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domingo, 30 de noviembre de 2014

Las disyuntivas progresistas y la contraofensiva de las derechas



Los tres primeros lustros del siglo XXI latinoamericano se han caracterizado por el surgimiento de gobiernos “progresistas” y la subsecuente orquestación de una contraofensiva multidimensional de las derechas, cuyos propósitos rebasan una simple restauración de las condiciones previas a dicho surgimiento. Al inicio del período, la atención periodística y académica registró la emersión del fenómeno y comentó las circunstancias que dieron pie a su aparición, las similitudes y contrastes entre esos gobiernos, y sus principales efectos y repercusiones nacionales, regionales e internacionales. Al propio tiempo abordó el campo de oportunidades que esos procesos abrían en nuestra América ‑‑desde el combate a la pobreza hasta la integración regional‑‑, caracterizando sus aportes y limitaciones, así como las diferencias entre sus posibles variantes progresistas o revolucionarias ‑‑y si las primeras pueden convertirse en las segundas‑‑, intentó adjudicarle cierto marco teórico al tema. Sin embargo, muchas veces definiéndolo a la sombra de instrumentos y propuestas conceptuales tomados del precedente período de alza de las ideas revolucionarias en los años 60 y 70, anterior a la implosión del “socialismo real”, la ofensiva neoconservadora y la hegemonía neoliberal de los siguientes decenios, y de sus efectos socioeconómicos, políticos y culturales.
La interpretación del sentido e implicaciones de esa oleada progresista, en sus respectivas modalidades y etapas, despertó varias controversias en el seno de las izquierdas, pero con frecuencia adoptó caracterizaciones más enfocadas en exaltar o en descalificar sus distintos aspectos que en discernir la originalidad y la naturaleza del fenómeno y, por consiguiente, de las oportunidades y consecuencias que este plantea.
Probablemente esto contribuyó a que la atención periodística y académica dispensada demorase en advertir la muy previsible contraofensiva de las derechas, no solo en lo que concierne a sus recursos, instrumentos y modos de operación, sino especialmente en lo que respecta a sus objetivos de mayor alcance. Por consiguiente, demoró en prever las acciones que las organizaciones y partidos de izquierda, y los gobiernos progresistas, deberían asumir para superar sus propias fallas, vencer esa contraofensiva y emprender la siguiente etapa del desarrollo regional. [1]
Contorno inicial del fenómeno Usualmente, los recuentos sobre esta oleada de gobiernos progresistas empiezan por la primera elección de Hugo Chávez en 1998 [2] . No obstante, pocas recuerdan que no mucho antes, en 1988, el establishment político mexicano le había escamoteado su significativa victoria al movimiento encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas.
La victoria chavista fue seguida de una secuela de otros triunfos progresistas a escala regional: el de la Concertación chilena en 2000 y los liderados por Lula da Silva en 2002 y 2006; el de Néstor Kirchner en 2003; Martín Torrijos y Tabaré Vásquez en 2004; Manuel Zelaya en 2005; Evo Morales en 2006, 2009 y 2014; Daniel Ortega en 2006 y 2012; Michelle Bachelet en 2006 y 2014; Rafael Correa en 2006, 2009 y 2013; Álvaro Colom en 2007; Cristina Fernández en 2007 y 2011; Fernando Lugo en 2008; Mauricio Funes en 2009; Pepe Mujica en 2010; Dilma Rousseff en 2011 y 2014; Nicolás Maduro en 2013; y Salvador Sánchez Cerén en 2014.
A ellos deben añadirse las importantes demostraciones electorales abanderadas, en 2006, por Carlos Gaviria, Andrés Manuel López Obrador y Ollanta Humala [3].
