EL ANALFABETA POLÌTICO
El peor analfabeta es el analfabeta polìtico èl no oye, no habla ni participa en los acontecimientos polìticos.
No sabe que el costo de la vida, el costo de los frijoles, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado y de las medicinas, dependen de las decisiones polìticas.
El analfabeta polìtico es tan animal que se enorgullece e hincha el pecho al decir que odia la polìtica.
No sabe el imbècil que de su ignorancia polìtica, proviene la prostituta, el menor abandonado, el asaltador y el peor de todos los bandidos que es el polìtico aprovechado, embaucador y corrompido lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.  Bertolt Brecht..

domingo, 17 de octubre de 2010

"La nueva era" del "piso norte" medio oriental, según el británico A. Crooke


Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme

Antecedentes:

Alastair Crooke, anterior espía del MI6 adscrito a Medio Oriente, es diplomático tanto de Gran Bretaña (GB) como de la Unión Europea (ex asesor del español Javier Solana), dirige el Foro Conflictos (con sede en Beirut) y es autor del libro Resistencia: la esencia de la revolución islamista.

Hechos:

Guste o disguste, su punto de vista goza de influencia focalizada en los círculos europeos de toma de decisiones. En su reciente ensayo, Las arenas movedizas del poder estatal en Medio Oriente (The Washington Quarterly, julio 2010), evoca la dinámica de la nueva era naciente en la región y su consecuente correlación de fuerzas, que coincide con la geopolítica de nuestro nuevo orden pentapolar medioriental (Radar Geopolítico, Contralínea, 1/11 y 20/12/09).

A Obama le tocó lidiar en la nueva era medio oriental con las consecuencias de tres eventos nodales que acontecieron en la región hace más de 20 años, según Crooke: 1) implosión de la URSS, 2) derrota de Irak en 1991 como resultado de la primera guerra del golfo Pérsico, y 3) derrocamiento de la doctrina Ben Gurion en Israel en 1992 (Nota: debido al rechazo árabe a su presencia, Israel se debía aliar a su periferia no árabe: Irán, Turquía, Etiopía, etcétera), que comporta como correlato el descarrilamiento de la doctrina Rabin (paz por tierra) por la neocolonización de la dupla Netanyahu-Lieberman de los territorios palestinos ocupados.

No viene al caso demoler la muy endeble tripleta de causales de Crooke, la cual (en) marca tendencias, más que hitos significativos.

Curiosamente tales tendencias favorecieron el orden unipolar de Estados Unidos y ensoberbecieron a Israel: un país etnocrático, teocrático, racista y chovinista (Gideon Levy dixit) o, si mejor gusta, un Estado paria (Tzipi Livni dixit).

Crooke elude las cinco derrotas militares de Estados Unidos y sus aliados Georgia e Israel desde 2001 y se pasa por el arco del triunfo tanto el unilateralismo de los conservadores straussianos –que manejaron la agenda de la dupla Cheney-baby Bush y concretaron una santa alianza con el fundamentalismo hebreo de Bibi Netanyahu– como la guerra global contra el terrorismo islámico a raíz del 11/9.

Mejor nos centramos en la consecuencia mucho más creativa que evoca: los viejos aliados de Estados Unidos en el piso sur, específicamente Egipto y Arabia Saudita, probablemente tengan menos influencia en el futuro frente al ascenso del piso norte, configurado por Turquía, Irán, Qatar, Siria y posiblemente (sic) Irak y Líbano (extensivo a una amplia coalición con África del norte), y que representa el naciente eje de influencia en la era regional por venir, sin una guerra de por medio.

Una guerra de Estados Unidos y/o Israel definiría otra cartografía en consecuencia de su resultado.

Muy condescendiente con Estados Unidos, a quien critica su ingenuidad maniquea, a Crooke no le perturba el ascenso del piso norte, donde llama la atención la incrustación de Qatar (país más sureño que norteño del golfo Pérsico) cuando la absorción tanto de Irak como de Líbano está asegurada bajo el condominio sirio-iraní y la tácita anuencia de Turquía, potencia sunnita respetable como miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

La prospectiva de la lucha será amarga y definirá el futuro regional y la configuración del Islam estrechamente interconectado con el balance del poder.

