Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.

sábado, 2 de junio de 2018

Nicaragua: Cuando las mentiras ganan y se convierten en realidad ‘aceptada’

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Los manifestantes "pacíficos" en plena acción
Foto: La Jornada
Crónica de una masacre on-line


La movilización ‘azul y blanco’ de este 30 de mayo para las madres de (una parte) de las víctimas de los enfrentamientos que durante las últimas seis semanas han enlutado a Nicaragua ha sido gigantesca. Casi imposible calcular la cantidad de gente que decidió salir a las calles y caminar pacíficamente por la céntrica carretera a Masaya.

Paralelamente, en la avenida de Chávez a Bolívar, que parte en dos la capital y llega hasta el Lago Xolotlán, el partido de gobierno convocaba a su militancia para celebrar con una cantata el Día de la Madre. También aquí una multitud de gente cantando y coreando consignas. No todos pudieron llegar. La caravana de buses que venía del norte del país rumbo a Managua fue atacada con armas de fuego por desconocidos. Al momento el saldo es de un muerto y al menos 22 heridos, algunos de gravedad.

Mientras la movilización ‘azul y blanco’ llegaba sin mayores problemas al punto de reconcentración final (la Universidad Centroamericana UCA), y a menos de un kilómetro el presidente Daniel Ortega concluía su intervención llamando repetidamente a la paz, grupos de manifestantes ‘pacíficos’ se acercaban al nuevo estadio nacional de béisbol, entrando en contacto con activistas del Frente Sandinista que regresaban de la actividad oficialista.

Armar el enfrentamiento ha sido algo muy sencillo. Acto seguido, los mismos manifestantes pacíficos (hay imágenes muy claras de cómo cargaban armas y disparaban) atacaban las instalaciones del estadio y al contingente de policías que resguardaban el lugar. En el intercambio de disparos hubo los primeros muertos y heridos de ambos lados, incluyendo a dos jóvenes militantes sandinistas Kevin Antonio Cofin Reyes y Heriberto Maudiel Pérez Díaz.

El enfrentamiento continuó por largos minutos, mientras los grupos de choque de la oposición (el término no es propiamente correcto, porque hay sectores de la oposición que todavía apuestan por una salida pacífica y negociada al conflicto) se replegaban hacia la UCA, donde miles de personas permanecían en total tranquilidad.

Y mientras se levantaban las primeras barricadas cerca de la Universidad de Ingeniería (UNI), a pocos centenares de metros del estadio, la plataforma mediática #SOSNicaragua y similares lanzaban su ataque en las redes sociales, copando en pocos minutos el éter y rebasando la capacidad de los medios oficialistas de contar lo que verdaderamente estaba ocurriendo.

Se imponen las redes

Una vez más, Nicaragua volvía a ser el ‘país de nunca jamás’, rehén de una realidad  ficticia que se mueve al ritmo de las redes sociales, donde la realidad virtual puede más que la realidad real. Donde las víctimas son carnífices y los provocadores armados son manifestantes pacíficos. Donde la masa de gente que de forma autoconvocada, genuina y respetuosa de la paz se moviliza por la democracia es convertida en carne de cañón, en ‘daño colateral’ para lograr el objetivo final: botar al gobierno, cueste lo que cueste.

Cunde el pánico. Miles de personas corren sin rumbo, muchas de ellas se refugian en la UCA. Hay muertos y heridos. En represalia, los mismos ‘manifestantes pacíficos’ atacan nuevamente la oficialista Nueva Radio Ya, queman, saquean y destruyen lo que quedaba de ella. Luego pasan a la Caja Rural Nacional (Caruna), cooperativa que por años ha administrado los fondos ALBA para proyectos sociales que han beneficiado a miles de familias. Atacan las instalaciones y queman todo, incluyendo a vehículos parqueados.

No contentos, atacan el edificio del Ministerio de Economía Familiar. En Masaya destruyen las oficinas de Renta, saquean tiendas y negocios. En Estelí tratan de destruir los locales de la alcaldía y de Renta, pero son rechazados por grupos de ciudadanos. Hay muertos y heridos   

Pero no importa. Como hemos dicho, la realidad virtual es más fuerte. Medios nacionales e internacionales, organizaciones de derechos humanos, rectores de universidades y hasta obispos que integran la Comisión Mediadora del Diálogo Nacional reproducen automáticamente (sin la más mínima prueba) lo que les llega a su celular o computadora por #SOSNicaragua y #NicaraguaSOS: es una masacre del gobierno.

Nadie menciona que hay muertos de ambos lados, que hay policías muertos, que hay muertos en la caravana que fue atacada en La Realidad, Estelí. Nadie se pregunta qué estaban haciendo manifestantes armados cerca del estadio, a menos de dos cuadras de donde iban a pasar los activistas sandinistas. Nadie habla de lo que pasó en Masaya y Estelí.

Todo se lo traga la indiferencia. Los periódicos del mundo hoy repiten al unísono lo mismo: fue una masacre del gobierno.

Veamos El País -cuyo articulista trabaja en Confidencial, el principal portal electrónico de la oposición- como describe la jornada de ayer:

“El presidente Daniel Ortega mostró su rostro más brutal la tarde del miércoles en Nicaragua, tras ordenar el ataque a una gigantesca manifestación encabezada por las madres de las víctimas de la represión de abril en este país. Numerosos testigos informaron que seguidores del Frente Sandinista, grupos parapoliciales y oficiales antidisturbios dispararon contra los manifestantes, que marchaban desarmados por la céntrica Carretera a Masaya de Managua. El ataque ha dejado decenas de heridos y al menos seis muertos en Managua, entre ellos un adolescente de 15 años”.

Ya no importa la verdad. La realidad real se convierte en virtual o es todo lo contrario. Quién sabe.

¿Quién trae provecho del caos?

La pregunta es: ¿a quién benefician el caos y las muertes? Es algo tan obvio que casi asusta ver la falta de análisis en este momento, no sólo en Nicaragua, sino a nivel internacional.

Veamos.

Hay un gobierno que ha mostrado estar dispuesto  a sentarse a una mesa de diálogo, a permitir el acceso al país de organismos internacionales de derechos humanos (hasta los más hostiles y parciales como Amnistía Internacional) para que investiguen y elaboren informes, a acatar las 15 recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a discutir el tema de la democratización del país que incluye reformas electorales y adelanto de elecciones (siempre y cuando no rompa el orden constitucional).

Hay sectores de la sociedad que, desde la mesa de negociación, han aceptado este camino y que comparten abiertamente la posición de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de su secretario general Luis Almagro.  Todos ellos ven el diálogo nacional como la única salida posible al conflicto.

Pero también hay sectores de la autodenominada sociedad civil, movimientos políticos ultra conservadores sin representatividad popular, sectores conservadores de la jerarquía católica y la empresa privada, estudiantes conmocionados por las muertes y otros que son punta de lanza de movimientos que pretenden capitalizar políticamente la crisis, que apuntan a una sola cosa: la renuncia incondicional de Ortega, de su gobierno y de todas las autoridades públicas legalmente electas. Sectores que miran al diálogo como un obstáculo a su proyecto, a su venganza (de eso también se trata). Sectores que ya están infiltrados por elementos violentos.

Vuelvo a la pregunta. ¿Quién saca provecho de esta situación de violencia y caos?

¿Acaso un gobierno que está abriendo espacios de diálogo y negociación? ¿Una oposición dispuesta a negociar y consensuar medidas para ‘democratizar’ el país, siguiendo los planteamientos de la OEA? No creo, no tiene sentido.

¿Quién entonces? La respuesta es tan fácil como es tan absurdo que tanta gente caiga en este engaño de ciencia ficción. Porque si hay algo seguro es que la próxima movilización de la oposición será aún más grande, más gigantesca. Y posiblemente habrá más ‘daños colaterales’.

Seguir este camino, arrinconando y dejando sin salida a un gobierno y a un partido organizado y experto como el Frente Sandinista es peligroso. El temor es que generar una respuesta violenta de la masa sandinista sea lo que estos sectores persiguen, para luego capitalizar la conmoción mundial.

Hay que volver al diálogo, a las reformas, al respeto del orden democrático y constitucional. Solamente aislando a los sectores que quieren capitalizar crisis y caos, Nicaragua podrá intentar salir del atolladero. Hay que dar una oportunidad a la paz.


Fuente: LINyM


https://www.alainet.org/es/articulo/193219  

El camino del fascismo


Por Carolina Vásquez Araya

Un movimiento despertado de su latencia capaz de destruir todo sentimiento humanitario.

Europa, Estados Unidos y ahora América Latina viven bajo la sombra de uno de los movimientos más destructivos de la historia de la Humanidad. El fascismo revivido hace estragos con cualquier intento de humanizar las políticas de los Estados y carcome el alma misma de las sociedades, creando una ola de rechazo por todo lo considerado “diferente” y segregando a los grupos más pobres como si fueran estos los culpables por todos los males del planeta.
En ese ambiente de desprecio y represión contra las personas por motivos de etnia, religión, nivel socio económico o simplemente por hablar otro idioma, son los cuerpos de choque –uniformados o mercenarios- quienes realizan la tarea de hacer saber cuáles son las reglas del juego. Por esas reglas de la discriminación y el racismo es como niñas, niños, hombres y mujeres del triángulo norte de Centro América sufren persecuciones, violaciones, tortura y muerte, por la sola audacia de haberse atrevido a cruzar fronteras que supuestamente los llevarían a encontrar mejores condiciones de vida. Así fue como una jovencita de apenas 20 años –Claudia Patricia Gómez González- perdió la vida de un balazo en la cabeza disparado por un guardia fronterizo al ingresar a territorio estadounidense.
Claudia Patricia encontró la muerte por mandato desde la cabeza misma del imperio, desde el momento que el presidente del país más poderoso del planeta emprendió la misión de “limpiar” su territorio de latinos y toda clase de extranjeros “indeseables” para sus planes de imponer un estilo fascista de gobierno. Al parecer ignorante de su propia historia, este mandatario se ha empeñado, con una persistencia digna de mejores causas, a la tarea de transformar a la sociedad estadounidense en una especie de modelo de su concepto de comunidad en la cual no tiene cabida la diversidad.
Claudia Patricia no encaja en el perfil aceptable para las leyes de inmigración de Estados Unidos. Tampoco encajó en los grupos objetivo de los planes de desarrollo de su país, Guatemala, en donde no tuvo oportunidad de tener acceso a una educación de calidad que le permitiera progresar en la vida. De haberla tenido, hoy probablemente viviría. En su pueblo, San Juan Ostuncalco, tal y como suele suceder en las áreas rurales guatemaltecas, los servicios estatales son deficientes; la población carece de agua potable, letrinas y cobertura educativa suficiente para una población en creciente aumento, con niveles inaceptables de pobreza y abandono.
Así como ella no encajaba en los planes de su gobierno, tampoco lo han hecho los miles de niños, niñas y adolescentes migrantes desde estas tierras, quienes atrapados en una cadena de horrores desde su nacimiento y ávidos de encontrar una ruta hacia el futuro, se lanzan en una aventura demencial. De ese desfile interminable hacia la tierra de la abundancia son pocos quienes logran su cometido. Muchos quedan en el camino sometidos a los más atroces abusos por las organizaciones criminales, dedicadas -con complicidad de las autoridades de todos los países involucrados- al muy productivo negocio de la trata de seres humanos. Otros, simplemente, son víctimas de su propia fragilidad y quedan tirados en el desierto, ahogados en los ríos durante una travesía para la cual nunca estarían preparados o muertos de un balazo, pero sin quien registrara el hecho para denunciarlo.
De este lado del continente su familia la llora y las redes hierven de justa indignación por este absurdo hecho de sangre. Las autoridades, por su parte, muy atareadas en luchar contra la Cicig para poner atención a este “hecho aislado”.

A Claudia Patricia la condenaron su pobreza, su país y el fascismo revivido.

www.carolinavasquezaraya.com

elquintopatio@gmail.com

viernes, 1 de junio de 2018

Era de incertidumbres

Por: Frei Betto


Vivimos en la era de la incertidumbre. Hay más preguntas que respuestas. Más dudas que certezas. Navegamos a la deriva en la tercera margen del río. Abandonamos la primera, la modernidad, con sus sólidos paradigmas filosóficos y religiosos, y todavía no sabemos cómo se configurará la segunda, la posmodernidad.
Están en crisis las grandes instituciones que fueron pilares de la modernidad: el Estado, la Familia, la Escuela y la Religión. Se hacen valer modelos y propuestas para todos los gustos.
En medio de la turbulencia, emerge con nitidez el mundo hegemonizado por el capitalismo neoliberal. La financiarización de la economía supera la productividad. La regulación de la sociedad pasa de las manos del Estado a las del mercado.
Si en el siglo pasado Europa hizo concesiones a la socialdemocracia como antídoto frente a la amenaza socialista, ahora los derechos sociales retroceden y nuevas tecnologías tornan obsoleto el trabajo humano.
Como todo lo sólido se desvanece en el aire, es necesario crear reglas y darle consistencia al sistema globocolonizado de consumismo y hedonismo. Así, se difunde la ideología de la privatización concomitante con el deterioro de las instituciones. Se privatiza la política. Ya que los políticos fracasaron, se entrega la administración pública a empresarios exitosos. Ya que los partidos se desmoralizaron, que cada uno eche mano a su celular y haga de él su tribuna de odio o aplauso.
Para sustentar esa democracia virtual sobre una abisal desigualdad social, se crea la cultura de la segregación. Unidades de Policía Pacificadora (UPP), no para combatir el crimen organizado, sino para garantizar que la turba ignara no descienda de los morros presa de furia ciega. Si se derrumba un edificio ocupado por personas sin techo, la culpa es de las víctimas. El discurso del odio es legitimado hasta por el Tribunal Supremo Federal, al confundir graves ofensas a la honra ajena con la libertad de expresión.
Pasamos de la era analógica a la digital. Cambian también los patrones de relacionamiento. El valor del otro depende de su posición en el mercado. Y fuera del mercado no hay salvación.
Sin embargo, no todo se ajusta a la mercantilización del planeta en detrimento de los derechos humanos. Y el mayor desajuste reside en nuestra relación con la naturaleza. Se agotó el tiempo. El ansia de lucro contaminó el aire, el mar y la tierra. O cambiamos nuestros paradigmas socioambientales o la Tierra volverá a vivir, como a lo largo de milenios, sin nuestra incómoda presencia.
Hay que adoptar un desarrollo sustentable en el que estén incluidos lo ecológico, lo social y lo cultural. A fines de la década de 1940, Japón, arruinado por la guerra, era más pobre que Brasil. Y cuarenta años después, cuando nuestro país alcanzó la posición de octava economía del mundo, Japón figuraba ya entre las cinco primeras. Había promovido una revolución educacional, cosa que nunca hicimos.
Nuestro modelo de desarrollo sigue siendo depredador, y son tímidas las iniciativas para que, en este país pleno de sol, las energías eólica y solar prevalezcan sobre las fósiles, tan contaminadoras del medio ambiente. Es preciso cambiar los paradigmas de lo que entendemos por progreso y avance civilizatorio. Los países europeos y los Estados Unidos demuestran que el crecimiento del PIB no significa una reducción de la desigualdad social. Como ha señalado el papa Francisco, un desarrollo que no está centrado en el ser humano, sino en la acumulación de capital privado, es contrario a la ética.
Quizás los indígenas andinos tengan algo que enseñarnos cuando subrayan la diferencia entre “vivir bien” y “buen vivir”.

Posada Carriles: Al servicio de Washington

Por: Atilio Borón


Foto: Internet
La tenebrosa historia de Luis Posada Carriles fue muy bien contada en la nota de PáginaI12 días pasados. En esta breve nota quisiéramos tan sólo subrayar la importancia de un hecho aberrante: el apoyo que el gobierno de Estados Unidos le ofreció a lo largo de toda su vida a un terrorista probado y confeso, cosa que por supuesto la prensa hegemónica se ha cuidado de señalar.
No sólo aquél se incorporó al Ejército de Estados Unidos donde sirvió un par de años sino que luego lo hizo por largos años en la CIA. Allí fue entrenado en técnicas de demolición, torturas, operaciones especiales como la “Irán-Contras”, etcétera.
Como si lo anterior fuera poco, el respaldo al terrorista cubano se prolongó hasta el final de su vida, que tuvo lugar en un geriátrico de la Administración Nacional de Veteranos reservada a los miembros retirados de las fuerzas armadas estadounidenses.
El presidente George W. Bush jugó toda su influencia para lograr que la corrupta presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, le otorgara un indulto en los días previos a la finalización de su mandato, en el año 2004 para que el terrorista pudiera regresar a su santuario sano y salvo.
La razón: en el 2000 había sido condenado por la justicia panameña a ocho años de cárcel por su participación en una conjura para atentar contra la vida del presidente Fidel Castro Ruz durante la Xª Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno a celebrarse en la ciudad de Panamá. En el marco de dicha reunión se había planificado un discurso que el gobernante cubano ofrecería en el Paraninfo de la Universidad Nacional de Panamá el 18 de Noviembre del 2000.
A su llegada a ese país Fidel dejó estupefactos a sus anfitriones y a la opinión pública al denunciar el atentado que se estaba fraguando en su contra. Pocas horas después Posada Carriles era sorprendido con un cargamento de nueve kilogramos de C4, el explosivo plástico destinado a ser utilizado en el atentado y que, en caso de haberse producido, habría causado innumerables víctimas.
No es un dato menor que Washington también se negó a conceder la extradición solicitada por la justicia de Cuba y Venezuela para juzgarlo por crímenes perpetrados en ambos países, entre ellos el atentado al avión de Cubana de Aviación.
Como puede verse, la protección brindada a un mafioso y criminal como Posada Carriles fue amplio espectro y arroja un potente haz de luz que desmiente la pretensión de Estados Unidos de ser el campeón en la defensa de los derechos humanos y de la lucha contra el terrorismo.
La práctica que sigue el Departamento de Estados de elaborar cada año un informe en donde se evalúa la situación de los derechos humanos en todos los demás países del mundo es francamente ridícula si no fuera trágica. Al Qaeda y el Estado Islámico, dos sanguinarias organizaciones terroristas, son niños de pecho al lado del gobierno de Estados Unidos y jamás cometieron crímenes como los que el 5 y 9 de Agosto de 1945 perpetró Estados Unidos perpetró contra las indefensas ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, que en los primeros días luego de la detonación cobraron la vida de 240 mil personas, más todos aquellos que, pocos años más tarde, murieron a causa de la radiación.
La muerte del terrorista cubano pone una vez más de relieve la naturaleza terrorista y mentirosa del gobierno norteamericano.
Lo segundo, porque tal como lo dijera Karl Rove, principal consejero del presidente George W. Bush, al periodista del New York Times Ron Suskind: “Nosotros ahora somos un imperio, y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras usted está estudiando esa realidad … nosotros actuaremos otra vez, creando otras nuevas realidades … Nosotros somos los actores de la historia, y usted, todos ustedes, deberán conformarse con tan solo estudiar lo que nosotros hacemos”.
“Crear la realidad” quiere decir inventar la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en Irak, armas químicas en Siria, amenazas a la paz por parte de China y Rusia, tiranías en Cuba y Venezuela, entre otras patrañas justificatorias de su constante aplicación de métodos terroristas en la arena internacional. Washington es previsible: protege a un anticastrista “quijotesco” (según la necrológica del New York Times) y persigue con saña a Julian Assange y Edward Snowden. Un imperio al cual hay que reconocerle su coherencia.
(Tomado de Página 12)