Más que discernir sus respectivos perfiles políticos, aquí interesa observar que esa oleada ‑‑reelecciones incluidas‑‑, se extendió por todo el decenio y fue especialmente notoria en 2006. Antes de ese año, lo que venía ocurriendo pudo parecer una excepción venezolana, a la que poco después se le añadió una réplica más extensa en el Cono Sur. Sin embargo, las victorias de Evo Morales y Rafael Correa en la región andina evidenciaron que lo que venía dándose era la emersión de un fenómeno de carácter continental. No extraña pues que, aunque la punta del iceberg asomó en 1988 y cuajó en 1998, fue a partir del 2006 que la literatura periodística y académica lo entendió como tal, aunque todavía percibiéndolo a través de reminiscencias ideológicas de época anterior, más que inquiriendo en la originalidad y naturaleza del nuevo fenómeno. [4]
Esa oleada emergió a través de disímiles procesos nacionales, que en pocos años sumaron un conjunto heterogéneo, sin que eso niegue sino que confirma la vigencia de un factor común: el agotamiento de los modelos conservadores antes constituidos por las derechas locales y los grupos financieros internacionales que, tras la imposición de las prédicas y prácticas neoliberales, pronto agravaron la crisis social y sus consecuencias políticas. Pese a la intensa implantación de los mitos neoliberales, el malestar e inconformidad exacerbados por ese drama sobrepasaron los sistemas políticos y electorales que, país por país, antes habían bastado para controlar la situación.
La consiguiente oleada progresista pronto significó que millones de latinoamericanos pudieron comer tres veces al día, mejorar sus condiciones de vida, salir de la marginalidad y obtener ciudadanía, y todo lo demás que sabemos y aquí es innecesario repetir.
Estos logros han plasmado notables progresos en materia de justicia y solidaridad sociales, oportunidades de organización popular y de renovación de la cultura política, rescate de segmentos de la soberanía nacional, etc. Pero estas conquistas, más que notables en contraste con la situación dejada por el neoliberalismo, no conllevan de por sí un presagio o antesala de la conversión de dichos procesos en revoluciones socialistas, cosa que requeriría la formación, movilización y eficacia de otros actores. [5]
Por otra parte, a pesar de su heterogeneidad, la oleada progresista dejó atrás la época en que las conductas latinoamericanas eran uniformadas por la hegemonía estadunidense, las políticas neoliberales eran implantadas sin alternativas y sus portavoces podían reelegirse. Cada una de las naciones involucradas recuperó importantes cuotas de autodeterminación, soberanía y recursos ‑‑aunque no todos los que la dominación neoliberal les había arrebatado‑‑. Entre sus realizaciones ha estado la de potenciar la integración latinoamericana, ya no solo como un bien en sí misma sino como una de las condiciones para potenciar el papel de Latinoamérica en el mundo, asegurar la defensa de la democratización y de las conquistas políticas y sociales conseguidas, y sustentar colectivamente su mantenimiento y continuidad.
La integración pasó de ser un ideal a constituirse en importante instrumento de desarrollo, creación de nuevos horizontes y sostenibilidad, lo que le inyecta un sentido emancipador y multidimensional, no estrechamente comercial. Sentido que, por otro lado, ha contribuido a multilateralizar las relaciones internacionales y a erosionar la hegemonía estadunidense en la región. [6]
La agenda inconclusa
Con todo, estos tres lustros progresistas no han bastado para que los distintos participantes políticos hayan logrado superar el enmarañado compuesto de distorsiones económicas, sociopolíticas y culturales que en los años 80 y 90 la ofensiva neoconservadora introdujo en el tejido de nuestras sociedades.
Debe recordarse que, para empezar, a comienzos de aquel período la crisis de la deuda quebró la inspiración latinoamericanista que aún mostraban algunos gobiernos. Luego, tras la implosión soviética, el cambio de la estrategia internacional china y la fatiga de las teorías revolucionarias latinoamericanas de los años 60 y 70, un desconcierto temporal redujo la capacidad de las izquierdas para resistir a esa ofensiva. La hegemonía neoliberal degradó la cultura política y organizativa de importantes segmentos sociales, que sufrieron degradaciones y deserciones. [7]
Al ponerle fin al apogeo neoliberal, los éxitos progresistas alcanzados en estos primeros lustros del siglo XXI se escenificaron en dos campos que es preciso distinguir:
a) el del Cono Sur, donde los pactos para desactivar las dictaduras de seguridad nacional permitieron aglutinar grandes partidos o coaliciones políticas como el PT, el Frente Amplio, el peronismo kirchnerista y la Concertación chilena. Aun dentro del subsiguiente régimen político de democracia restringida, eso a la postre permitió elegir gobiernos comprometidos con promesas progresistas, con las limitaciones que esas restricciones conllevan; y
b) el de la región andina (especialmente en Venezuela, Bolivia y Ecuador), donde los partidos y sistemas políticos existentes padecían un descrédito que los había incapacitado, facilitando que las protestas sociales los desbordaran a través de grandes movilizaciones populares. Esto pronto permitió darle ratificación electoral a iniciativas más audaces, y lograr importantes reformas al marco constitucional de los respectivos Estados.