En paralelo al ascenso del piso norte, Crooke apuesta al éxito de la orientación chiíta y del sufismo turco a expensas del Islam literal, dogmático e intolerante del salafismo sunnita de Arabia Saudita.

Crooke pregunta si Estados Unidos se puede acomodar a los cambios.

Alega que, a diferencia del lapso 1821-1922 de intervención colonial, por primera vez en varios siglos, esta vez los poderes externos no acudirán a llenar el vacío. Tampoco habrá intervención china o rusa. China y Rusia jugarán su parte como socios, no como poderes. ¿Será?

Aduce que la implosión de la URSS y la derrota de Irak levantaron las restricciones tradicionales a la influencia de Irán. Asevera que la derrota de Irak aseguró el ascenso de Irán a la preminencia regional. ¿No fue, entonces, la derrota de la dupla anglosajona en Irak?

Afirma que ni el poder económico de Irán ni su programa nuclear son la causa primaria del cambio del poder en la región, sino su arsenal militar convencional (¡súper sic!), que ha combinado con sus aliados regionales (Siria, Hamas y Hezbollah) y ha inclinado el equilibrio al actuar como restricción a la libertad de acción militar de Israel, como reconocen los funcionarios israelíes.

¿Dónde queda el mito de las armas nucleares de Irán que todavía no posee?

Analiza a los supuestos miembros del piso norte que han establecido un pragmatismo multidimensional de intereses convergentes y arguye que “el ascenso de Irán y Turquía, más o menos a expensas de Egipto y Arabia Saudita, y el descarrilamiento de la doctrina Rabin conforman la plataforma para el regreso de Siria (….) como figura principal en una nueva alianza regional”.

El nuevo poder del piso norte, primordialmente el triunvirato TIS (Turquía, Irán y Siria), radica en tres consideraciones: 1) su predicción de que la invasión de Estados Unidos (Nota: ¿dónde deja la de Gran Bretaña?) no sería un éxito (Nota: hasta Bajo la Lupa lo predijo), 2) la desestabilización del avispero de los kurdos en Turquía, Irán y Siria, y 3) la creencia en que el conflicto palestino-israelí puede ser solamente resuelto en forma integral con la participación de Irán, Siria y Hamas.

Crooke escribe el piso norte con la letra N del gasoducto Nabucco, que transportará gas de Azerbaiyán a Europa central y probablemente (¡súper sic!) desde el gigante campo Pars Sur de Irán a Europa a través de Turquía. En caso de ser completado, ofrecerá a Europa central la seguridad energética que busca desde hace tiempo. La red Nabucco puede incluir gas (sic) iraquí, que pasaría de Siria a Turquía.

¿Es el gas, en el que naturalmente participarían las trasnacionales depredadoras británicas, el que aporta su cohesión adicional al triunvirato TIS del piso norte?

Crooke no lo oculta: el abastecimiento de gas natural a los europeos probablemente eclipse la importancia del petróleo tradicional como la piedra de toque de la política de Medio Oriente, lo que mueve el centro de gravedad al piso norte con mayor probabilidad.

Nabucco, todavía en cortedad de abastecedores creíbles, fue concebido para aminorar la alta dependencia de Europa al gas ruso y se ostenta como el rival del gasoducto Corriente sur de Gazprom.

¿Aceptará Irán a Nabucco?

¿Se encuentra Nabucco detrás del relativo distanciamiento de Rusia e Irán?

Conclusión:

Mediante la red Nabucco, ¿apuesta Gran Bretaña al gas de Irán (la segunda reserva global) y Qatar (la tercera) –principales integrantes energéticos del piso norte–, mientras Estados Unidos se encuentra paralizado con el petróleo de Arabia Saudita, alma del piso sur a la que Londres probablemente busque sacrificar petrolera y teológicamente?

¿Propone Gran Bretaña el trueque del gas de Irán por el petróleo de Arabia Saudita?

Además del apaciguamiento de los kurdos, resalta que la jugada magistral de Irán resida en su alianza con Turquía, que le concede salida a los mares Negro y Mediterráneo a cambio de su abastecimiento de gas persa, con o sin Gran Bretaña.