Faltando escasos días para que se celebren las elecciones federales (Presidencia, Senado y Cámara Baja) y locales en México (Gubernaturas, Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, Congresos locales, Ayuntamientos, Juntas Municipales y Alcaldías), se puede hablar de todo menos de normalidad democrática. En una campaña que cuenta ya con más de 400 agresiones y 116 asesinatos de políticos y candidatos, vemos cómo la crisis se cierne sobre un país incapaz de salir de la espiral de violencia de la era Peña Nieto.
A los altos niveles de violencia se suman a los escándalos de corrupción que se hicieron públicos durante la campaña, con acusaciones que afectan fundamentalmente a los dos candidatos del establishment. Por un lado, José Antonio Meade (Todos por México), quien recientemente fue señalado por un desfalco millonario por parte de Odebrecht a Petróleos de México (Pemex) mientras fue secretario de Energía y presidente del Consejo de Administración de Pemex, en el sexenio de Felipe Calderón[i]. Y, por otra parte, la acusación de fraude fiscal que ronda sobre Ricardo Anaya (Por México al Frente), casi desde el inicio de la contienda.

I

El agotamiento del modelo y el deseo de cambio de la sociedad mexicana (que en un 80% rechaza el Gobierno del PRI, y reivindica el cambio político –según los datos del último Latinobarómetro)– le han permitido a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) mantener un crecimiento sostenido en intención de voto para la Presidencia, con escasas fluctuaciones, desde que comenzó la campaña electoral.
La tendencia de preferencias ciudadanas parece ser clara: Andrés Manuel López Obrador roza, desde principios de junio, el 50% mientras que Anaya se ha estancado en el 27% y Meade no supera el 20%[ii]. Es sintomático que ya no se hable de quién va a ganar en las próximas elecciones, sino de por cuánto ganará AMLO.
También, dentro de las elecciones federales, la intención de voto de las presidenciales arrastra la tendencia al Legislativo, donde se estima que el partido MORENA, del contendiente López Obrador, será el más votado.
Los sondeos indican que alcanzará cerca del 40% del sufragio y su bancada –sumando los votos del PES y del PT– ocuparía el 46% de la Cámara de Diputados. Con ese caudal de votos, según el sistema electoral mexicano, la coalición podría obtener 260 de 500 curules en disputa[iii]. Otra encuesta reciente[iv] prevé que la coalición MORENA-PT-ES obtendría entre 236 y 298 curules de mínima y de máxima, respectivamente. En segundo lugar, quedaría la coalición que integra el PAN, con 120 diputados como mínimo y 176 como máximo. En tercer puesto, quedarían el PRI y sus aliados, con un máximo de 105 curules (y un mínimo de 62).
En el Senado la tendencia es similar. El total de intención de voto sumado de MORENA, PES y PT es del 46% (obtendría la mitad de los senadores), mientras que los partidos PRI y PAN junto con sus aliados alcanzan el 21% y 33%, respectivamente[v].

II

En las elecciones locales se juegan 2.777 cargos de elección popular. La contienda por la Jefatura de la Ciudad de México es una de las más relevantes (casi 9 millones de personas residen en la capital). Allí, la candidata de “Juntos Haremos Historia” mantiene las altas preferencias que, a nivel nacional, se tienen por los candidatos del cambio. La candidata por esta sigla, Claudia Sheinbaum, tiene 38,8%, seguida de Alejandra Barrales, con 23,9%, de “Por la Ciudad de México al Frente” (coalición que, a nivel federal, encabeza Ricardo Anaya).
De las ocho gubernaturas en juego, cinco serían favorables a una victoria de los candidatos de “Juntos Haremos Historia”: Puebla, Morelos, Chiapas, Tabasco –tierra donde nació AMLO– y Veracruz. La coalición PAN-PRD-MC tendría una victoria contundente en Guanajuato, el PRI en Yucatán y Movimiento Ciudadano (sin alianza) en Jalisco[vi]. Todo parece indicar que la coalición liderada por AMLO conseguirá, en estas elecciones, cambiar de manera muy significativa el mapa político del país.

III

Aunque se avizora un cambio político, el pasado reciente –atravesado por la experiencia del fraude en las elecciones de 2006 y el escándalo de compra de votos de las elecciones de 2012– hacen necesario tomar estos pronósticos con precaución. No debe soslayarse que los sondeos no cuentan con el poder de las maquinarias en el nivel territorial. Éstas tienen un poder que no solo se basa en la compra de votos en las zonas más pauperizadas del país sino, también, en la presión que ejercen las bandas parapoliciales y asociadas al narcotráfico, que poseen facilidades para la coacción del electorado. Todo ello en un país donde la abstención, históricamente, ha oscilado entre el 40% y el 60% de los registrados en el padrón. Es decir, promediando las tasas de abstención, en México eligen al presidente 45 millones de personas en un país de 127,5 millones.
Sin embargo, las particularidades de estas elecciones tal vez marquen un antes y un después en la historia reciente del país del Norte. Un hecho sin precedentes es que hay 12 millones de jóvenes en el padrón electoral; para muchos de ellos es la primera vez que se respiran aires reales de cambio. Las maquinarias y la violencia política son, quizás dos potentes razones para que, esta vez, la resignación dé lugar a la ilusión.
  

[i] https://www.huffingtonpost.com.mx/2018/06/04/vinculan-a-meade-con-contrato-entre-pemex-y-odebrecht-su-equipo-lo-niega_a_23450312/
[ii] http://oraculus.mx/poll-of-polls/
[iii] https://elpais.com/internacional/2018/06/20/mexico/1529493769_777639.html
[iv] http://www.consulta.mx/index.php/estudios-e-investigaciones/elecciones-mexico/item/1039-mexico-2018-la-otra-contienda-preferencias-para-diputados-y-senadores

[v] https://elpais.com/internacional/2018/06/20/mexico/1529493769_777639.html
[vi] https://www.diariopresente.mx/opinion/coparmex-encuestas-y-estados-este-ano-nueva-geografia-politica/212531