De todo ello se desprende que los éxitos progresistas alcanzados durante esta primera parte del siglo XXI no resultaron del desarrollo y diseminación de propuestas político‑ideológicas más avanzadas, ni de la formación de una nueva cultura política en el seno de las mayorías sociales y electorales que los hicieron factibles. Antes bien fueron manifestaciones sociales y electorales espontáneas de su inconformidad con la situación existente, de su repudio moral y su castigo político al régimen vigente, a su corrupción, su insensibilidad y su incapacidad para defender los intereses nacionales. Por consiguiente, fueron expresiones emocionales, sujetas a los vaivenes de las coyunturas electorales, como los mismos votantes aún lo reflejan en las elecciones intermedias y locales. [8]
Es decir, la aparición de ese fenómeno expresó tanto la demanda como el límite político de lo que esas mayorías deseaban y eran capaces de acoger, elegir y sostener. El referente conocido ‑‑o recordado‑‑ de un proyecto más radical era el de las izquierdas revolucionarias de los años 60 y 70. Tanto en el Cono Sur como en la región andina se hicieron sentir grandes contingentes maduros para reclamar y sostener hasta determinado punto un proceso de cambios, pero no disponibles (todavía) para asumir los riesgos y rigores de un proyecto revolucionario cuyos contornos y esperanzas se desdibujaron en los años 80. [9]
Se trató de victorias electorales, no de revoluciones. Faltaba el proyecto de masas apropiado para darle mayores alcances a la nueva situación. En este sentido, las discusiones sobre si estos gobiernos progresistas son o no revolucionarios , o si pudieran serlo, han sido más retóricas o especulativas que provechosas. Esos gobiernos han sido lo que , en los límites de sus oportunidades y propuestas electorales, y en los límites sociopolíticos, económicos y culturales de sus circunstancias y del movimiento popular, ellos pueden ser. Al menos hasta que más adelante nuevas condiciones permitan concitar un apoyo de masas capaz de desbordar esas limitaciones .
En el terreno histórico más que en la imaginación ideológica, la coincidencia y la diferenciación entre las opciones progresistas y revolucionarias fue claramente evidenciado al inicio de la Revolución cubana. En los primeros dos años, sus realizaciones y discurso tuvieron no pocas similitudes con los de algunos de los actuales gobiernos progresistas. En la terminología de aquellos años, a los esfuerzos comparables con el cubano de ese entonces ‑‑y los poco antes los intentados en Guatemala y Bolivia‑‑ se los calificó como revolución democrático‑popular o movimiento de liberación nacional [10], conceptos compartidos por las izquierdas de esa época y que hoy no hay razones para soslayar sino para reactualizar.
Pero hoy en día ¿qué le impide a estos gobiernos dar el salto que Cuba en aquella oportunidad decidió en las vísperas de Playa Girón? Entre otras cosas, que cuando en la Isla la guerra revolucionaria concluyó el Ejército Rebelde había remplazado al viejo ejército, la claque política tradicional había sido desbandada, la derecha política, el Parlamento y la Corte Suprema se habían desintegrado, el entusiasmo patriótico y revolucionario martiano se había tomado la cultura política dominante y los mayores medios de comunicación se hundieron bajo el peso de sus complicidades con la oligarquía y su dictadura.
