Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.

sábado, 5 de febrero de 2011

ALEPH: Se derrumba un aliado

Carolina Escobar Sarti

Nawal El Saadawi, una famosa escritora egipcia de 80 años, feminista, activista, médica y psiquiatra, fue entrevistada por la revolución que se vive hoy en Egipto.

A la pregunta: “¿Deberíamos estar preocupados por los fundamentalistas musulmanes? Aquí, en Occidente se advierte de su ocupación del poder potencial”, ella respondió: “¡No! No tenemos miedo de los fundamentalistas islámicos. Deben de saber que millones de hombres y mujeres están en las calles. Esto no se trata de la derecha o izquierda, de los islamistas o de cualquier otro movimiento político.

La gente está frustrada por la pobreza y el régimen de Mubarak. Ningún partido político ha comenzado esta revuelta. Se trata de un movimiento espontáneo. (...) Ahora, cuando las personas están fuera y el cambio es un hecho, tanto derecha como izquierda quieren participar. Por fin la gente ha logrado gritar junta por la libertad, la justicia social, la integridad, independencia y la igualdad. Lo que está pasando ahora pertenece a los jóvenes y a nadie más. Es evidente que los EE. UU. e Israel que apoyaron a Mubarak con sus políticas neo-coloniales quieren asustar a la gente.

Quieren hacernos creer que si demandamos el cambio, nos dominarán los fundamentalistas. Son trucos de ellos. Estoy en la calle todos los días. Es cierto que en Egipto hay gente que cree, musulmanes y cristianos. Pero no veo la Hermandad Musulmana en las calles. (...) Hermandad de hecho ni siquiera quería apoyar a este movimiento desde el principio. La gente en la calle es consciente. Protegen su revolución”.

Sin embargo, hay que seguir de cerca los resultados de las revueltas sociales en Egipto, porque no integran únicamente coordenadas locales y la mesa está servida para muchos. La cuestión medular aquí no es sacar a un caudillo sino refundar una nación y, si bien, es inédita una oposición que integra tal diversidad y asepsia ideológica, no hay que perder de vista los variopintos intereses en juego. Se esperaría que ni el cultísimo liberalismo secular árabe, ni la rígida hermandad musulmana anclada en las grandes mayorías, ni ciertos grupos de poder que manejan la política exterior de EE. UU. y sus aliados en Europa, privaticen esta revolución que es de todo un pueblo.

No es un secreto, y menos después del Wikileaks-gate, que el Washington de los dos Bush’s y sus tradicionales aliados, así como la ultraderecha estadounidense, traducida hoy en el Tea Party, quisieron “democratizar” el mundo árabe, específicamente los países que bordean el Golfo Pérsico y el Medio Oriente. A unos gobernantes los hicieron incondicionales aliados y a otros les declararon la guerra, y el único criterio que privó fue el de la amistad. Recordemos que Mubarak es “presidente” de Egipto desde 1981, y que por mantener la “estabilidad política” ha recibido ayuda financiera y militar del gobierno de EE. UU. y un espaldarazo de Israel. Y como él, otros “presidentes”: Biya en Camerún quien gobierna desde 1982; Omar Bongo Ondimba en el territorio petrolero de Gabón, desde 1967 hasta su muerte en el 2009; José dos Santos, en Angola desde 1979. Todos aliados de Washington, como Abdullah, en Arabia Saudita, donde hay una monarquía absolutista que a la fuerza convocó a elecciones municipales en el 2005. ¿A esos gobiernos quién los llama tiranías?

Obama, plantea la “Innovación productiva” en vez de la guerra destructiva. Bien por él y por lo que el mundo necesita, pero, como señala Juan Francisco Coloane (Argenpress.info) “…se produce esta aceleración de las protestas sociales en momentos en que el principal tema de discusión política en EE. UU. es el presupuesto fiscal para el Departamento de Defensa. Los republicanos se oponen a la reducción de un 10% durante cinco años —hoy asciende a US$708.2 mil millones— y que el enorme déficit fiscal de cerca 1.5 trillones de dólares, sea reducido en otras áreas menos en defensa cuando se enfrentan dos guerras.

No se puede descartar la lucha ciega de los lobbies de la industria del armamento presionando a redes políticas para desatar coyunturas desestabilizadoras en los países que justifiquen un alza en los presupuestos para armamentos”. Ayer, mientras escribía este artículo, se vivía el Día de la Salida en Egipto, en alusión al clamor popular por sacar a Mubarak del poder. A lo mejor hoy, la historia ya cambió.

No hay comentarios: