Somos un Colectivo que produce programas en español en CFRU 93.3 FM, radio de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, comprometidos con la difusión de nuestras culturas, la situación social y política de nuestros pueblos y la defensa de los Derechos Humanos.

miércoles, 2 de agosto de 2017

México y Venezuela: la diferencia entre dictadura y contrarrevolucion


La digna voz

Para Rubén Espinosa y Nadia Vera (In Memoriam)

México y Venezuela atraviesan un período de intensa crisis política. Eso nadie lo puede objetar. Lo que sí es objeto de discusión es la génesis o causa de esa crisis. Y es allí donde el analista y el público deben concentrar la atención.
Con frecuencia se dice que el problema en México es de carácter extrainstitucional; es decir, que la causa de la crisis es el narcotráfico (entendido como un agente extraño a las instituciones). Esta consigna admite matices, y generalmente acaba reconociendo que se trata de un problema que entraña “complejidad”, no sin deslizar los argumentos hacia una neutralidad inocua. En el caso de Venezuela, y sólo con escasas excepciones, las opiniones (sólo eso, “opiniones” desprovistas del imperativo de la evidencia empírica) profesan a ultranza la univocidad: todas coinciden en resaltar la responsabilidad primordial de un “gobierno autoritario” que lacera al país, dirigido por el “dictador” Nicolás Maduro. Esta consigna no admite concesiones, e irreductiblemente acaba por alentar la primitiva idea de que el problema es de una sola variable, cuya única solución es el derrocamiento por la fuerza (para la “oposición” venezolana eso significa “democracia”).
Y como el léxico es absolutamente determinante en el campo de la lucha política, cabe hacer acá algunas apreciaciones, sostenidas en hechos susceptibles de comprobación.
México es una dictadura a su modo. Una “nueva dictadura”, advierte el poeta Javier Sicilia, líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Y no es la única ocasión que alguien lo dice públicamente. Los resultados de la guerra contra el narcotráfico permiten hacer esta conjetura; y más de una organización civil comulga con el testimonio de Sicilia. En enero de 2016, Estela de Carlotto, presidenta de la organización argentina Abuelas de Plaza de Mayo, declaró, durante la presentación de un reporte de Amnistía Internacional, que “el narcotráfico es la dictadura de México”. Y agregó: “México nos duele, es el dolor de América Latina que aún tiene abierta la herida de los años más sangrientos de nuestra historia reciente”.
La hipótesis de que el narcotráfico es la dictadura en México se sostiene en indicadores que reproducen el comportamiento de las dictaduras militares en Sudamérica. Por ejemplo: las desapariciones forzadas, la tortura atribuida a efectivos militares, el encarcelamiento de opositores políticos, la eliminación física de estudiantes-defensores de derechos humanos-periodistas, y la multiplicación de ejecuciones sumarias extrajudiciales. En suma, un conjunto de acciones que por definición perfilan y constituyen una dictadura. (Glosa marginal: en mayo del año en curso, el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, presentó un informe que reporta que México es el segundo país más violento del mundo, sólo detrás de Siria).
De acuerdo con Amnistía Internacional, más de 30 mil personas han sido desaparecidas desde 2006 en México. Organizaciones civiles estiman que se trata por lo menos del doble (60 mil desapariciones). En relación con esta modalidad de crimen, se calcula que cerca de 78 por ciento involucra a agentes estatales, lo que configura desaparición forzada, y, por consiguiente, crímenes de lesa humanidad. Amnistía Internacional destaca que “sólo se han dictado siete condenas a escala federal por desaparición forzada, todas ellas entre 2005 y 2010” ( La Jornada 25-II-2015). Prácticamente un 100 por ciento de impunidad.
Sobre Venezuela, la prensa hegemónica nunca acude a ese indicador, acaso porque allí la estadística es incluso menor a la de algunos países desarrollados. Cabe destacar que antes de la llegada de Hugo Chávez al poder, en ese país se registraron más de 10 mil personas desaparecidas. Y desde el inicio de la Revolución Bolivariana hasta 2013, la organización Provea tan sólo recopiló 114 casos de desaparición ( El Universal 30-IV-2015), en las que, por cierto, no está probada la participación de agentes estatales en la comisión de esos delitos. Por añadidura, cabe recordar que, tras la promulgación de la Constitución Bolivariana en 1999, por iniciativa del comandante Hugo Chávez, “Venezuela se convirtió en el primer país de América Latina en calificar la desaparición forzada como un delito de lesa humanidad” ( Correo del Orinoco 21-I-2017).
También en materia de tortura, la incidencia en México es alarmante. En octubre de 2015, Amnistía Internacional condenó la virulencia de ese delito en el país: “La epidemia de tortura en México ha alcanzado niveles catastróficos” (La Jornada 23-X-2015). Y advirtió que lo más preocupante es la rutinaria participación de la fuerza pública en la violación de un derecho humano básico (i.e. anulación de toda protección jurídica del detenido). Según datos de la Procuraduría General de la República, el número de denuncias por tortura a nivel federal aumentó más del doble entre 2012 y 2014, ya que registró un aumentó de mil 165 a 2 mil 403.
Sobre los presuntos casos de tortura contra “opositores” en Venezuela, Luis Hernández Navarro recoge un episodio ilustrativo: “Durante meses, Lilian Tintori aseguró que se su esposo, Leopoldo López, estaba siendo torturado en prisión. Incluso se dijo que había fallecido. Multitud de medios dieron por buena esta versión sin corroborarla. Sin embargo, cuando el pasado 8 de julio López pasó a prisión domiciliaria, parecía más un instructor de fisicoculturismo que un reo martirizado” ( La Jornada 25-VII-2017). Por cierto, el pasado abril, la Corte Penal Internacional (CPI) desechó la denuncia por supuestas torturas sufridas por los hermanos Alejandro y José Sánchez, afiliados al partido derechista Primero Justicia, y detenidos el jueves 13 de abril ( Telesur 19-IV-2017).
De acuerdo con cálculos del senador Alejandro Encinas, en México suman alrededor de 800 presos políticos. Elena Arzaola, investigadora de l Centro de Investigación y Estudios en Antropología Social (CIESAS) estima que “cuatro de cada 10 presos en México están en la cárcel sin sentencia” ( La Opinión 22-III-2016).
Hasta antes de la escalada de violencia opositora en Venezuela en abril de este año, la propia Organización de Estados Americanos (OEA) reconoció que en ese país había 117 presos políticos, no pocos de ellos acusados por delitos graves que tienen poca o nula relación con un quehacer político legítimo. Entre ellos, el tristemente célebre Leopoldo López, actualmente libre, pero inhabilitado políticamente por hechos de corrupción, vinculado a instituciones financiadas por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), y responsable confeso de acciones desestabilizadoras. El repunte del terror inoculado por la derecha en las calles de Venezuela elevó la cifra de detenidos a 359 ( El Nacional 17-VI-2017). Pero difícilmente alguien puede argüir que se trate de “presos políticos”.
A propósito de persecuciones políticas, en México la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas sigue impune. La singularidad de este delito de lesa humanidad es que involucró a la totalidad de las instituciones de Estado: fuerza pública, corporaciones policiales, instituciones de justicia, partidos políticos, y los tres niveles de gobierno (municipal, estatal y federal). Toda una extraordinaria acción concertada para la comisión material del crimen, y la ulterior operación de ocultamiento, con el único propósito de proteger los negocios del narcotráfico. Ayotzinapa encierra una verdad políticamente inconfesable: que México es una narco dictadura.
También en Venezuela persiguen y matan bestialmente a civiles. Pero no es exactamente el gobierno el autor de esos crímenes. Otra vez Hernández Navarro relata un incidente representativo de la violencia en ese país: “Carlos Eduardo Ramírez salió a buscar empleo el jueves 18 de mayo. Alrededor de las 3 de la tarde caminaba por una de las calles cercanas a la estación del Metro de Altamira, en Caracas, cuando un grupo de unos 20 opositores al gobierno encapuchados lo abordó. De inmediato comenzaron a golpearlo con palos y piedras. Uno llevaba una pistola. ‘¡Mátalo, mátalo, mátalo! ¡Se tiene que morir ese chavista!’, le gritaron… Desde entonces, los enemigos de la revolución bolivariana no han parado de quemar a seres humanos por el delito de ser chavistas. Los fanáticos han prendido fuego a 19 personas, en su inmensa mayoría negros, pobres o funcionarios gubernamentales” ( Ibidem ).
México es uno de los peores países en el mundo para ejercer el periodismo. Hasta la fecha, hay registro de 123 periodistas asesinados desde el año 2000, y otros 25 están desaparecidos. “En la lista de los lugares más mortíferos para ser reportero, México está ubicado entre Afganistán, un país devastado por la guerra, y Somalia, categorizado como Estado fallido. El año pasado [2016] fueron asesinados once periodistas mexicanos, la mayor cifra durante este siglo” ( The New York Times 29-IV-2017). En México, “prevalece un 99.75 por ciento de impunidad en casos de violencia contra comunicadores” ( Telesur 3-V-2017).
De acuerdo con el balance cuatrimestral (enero-abril 2017) de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas de la Federación Latinoamericana de Periodistas, catorce periodistas fueron asesinados en cinco países de Latinoamérica: siete asesinatos ocurrieron en México, dos en, Perú, dos en República Dominicana, uno en Guatemala, uno en Honduras y uno más en Venezuela ( Resumen Latinoamericano I-IV-2017).
En el folio de Venezuela del sitio oficial de Reporteros Sin Frontera, las estadísticas de los últimos años sobre el periodismo en ese país registran: “cero periodistas muertos”; “cero periodistas ciudadanos asesinados”; “cero colaboradores muertos” (https://rsf.org/es/venezuela).
Cuando se le preguntó acerca de la crisis venezolana en la Conferencia de Seguridad de Aspen el pasado 20 de julio, el director de la CIA, Mike Pompeo, contestó: "Cada vez que tienes un país tan grande, y con la capacidad económica de un país como Venezuela, Estados Unidos tiene profundos intereses… Basta señalar que estamos muy optimistas de que puede haber una transición en Venezuela… Acabo de estar en Ciudad de México en Bogotá, la semana antepasada, hablando sobre este tema precisamente, intentando ayudarles a entender las cosas que podrían hacer para lograr un mejor resultado para su rincón del mundo y nuestro rincón del mundo (¡sic!)" ( El Nuevo Herald 26-VII-2017).
¿Está clara la diferencia entre una dictadura y una contrarrevolución?