Había una situación revolucionaria, lo que es bastante más que haber ganado las últimas elecciones presidenciales. En ese contexto, ante el pueblo indignado por los bombardeos que precedieron el desembarco que el gobierno norteamericano organizó por Playa Girón, Fidel Castro y sus compañeros decidieron cruzar el Rubicón cuando las mayorías populares ya estaban dispuestas a combatir por la opción socialista. Reclamar que los actuales gobiernos progresistas los imiten sin disponer de condiciones equivalentes más parece un pretexto que una ingenuidad.
Para resumir, a finales del siglo XX e inicios del XXI el repudio colectivo a las consecuencias sociales de la dominación neoliberal desencadenó crecientes movilizaciones populares. No obstante, quedó inconclusa la misión estratégica de convertir esa inconformidad, y su enorme potencial político, en un nuevo conjunto de conocimientos y convicciones duraderos. Un conjunto no solo motivador, sino también eficaz para entender los mecanismos de ese estado de cosas y los medios requeridos para transformarlo a favor de las reivindicaciones y expectativas de los sectores sociales mayoritarios.
Esa misión ahora puede y debe cumplirse. Sin embargo, por su carácter ella corresponde principalmente a las organizaciones, movimientos y partidos políticos expresivos de las reivindicaciones populares, con la colaboración de los intelectuales afines. Incluso después de ganar elecciones esa misión es indelegable, puesto que los gobiernos de izquierda tienen otras funciones que los comprometen a servir igualmente a los sectores sociales desafiliados o de otras preferencias políticas. [11]
Las derechas vuelven a la carga
Es falso que las políticas económicas de los gobiernos progresistas estén atadas al auge del extractivismo, esto es, a financiar sus políticas asistencialistas con los ingresos procedentes de la exportación de commodities, ambientalmente depredadora. También los gobiernos de derecha o ajenos al progresismo aprovecharon el auge de la apreciación de esas exportaciones. Pero esto no hace la diferencia entre unos y otros. Esa diferencia consiste en que los primeros aprovecharon esa oportunidad para invertir en desarrollo social, y los segundos en favorecer el lucro de las empresas interesadas y la concentración de la riqueza.
El problema ha estado en confiar en que ese factor surtiría efectos durante mayor plazo. Así que es correcta la crítica de que se demoró demasiado en restar recursos al propósito de mitigar la pobreza y la injusticia distributiva [12] para dirigirlos a aumentar el valor agregado nacional a los bienes exportados, objetivo que sigue pendiente en muchas agendas progresistas.
Así las cosas, concluido el ciclo de apreciación de las commodities, los gobiernos y proyectos progresistas tienen que asumir el reto de sostenerse y proponer nuevas metas sin contar con ese auxilio. Esto le exige a las izquierdas y al progresismo un esfuerzo especial por renovar sus capacidades políticas, político‑educativas, organizativas y comunicacionales, y para concebir mejores estrategias de desarrollo. Precisamente, las dificultades políticas que en los años 2013 y 14 varios gobiernos progresistas sufrieron para poder reelegirse reflejan que ese esfuerzo aún está rezagado y, asimismo, que las derechas han sabido aprovechar esta omisión.
Este es el marco de nuevas oportunidades que ahora ha venido a reforzar la contraofensiva de las derechas y a incrementar sus propósitos de mayor plazo. 
Como debe recordarse, las derechas políticas, económicas y socioculturales vencidas en varias elecciones en los primeros lustros del siglo XXI, no por ello quedaron derrotadas. Porque esos reveses no las privaron de su poder económico, de sus relaciones transnacionales ni del control de los grandes medios de comunicación. Por consiguiente, tras la perplejidad inicial, pasaron a prever y reorganizar sus propias opciones ‑‑de viejo o nuevo tipo‑‑ para recuperar su anterior poder político y gubernamental. Y, al sentir amenazados sus intereses fundamentales, para reasumir ese poder como instrumento de una contrarrevolución preventiva orientada a bastante más que una simple restauración del orden anterior al progresismo. [13]
En la organización de sus intentos no falta el apoyo organizador, logístico y mediático de sucesivos gobiernos norteamericanos, en tanto que el progresismo latinoamericano tiene un sentido emancipador que perjudica la hegemonía estadunidense.
Ese potencial de las derechas económicas, mediáticas y políticas hoy se moviliza teniendo en cuenta que la coyuntura económica que antes facilitó las labores de los gobiernos progresistas ahora se contrae, deparándole una coyuntura más favorable a su proselitismo. En ese contexto, la contraofensiva de derecha dispone de cuantiosos recursos financieros y técnicos que le permiten desplegarse en varios planos. Combina las viejas marrullerías políticas de los partidos conservadores y democristianos con avanzados recursos empresariales como asesorías foráneas, investigaciones de mercado, técnicas de publicidad y métodos gerenciales de formación de cuadros, etc. Como igualmente combina viejos y nuevos modelos de partidos, liderazgos, cooptaciones y retóricas políticas, y métodos de manipulación electoral y formas más brutales de desestabilización del orden público y asalto al poder.
Aquí tomaría demasiado espacio volver a describir cada uno de sus principales aspectos ideológicos y operativos, sobre los cuales ya hay material informativo disponible [14], así que me limitaré a resumir sus características de interés más inmediato.
Esta derecha reactualizada cuenta con las ayudas transnacionales suficientes para darse discurso y formación de cuadros. Abundan las conferencias, seminarios y cursos auspiciados por fundaciones y universidades privadas, organizaciones internacionales de partidos políticos y ONG’s de diferente tipo, así como agencias gubernamentales como la AID. Entre sus actividades proliferan los encuentros subsidiados por fundaciones ligadas al PP español y a la Heritage estadunidense, decorados con ex presidentes y personalidades de la reacción latinoamericana y española del pelaje de José María Aznar, Álvaro Uribe, Luis Alberto Lacalle, Henrique Capriles y hasta el impresentable Ricardo Martinelli. Asimismo, los cursos y entrenamientos ofrecidos por universidades del área de Miami en materias como el marketing político, diseño e interpretación de encuestas y manejo de políticas y métodos de comunicación.
En la articulación de grupos y liderazgos, la definición de objetivos, la selección de temas y la orientación de conductas y acciones, desempeña un papel especial el manejo de los medios de comunicación. La relevancia de su papel, en no pocos casos hace que quienes fijan e instrumentan la política editorial asuman de hecho la dirección estratégica de la ofensiva, dejándole a los políticos de oficio el papel de operadores de las líneas de acción que ellos disponen. No es para menos: esos medios custodian, actualizan y manejan la hegemonía ideológica, cultural y política del bloque socioeconómico dominante. Justifican sus decisiones, conductas y desempeños y, al propio tiempo, desacreditan y aíslan a las personas y propuestas de quienes se oponen a dicho bloque, y ningunean sus iniciativas.
Como piezas de la contraofensiva reaccionaria, esas instancias e instrumentos forman “estados de opinión” que resultan tanto de promover las figuras, opiniones y proyectos que al bloque dominante le interesa encumbrar, como de tergiversar a quienes lo adversan o banalizar sus ideas, para justificar las ataques y marginaciones que se cometan contra ellos en el curso de las campañas para descalificar a los sectores populares, y desestabilizar la situación general, ya sea con vistas a objetivos electorales o para enmascarar los asaltos “blandos” o “duros” al poder gubernamental.
Un antecedente conocido fue el de la larga campaña mediática para desestabilizar al gobierno de Salvador Allende. Más recientemente, la prolongada campaña conspirativa y violenta en Venezuela, que dejó un crecido saldo de víctimas mortales y que en los medios periodísticos internacionales sigue recibiendo amplísima cobertura.
Del 2006 a la fecha se ha apelado a varias modalidades de asalto al poder, similarmente preparadas y avaladas por los grandes medios locales e internacionales de comunicación. La conspiración para inculpar de asesinato al presidente Álvaro Colom, el golpe sui generis mediante el cual el ejército depuso y expatrió a Manuel Zelaya y acto seguido entregó el gobierno al reaccionario presidente del Congreso; la conversión de empresarios en candidatos presidenciales para derrotar a los socialdemócratas en Panamá y Chile; la intentona secesionista de la Media Luna para sacar del poder a Evo Morales; la masacre de campesinos urdida para justificar el golpe parlamentario contra Fernando Lugo; la insubordinación policial dirigida a derrocar a Rafael Correa; y, últimamente, las campañas de desestabilización y descrédito emprendidas contra el gobierno de Cristina Fernández y los escándalos mediáticos fabricados para desprestigiar al de Dilma Rousseff, con vistas a erosionar sus posiciones en las vísperas de nuevos retos electorales, etc.
Ello sin contar más de medio siglo de conspiraciones, sabotajes, atentados y toda suerte de ataques materiales, económicos, diplomáticos y mediáticos contra la revolución y el pueblo de Cuba, entre los cuales últimamente han descollado el auspicio, entrenamiento, dotación y soporte internacional para “blogueros” y otros tipos de operadores y medios digitales.
Por otra parte, nada de ello ocurre por gestión meramente local. Cada una de esas acciones, desde su etapa preparatoria, ha dispuesto de un coro internacional que va más allá de los medios y agencias de prensa, y los alimenta. Esto incluye declaraciones de organismos de derechos humanos, de clubes de escritores y de directivos del FMI, de congresistas norteamericanos y órganos de la Unión europea, etc. Es decir, las campañas de la llamada “nueva” derecha no se circunscriben a la asociación con sus congéneres latinoamericanos, españoles y estadunidenses, sino que forman parte de una estructura global más nutrida y articulada.
Entre los mayores objetivos de esa estructura está el de degradar el sentido del proceso latinoamericano de integración. El solo hecho de que en la gestación de la llamada Alianza del Pacífico hayan sobresalido personajes como Felipe Calderón Hinojosa, Álvaro Uribe y Sebastián Piñera, y de que eso inmediatamente recibiera fuerte aliento norteamericano, es de por sí elocuente. Por lo tanto, en la coyuntura que tenemos por delante, defender la proyección emancipadora, solidaria y desarrollista del proceso de integración debe ser uno de nuestros mayores empeños, aunque las organizaciones latinoamericanas de izquierda aún disten de haber convertido ese tema en un asunto de interés popular.
Pero esa historia no finaliza aquí
Esta es la naturaleza del adversario que los gobiernos progresistas y las izquierdas latinoamericanas tienen por delante. No será con el respaldo de grandes recursos financieros, empresariales ni mediáticos que lo podrán superar. Esto solo podrá lograrse renovando tanto ideas y propuestas, como formas de lenguaje y comunicación, especialmente las de naturaleza juvenil y popular.
Tanto más cuando, tras las sucesivas reelecciones de los partidos y los líderes progresistas, los años no dejan de acumularse y, a los ojos de los jóvenes, nosotros y nuestras conquistas empezamos a formar parte del pasado. El tiempo le reabre a los conservadores la oportunidad de presentarse como los portadores del “cambio” que anhelan los insatisfechos de hoy. A los doce años de gobiernos del PT, por ejemplo, las demoras de la reforma agraria o de la reorganización del transporte metropolitano no pueden achacarse a Collor de Mello o Fernando Enrique Cardoso, ni mucho menos a los militares.
Frente a la “magia” de la publicidad y la manipulación de la maquinaria mediática burguesa, y de su capacidad para reciclar el reinado de la vieja cultura de su conveniencia, solo construir una contracultura o nueva cultura política popular puede darle a nuestros pueblos la solidez de convicciones indispensable para enfrentar críticamente las ofertas de los grandes medios.
Esa contracultura es indispensable para contrarrestar y superar la hegemonía ideológica y política del bloque económico y mediático dominante. Precisamente porque eso no puede lograrse a corto plazo, debe ser la primera de nuestras dedicaciones, transversal a todos nuestros demás esfuerzos.
Hora de cambiar
El impacto de la contraofensiva política de las derechas no es un asunto colateral. Hace cuatro años algún optimismo o autosatisfacción imprudente podían tomarla como un asunto manejable. Pero durante este último período la reelección de los candidatos del PSUV, del FMLN y del PT fue más difícil y reñida de lo previsto; Alianza País sufrió reveses inesperados en Quito y otras ciudades, y los éxitos rotundos solo volvieron a darse en Bolivia y, en menor grado, Uruguay.