Las elecciones presidenciales en el México neoliberal: tres (posibles) escenarios


En las elecciones presidenciales de México, que se efectuarán el 1º de julio de 2018, compiten tres coaliciones formalmente constituidas y que son: "Juntos Haremos Historia" que postula al candidato opositor Andrés Manuel López Obrador impulsada por los partidos Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES); la coalición "Por México al Frente" que postula la candidatura del panista de derecha, Ricardo Anaya, integrada por los partidos Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Movimiento Ciudadano (MC). Por último, la coalición oficialista del PRI-gobierno llamada "Todos por México" integrada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido Nueva Alianza (PANAL) que postula a un ex-secretario de Hacienda, Antonio Meade, que sirvió tanto en los regímenes del PRI como del PAN y a quien se le adjudica ser el "padre del gasolinazo" que provocó inflación y deterioro de los ingresos de la mayoría de la población. Además figuran dos candidatos supuestamente "independientes": un ex-priista "gobernador con licencia" del Estado de Nuevo León apodado "El Bronco" cuya campaña electoral está centrada en "cortarle las manos a los corruptos", y la despistada esposa de un ex-presidente de México que "renunció" a su candidatura antes del segundo debate presidencial que se efectuó en la ciudad de Tijuana el 20 de mayo de 2018.
De acuerdo con el Instituto Nacional Electoral (INE) con un padrón electoral de 89,1 millones coimputados, se votará para elegir a 8 gobernadores, 1 jefe de gobierno de la CDMX (ahora llamado gobernador), 128 senadores y 500 diputados. Asimismo se elegirán autoridades para 1.597 ayuntamientos, 184 concejales y 16 alcaldías. La Ciudad de México, que es la entidad con la segunda mayor lista nominal de electores (7 millones 64º mil), elegirá Jefe de Gobierno, diputados al Congreso Local, 16 alcaldes y 10 concejales.
Contexto: crisis estructural del capitalismo dependiente mexicano
Mientras que el crecimiento económico de México durante el llamado "desarrollo estabilizador" (1954-1976) fue superior a 6% promedio anual, entre 1982-2017 el PIB promedió 2.36% anual. Durante el régimen panista de Vicente Fox (2001-2006) el crecimiento promedio fue de 2.3% y durante el siguiente de Calderón (2007-2012) de 1.93%; entre ambos dicho crecimiento alcanzó 2.11%, para volver a descender durante el actual régimen priista de Peña Nieto (2013-2017) en el orden promedio anual de 2.12%. De esta forma durante los regímenes plenamente neoliberales del PRI y del PAN, el PRIAN (1982-2017) el crecimiento económico medido por su PIB francamente declinó y se situó por debajo de un tercio de aquel promedio histórico.
En este contexto los primeros que perdieron son los empleos cuyo déficit alcanza proporciones gigantescas si consideramos que por cada punto del PIB que se pierde, con él se eliminan alrededor de 1 millón de puestos de trabajo a los que hay que agregar los que no se crean al influjo del crecimiento natural de la población calculados en alrededor de un millón 500 mil cada año. Hay que observar, lo que oculta sistemáticamente el gobierno, que los empleos creados durante los regímenes neoliberales en una gran proporción son de naturaleza precaria: temporales, con o sin derechos sociales y sometidos a altas tasas de explotación y rotación de la fuerza de trabajo. De aquí el enorme desempleo existente en el país que organismos independientes como el Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM sitúan en más de 20% de la PEA; la extendida pobreza "normal" y extrema; los bolsones poblacionales de la informalidad que cubren 60% de la PEA (52 millones 866 mil personas en 2017) que trabaja en condiciones precarias e inhumanas fundamentalmente en la calle; el crecimiento de la violencia, de la inseguridad y de los grupos delictivos, entre otras taras propias del capitalismo dependiente mexicano que su dinámica económica y política no hace más que recrear y amplificar día a día ante la corrupción e impunidad de las autoridades y sus partidos políticos que constituyen la partidocracia del poder.
Una de las consecuencias dramáticas de esta situación tanto para México como, principalmente, para millones de trabajadores, es su emigración forzosa en modalidad de indocumentados (alrededor de 12 millones) a Estados Unidos donde son vejados, humillados, superexplotados, discriminados, abusados y deportados bajo la total indiferencia de las autoridades mexicanas y de Estados Unidos.
Los salarios son la otra variable castigada por el régimen neoliberal dependiente mexicano: los reales y su poder adquisitivo tienen una curva descendente desde 1976 y en la actualidad son más bajos que en China y que en otros países pertenecientes al mundo subdesarrollado de Asia, de América Latina y de los países africanos. Este es uno de los secretos de los privilegios de que gozan las clases dominantes en México y los altos y medianos funcionarios, burócratas y políticos del régimen partidocrático mexicano.
Este régimen neoliberal cuida celosamente las sacrosantas "variables macroeconómicas" como la tasa de ganancia que es altísima para las gigantescas empresas transnacionales monopólicas que operan en el país y que prácticamente controlan todos los flujos y ciclos de la economía mexicana: desde el capital dinero y productivo, hasta el capital mercancías, con énfasis en las importaciones y las exportaciones que controla prioritariamente el capital internacional. A cambio el pueblo y los trabajadores reciben un mayor endeudamiento externo que es de los más altos de América Latina: en 2017 la deuda pública alcanza 46.2 del PIB al cierre de 2017 según la Secretaría de Hacienda y las proyecciones bajo la política neoliberal es que siga creciendo sobre todo para pagar apenas los intereses del capital principal, lo que provoca un constante déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos el cual, con la entera complacencia del FMI y de la burocracia política del país, es contrarrestado mediante incrementos de los impuestos a la población, aumentos a los precios de las gasolinas mayoritariamente importadas a pesar de ser México un país petrolero y de la energía eléctrica de consumo popular, la severa aplicación de políticas de austeridad social y de recortes al presupuesto público en el renglón social en materia de educación, salud, vivienda, alimentación, pensiones y jubilaciones, junto con la aplicación de sendas reformas llamadas estructurales: laboral, energética y educacional entre otras inscritas en la lógica de la privatización y de la reproducción del capital.
Este es el marco socio-económico del actual proceso electoral mexicano que habrá de elegir presidente de la república, senadores y diputados, 5 gobernadores y al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México para los siguientes seis años.
Las coaliciones o alianzas electorales
De antemano planteamos que ninguna problemática del país en el plano social, económico y político se va a resolver mediante un proceso electoral y mucho menos con el triunfo de alguna de las mencionadas coaliciones que se desenvuelven en el marco del capitalismo neoliberal, dependiente y subdesarrollado que prevalece en México. Y no lo va a hacer simplemente porque, independientemente de los planteamientos de los aspirantes presidenciales que generalmente van dirigidos a granjearse el apoyo de los grandes capitales y monopolios nacionales e internacionales y, por supuesto, el de Estados Unidos, y menos el del pueblo, esencialmente ninguno atenta, ni modifica, el sistema capitalista sustentado en el régimen jurídico-político-institucional de propiedad privada de los medios de producción, de la tierra, de los recursos naturales y en la explotación de la fuerza de trabajo (que son los pilares del modo de producción capitalista universal) en cualquier orden macroeconómico y político: sea el neoliberal o el proteccionista (neo) desarrollista que son los que compiten en el México neoliberal y en los países latinoamericanos de manera predominante.
El carácter de las elecciones
En lo referente al presidente de la República su elección rutinaria ocurre formalmente cada seis años y siempre bajo el férreo control del gobierno en turno mediante un ente electoral que hasta la fecha controla (antes fue el Instituto Federal Electoral y hoy el Instituto Nacional Electoral). Se puede afirmar que el fraude es el eje histórico del proceso de la elección junto con la compra millonaria de votos, el acarreo forzoso de las bases electorales del partido, el miedo, la violencia y el uso masivo de los medios corporativos de comunicación cuyo objetivo es imponer a la ciudadanía el candidato a modo elegido por el gobierno a través de lo que se conoce como el "dedazo" del presidente en funciones. En ese sentido el régimen político mexicano es tan antiguo y carcomido como en los mejores tiempos del llamado nacionalismo revolucionario que transcurrió bajo la hegemonía política de los dinosaurios del PRI-gobierno.
