de Salud de Guerrero.

Y por último se situaron en 28, entre los cuales “hay algunos completos y otros fragmentados” y muchos presentan “signos de calcinación” porque sobre los ellos “se colocó una cama de ramas y troncos” a la que se prendió fuego “con gasolina y petróleo”, relató el fiscal.

Blanco anunció que junto con los expertos mexicanos, intervendrán en las labores forenses nueve especialistas de Argentina, encabezados por Mercedes Doretti, perteneciente al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

Se espera que en un plazo de “entre quince días y dos meses” se pueda detallar la identidad de los cuerpos.

Temor en Iguala

Mientras se dilucida, el temor sigue latente en Iguala, como pudo comprobar Efe en las calles de la localidad, donde todos los testimonios que tomó sobre el terreno solicitaron mantener en reserva sus nombres.

Un vecino de Pueblo Viejo comentó que ni vio ni escuchó nada la noche del 26 de septiembre pasado, el día de los disparos y las desapariciones.

“Nosotros solo vamos del trabajo a casa y de casa al trabajo”, apuntó escueto.

“Es una pena que haya tenido que pasar esto para que vengan a ayudarnos”, dijo un taxista, mientras una recepcionista de hotel denunciaba con la boca chica que “uno no puede confiar en la Policía porque se sabe que son corruptos”.

Menos cautos, por razones obvias, se mostraron los familiares de los estudiantes de Ayotzinapa, que en Chilpancingo, la capital de Guerrero, bloquearon durante varias horas este domingo el tráfico en la Autopista del Sol, que comunica esa ciudad con la capital mexicana y con Acapulco.
EFE

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