Corrupción, lavado de dinero y el asesinato de Berta Cáceres


MACCIH investigará cuestionado proyecto “Agua Zarca” en Honduras
Rel-UITA

La Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH) anunció el 13 de julio que iniciaría una investigación sobre el financiamiento del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca y el otorgamiento de la concesión a Desarrollos Energéticos S.A. (Desa), por posibles actos de corrupción y lavado de dinero.

En conferencia de prensa, el portavoz de la MACCIH, Juan Jiménez Mayor, explicó que la investigación se llevará a cabo en colaboración con la Fiscalía Especial de Etnias y Patrimonio Cultural, y se enfocará en el análisis del proceso de otorgamiento de la concesión a la empresa impulsora del proyecto.

Asimismo, se investigará cómo Desa pudo obtener la autorización para operar y hasta firmar un contrato con la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (Enee) para la venta de energía, sin contar con una licencia ambiental ni haber consultado previamente a las comunidades indígenas lencas.

“¿Cómo se puede otorgar una concesión y (firmar) contratos sin que se haya hecho un estudio sobre el impacto ambiental que esta obra puede generar?”, se preguntó Jiménez.

También se examinará la legitimidad del rápido incremento de su capital social, que en tan sólo 5 años (2009-2014) pasó de 25.000 lempiras (1.300 dólares) a 381 millones de lempiras (18,2 millones de dólares). Más de 15 mil veces el capital inicial.

“Los delitos que se están investigando en este caso son abuso de autoridad, fraude y la posibilidad de lavado de activos. Podría haber la participación de funcionarios públicos y hay que ver también la responsabilidad de los representantes de la empresa”, dijo el vocero de esta instancia anticorrupción.

En octubre del año pasado, el ex viceministro de la Secretaría de Recurso Naturales y Ambiente Darío Roberto Cardona fue detenido por haber ampliado irregularmente la licencia ambiental del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca.

También fue detenido el anterior viceministro Jonathan Laínez, quien en 2011 autorizó el proyecto.

La MACCIH opera en Honduras desde abril de 2016 tras la firma de un convenio entre el gobierno local y la OEA[1.] Sin embargo, no goza de la misma autonomía, ni tiene el poder para investigar y perseguir penalmente los actos de corrupción de su homóloga guatemalteca CICIG[2].

La incomodidad del empresariado
El legado de Berta y la suspensión de Agua Zarca


La decisión de la MACCIH de iniciar una investigación generó una dura reacción del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep).

En un comunicado, Desa|Agua Zarca rechazó todos los señalamientos y negó cualquier vínculo con actos delictivos.

Asimismo, la cúpula empresarial aglutinada en el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) insinuó que Jiménez Mayor habría violado “el principio de presunción de inocencia y el respeto a las leyes vigentes”.

Graves anomalías e ilegalidades en el otorgamiento del permiso a Desa fueron denunciadas en diferentes ocasiones por la dirigente indígena Berta Cáceres, quien fue brutalmente asesinada el 2 de marzo del año pasado.

Tanto su familia como el Copinh[3] han señalado el vínculo que existiría entre su asesinato, la lucha contra el proyecto Agua Zarca y la denuncia de la existencia de una red de corrupción tejida alrededor de la aprobación de proyectos extractivos.

Una semana antes del anuncio de la MACCIH, el Banco Holandés para el Desarrollo (FMO) y el Fondo Finlandés para la Cooperación Industrial (Finnfund), principales inversores de Agua Zarca, hicieron pública la decisión de finalizar su relación contractual con Desa.

Un día después, la empresa de capital hondureño comunicó la suspensión indefinida del proyecto hidroeléctrico.

Para el Copinh, la salida de los bancos es el resultado de la lucha incansable en contra del financiamiento a proyectos que abiertamente violan los derechos de las comunidades lencas, y que son impuestos mediante el asesinato de líderes y lideresas como Berta Cáceres y Tomás García.

“Es una victoria de las comunidades organizadas en defensa de nuestros derechos”, señaló la organización indígena en el documento.

Notas

[1] Organización de Estados Americanos (OEA).
[2] Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).
[3] Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh).

Fuente: http://informes.rel-uita.org/index.php/sociedad/item/maccih-investigara-cuestionado-proyecto-agua-zarca
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La derecha y sus chivos expiatorios



Página/12

Cuando no se tiene razón, hay que apelar a los chivos expiatorios. La derecha lo ha hecho a lo largo del tiempo, desde el nazismo, pasando por la Guerra Fría, hasta llegar a hoy. Sin una agenda positiva para proponer y teniendo que esconder sus objetivos reales, la derecha se limita a crear y a incentivar a chivos expiatorios que habría que combatir.
Hoy se trata de enarbolar el fantasma de la inflación y de la corrupción. La confluencia de ambos resulta en la demonización del Estado, al que se responsabiliza tanto por la inflación como por la corrupción.
Estos son los chivos expiatorios actuales del neoliberalismo para intentar hacer pasar su modelo basado en los sacrificios de la gran mayoría de la población y de ganancias para los bancos. Se trata de construir enemigos imaginarios que desvíen la atención de los problemas reales de nuestras sociedades. En cualquier esfera de actuación, apelar a los chivos expiatorios sirve para desplazar los términos reales del debate. Las justificaciones para una mala gestión, en cualquier ámbito, pueden consistir, en conducciones burocráticas, en buscar a alguien o a algo que ha frustrado las buenas intenciones y los nobles objetivos de una gestión. Es más fácil quitarse responsabilidades encontrando responsables externos, ajenos a los encargos de quien dirige, apuntando el blanco de los ataques a quien lo precedió en la gestión, incluso en tiempos lejanos, en lugar de enfrentarse a sus propios errores y fracasos.
La derecha suele actuar de esa forma, aunque conducciones burocráticas de distintas instancias puedan apelar a los chivos expiatorios, cuando se ven enfrentados a sus propios errores. EE.UU. es campeón en construir enemigos externos para galvanizar las fuerzas internas y sus aliados internacionales en combates ilusorios, que camuflan sus reales intereses y objetivos.
El fantasma del “comunismo” tuvo ese rol en todo el período histórico de la Guerra Fría. Terminado el período, con su victoria, pasó a buscar nuevos chivos expiatorios, considerando el tráfico de drogas como posibilidad, hasta que pasó a centrarse en la lucha en contra del terrorismo. Es un blanco en el que tratan de combinar con el islamismo, para darle una cara más visible. Pero ese blanco no es suficientemente abarcador para permitir al país líder del bloque imperial desplegar todas sus fuerzas y atacar a sus enemigos reales. En la lucha en contra de la expresión más fuerte del terrorismo, el autoproclamado Estado Islámico (EI), EE.UU. tiene muchas dificultades, sea porque sus mayores aliados en Medio Oriente, liderados por el gobierno de Arabia Saudita, apoyan activamente al EI, sea porque el país que actúa de forma más eficiente en esa lucha en la región es Rusia y no los EE.UU.
Sin embargo, construir chivos expiatorios y utilizarlos en la lucha política es un arma de corto alcance y de corta duración. La realidad es implacable frente a esas construcciones ilusorias. Nadie fue más chivo expiatorio en la historia latinoamericana que Perón. Que, sin embargo, volvió al gobierno en los brazos del pueblo. Tantos otros fueron y son utilizados como chivos expiatorios.
El mismo populismo es un fantasma creado por los liberales y por la derecha en general, sin defensa frente a políticas que atienden las necesidades profundas del pueblo. ¿Que pasó con los que han hecho carrera política en el combate y en la proscripción de Perón y qué lugar reservan la historia y el pueblo argentino a unos y a otro?
En su último viaje al exterior, a Buenos Aires –donde me dijo que iba a “sufrir una semanita”, como forma de expresar todo lo que iba a disfrutar–, Marco Aurélio García hizo la analogía de que en la memoria del pueblo brasileño Lula está definitivamente presente como Perón y el peronismo están presentes en la memoria del pueblo argentino. El que hayan hecho de Perón el chivo expiatorio mayor, para practicar sus políticas antipopulares y antinacionales, solo contribuyó a que Perón se entronizara eternamente en la historia y en la memoria del pueblo argentino. Igual que los ataques y, ahora, la condena a Lula, no ha afectado para nada su prestigio y su popularidad en Brasil.
Los chivos expiatorios y los infelices que los han creado y alimentado pasan, la memoria de los pueblos y la misma historia siguen adelante.

La foto de un atentado terrorista en Caracas que convierte en represor a la víctima



La mayor parte de los medios de comunicación españoles han utilizado la violencia durante la jornada electoral en Venezuela para cargar contra "la represión del régimen de Maduro", a pesar de que se trataba de ataques de los grupos de encapuchados que colaboran con las marchas opositoras.
Las llamas rodean a varios policías tras el atentado de este domingo. - REUTERS
Las llamas rodean a varios policías tras el atentado de este domingo. - REUTERS
Este domingo fueron las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente en Venezuela. Entre las numerosas acciones violentas de la oposición que intentó boicotear las votaciones destacó una bomba incendiaria detonada al paso de varios efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en Caracas. Una explosión que provoca siete agentes heridos y que nadie hubiera dudado en calificar de atentado terrorista en cualquier lugar del mundo.
Pero en los medios españoles, en plena campaña contra el gobierno de Maduro, hasta el punto de que llevan semanas silenciando las acciones terroristas de los manifestantes opositores, incluidos los asesinatos de simpatizantes del gobierno que han sido quemado vivos, convierten la espectacular foto del atentado en una acusación de represión contra el gobierno.
Es el mundo al revés, el gobierno que convoca unas elecciones es acusado de dictador y la foto de un atentado terrorista contra él se presenta en portada de periódicos como la prueba de su represión.
Repasemos los ejemplos de las portadas de la prensa escrita en España:
Portada ABC
Portada ABC: “Maduro encubre con violencia y represión el fracaso de su constituyente”
Portada El Mundo
Portada El Mundo: “Maduro perpetra su golpe”
Portada La Razón
Portada La Razón: “Baño de sangre en el 'Madurazo'”
Portada La Voz de Galicia
Portada La Voz de Galicia: “La votación golpista de Maduro desata la violencia en Venezuela”
Portada Heraldo de Aragón
Portada Heraldo de Aragón: “Maduro reprime el boicot electoral de la oposición”
Portada El Norte de Castilla
Portada El Norte de Castilla: El pie de la foto ignora que es un atentado con la policía y que fueron heridos siete de ellos, se limita a decir que pasaban por allí. “Policías motorizados pasan al lado de una explosión en Caracas”
Los agentes de policías de un gobierno legítimo sufren un atentado con bomba y la prensa española lleva la foto a la portada para hablar de “violencia y represión” del gobierno, “baño de sangre” provocado por el presidente, las votaciones son “votación golpista” y “desata la violencia”. Y la policía no sufre un atentado, simplemente pasó por al lado de una explosión. Hemos llegado al punto en que acercarse a un quiosco de prensa es alejarse de la verdad de lo que sucede en el mundo. 

Venezuela y la Asamblea Nacional Constituyente: ¿poco o mucho?



Pocas veces se celebraron elecciones en un contexto tan signado por la violencia como las de este domingo pasado en Venezuela. Hay pocas experiencias similares en el Líbano, Siria e Irak. Tal vez en los Balcanes durante la desintegración de la ex Yugoslavia. Dudo que en algún país europeo o mismo en Estados Unidos se hubiera celebrado elección alguna en un contexto similar al venezolano. Por eso que algo más de ocho millones de personas hayan desafiado a la derecha terrorista con sus sicarios, pirómanos, saqueadores y francotiradores y concurrido a emitir su voto demuestra el arraigo del chavismo en las clases populares y, además, un valor a toda prueba para luchar por la paz y repudiar la violencia. Y cuando el CNE dice que votaron 8.089.320 personas es así nomás, doblemente certificado por la cédula electoral y el control de las huellas dactilares de cada uno de los votantes. Ese material está allí, sujeto a verificación por parte de la oposición o de observadores independientes, contrariamente a lo ocurrido con la pantomima electoral de la MUD el 16 de Julio que en una hilarante innovación en el arte y la ciencia de la política procedió a admitir votantes con o sin documentos, sufragar cuantas veces lo quisiera para luego quemar todos los registros una vez terminado el relampagueante recuento de los 7 millones y medio de votos que mienten haber recibido.
Pese a estos antecedentes el resultado de la elección a la Asamblea Nacional Constituyente fue tildado como fraudulento tanto por la derecha internacional, gubernamental o no, como por algunas sectas delirantes de la izquierda eternamente funcionales al imperialismo. Algunos ilustres gobiernos de dentro y fuera de la región: México, Argentina, Chile, Perú, Estados Unidos, Panamá , Colombia, Paraguay, Brasil, Canadá, España y Costa Rica  se apresuraron a declarar al día siguiente de la elección que no reconocerían la ANC surgida del voto ciudadano en Venezuela algo que, sin dudas, le quita el sueño al gobierno bolivariano y a millones de venezolanos abatidos por tan degradante noticia. Se comprende que aquellos gobiernos no puedan hacerlo porque tienen demasiadas preocupaciones en casa como para perder un minuto en reconocer la lección de democracia que el bravo pueblo venezolano ofreciera el domingo. México está azorado por el octavo periodista asesinado en lo que va del año, y sin nunca hallar al responsable amén de otras minucias como los 57 asesinatos por día registrados durante el 2016; el gobierno argentino por la muy probable derrota en el principal distrito electoral del país y una economía que no levanta vuelo; Chile, por la profunda deslegitimación de su sistema político y las protestas sociales que a diario conmueven las principales ciudades del país; Colombia, absorta en laatención de sus siete millones y medio de desplazados por el paramilitarismo y el narcotráfico; Paraguay por la penetración del narco en los distintos niveles de la administración pública; Brasil por el estercolero en que se ha hundido el conjunto de su dirigencia, para ni hablar del caos en que se encuentra Estados Unidos con un jefe de estado impredecible y veleidoso como pocos y una pobre España sumida ella también en la corrupción de sus ricachones, la putrefacción de la monarquía y el irreparable desprestigio de su clase política. Gobiernos excelsos que seguramente ignoran que el ex presidente de EEUU James Carter –no precisamente un chavista- aseguró que el sistema electoral de Venezuela era más confiable y transparente que el de Estados Unidos.
Pero, envalentonados por el apoyo de tan distinguidos gobiernos, los críticos de la revolución bolivariana no se arredran y levantan su dedo acusador señalando que el grado de participación en la elección de la ANC, 42 % del padrón electoral, fue muy bajo y mal puede avalar las pretensiones del oficialismo de legitimar su instalación en los próximos días. La prensa canalla, cuya misión excluyente es mentir y manipular con absoluta inescrupulosidad la conciencia pública, nada dice de las condiciones bajo las cuales las venezolanas y los venezolanos salieron de sus casas a votar. Peor aún, en su absoluta descomposición moral al diario El País, nave insignia del terrorismo mediático, se le olvidó que el 21 de Febrero del 2005 tituló “Sí rotundo a la Constitución Europea con una participación del 42 %” de los españoles, resultado obtenido en medio de un clima de total tranquilidad, sin guarimbas ni sicarios sueltos por las calles. Pero doce años más tarde lo que en España permitía hablar de un “sí rotundo” se transmutaba en una crítica por la “violencia y la abstención en la Constituyente de Maduro”. Nada dijo ese “house organ” del capital que su tan admirada Michelle Bachelet obtuvo la presidencia en 2013 en elecciones que contaron con la participación del 41.9 % de los empadronados, y que en las municipales de Chile del año pasado la participación fue menor aún: 34.9 %. O que en Colombia Juan M. Santos fue elegido en un balotaje con 47 % de concurrencia de votantes y que en el Referendo por la Paz, de comienzos del 2016 la participación para decidir un asunto tan crucial como ese fue de sólo el 38 %; o que Bill Clinton fue reelecto en 1996 en comicios en los cuales tomó parte sólo el 49 % de los registrados para votar y su sucesor, George W. Bush, en otros en los cuales participó el 50.3 %. ¡Y eso que lo que estaba en juego era nada menos que la presidencia de Estados Unidos!
En conclusión: excelente nivel de participación dadas las circunstancias y fracaso total de la estrategia de la derecha para sabotear la ANC. Esto seguramente redoblará el accionar de la fracción terrorista de la oposición cuyo desprecio por las reglas democráticas es incurable. Y eso que hay elecciones de gobernadores pautadas para diciembre de este año, y que en el año próximo tendrán lugar las presidenciales. Pero a esa “elite de forajidos”, como el laborista británico Harold Laski llamaba a la dirigencia fascista europea cuya descendencia hoy devasta Venezuela, esto no les interesa en lo más mínimo. Quieren acabar con el chavismo ya, apremiados por sus amos y financistas del norte, y para ello están dispuestos a hacer cualquier cosa, a violar cualquier norma ética. Le tocará a un relegitimado gobierno de Nicolás Maduro acabar sin más demoras con el ala terrorista de la oposición y recomponer el orden público y la vida cotidiana, sin lo cual será imposible relanzar el proyecto bolivariano.  

Los centros de poder del imperio: divisiones, indecisiones y guerra civil



Traducido del inglés para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Introducción
Una de las principales consecuencias de la presidencia de Donald Trump son las revelaciones que muestran las complejas fuerzas y relaciones que compiten en el mantenimiento y la expansión del poder global de Estados Unidos (el “imperio”).
Cuando se habla habitualmente del “imperio” no se es consciente de las interrelaciones y los conflictos existentes entre las instituciones encargadas de proyectar los distintos aspectos del poder político de EE.UU.
En este artículo analizaré las actuales divisiones de poder, los intereses y la dirección de las configuraciones de influencias en litigio.
Las fuerzas contrapuestas en la construcción del imperio
“Imperio” es un concepto muy engañoso en tanto que se supone que hace referencia a un conjunto de instituciones homogéneas, coherentes y cohesionadas que persiguen intereses similares. Lo cierto es que “imperio” es un término general simplista, que engloba un área enorme disputada por instituciones, personalidades y centros de poder, algunos aliados y otros cada vez más enfrentados.
Aunque hablar de “imperio” puede dar a entender que todos persiguen el objetivo general común de dominar y explotar los países, regiones, mercados, recursos y mano de obra elegidos, las dinámicas involucradas (la elección del momento oportuno y el foco de la acción) se ven determinadas por fuerzas contrapuestas.
En la coyuntura actual, las fuerzas contrapuestas han dado un giro absoluto: una de las configuraciones intenta usurpar el poder y derrocar a la otra. Por ahora, la primera de ellas ha recurrido a mecanismos judiciales, mediáticos y a procedimientos legislativos para modificar determinadas políticas. No obstante, bajo la superficie, la meta es destituir al enemigo en el cargo e imponer un poder rival.
Quién gobierna “el imperio”
Últimamente, es la autoridad ejecutiva quien gobierna los imperios. Puede tratarse de primeros ministros, presidentes, autócratas, dictadores, generales o una combinación de estos. En su mayor parte, los jefes del imperio se dedican a “legislar” y a “ejecutar” políticas estratégicas y tácticas. Cuando se produce una crisis, la autoridad ejecutiva puede ser cuestionada por el poder legislativo o judicial que se le opone y dicho proceso puede concluir con una destitución (un golpe de Estado blando).
Por lo general, las autoridades ejecutivas centralizan y concentran el poder, aunque puedan consultar, evadir o engañar a los principales legisladores o funcionarios judiciales. En ningún momento los votantes tienen nada que decir.
El poder ejecutivo se ejerce mediante ministerios o secretarías especializados: el Tesoro, Asuntos Exteriores (o Secretaría de Estado), Interior, así como las distintas agencias de seguridad. En la mayor parte de los casos, las diversas agencias compiten en mayor o menor medida por el presupuesto, los programas propuestos y el acceso a quienes ejercen el poder ejecutivo y toman las principales decisiones.
En tiempos de crisis, cuando el liderazgo ejecutivo entra en cuestión, esta jerarquía vertical se desmorona. Entonces surge la cuestión de quién gobernará y dictará la política imperial.
Con el ascenso de Donald Trump a la presidencia estadounidense, el gobierno imperial se ha convertido en un campo de batalla muy disputado, en el que compiten inflexibles aspirantes con la intención de derrocar al régimen democráticamente elegido.
Aunque sean los presidentes quienes gobiernen, en la actualidad toda la estructura del Estado está escindida en centros de poder antagónicos. En estos momentos todos aquellos que pretenden el poder están en guerra para conseguir estar al mando del imperio.
En primer lugar, el estratégico aparato de seguridad ya no está bajo control del presidente, sino que actúa en coordinación con los insurgentes centros de poder del Congreso, los medios de comunicación de masa adversos y las configuraciones de poder extragubernamental de los oligarcas (empresas, comerciantes, fabricantes de armas, sionistas y lobbies que defienden intereses específicos).
Algunos sectores del aparato del Estado y de la burocracia se dedican a investigar al ejecutivo, filtrando sin reservas informes perjudiciales a los medios, distorsionando, fabricando o magnificando incidentes. Están públicamente empeñados en un camino cuya meta es el cambio de régimen.
El FBI, la Seguridad Nacional, la CIA y otras configuraciones de poder están actuando como aliados fundamentales de los golpistas que buscan minar el control presidencial sobre el imperio. No hay duda de que múltiples facciones de las autoridades regionales están a la espera, observando con nerviosismo si el presidente cae derrotado a manos de estas configuraciones de poder rivales o sobrevive y purga a sus actuales directores.
Dentro del Pentágono podemos encontrar a los dos tipos de elementos, los que están a favor del poder presidencial y los que se le oponen. Algunos generales en activo se han aliado a los principales promotores del cambio de régimen, mientras que otros se oponen al mismo. Ambas fuerzas contendientes influyen en las políticas militares imperiales.
Los más visibles y agresivos promotores del cambio de régimen se encuentran dentro del ala militarista del Partido Demócrata. Están integrados en el Congreso y en alianza con los militaristas del Estado policial dentro y fuera de Washington.
Los golpistas han iniciado una serie de “investigaciones” aprovechando su presencia en las instituciones, para generar propaganda destinada a los medios de comunicación de masas y preparar a la opinión pública para que favorezca o al menos acepte un “cambio de régimen” extraordinario.
El complejo de congresistas y medios de comunicación del Partido Demócrata aprovecha la divulgación de determinados secretos de las agencias de seguridad de dudoso valor, incluyendo cotilleos obscenos, que pueden ser muy relevantes para el derrocamiento del régimen actual.
La autoridad imperial presidencial se ha escindido en fragmentos de influencia entre el aparato legislativo, el de seguridad y el Pentágono.
El poder presidencial depende del gabinete ministerial y de sus aparatos en su lucha implacable por el poder imperial, polarizando con ello el sistema político al completo.
El presidente contraataca
El régimen de Trump tiene muchos enemigos estratégicos y pocos defensores poderosos. Sus consejeros se encuentran sometidos a un continuo ataque: algunos han sido expulsados, otros están siendo investigados y tendrán que declarar a causa de escuchas de corte macarthiano y, por último, están los incompetentes y de segundo orden cuya principal virtud es la lealtad. Los ministros de su gabinete han intentado poner en marcha el programa defendido por su presidente, incluyendo la derogación de la desastrosa ley de Cuidados Asequibles de la Salud de Obama y la reducción de los sistemas regulatorios federales, todo ello con poco éxito, a pesar de que estos programas cuentan con el firme respaldo de los banqueros de Wall Street y los grandes grupos farmacéuticos.
Las pretensiones napoleónicas del presidente han sido sistemáticamente minadas por el constante menosprecio de los medios de comunicación de masas y la ausencia de apoyo de los ciudadanos de a pie una vez pasadas las elecciones.
El presidente carece de una base mediática que le apoye y tiene que echar mano de Internet y de mensajes personales al público, los cuales son inmediatamente criticados por los medios.
Los principales aliados del presidente se encuentran dentro del Partido Republicano, en mayoría en ambas cámaras, Senado y Congreso. Pero estos legisladores no actúan como un bloque homogéneo, pues los ultramilitaristas se unen a los demócratas para intentar su destitución.
Desde una perspectiva estratégica, todo señala un debilitamiento de la autoridad del presidente, a pesar de que su tenacidad de buldog le permita retener el control de la política exterior.
Pero sus declaraciones en esta materia se ven filtradas por unos medios de comunicación hostiles, que han conseguido definir a sus aliados y a sus adversarios, así como los fallos de algunas de sus decisiones.
La hora de la verdad llegará en septiembre
La mayor prueba de poder se centrará en el aumento del techo de gasto público y la continuación del presupuesto de todo el gobierno federal. Si no logra un acuerdo se producirá una suspensión general de la actividad gubernamental –incluyendo una especie de “huelga general” que paralizará programas esenciales internos y externos– incluidas la financiación de Medicare, el pago de las pensiones de la Seguridad Social y de los salarios de millones de empleados del gobierno y de las fuerzas armadas.
Las fuerzas favorables al “cambio de régimen” (los golpistas) han decidido jugárselo todo con el fin de conseguir la capitulación programática del régimen de Trump o su destitución.
La élite presidencial que detenta el poder puede escoger la opción de gobernar por decreto, basándose en la subsiguiente crisis económica. Puede capitalizar el alboroto que supondría el colapso de Wall Street y pretender una inminente amenaza a la seguridad nacional en nuestras fronteras y nuestras bases del extranjero para declarar una emergencia militar. Si no cuenta con el apoyo de los servicios de inteligencia, su éxito es bastante dudoso.
Pero ambas partes se culparán del creciente fracaso. Los recursos temporales del Tesoro no salvarán la situación. Los medios de comunicación entrarán en una dinámica histérica que oscilará entre la crítica política y la exigencia de un cambio de régimen. En ese momento, el régimen presidencial puede asumir poderes dictatoriales para “salvar al país”.
Los congresistas moderados propondrán una solución provisional: un goteo de fondos federales semana a semana.
Pero los golpistas y los “bonapartistas” bloquearán cualquier “compromiso podrido”. Se producirá una movilización del ejército y de los aparatos de seguridad y judicial que dictará los resultados.
Las organizaciones de la sociedad civil acudirán a los poderes emergentes para que defiendan sus intereses concretos. Cuando los pensionistas y los maestros se queden sin financiación, empleados públicos y privados saldrán a las calles a manifestarse. Los representantes de los grupos de presión, desde los favorables a los intereses de las empresas petroleras y gasísticas hasta los defensores de Israel, exigirán su propio tratamiento prioritario.
La configuración del poder demostrará su fuerza y los cimientos de las instituciones del Congreso, el Senado y la Presidencia se tambalearán.
Visto por el lado positivo, el caos interno y las divisiones institucionales apaciguarán de momento la creciente amenaza de nuevas guerras en el extranjero. El mundo respirará aliviado. No así el mundo del mercado de valores: el dólar y los especuladores se desmoronarán.
La disputa y las indecisiones sobre quién gobierna el imperio permitirá que las potencias regionales efectúen reclamaciones sobre las regiones en litigio. La Unión Europea, Japón, Arabia Saudí e Israel competirán con Rusia, Irán y China. Ninguno de ellos va a esperar a que Estados Unidos decida cuál de sus centros de poder debe mandar. 

martes, 1 de agosto de 2017

El poder originario del pueblo



Leopoldo Santos Ramírez*
La Jornada 
La creación de la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela a fuerza de votos democráticos fue la mejor táctica para enfrentar la oposición al régimen chavista. En las circunstancias actuales de una embestida feroz y criminal de la derecha venezolana alentada desde el exterior por Estados Unidos y sus satélites, con todos sus problemas, las elecciones sirvieron fundamentalmente para evadir el golpe de Estado traicionero de los opositores que habían logrado copar la anterior Asamblea Nacional, gracias a la crisis de desabasto de alimentos y a la política económica errática del régimen de Nicolás Maduro. Pero no obstante las críticas que desde la geografía latinoamericana se le puedan enderezar, no hay duda del interés legítimo del presidente venezolano por defender la soberanía de su nación, la idea de consolidar la paz para su pueblo, defender los recursos naturales de ese país, los derechos conquistados durante el régimen del fallecido presidente Hugo Chávez, y trabajar la perspectiva de ampliarlos. Los 8 millones de sufragios registrados durante los comicios cobijan de legitimidad al proceso electoral, sobre todo porque las autoridades encargadas de organizar las elecciones tienen una reputación bien ganada de profesionalismo y honradez. Desde ya, las fuerzas de la derecha del continente intentan desconocer la naturaleza legal de los comicios. Igual, desde antes los poderes externos se empeñaron en todo tipo de sabotajes para hacer fracasar esta elección, no solamente para derrocar a Maduro, sino con el objetivo de que el ejemplo de una Asamblea Constituyente representante del poder originario del pueblo no impacte a la región. Es muy pronto para adelantar vísperas, pero sin duda las elecciones venezolanas están abriendo una coyuntura en que clases populares y sujetos sociales latinoamericanos podrían desplazarse en los próximos años a la búsqueda de soluciones para las crisis que se avecinan. De alguna manera el fantasma de Simón Bolívar empieza a recorrer las trochas y caminos hemisféricos con su proyecto utópico de integración de la madre patria latinoamericana.
Si bien la jornada electoral venezolana viene como buena noticia para los pueblos de América Latina agobiados por tantas experiencias políticas negativas durante los últimos años, esto apenas es el punto de partida para los venezolanos. Es decir, ellos mismos están conscientes de los riesgos a enfrentar, del enemigo de clase interno, pero también del mismo poder de Estados Unidos que ejerce control político sobre el conjunto de estados donde la derecha neoliberal se ha entronizado, como es el caso del gobierno mexicano, que viola su propia Constitución al adoptar una actitud injerencista en el proceso venezolano. Con esto, Peña Nieto y el Senado mexicano echan por la borda la riqueza de la política exterior mexicana tejida con el conocimiento de largos años en que el país hubo de resistir invasiones militares extranjeras que pretendieron invalidarnos como nación independiente y soberana. El enemigo interno de los venezolanos constituye una clase autoritaria y racista con suficiente poder económico para poner en aprietos al nuevo régimen de la Asamblea Constituyente. Por eso es necesario dotar de poder y autonomía a las comunas, extendiendo el poder en sindicatos y barrios, midiendo con precisión el riesgo y dificultades que ello implique, y paralelamente cortar las fuentes de la corrupción. Cuando la burguesía se empeñaba en destituir a Hugo Chávez los ganaderos ricos llegaron al extremo de matar a sus propias vacas para agravar el desabasto de leche en un país que tradicionalmente es deficitario en producción de lácteos.
Hace años, durante el gobierno de Chávez encontrándome en Caracas fui testigo de cómo la policía en plena avenida al mediodía confiscó un camión repartidor de leche para impedir el aumento del precio al vital líquido. Pero la fuerza de la derecha no le viene solamente de su poder económico, sino en las últimas décadas del apoyo estadunidense mediante la embajada que mantiene una relación ambigua con el Estado chavista. Por un lado, trata de derrocarlo, y por otro negocia la entrega puntual del petróleo y el estatus de privilegio para las múltiples trasnacionales que han echado raíces en Venezuela y están en todos los negocios globales. Junto a beneficios mínimos esto propicia un asedio financiero que ha saboteado los mejores esfuerzos de la administración madurista.
Pero el mayor peso de la presión contra el régimen lo ejercen las industrias de la información en Venezuela, sean de capital nacional o trasnacional. Los medios ligados a los intereses estadunidenses y extranjeros han desarrollado una narrativa que ha logrado introducirse en la mente de numerosos sectores latinoamericanos, distorsionando la realidad y haciendo aparecer a Maduro y su gobierno como el villano de la política venezolana. En esto han jugado un papel central consorcios como CNN, con la estrella Patricia Janiot, Juan del Rincón, Osmary Hernández y Rafael Romo, distorsionando a placer los hechos reales, ocultando actos tan criminales como la quema de personas vivas, chavistas o no, por los grupos de choque de la oposición. En la transmisión del día de elecciones, el conductor Juan del Rincón se burló del aspecto físico de algunos candidatos a la Constituyente, en una actitud racista despreciable. Sus replicantes en México se concentran en Televisa y Tv Azteca, y en los medios donde escriben los intelectuales orgánicos de siempre enganchados a los poderes fácticos y de Estado. Por eso es necesario que la izquierda latinoamericana –cualquier cosa que eso signifique– se mueva y cree espacios para contrarrestar a la narrativa insidiosa del odio y resalte otra, apegada a los hechos reales. Venezuela es ahora, la más alta prioridad para los intereses populares de toda Latinoamérica.
*Investigador de El Colegio de Sonora

En Venezuela, los cerros bajaron


Luis Hernández Navarro

Un triunfo rotundo de la revolución bolivariana. Una derrota contundente de la oposición y sus aliados. Un mensaje claro del pueblo venezolano. Esas son las principales enseñanzas de las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) del pasado 30 de julio.
Un triunfo del chavismo porque movilizó a las urnas a más de 8 millones de votantes. Una derrota de la oposición porque infructuosamente trató de impedir, de todas las maneras posibles, la violencia incluida, la realización de los comicios. Un aviso inequívoco de los pobres venezolanos: quieren paz y no están dispuestos a que se les cancelen las conquistas de su revolución.
El chavismo tuvo en estas elecciones 400 mil votos más de los que la oposición alcanzó en las elecciones legislativas de 2015. En aquel entonces, la Mesa de Unidad Democrática (MUD) alcanzó 7 millones 726 mil 66 sufragios, la votación más alta en su historia.
La cifra es también superior a la cosechada por Nicolás Maduro en los comicios presidenciales de 2013. En aquel entonces, el hoy mandatario ganó con 7 millones 505 mil 338 votos. Y es ligeramente inferior a la obtenida un año antes por Hugo Chávez: 8 millones 191 mil 132 sufragios.
Los votos obtenidos para nombrar la ANC son muchos más de los 7.2 millones que supuestamente obtuvo la oposición en el referendo en contra organizado el pasado 16 de julio. Con un elemento adicional: la consulta de los enemigos de chavismo fue fraudulenta. Fuera de Venezuela votaron 693 mil personas, pero el registro electoral de los ciudadanos de ese país en el exterior es de 101 mil. Se documentó cómo sufragaron niños de 10 años y una sola persona lo hizo en 17 ocasiones (https://goo.gl/1FKnWt). Y, para que no quedara huella de la estafa, quemaron las papeletas de votación.
En Caracas, este 30 de julio los cerros volvieron a bajar. Pero lo hicieron no para protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro (como ha venido soñando que suceda la oposición desde que comenzó su ofensiva insurreccional), sino para votar por la paz y sumarse a la Constituyente. La imagen se remonta al Caracazo, la oleada de disturbios y saqueos del 27 y 28 de febrero de 1989, protagonizada por los habitantes más humildes de esa megalópolis. Confinados a vivir en modestas viviendas enclavadas en las colinas que circundan la capital, ellos son los cerros que, cuando bajan, sacuden hasta sus cimientos la vida política del país. Así lo hicieron ahora contra la oposición, no sólo en Caracas, sino en toda Venezuela.
El voto fue masivo. Los electores salieron a sufragar en medio de un incesante acoso. Muchos debieron trasladarse grandes distancias para hacerlo, ignorar amenazas de muerte, sortear peligros y esperar horas. Aun así lo hicieron, en un país en que el voto es voluntario y no obligatorio.
Los testimonios de esos héroes anónimos son conmovedores. En regiones acosadas por la derecha fascista, los ciudadanos arriesgaron su vida para llegar a las urnas. Muchos tuvieron que cruzar ríos y pasar mil penurias para llegar a los centros de votación. Funcionarios electorales fueron agredidos y torturados por comandos de pacíficos opositores. Decenas de miles de votantes se trasladaron al Centro Electoral del Poliedro para sufragar allí, porque no pudieron hacerlo debido a que viven en el este de Caracas, en zonas de violencia opositora.
Durante los últimos años, el pueblo chavista ha sufrido los efectos combinados de la guerra económica y la caída de los precios del petróleo, casi cuatro meses de protestas callejeras insurreccionales, bloqueos y violencia, campañas de odio, intimidaciones, presiones internacionales y una manipulación informativa atroz. Sin embargo, salió a votar.
La oposición se jugó todo a tratar de descarrilar las elecciones. Fracasó estrepitosamente. No llamó a la abstención, sino al boicot. Ensayó un paro cívico de 48 horas en el que la producción, el transporte y el comercio siguieron funcionando. Llamó a tomar Caracas y casi nadie acudió a la convocatoria. Difundió en redes y en medios de comunicación que las casillas estaban desiertas cuando se encontraban abarrotadas. Sus militantes quemaron material electoral y bloquearon centros de votación, asesinaron policías (21 elementos de la Fuerza Nacional Bolivariana fueron heridos con armas de fuego) e interrumpieron el tránsito. A pesar de ello, no pudieron disuadir la determinación popular de salir a votar.
Desde Estados Unidos se quiso paliar el aislamiento de la oposición venezolana dentro de su país promoviendo el chantaje internacional. Los gobiernos de México, Colombia y Perú se pusieron a las órdenes de la Casa Blanca y presionaron a fondo a Venezuela para que no se eligiera la ANC.
El caso mexicano es patético y vergonzoso. Traiciona una historia diplomática excepcional a cambio de nada. El maltrato a los migrantes mexicanos en Estados Unidos y la construcción del muro fronterizo siguen su curso, a pesar de la abyección con que el gobierno mexicano se comporta con su vecino norteño. Sin embargo, ese apoyo externo no resolvió el problema central de la oposición dentro de su país: la correlación de fuerzas no le favorece, y todos los intentos que ha hecho para modificarla han fallado.
Los opositores insistieron en que Venezuela es una dictadura. Como dice el analista político Katu Arkonada: curiosa dictadura donde millones de personas salen a votar en paz, y la oposición pacífica intenta impedirlo poniendo bombas a la policía.
Venezuela es un país partido en dos polos. Uno, sin embargo, es más grande que otro. Este 30 de julio quedó claro que la oposición es minoría, y que el chavismo sigue siendo la fuerza mayoritaria dentro del país. Y lo es, porque los cerros volvieron a bajar. Guste o no a los grandes capitales, el humilde pueblo chavista no se doblegó ante la violencia y el terror. Su decisión de hacer la historia es una realidad sociopolítica que llegó para quedarse.
Twitter: @lhan55

¿Qué pasa en Venezuela?



Pedro Miguel
Desde la capital mexicana no es fácil comprender lo que ocurre en Caracas. Entre una y otra ciudades hay casi 3 mil 600 kilómetros, siete horas y media de vuelo y un muro espeso y doble de desinformación: de un lado, Nicolás Maduro es la rencarnación de Simón Bolívar con escala en Hugo Chávez y del otro, la bestia apocalíptica; de un lado, el pueblo en masa defiende a su gobierno de unos terroristas apoyados por Washington y del otro, una sociedad sedienta de libertad y democracia se rebela en contra de una tiranía corrupta. Cuando uno está fuera de Venezuela es complicado, pues, hacerse un panorama claro de lo que pasa adentro. Salvo que resulta evidente el cerco estadunidense (auxiliado por algunos gobiernos sumisos) en torno al régimen bolivariano.

Lo que sí puede saberse es que Vicente Fox llegó a Los Pinos como resultado del tesón democrático de la sociedad y que salió de allí como el destructor de la democracia, tras organizar una elección de Estado y orquestar un fraude electoral para burlar la voluntad popular e impedir que López Obrador lo sucediera en el cargo; que durante su mandato desapareció sin dejar rastro más de un billón de pesos procedente de los ingresos extraordinarios por los sobreprecios petroleros; que entre 2001 y 2006 permitió y hasta alentó la brutalidad represiva de gobernadores priístas como Ulises Ruiz (Oaxaca) y Enrique Peña (Edomex), y que sus hijastros hicieron pingües negocios a la sombra del Fobaproa.

Habría que imbuirse en múltiples lecturas para determinar quién ha violentado más el marco legal venezolano: si los opositores, con su pretensión de derrocar a un presidente democráticamente electo, o si el gobierno, con su empeño de fabricarse una Constitución a la medida. Pero basta con tener presente la Carta Magna mexicana para saber que Felipe Calderón violentó la tarea constitucional de las Fuerzas Armadas al lanzarlas a una guerra estúpida, contraproducente según sus objetivos declarados y criminal porque conllevaba, desde sus primeros cálculos, la certeza de un sufrimiento atroz para la población civil no involucrada; y sólo con consultar el artículo 123 del Código Penal Federal uno se da cuenta de que el michoacano incurrió en traición a la patria al apoyarse en la embajada estadunidense para alcanzar la Presidencia, al entregar a Washington decisiones e información que eran de la exclusiva jurisdicción de las instituciones mexicanas y al permitir que personal militar y policial de la potencia vecina operara libremente en territorio nacional. Tampoco está claro, por cierto, qué hizo Calderón con los 250 mil millones de dólares que recibió su administración por concepto de exportaciones petroleras.

Un ciudadano mexicano común no tiene a su disposición los datos y los elementos de juicio necesarios para determinar si los funcionarios del régimen venezolano que fueron objeto de las sanciones decretadas por la Casa Blanca –a las que se cuadró de inmediato la cancillería mexicana– realmente son culpables de actos de corrupción y de lavado de dinero. En cambio, es público y probado que Enrique Peña Nieto y su esposa disfrutaron de una mansión que les fue cedida en condiciones sospechosamente favorables por uno de los principales contratistas del gobierno y hay sustento documental para saber que la casa que Luis Videgaray posee en Malinalco le fue vendida por ese mismo contratista en unos términos tan ventajosos que ninguna empresa inmobiliaria concedería a ningún cliente. A lo que puede verse, Grupo Higa decidió hacer una generosísima excepción con Videgaray, el secretario de Relaciones Exteriores que se pliega con entusiasmo al castigo de Washington en contra de venezolanos supuestamente corruptos.

De abril a la fecha han muerto en Venezuela más de un centenar de personas en el contexto de las violentas confrontaciones entre las fuerzas del orden y manifestantes opositores no siempre pacíficos. Habría que hacer un acucioso recuento de cuántas de las bajas pertenecen a la disidencia antichavista, cuántas, a efectivos de las fuerzas del orden, cuántas, a militantes del oficialismo y cuántas más, a personas sin filiación que fueron confundidas o que resultaron abatidas por accidente. Pero ninguna fuente oficial o independiente coloca la cifra de muertos del calderonato por debajo de los 60 mil, número que ya ha sido superado en la administración de Peña; miles de ellos eran ciudadanos sin relación con la delincuencia organizada. Dos datos adicionales: la CNDH documentó el asesinato de 63 defensores de derechos humanos en el sexenio de Calderón y la ejecución extrajudicial de 45 periodistas en lo que va del peñato.

Como puede verse, desde México no es fácil comprender lo que ocurre en Venezuela.

Twitter: @Navegaciones

Contra la mexicanización de Venezuela



John M. Ackerman
La Jornada 
Quien busca homologar a Venezuela y México no es la izquierda, una corriente política siempre respetuosa de las particularidades históricas y las especificidades nacionales, sino la nueva derecha continental, neofascista y neoliberal, que no acepta resistencia alguna en el continente latinoamericano. Donald Trump ha decidido hacer todo lo que esté a su alcance para imponer en Caracas un nuevo gobierno tan servil y entreguista a Washington como el que hoy tenemos en la Ciudad de México.
Más allá de ideologías políticas o preferencias electorales hacia 2018, todos los mexicanos tenemos el deber de advertir al pueblo venezolano sobre los grandes peligros que implicaría la instalación de un títere de Washington, al estilo de Enrique Peña Nieto, en Miraflores. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz, pronunció el Benemérito de las Américas, Benito Juárez, el 15 de julio de 1857, a unos días de su entrada triunfal a la Ciudad de México después de haber derrotado a Maximiliano de Habsburgo y la ocupación francesa.
La autonomía y la independencia de cada uno de los países de América Latina es absolutamente esencial para poder avanzar como región. Si Venezuela se convierte en otro Estado sirviente al imperio los costos serán altos para todos que vivimos al sur del Río Bravo.
Solamente alguien totalmente desubicado, o vendido al poder, podría imaginar que el escalamiento de las sanciones y las amenazas del gobierno estadunidense contra Venezuela respondería a un auténtico interés en promover la democracia en América Latina. Si fuera el caso, Washington empezaría con presiones sobre México, un país que cuenta con un gobierno que reprime, censura, asesina y comete fraudes de manera sistemática y sin parangón en la región.
Un verdadero demócrata también tendría que celebrar en lugar de descalificar los comicios celebrados ayer en Venezuela. Después de meses de violentas protestas exigiendo la celebración de elecciones anticipadas, este domingo, 30 de julio, se llevaron a cabo precisamente comicios extraordinarios, no solamente para la renovación del Poder Ejecutivo, sino también para la reinvención de todo el Estado venezolano.
Cada uno de los casi 6 mil candidatos a las 545 curules de la nueva Asamblea Nacional Constituyente se postularon de manera individual e independiente, sin la participación de partido político alguno. La composición de la asamblea también incluye una innovadora síntesis entre diputados territoriales (364 integrantes) y sectoriales (173 integrantes). Ello con el fin de garantizar la representación no solamente de unidades geográficas, sino también de partes de la sociedad normalmente subrepresentadas en instancias de decisión, como los estudiantes, los campesinos, los sindicatos y los indígenas.
Habría que recordar que una de las grandes debilidades de cualquier sistema presidencial, en Venezuela, México, Estados Unidos o Brasil, es su poca flexibilidad frente a crisis de legitimidad. La enorme concentración de poder en las manos del titular del Poder Ejecutivo, combinada con periodos fijos de elección para el primer mandatario, dificultan las salidas pacíficas e institucionales en contextos de crisis.
Los sistemas parlamentarios son mucho más flexibles. En momentos problemáticos, es más fácil celebrar nuevas elecciones, por medio de una convocatoria directa del primer ministro o un voto de no confianza de parte del Parlamento. De esta manera los ciudadanos tienen la oportunidad de responder directamente a la situación generando un nuevo gobierno o, en su caso, ratificando su apoyo al gobierno en turno.
La nueva Asamblea Constituyente en Venezuela cumple con la misma función, renovadora y participativa, que nuevas elecciones en los sistemas parlamentarios. Ayer el pueblo venezolano tuvo la oportunidad de decidir si quiere seguir como país independiente o convertirse en un sirviente más de Washington. La respuesta fue un contundente sí a la soberanía nacional y popular.
Llama la atención que la oposición política se haya negado a participar en este importante ejercicio democrático. En lugar de invitar la población a hacer valer sus derechos políticos, los seguidores de Leopoldo López y Henrique Capriles recurrieron tanto a un boicot electoral como a abiertas agresiones en contra de los candidatos y las instituciones. Evidenciaron así que su verdadero interés no es ganar en las urnas, sino derrocar violentamente, con el apoyo de Trump, a un gobierno electo democráticamente.
El verdadero paralelo entre Venezuela y México no es, entonces, entre Andrés Manuel López Obrador y Hugo Chávez o Nicolás Maduro, el mexicano jamás ha citado a ninguno de los dos líderes venezolanos como ejemplo a seguir, sino entre Peña Nieto y la oposición venezolana: ambos tienen el mismo desprecio para sus respectivos pueblos e instituciones y, además, cuentan con el mismo jefe y patrocinador.
Twitter: @JohnMAckerman

Peña/Videgaray, achichincles de Trump



Carlos Fazio
La Jornada 
Con su diplomacia bananera, su falsa modestia y su camuflaje de aprendiz de canciller −maquillado adrede con un nuevo look−, Luis Videgaray oficia como caballo de Troya y achichincle de la administración Trump para destruir a México como Estado-nación.
Según la Real Academia Española y otros ‘mataburros’ afines, de su etimología náhuatl (achichinqui, de atl ‘agua’ y chichinqui ‘que chupa’; en las minas, trabajador que saca el agua de los veneros), achichincle ha derivado en un sustantivo que define a una persona que cumple órdenes de un superior de manera incondicional, adulándole en todo. En Yahoo respuestas!, achichincle es quien muestra obediencia total a su superior, sea éste de la calaña que sea; es servir de gato arrastrado a un personaje por demás dudoso, deshonesto, adinerado y con poder. Y para el Regio Diccionario, achichincle es un pobre diablo, el que hace los mandados, y usado como sinónimo de saludo equivale a ‘güey’.
Traducido al inglés, achichincle se lee lackey, que en español significa lacayo; criado de librea, persona aduladora, servil. Desde la lógica imperial, el amo desprecia al lacayo, quien, como perro faldero, con una caricia y unas croquetas mueve la cola feliz. Frankin D. Roosevelt los llamaba nuestros hijos de perra. Nunca quedó claro si se refería a Anastasio Somoza García o a Rafael Leónidas Trujillo, pero es irrelevante ya que lo esencial, desde el punto de vista imperial, es que ambos eran sus sons-of-bitches: brutales, voraces depredadores. Roosevelt los despreciaba, pero los necesitaba para controlar con eficacia y sin miramientos a sus repúblicas bananeras, al servicio de los intereses estratégicos del imperialismo.
En La ventaja del achichincle, el culto y erudito Guillermo Sheridan señala que el uso del término de marras es un vituperio clasista con un ingrediente racial derogatorio, que contiene una paradoja significativa: convierte los oficios de pobre en un insulto de burgueses: lacayo, siervo, palafrenero, caballerango, criado, sirviente, chaflán. Añade: Achichincle nombra a los indígenas nahuas que ayudaban a sacar agua de las minas, faena de casi esclavitud.
Sheridan nos introduce en otra variable: la relación amo-esclavo, que en términos de la lucha de clases conduce, también, a opresor-oprimido. En Los condenados de la tierra, Fanon y Sartre nos liberan de culpa y nos derivan a la relación colonizador-colonizado. A propósito de la Francia (colonialista) del general De Gaulle en Argelia, el filósofo, siquiatra y revolucionario martiniqués nos dice que “el colonialismo no es una máquina de pensar, no es un cuerpo dotado de razón. Es la violencia en estado de naturaleza…” Y en la introducción, Sartre, filósofo de la Sorbona, sentencia: El colono no tiene más que un recurso: la fuerza; el indígena no tiene más que una alternativa: la servidumbre o la soberanía.
Servidumbre se relaciona con sometimiento. Ello remite al apóstol Martí, quien en 1889 descubrió y reveló los trajines anexionistas del gobierno estadunidense, confabulado con quienes llamó cubanos sietemesinos dispuestos al sometimiento yanqui. Caído en desuso el anexionismo, Videgaray y su jefe Enrique Peña Nieto quieren hacer de México un gran bantustán (tipo Lesoto o Gaza y Cisjordania), según se desprende del contenido del comunicado de las secretarías de Hacienda y Relaciones Exteriores en torno a las sanciones anunciadas por la administración Trump contra de Venezuela.
Como señaló el capítulo México de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, “el grado de sumisión (de Peña Nieto et al.) ha rebasado los límites de la racionalidad, degradando la dignidad que cualquier país debe enarbolar”. A su vez, el editorial de La Jornada del 28 de julio, sintetizó: sumisión (a Estados Unidos) e injerencia (en la política interna de Venezuela). Por su parte, Cuauhtémoc Cárdenas calificó la posición gubernamental como abyecta, entreguista, oportunista, convenenciera, pusilánime e ignominiosa, por plegarse sin ningún tipo de argumentos propios a las instrucciones de Washington, en un claro sometimiento intervencionista y servil.
Esto sucede, en parte, porque el combo trumpista Peña/Videgaray no tiene contrapesos en la Cancillería mexicana. El subsecretario Carlos de Icaza y su mafia se han plegado sin chistar a la línea dura del régimen, y la subsecretaria Socorro Flores exhibe una total falta de oficio diplomático. Se suma el hecho de que en su patio trasero, al alto mando imperial le conviene tener gobernantes corruptos y sin legitimidad; lacayos totalmente maleables y obedientes. Y aquí, como decía Carlos Fuentes, la corrupción lubrica al sistema (ver Manual del perfecto político). Dado que en México un político pobre es un pobre político, aunque tenga que tragar sapos y oficiar como siervo adulador y “ yes-man” del amo imperial, Peña sabe que la oportunidad de hacerse rico se la da el sexenio y aspira ingresar luego a la clase capitalista trasnacional (Robinson). Pero para ello, antes debe aplicar en México el modelo de la destrucción lucrativa vía la guerra permanente.
Un prominente embajador emérito mexicano aseveró que la Secretaría de Relaciones Exteriores ya valió. Lo que está valiendo es México como Estado-nación. Si Anthony Scaramucci, jefe de Comunicación de la Casa Blanca (la de EU), dijo a la BBC hace un par de días que la tarea de Donald Trump es impulsar o hacer arrancar una nueva startup (empresa emergente con gran capacidad de innovación y cambio) disruptiva (como ruptura brusca) del sistema político estadunidense para regresarlo a las raíces de la disrupción original (la de los padres fundadores: la separación de las 13 colonias de Inglaterra) y hacerse cargo de la población, ¡imaginémonos −
muro y xenofobia mediantes− qué le tiene reservado a México el nuevo doctor Strangelove (el doctor Insólito del filme de Kubrick) desde su cuarto de guerra en la Oficina Oval!