En este contexto cabe prever tres escenarios que pueden ocurrir en la actual contienda electoral donde, hay que mencionar, en el promedio de las encuestas el candidato que se encuentra fuera de la "mafia del poder" lleva la delantera por alrededor de 20 puntos en promedio por encima del candidato de la derecha que se mantiene en segundo lugar y por encima del candidato del oficialismo.
Un factor importante, que al final pudiera ser estratégico, es la influencia del Departamento de Estado en las elecciones mexicanas que hasta ahora ha sido acotado y discreto, pero que no por ello deja de ser preocupante dados los antecedentes en otras coyunturas electorales donde Estados Unidos ha terminado por ser determinante como en las pasadas elecciones de Honduras (26 de noviembre de 2017) donde operó un golpe de Estado mediado por el estado de sitio y la represión para imponer al impopular y repudiado candidato oficial que era el mismo presidente de la República, Juan Orlando Hernández. Dicha intervención se dio para destituir al presidente Manuel Celaya de ese país en 2009 y, más adelante, con la destitución del presidente de Paraguay, Fernando Lugo, en 2012. El golpe de Estado judicial en Brasil que depuso a la presidenta Dilma Rousseff contó con el beneplácito tanto de Estados Unidos como de la OEA y de la mayor parte de los gobiernos de derecha, entre los que figura de manera sobresaliente el gobierno mexicano que encabeza el llamado "Grupo de Lima" creado bajo patrocinio norteamericano con el fin expreso de derrocar al gobierno legítimo y constitucional de Venezuela. En este contexto no hay argumentos sólidos para sostener que esto no pudiera ocurrir en México en la hipótesis del triunfo del candidato opositor al oficialismo y a la derecha.
Posibles escenarios
Escenario 1.
Este escenario, el menos probable en virtud de los antecedentes de la historia electoral de nuestro país caracterizada por el fraude y la manipulación del proceso electoral por el gobierno en turno, supondría, de ser certeras la mayoría de las encuestas, el triunfo del candidato de MORENA y de los partidos del Trabajo (PT) y de Encuentro Social (PES), Andrés Manuel López Obrador, quien sería elegido por primera vez después de dos intentos fallidos en el año 2006 y en 2012 cuando se impuso al actual presidente de la República Peña Nieto. En este hipotético escenario esto implicaría no solamente la acción electoral y de la campaña de la coalición que ampara dicha candidatura, sino una extendida movilización popular y ciudadana en defensa del voto antes y después de la elección. Significaría, también que la gente ya habría aprendido la lección respecto al pasado caracterizado por la imposición y la secuencia a toda costa de los gobiernos priistas desde la época de la Revolución Mexicana, tal vez con la excepción del triunfo del general Lázaro Cárdenas en 1934 quien gobernó hasta 1940. Desde entonces, es decir desde el avilacamachismo (1940-1946) hasta el año 2000, gobernó el PRI cuando cedió el poder presidencial por primera vez a un personero distinto de ese partido y que fue el señor Vicente Fox candidato del derechista Partido Acción Nacional de naturaleza social-cristiano. En el siguiente sexenio fue impuesto, mediante fraude electoral, el panista Felipe Calderón (2006-2012) quien, a la par, le pasó la estafeta presidencial al actual presidente del PRI, Peña Nieto, quien utilizó masivamente la compra multimillonaria de votos con toda impunidad y corrupción a través de tarjetas de crédito, entre otros instrumentos fraudulentos.
Este escenario, como dijimos difícil e improbable debido a las circunstancias indicadas, por vez primera elegiría como presidente a un candidato diferente al que se conoce como perteneciente al PRIAN (la suma del PRI y el PAN a la que ahora se agrega el PRD) y que expresa la simbiosis entre el viejo partido priista y el derechista de Acción Nacional (PAN), este último ahora amalgamado con el otrora partido de "centro-izquierda" denominado Partido de la Revolución Democrática (PRD), quienes juntos postulan al candidato panista de derecha Ricardo Anaya involucrado en investigaciones penales de lavado de dinero y de corrupción, además de ser uno de los principales promotores y partidarios de la privatización energética.
Hay que indicar también, por último, que muchas estimaciones proyectan que el partido opositor (MORENA) tendrá mayoría en el Congreso de la Unión en el que lastimosamente el PRI caería hasta la tercera posición como un resultado del castigo por parte de la indignada y empobrecida población mexicana que cada vez más desahucia a los gobiernos neoliberales.
Escenario 2.
Vislumbramos un segundo escenario contradictorio y complejo. En éste el candidato de la derecha del PAN y del PRD, Ricardo Anaya, gana la elección mediante un acuerdo estratégico con el gobierno de Peña Nieto y su candidato, Antonio Meade (quien ocupa el tercer lugar en el promedio de las encuestas), utilizando todos los medios a su alcance legales y extralegales como la compra masiva de votos, la guerra sucia contra el candidato puntero, el uso de los recursos del Estado en materia social hacia la población para utilizar su voto en su beneficio; diseño y difusión de spots en los medios de comunicación corporativos para introducir el miedo, la tesis del desastre y otras mentiras similares, con el fin de apartar a la población de la posibilidad de orientar su voto al candidato puntero y, de esa manera, hacerlo hacia el candidato panista. Así, por lo menos se neutraliza al ciudadano y lo ubica en el espectro abstencionista de la población. Aquí el acuerdo estratégico entre ambos personeros del gobierno federal y su candidato y del partido de la derecha consistiría en "dividirse el pastel": el poder y los puestos en el gobierno, una vez que haya concluido la elección presidencial para, como ha sido siempre en el régimen autoritario mexicano, adjudicarse los empleos, influencias y prebendas en las distintas instancias de gobierno (como secretarías de Estado, direcciones de instancias gubernamentales, jefaturas locales y comisiones específicas, alcaldías, etcétera); en el gabinete presidencial, así como en el jugoso reparto de curules millonarias en el Congreso de la Unión.
Evidentemente tanto en este caso como en el siguiente, pudiera haber impugnación de la elección presidencial por parte de quienes pierdan (tentativamente por parte de la Coalición de Morena) y la instancia que tendría que decidir el resultado de la elección sería el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación como ocurrió en 2006 cuando este avaló y ratificó el triunfo del panista Felipe Calderón.
Escenario 3.
Este escenario, siempre en función del objetivo estratégico de afianzar el triunfo del PRIAN, tendría como premisa que el beneficiario de la candidatura a la presidencia fuera el candidato oficial del PRI, Antonio Meade, al que todas las encuestas, incluso internacionales, ubican en el tercer lugar muy lejos del candidato puntero, lo que dificulta con creces acortar la distancia hasta el día de la elección el 1º de julio para efectuar el fraude electoral (esta posibilidad la denuncia in extenso Santiago Nieto, ex-fiscal electoral, en la Revista Proceso #2169 del 28 de mayo de 2018: "Cómo prepara el PRI el fraude": https://www.proceso.com.mx/535992/santiago-nieto-como-prepara-el-pri-el-fraude ).
Esta posibilidad tendría como premisa la presión por parte del gobierno peñanietista y de su candidato, al de la coalición panista bajo la amenaza de activar las investigaciones penales por lavado de dinero que también involucran a miembros de su familia. Evidentemente que estos son acuerdos de cúpula y no necesariamente su consecuencia sería canalizar los votos de las bases electorales de la coalición panista-perredista hacia el candidato del PRI. Por eso, esto constituye un auténtico riesgo para el sistema. Como sugieren algunos expertos y analistas políticos en asuntos electorales pudiera ocurrir, nada improbable por cierto, que ese flujo de votos beneficiara al candidato puntero de la Coalición Juntos Haremos Historia, asestando un fuerte golpe electoral y mediático al PRIAN por vez primera en la historia electoral del país.
Juntos Haremos Historia y la Cuarta Transformación: ¿será posible un cambio o modificación de régimen político en México?
En el año 2000 el voto útil de la ciudadanía favoreció al candidato de la derecha del PAN, Vicente Fox. En 2006, el régimen tuvo que operar un auténtico fraude electoral para imponer a Felipe Calderón en la presidencia de la República. En 2012, Peña Nieto conquistó la silla presidencial gracias a la masiva compra de votos, a la distribución de despensas y de tarjetas de crédito para la obtención de las mismas. Se estimó que en la campaña de Peña Nieto se gastaron más de 4 mil 600 millones de pesos, mediante tarjetas expedidas por el Banco Monex y de otros monederos electrónicos e instituciones bancarias para triangular el financiamiento a su campaña electoral del 2012.
En la actual coyuntura, sin embargo, las cosas se han complicado sobre todo para el oficialismo. Hemos apuntado que tanto las encuestas nacionales como las estimaciones estadísticas en el exterior coinciden en colocar al candidato oficial del gobierno priista en el tercer lugar con una diferencia de alrededor de treinta puntos porcentuales respecto a López Obrador, el candidato de la Coalición Juntos Haremos Historia.
Se trata, es necesario enfatizar, de una coalición y de un candidato que postula que de ganar la presidencia de la República impulsará lo que denomina la Cuarta Transformación de México que ocurriría después de la Independencia nacional (1810), de la Reforma (1855-1863) que encabezó Benito Juárez (la segunda independencia de México) y de la Revolución Mexicana (1910-1917) que marcó la gran tercera transformación. La Cuarta Transformación implicaría, al decir del candidato presidencial, la constitución de un "nuevo sistema político, democrático y con dimensión social" centrado en varios postulados como la separación de la política de la economía, la construcción de un gobierno que "represente a todos, ricos y pobres", y no sólo a la "mafia del poder" como hasta ahora ha ocurrido. Además del combate a la corrupción que es el mayor objetivo de campaña del candidato opositor en concordancia con el sentir popular de millones de mexicanos.
Independientemente de las posibilidades reales de llevar a cabo dicha transformación en México, es importante señalar las profundas limitaciones estructurales y sociopolíticas que contiene de principio este proyecto lopezobradorista. En primer lugar, hay que señalar lo obvio: de ninguna manera es un proyecto de naturaleza socialista, ni mucho menos se inscribe en lo que en América Latina se ha denominado "Socialismo del Siglo XXI". En segundo lugar, porque es un proyecto de carácter nacionalista que impulsa una política que pudiéramos denominar neo-desarrollista que combina tanto la inversión privada nacional y extranjera con las políticas públicas para el desarrollo como, por ejemplo, postuló en su momento la CEPAL y que en México se plasmó en el denominado "desarrollo estabilizador mexicano" impulsado desde el gobierno por el presidente Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) y por las dos siguientes administraciones presidenciales. La diferencia, entonces, tanto con este modelo económico y con su régimen político radica en otorgarle a las llamadas fuerzas del mercado un papel protagónico en el "desarrollo económico" mediante un primer "impulso" dado por el Estado. Es importante señalar que en todo caso esta política pública sería completamente distinta a la impulsada por los candidatos del PRIAN y sus gobernantes desde hace treinta años caracterizada por la aplicación de políticas neoliberales y de austeridad social que han empobrecido y precarizado a las mayorías en nuestro país. En este sentido, cualquiera de los candidatos de la derecha, ya sea el del PRI o el del PAN, no haría otra cosa más que continuar y profundizar ese modelo neoliberal de austeridad social, de privatización económica y de entrega de los recursos naturales y energéticos a las grandes trasnacionales monopólicas del capital internacional, mientras que el candidato de la cuarta transformación, si bien no cuestiona a la inversión extranjera directa e indirecta, como tampoco la propia existencia del sistema capitalista neoliberal dependiente que priva en México con todas sus coordenadas cimentadas en la explotación del trabajo por el capital, en la propiedad privada de los medios de producción y de la tierra, así como la existencia de la estructura y de las luchas de clases, plantea al menos un proyecto que en ese marco podría beneficiar por ejemplo en materia de desarrollo social a sectores empobrecidos y marginados de la sociedad.
Por otro lado, también podría mejorar nuestra posición internacional al rescatar la política exterior mexicana cimentada en los principios de la autodeterminación de los pueblos y en la no intervención de los Estados en los asuntos de otros Estados tal y como mandata la Fracción X del Artículo 89 de la Constitución Política y la Doctrina Estrada que fundamentan dichos principios obligatorios del Estado mexicano y que han sido violados por las últimas administraciones gubernamentales.
Esa Fracción X de la Constitución estipula:
"Dirigir la política exterior y celebrar tratados internacionales, así como terminar, denunciar, suspender, modificar, enmendar, retirar reservas y formular declaraciones interpretativas sobre los mismos, sometiéndolos a la aprobación del Senado. En la conducción de tal política, el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos : la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias ; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales" (cursivas nuestras). (Fracción reformada mediante Decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 10 de junio de 2011).
De esta forma, por ejemplo, se acabaría con el grosero intervencionismo pro-imperialista que ejerce el Estado mexicano y su gobierno al margen del pueblo y del Congreso en contra de la República Bolivariana de Venezuela bajo los lineamientos geopolíticos y estratégicos ordenados por el Departamento de Estado articulados en la política contrainsurgente del neo-monroísmo que Estados Unidos viene implementando en América Latina provocando la caída de los gobiernos progresistas y el fortalecimiento de los gobiernos neoliberales de derecha que sirven a dichos intereses.
Un gobierno de nuevo cuño, por vez primera distinto al PRIAN (2000-2018), podría impulsar una serie de proyectos como por ejemplo la terminación y creación de nuevas refinerías para comenzar a reducir la irracional importación de gasolinas en más de 75% de Estados Unidos donde es mucho más barata que la que se vende en México. Asimismo en materia interior se le podría exigir al nuevo gobernante el cumplimiento de compromisos de campaña en materia de derechos humanos que han sido masivamente violentados por los gobiernos del PRIAN, particularmente luego de la declaración de la guerra al narcotráfico por Felipe Calderón que ha dejado hasta la fecha un saldo de miles y miles de muertos (algunas estimaciones calculan alrededor de los 250 mil), la multiplicación de las bandas criminales, la extensión de la inseguridad y de la violencia por todo el país, incluyendo la Ciudad de México; la aparición de fosas clandestinas y la desaparición forzada de cientos de luchadores y líderes sociales, sin contar los innumerables presos políticos que purgan penas en los reclusorios y penales del país. En este tema existe ya un compromiso público de López Obrador con los padres de los 43 normalistas desaparecidos por las fuerzas de seguridad del Estado para formar una Comisión de la Verdad que investigue, aclare y resuelva este atroz crimen de lesa humanidad y por primera vez se imparta justicia.
Estas son algunas de las cuestiones que podrían cambiar inscritas en lo que se denomina la "cuarta transformación" que, a nuestro juicio, no alcanza para anunciar un cambio de régimen político —como mucho menos se podría siquiera pensar con las otras dos coaliciones del PRIAN inmersas en el carcomido modelo neoliberal a ultranza— a no ser que tal vez el nuevo gobierno verdaderamente implemente el plebiscito o referéndum a mitad del mandato, como propuso López Obrador, para consultar a la ciudadanía en relación con el hecho de si está o no de acuerdo con que continúe el presidente en turno en la silla presidencial. Entonces sí se podría pensar que México avanza a un cambio desde un régimen presidencialista autoritario vigente de transición pactada, a otro semi-presidencialista con democracia representativa, aunque inferior a los regímenes de democracia participativa como es el caso de Venezuela. Pero también todo ello habrá de depender de la movilización y de la presión popular que obligue al gobierno a cumplir sus promesas de campaña, particularmente en materia de justicia social y de verdadera lucha contra la corrupción y la impunidad que son los baluartes fundamentales del actual régimen autoritario de gobierno y que más allá de las candidaturas presidenciales y de las personas, son los ejes que han articulado el descontento social y el hartazgo de la enorme masa de la población frente al agotamiento y crisis del régimen político partidocrático autoritario de transición pactada impulsado por la tecno-burocracia del PRIAN en los últimos treinta y seis años.
Adrián Sotelo Valencia. Sociólogo y profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. 

Segunda vuelta en Colombia: ¿Podrá ganar Petro?

Ángel Guerra Cabrera

Inédito en Colombia. Gustavo Petro, candidato de izquierda, aseguró el pase a segunda vuelta en las elecciones del 30 de mayo con la mayor votación alcanzada por ese signo político. Logró 4 millones 849 mil 148 sufragios, 25 por ciento del total. Unió a una coalición de sectores populares, mujeres, universitarios, indígenas, campesinos, movimientos sociales y expresiones políticas con una demanda por la paz, la educación y la salud públicas gratuitas, así como el carácter público de los servicios. Como todos los candidatos que defienden causas populares, fue linchado mediáticamente como castrochavista y su campaña tuvo escasos recursos económicos, lo que hacen más meritorios sus números. Junto a otros candidatos consiguió también lo que parece una ruptura con el excluyente binomio político liberal-conservador, mantenido desde la fundación de la república, aunque haya sido con otros nombres en los últimos años, como Partido de la U (Santos) o Centro Democrático (CD-Uribe).

Pero, aunque esperada, es inquietante la votación obtenida por el ganador de esa ronda, el uribista Iván Duque, a quien se le forjó una imagen de líder joven y antipolítico para capitalizar el hartazgo hacia los partidos tradicionales. Con 7 millones 566 mil 698 votos, el candidato del ultraconservador CD raspó 40 por ciento del total y ganó en la mayoría de los 32 departamentos. Es decir, todo el interior, excepto Bogotá. Eso significa que, sea por las motivaciones que sea, ese caudal electoral respalda al ex presidente Álvaro Uribe, padre del paramilitarismo vinculado al narco en documentos desclasificados por el gobierno de Estados Unidos, aunque a la vez favorito de la extrema derecha trumpista y enemigo número uno de la revolución bolivariana. Duque se opone al proceso de paz, bandera favorita de Uribe, que está detrás de su oferta de reformar el acuerdo de paz. En otras palabras, Uribe y las extremadamente conservadoras propuestas de Duque cuentan aún con el apoyo de importantes sectores populares, sobre todo en el área rural del interior.

Otro resultado significativo de la elección es el obtenido por Sergio Fajardo, de la Coalición Colombia y ex gobernador de Antioquia, con 4 millones 587 mil 979, menos de 200 mil votos debajo de Petro. Coincide con éste en la defensa de los acuerdos de paz –de una paz con dignidad–, en la lucha contra la corrupción y el clientelismo, aunque su base es más heterogénea, por estar formada por una alianza de Verdes, empresarios, jóvenes y amplios sectores de clases medias. Ambas fuerzas abogan por una política ética. Fajardo obtuvo la mayoría en Bogotá y Antioquia, mientras Petro lo hizo en siete departamentos de las costas del Caribe y el Pacífico. Sumadas las votaciones de ambos superan las de Duque en casi medio millón de votos, lo que supone un importante cuestionamiento de una considerable franja poblacional al vetusto orden oligárquico, profundamente clasista y racista imperante a lo largo de dos siglos.
Los otros candidatos fueron Germán Vargas Lleras, como Santos, su padrino político, de una de las familias de la vieja oligarquía, que contó con el apoyo de la maquinaria electoral oficial. Pese a ello no obtuvo más que 1 millón 406 mil 732 votos, 7 por ciento. Y Humberto de la Calle, alto funcionario de varios gobiernos, serio y reconocido arquitecto gubernamental de los acuerdos de paz junto a los negociadores de las FARC. Pero sólo obtuvo 399 mil 118 votos, es decir, 2 por ciento.
Con la distancia entre Duque y Petro en primera vuelta, parece muy difícil que el segundo pueda ganar en la ronda decisiva, sobre todo cuando el primero tiene asegurados los votos de Vargas Lleras, una parte de los de De La Calle y otra de Fajardo. Para ganar, Petro necesitaría arrastrar en escasas tres semanas una mayoría del caudal de Fajardo, no menos de la mitad del de De La Calle y unos cientos de miles de sufragios más, movilizando nuevos votantes. Casi un milagro, aunque ya lo fue su desempeño en primera vuelta. Pero aún si perdiera podría consolidar una importante fuerza que le diera pelea al uribismo, en favor de la paz en Colombia y en América Latina y el Caribe, promotora de la justicia social y el rechazo al odio al distinto.
La victoria de Duque sería funesta desde todo punto de vista. Implicaría ahondar en la militarización y el guerrerismo de un país que recién ingresa en la OTAN, el fomento del odio uribista a los pobres y del racismo. La consolidación de una plaza de armas para el hostigamiento y asalto militar a la Venezuela bolivariana que planea el Comando Sur.

Vacunas frente a la violencia en Colombia y México


Guillermo Oglietti
@GOglietti
Existen dos grandes hipótesis que explican la criminalidad. La primera dice que el delito disminuye cuando aumenta la “disuasión”, que está compuesta por dos elementos: la probabilidad de atrapar y condenar al delincuente (que depende de la eficacia y tamaño del aparato policial y judicial) y la severidad del castigo esperada por los criminales (básicamente, la dureza de la pena en años de prisión, multas, etc.). Una segunda hipótesis sostiene que el crimen se explica por factores sociológicos, y pone el énfasis en la desigualdad. Estas hipótesis no son excluyentes y ambas explican fracciones de este complejo fenómeno de la violencia.
Los estudios empíricos que analizan la criminalidad, contrastan estas dos hipótesis, comparando la incidencia en el crimen de los atributos del sistema judicial -como las probabilidades de que el delincuente sea arrestado, procesado y condenado, y la severidad de las penas que representan el impacto de la primera hipótesis- y también suelen incluir las condiciones del mercado de trabajo, como desempleo, nivel de ingreso (que representa el costo de oportunidad de delinquir) y algunas variables socioeconómicas como raza, edad y porcentaje de población urbana.
Los resultados de los estudios son ambiguos: algunos confirman que el ¨efecto disuasión¨ logra disuadir el delito, mientras que otros hallan que, por el contrario, ¡el efecto disuasión aumenta el delito! Es frecuente encontrar que los delitos leves, típicamente los crímenes contra la propiedad, consiguen ser disuadidos gracias a la severidad de las penas y la probabilidad de condena, sin embargo, los delitos más violentos, están mejor explicados por los enfoques que tratan el problema como un desorden social.
Lamentablemente, no son muchos los artículos que analizan la relación entre desigualdad y el crimen, sin embargo, casi sin excepción, estos trabajos[1] muestran que existe una robusta relación entre la desigualdad y los delitos, especialmente los delitos violentos. Esta relación es un hecho estilizado que se observa en estudios correspondientes a todas las latitudes. De hecho, suele argumentarse que la elevada tasa de criminalidad violenta en EE.UU., en contraste con los bajos registros de todos los países desarrollados, se explica por el liderazgo de este país en los indicadores de desigualdad. En este sentido, también apuntan los registros de América Latina, que es la región más desigual del planeta y también la región más violenta (gráfico 1).
Gráfico 1.
Tasa de homicidios por región. 2008-2013
Desigualdad y violencia
Fuente: Estadísticas de homicidios UNODC.
Colombia y México integran el grupo de países más violentos de la región más violenta del planeta,[2] y la situación continúa agravándose. México atraviesa el momento más sangriento de su historia (70 asesinatos diarios)[3] y la delincuencia es el principal problema que percibe la población[4]. La inseguridad en Colombia sigue siendo la principal preocupación ciudadana (junto con la corrupción).[5]
Ambos países han apostado por la vía de la disuasión para combatir los crímenes violentos. También tienen acuerdos vigentes con EE.UU. para combatir la violencia, de la mano del Plan Colombia de 1999 y la Iniciativa Mérida (también llamado Plan México) de 2008. Sin embargo, ni la complementación en materia de seguridad con EE.UU. ni la estrategia de la disuasión y los esfuerzos presupuestarios para implementar la guerra contra el narcotráfico parecen haber servido para disminuir la violencia en estos países, sino todo lo contrario.
Colombia y México son los países de América Latina con mayor cantidad de periodistas asesinados[6] de acuerdo al informe 2018 del Comité para la Protección de Periodistas que recoge estadísticas globales. No existe un comité similar para la protección de dirigentes y políticos progresistas, pero fácilmente puede comprobarse que existe una ola de crímenes políticos en estos dos países. Ambos tienen una triste tradición en términos de magnicidios que revela una incapacidad de sus democracias para resolver las diferencias políticas.
Esta intolerancia política no se limita a la seguridad de candidatos presidenciales, como en el reciente atentado al candidato progresista Gustavo Petro en la ciudad de Cúcuta, sino que afecta a todas las instancias y jerarquías políticas. El listado de líderes sociales asesinados desde la firma de los Acuerdos de Paz en Colombia se eleva a 217[7] mientras que en México el actual proceso electoral ya cuenta 93 candidatos asesinados y más de 300 agresiones.
La política es una profesión de alto riesgo en estos dos países y, quizás, esto explique las dificultades que tienen las mayorías para ser adecuadamente representadas con programas de gobiernos progresistas. Si algo caracteriza a México y a Colombia es que ninguna fuerza política progresista ha llegado al poder en algún momento de su historia reciente, como sí ha sucedido en casi toda la región.
Las políticas económicas y sociales destinadas a reducir la criminalidad son muy diferentes de acuerdo a cuál de las hipótesis se valide. La primera hipótesis de la disuasión, implica destinar recursos presupuestarios al gasto judicial y represivo. La segunda hipótesis implica que el grueso de los recursos debería destinarse a combatir la raíz del problema, por ejemplo, a través de la creación de hogares sustitutos para niños en situación de calle, subsidios de subsistencia, educación inclusiva desde la primera infancia -por supuesto, primaria y secundaria-, creación de puestos de trabajo, políticas de contención, redistributivas, etc. que disminuyan la desigualdad.
Es de público conocimiento que en tiempos de globalización neoliberal la desigualdad ha aumentado de forma notoria. Pero la “percepción” de la desigualdad, que es la fuente subjetiva que impulsa la violencia, ha aumentado aún más. Esto se debe a que la percepción de desigualdad es un fenómeno comparativo, fruto del contraste entre el ingreso y el modo de vida de cada familia y el estándar de los estratos más altos de la sociedad. Los medios de comunicación han acercado las distancias y las comparaciones intrafamiliares ya no se hacen entre familias vecinas de una misma ciudad, sino de todo el país o el planeta. En otras palabras, cada familia de cualquier rincón de Latinoamérica define su nivel de insatisfacción con la desigualdad entre su nivel de vida y el de Messi, Slim y Shakira.
Colombianos y mexicanos enfrentan la delincuencia de la misma forma que los antigripales atacan la gripe: van por los síntomas y no por el virus que la causa. ¿Pueden los ciudadanos razonablemente esperar que sus problemas de inseguridad se solucionen confiando en el mismo modelo por el que vienen apostando, sin éxito, desde hace décadas?
Ambos países están atravesando simultáneamente elecciones presidenciales donde se enfrentan dos modelos económicos y políticos antagónicos en materia de seguridad. AMLO y Petro proponen un tratamiento “vacuna” porque coinciden en interpretar que la violencia es síntoma de una enfermedad social generada por el modelo neoliberal. Anaya y Duque apuestan por los mismos antigripales de siempre.
[1] http://irserver.ucd.ie/bitstream/handle/10197/523/kellym_article_pub_004.pdf
https://www.journals.uchicago.edu/doi/abs/10.1086/338347

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0304387804001117
[2] https://www.eleconomista.com.mx/politica/Mexico-es-el-pais-mas-violento-de-America-20170726-0118.html

[3] https://elpais.com/internacional/2018/01/21/mexico/1516560052_678394.html
[4] http://hoy.com.do/la-inseguridad-encabeza-las-preocupaciones-de-ciudadanos-2/
[5] http://www.eltiempo.com/politica/congreso/resultados-encuesta-bimestral-de-gallup-colombia-188434
[6] https://www.infobae.com/america/mundo/2018/02/10/los-paises-en-los-que-mas-periodistas-fueron-asesinados-en-los-ultimos-25-anos/
[7] http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/el-mapa-de-los-lideres-sociales-asesinados-en-colombia-184408

jueves, 31 de mayo de 2018

Por otros indicadores de calidad democrática

Barbara Ester 
@barbaraestereo
La mayoría de los indicadores democráticos ampliamente utilizados y difundidos en la actualidad parten del concepto de poliarquía de R. Dahl[1], que establece que un gobierno democrático se caracteriza por su continua aptitud para responder a las preferencias de sus ciudadanos, sin establecer diferencias políticas entre ellos. De esta forma la noción de “democracia” refiere al sistema político entre cuyas características se cuenta su disposición a satisfacer entera, o casi enteramente, a todos sus ciudadanos. La base de esta satisfacción parte de la premisa de la igualdad de oportunidades.
Entre los principales ejes desarrollados por el autor -y que han servido de base para marcar la variación de los distintos gobiernos respecto del ideal de democracia- se encuentran:
  1. La participación efectiva
  2. La igualdad de voto en la fase decisoria
  3. La comprensión informada
  4. El control de la agenda
  5. La inclusividad
Distintos indicadores ampliamente difundidos se utilizan en la actualidad para evaluar la calidad democrática. Como ya se ha desarrollado en un artículo anterior, estos indicadores presentan distintos sesgos, tanto metodológicos -rankings elaborados por analistas que no desarrollan cuáles fueron los parámetros empleados en dicho análisis- como ideológicos, dado que las definiciones tienden a excluir a los regímenes de izquierda en los indicadores de derechos políticos y libertades civiles. Es por ello que numerosos especialistas en teoría política han propuesto la incorporación de nuevos indicadores que permitan un mayor acercamiento a la compleja trama social.
A continuación se presentarán las dimensiones propuestas para ser incorporadas a los indicadores actuales de calidad democrática:
1-     Soberanía: tal como proponen D. Levine y J. E. Molina (2007)[2] en América Latina el problema de la injerencia de fuerzas ajenas a los representantes en la política pública ha tenido dos variantes:
  • Con respecto a potencias extranjeras: la política económica ha estado, en muchos casos, supeditada a las organizaciones internacionales controladas por los países acreedores a cambio de refinanciamiento. En este sentido, consideramos que el monto y la duración de los empréstitos tomados deben ser ponderados a la hora de establecer un índice de soberanía.
  • Con respecto a FF.AA.: el análisis de las relaciones entre el poder civil y el militar, es decir en qué medida los gobiernos elegidos están sometidos o no a la influencia de los militares sobre sus decisiones políticas.
Cabe aclarar que uno de los indicadores ponderados para el índice de The Economist es la pregunta sobre “La influencia de potencias extranjeras en el gobierno”, sin embargo no se desprende de un dato cuantitativo del monto de deuda en relación al PBI y omite el rol de las fuerzas de seguridad, que han tenido un papel protagónico en las dictaduras latinoamericanas.
2-   Enlightened understanding[3] (comprensión ilustrada): del mismo modo que la igualdad política formal (voto individual) es considerada un requisito mínimo de la democracia, la igualdad política, de hecho, debería de garantizar una equitativa distribución de recursos cognitivos en la población. Este concepto consta de dos variables:
  • Información: la socialización de la información, su acceso, producción, diversidad, pluralidad de voces, propiedad de medios de comunicación, presencia o ausencia de leyes que regulen y tiendan a monopolizar la concentración mediática y el grado de acceso al derecho digital (acceso a internet), ya incorporado por la ONU como derecho humano.
  • Educación: la segunda se fundamenta en el efectivo acceso a la educación, partiendo de la premisa de que los ciudadanos dispongan de las herramientas cognitivas para tomar decisiones libres. En este sentido entendemos que el analfabetismo constituye un impedimento al goce de una ciudadanía plena, por lo que deben tomarse en cuenta el porcentaje de población con sus estudios mínimos cubierto y la gratuidad o mercantilización de la educación superior.
3-     Accountability (responsabilidad): en este aspecto el foco se centra en el mecanismo de controles y puede ser desglosado en tres dimensiones:
  • Responsabilidad horizontal: el control institucional a funcionarios públicos (electos o designados), con su correspondiente rendición de cuentas y posible sanción, por parte de las agencias de control. Si bien la responsabilidad formal se encuentra institucionalizada mediante los distintos procedimientos de control de poderes, se han observado fenómenos recientes que no han sido reflejados en estos indicadores, como la judicialización y la parlamentarización de la política. Actualmente, los indicadores internacionales no han podido dar cuenta de estos desajustes ya que se da por sentado que el exceso de atribuciones estaría –exclusivamente- dado por el avasallamiento del Ejecutivo
  • Responsabilidad vertical: (del Gobierno hacia la ciudadanía) desde el análisis del politólogo argentino, Guillermo O´Donnell, este tipo de responsabilidad es exigida por los ciudadanos principalmente mediante las elecciones o referendos revocatorios que pueden ser foros e instrumentos para evaluar y sancionar a los funcionarios.
  • Responsabilidad social/societal: adherimos también al concepto de accountability social, incluido en los indicadores propuestos por Levine y Molina (2007) y conceptualizado por Catalina Smulovitz y Enrique Peruzzotti[4]. Se trata de un mecanismo no electoral, pero vertical, de control de autoridades políticas, para lo cual se emplean herramientas institucionales y no institucionales. Es decir, por un lado, la activación de demandas legales o reclamos ante agencias de control (recursos institucionales) y, por otro, las movilizaciones sociales y la acción de los distintos movimientos (contra violaciones a derechos humanos, contra la corrupción, etc.) dirigida a movilizar la opinión a fin de ejercer presión pública para que se juzgue y sancione a funcionarios (no institucionales), cuya efectividad se basa en sanciones simbólicas. La represión de la protesta social y el asesinato de líderes sociales deben ser tenidos en cuenta a la hora de analizar la canalización de las demandas.
4-  Responsiveness (respuesta a la voluntad popular): esta arista de la calidad democrática intenta dar cuenta del grado de consonancia o desfasaje entre la opinión pública, la acción de los líderes y las políticas públicas[5]. Para ello, los distintos recursos –y su frecuencia- de iniciativas populares de ley, revocación del mandato, referendos y los presupuestos participativos, son clave. Asimismo, vale la pena distinguir entre la legitimidad de origen y la legitimidad de gobierno, es decir, el grado en que los ciudadanos se encuentran satisfechos con el mandatario (en el caso de que se trate del compañero de fórmula pero no expresamente electo para el cargo, como en Perú y Brasil) y el grado de satisfacción con las políticas llevadas a cabo (como en Argentina, Ecuador y Brasil, cuyos nuevos gobiernos han puesto en marcha un cambio de rumbo con respecto a las expectativas de sus electores).
5-  Reducir la discrecionalidad de los índices realizados por expertos: en el ejemplo del índice realizado por The Economist, la mayoría de las respuestas corresponden a “evaluaciones de expertos”, sin embargo es notable que dicho informe no brinda mayores precisiones acerca de ellos, ni de su cantidad, ni si son empleados o catedráticos independientes, así como tampoco acerca de su nacionalidad, currículo o ideología. Para evitar esta opacidad debería detallarse minuciosamente la lista de expertos, buscando representar pluralidad y diversidad de enfoques. Asimismo, la mayoría de los indicadores en su desarrollo histórico ha sido de carácter cualitativo, por lo que comenzar a incorporar el aspecto cualitativo y lograr una adecuada triangulación de métodos continúa siendo un desafío por delante.
6- Representación: la representación suele reducirse a la cantidad de votantes efectivos sobre el total de inscriptos/aptos para ejercer el sufragio; sin embargo, es importante rescatar el grado de participación de la ciudadanía en otras instancias para que la definición no sea meramente delegativa.
En primer lugar, un sistema democrático reviste a los partidos políticos de una importancia significativa, dado que a través de ellos la ciudadanía participa directa o indirectamente en la elección de las autoridades gubernamentales. De este modo, el sistema y el grado de afiliación a los partidos políticos sirve como indicador de la representación efectiva de los ciudadanos en un régimen democrático.
Por otra parte, cabe destacar que, recientemente, algunos Estados han incorporado en sus constituciones el principio de la plurinacionalidad. Se trata del principio político que permite aspirar al pleno ejercicio de los derechos de todas las naciones que existen dentro de un Estado. Este aspecto jurídico también debería ser valorado a la hora de evaluar el grado de representatividad.
Finalmente, la representatividad de las mujeres y las minorías étnicas, es decir ponderar si se cuenta con ley de cupos –transversal a los partidos políticos-, o si los mismos tienen una representatividad autónoma -en dicho caso, debería ser tenida en cuenta la representatividad sobre la población para evitar la sub-representación- y, por último, si el sistema carece de previsión legal para alcanzar la igualdad efectiva.

A modo de conclusión

A pesar de la notoriedad que el concepto de “calidad democrática” ha ido ganando a lo largo de los años, el grado de democraticidad es una cuestión compleja y no goza de un consenso elemental respecto a su definición. Dicho término puede asociarse a concepciones muy distintas de la democracia -y, por ende, de indicadores- y aún cuando se parta de una concepción similar de democracia puede acudirse a distintas dimensiones para analizar su nivel de calidad.
En primer lugar, desde una perspectiva meramente procedimental o formal; luego, entre quienes incluyen también la democracia sustantiva (el efectivo acceso a los derechos); y, por último, entre quienes además incorporan el análisis de los resultados, es decir, el grado de satisfacción de la ciudadanía. A pesar de que este último concepto ha sido denostado y es uno de los menos desarrollados por la teoría política -desde otras perspectivas se puede considerar que “un mal gobierno puede ser igualmente democrático”-  creemos que la satisfacción de los ciudadanos para con su gobierno es el verdadero sentido del término, por lo que hemos incluido indicadores pertenecientes a estas tres grandes dimensiones.
El objetivo de este artículo busca contribuir a la perfectibilidad de la investigación empírica sobre la calidad de la democracia, retomando distintos indicadores de “democraticidad”. Las dimensiones propuestas no son nuevas, sino que han sido desarrolladas por distintos autores que indagaron en los indicadores e introdujeron aspectos para perfeccionar los actuales. Con algunos ajustes, siguen siendo imprescindibles a la hora de abordar un estudio comparativo y, por lo tanto, no invalidan las herramientas hoy vigentes; más bien, intentan contribuir al debate para la mejora de las mismas.
[1] R. Dahl, Polyarchy, New Haven: Yale Universtiy Press, 1971
[2] http://www.redalyc.org/html/308/30804502/
[3] Íbid ant.
[4] C. Smulovitz y E. Peruzzoti, Societal Accountability in Latin America. Journal of Democracy, 2000
[5] F. Hagopian (2005) http://www.politicaygobierno.cide.edu/index.php/pyg/article/viewFile/309/219  y L. Diamond y L. Morlino (2004) https://www.researchgate.net/profile/Leonardo_Morlino2

Che: vigencia de su pensamiento



I
La mitificación que sobre la figura de Ernesto Che Guevara recae, ha generado la divulgación generalizada de su imagen como un ser fetichizado, pues se exaltan aspectos de su personalidad al tiempo en que se ocultan otros, para la industria controlada por el capital, su imagen es un producto más, explotable carente de su valor real, pero también, dentro de la propia izquierda, o mejor dicho, de las izquierdas, su nombre representa una diversidad, quedando en el olvido, sus postulados y principios concretos, que lo llevaron a entregar su vida por la humanidad, siguiendo la causa revolucionaria, su ideales de hacer realidad el sueño martiano y bolivariano de una América unida, mediante la indispensable desaparición del sistema capitalista, para la instauración del socialismo como proyecto para la mejora de la condición humana, sus postulados marxistas y sus aportaciones al pensamiento latinoamericano antiimperialista y socialista, son una fuente de conocimiento que ha pasado la suerte inconclusa de ser analizados hasta cierta medida, quedando aún, pendientes muchos aspectos, las voces que han dado lugar a su divulgación y estudio, han puesto los cimientos en una tarea que ahora que se cumplen cincuenta años de su asesinato en Bolivia, alcanza vigencia más urgente, pues la agudización de las contradicciones sistémicas, entre las potencias económicas como al interior de las sociedades, se expresan de manera mucho más violenta y devastadora para el porvenir de la humanidad.
II
El estudio del marxismo latinoamericano es un pendiente en las academias de ciencias sociales, dominadas por las modas y los prejuicios, se alejan de las aportaciones autóctonas de Nuestra América, dando lugar a las corrientes extranjeras y en los últimos tiempos; posmodernas, pero también lo es, en el seno de los movimiento sociales. La disputa dentro del campo de las ideas por la hegemonía, es controlada en la mayoría de casos por la ideología del capital, aceptando como verdades las falacias del fin de las ideologías y de manera velada el de la historia, ante este panorama, se justifican de no contemplar para su estudio al marxismo, y mucho menos, su interpretación y actualización realizada desde nuestra patria grande, nombres como José Carlos Mariátegui, Julio Antonio Mella, José Revueltas, Roberto Fernández Retamar, Fidel Castro, y desde luego; Ernesto Che Guevara, son olvidados u ocultados de manera abierta y descarada, para en su lugar, utilizar ideólogos a modo, menos profundos, o definitivamente, simples repetidores de la hegemonía cultural del capitalismo.
III
Los contextos donde surge, las raíces que lo nutren, sus interpretaciones heterodoxas de la realidad, su confrontación con las hegemonías tanto imperialistas como del propio movimiento revolucionario, hacen del marxismo latinoamericano una ventana de la filosofía surgida como respuesta a la dominación, explotación y marginación, tanto intelectual como material, que se ha vivido y vive aún, en nuestros países hermanados por la historia y la cultura, es en ese marco, en el del movimiento filosófico y político, donde tiene su nacimiento, el pensamiento revolucionario del Che, un hecho concreto que se niega para dar lugar a la idea de un idealismo especulativo, con el fin de denostar o rebatir la profundidad de las reflexiones guevaristas, pero contrario de lo que se divulga en las copulas del poder, la verdadera raíz de los ideales, conceptos y reflexiones del Che, surgen de la realidad concreta latinoamericana, y se nutren del contacto del Che con esta misma realidad, es decir, no son formulaciones de escritorio, son miradas directas y palpables de la explotación, la marginación y la permanente negación de la vida humana, que desde tiempos de la conquista se padece en nuestra Patria Grande. El Che conoció la América nuestra, la hizo suya, se convirtió en un “Soldado de América”, y encamino su praxis a la transformación de la realidad para el mejoramiento humano, su obra intelectual está ligada con sus pasos en la vida, su vigencia tiene origen ese mismo hecho, en el trágico acontecer continúo de la agonía humana en el seno del capitalismo.
IV
La travesía en dos viajes que realizó el Che por Suramérica y Centroamérica, previa a su incorporación definitiva a la causa revolucionaria en Guatemala, le permitieron entender de manera directa, los padecimientos de obreros, campesinos, indígenas, mujeres y hombres, confinados en los rincones más recónditos de la geografía nuestra (esos mismos rincones a los que jamás llegaran quienes hoy niegan su vigencia y aportaciones), ahí también, en medio del olvido histórico a los vilipendiados, se reafirmó en el Che, algo que lo distinguió desde su juventud; su pación por la lectura. Los libros que fue encontrando o le fueron proporcionados por quienes convivieron con él en estos dos viajes, abrieron su pensamiento hasta alcanzar la confirmación de su tendencia socialista y marxista, hecho que el mismo Che reconoce en distintas cartas enviadas durante su derrotero a su madre, en esas misivas, hablaba del estudio de obras y lectura de autores, sobresaliendo Marx y Engels, además, de libros como Siete ensayos de la interpretación de la realidad peruana de Mariátegui, textos que concretarían su formación con su accionar en los movimientos emancipatorios como el cubano, el Che se formó como marxista lejos de las aulas y en directa convivencia con la realidad estudiada, su praxis le dio las bases para la comprensión de las necesidades de Nuestra América.
V
Hace cincuenta años lo asesinaron, lo pretendieron desaparecer, aniquilar su ejemplo y su virtud, lo convirtieron en mercancía, una moda, un fetiche, pero se olvidaron que en cada uno de los marginados, de los vilipendiados, de los explotados, olvidaron que en cada indígena discriminado, en cada campesino despojado, en cada obrero (mujer y hombre) explotado, en la juventud que se rebela, en la madurez que persiste, en cada rincón del mundo en resistencia, Ernesto Che Guevara, nace y renace, cada día más fuerte, más revolucionario y mucho más vigente que nunca.
Cristóbal León Campos es integrante del Colectivo Disyuntivas