En Brasil, una difícil victoria presidencial se acompañó de importantes pérdidas parlamentarias y el fantasma de la derrota amenazó al destino de la integración latinoamericana y caribeña.
La izquierda progresista hoy está a la defensiva, y eso debe hacerla extraer importantes lecciones y renovar métodos, estilos y objetivos. Rafael Correa inició una prometedora reacción reflexiva y política al convocar a los partidos, organizaciones y movimientos progresistas latinoamericanos a debatir cómo enfrentar la estrategia de “restauración conservadora”. [15]
Los partidos y movimientos políticos son experiencias vivas que con el tiempo tienden a reproducir esquemas discursivos y modelos de liderazgo ya trillados, sin reajustarse activamente a la evolución de las realidades y expectativas de su base social originaria. Sin embargo, su tarea medular no es conservar la legitimidad antes alcanzada, sino promover nuevas metas de mayor alcance: proponer otro futuro, más que mantener el presente ya logrado. Esa tendencia autocomplaciente daña su función de ser renovadores de la cultura política popular y de sus objetivos.
Las dificultades electorales de los últimos tiempos demuestran que es perentorio renovar la vigencia de los principios y propuestas ‑‑éticas y políticas‑‑ que les dieron origen. Al propio tiempo, esas mismas dificultades igualmente comprueban que la contraofensiva de la derecha logra éxitos precisamente en los flancos donde los gobiernos progresistas y los partidos de izquierda se hacen vulnerables. Repetidas veces los éxitos de la derecha no resultan tanto de sus recursos y astucias como de su oportuno aprovechamiento del reblandecimiento de nuestra identidad y valores.
En esto las actitudes morales tienen especial relevancia. Cierto es que los prohombres y organizaciones de derecha suelen ser más indecorosos y corruptos. Pero en el seno de las izquierdas estos vicios tienen efectos mucho más mortíferos. Ante la sensibilidad ciudadana, para quienes antes predicaron contra la corrupción y a eso deben parte de su reconocimiento, cualquier desliz es imperdonable. Los partidos de izquierda y los gobiernos progresistas tienen que ser mucho más severos con los malos síntomas de sus propios integrantes y amigos que frente a las corrupciones de sus adversarios. En las izquierdas la autodepuración necesariamente es una exigencia ineludible y permanente.
Al final de cuentas, más allá de aciertos y errores de estos partidos y gobiernos, y de sus mayores o menores dinámicas y alcances, ¿pueden estos tres lustros de gobiernos progresistas reducirse a un conjunto de eventos de coyuntura, o expresan fenómenos estructurales de mayor significado? Desde luego, la elección y reelección de gobiernos progresistas, y parte de sus realizaciones, son reversibles. Pero sería irresponsable aducir que su paso no dejará huellas. Aun en el peor de los desenlaces, durante este período el escenario regional ha cambiado y ya hay acumulaciones que echaron raíces en la evolución de las culturas políticas, las conquistas y las exigencias de los pueblos de América Latina.
La movilización social y electoral de grandes masas, que puso en escena nuevos sujetos y objetivos políticos, derrumbó gobiernos o los hizo tambalear, expresa movimientos profundos del desarrollo latinoamericano: las clases sociales se movieron, sus exigencias se amplían y las conciencias han pasado a hacer un nuevo balance de posibilidades.
También los latinoamericanos sabemos aprender de nuestros errores y volver a la liza fortalecidos. Si se cuenta con los liderazgos adecuados, aun la derrota puede ser fuente de ulteriores fortalecimientos, si la decisión de superar deficiencias éticas y políticas supera la tentación de justificarse.
Si el progresismo es síntoma de un fenómeno estructural, las eventuales ganancias de la contraofensiva de la derecha deben asumirse como reveses aleccionadores, cuyo análisis autocrítico ayudará a realimentar la continuación de la ofensiva de las izquierdas.
Por su naturaleza, las derechas son inevitablemente conservadoras, pues su misión es reproducir o recuperar estructuras y privilegios del pasado, por mucho que se envuelvan en los ropajes del “cambio”. Como, a su vez, las izquierdas legítimas solo pueden ser innovadoras, puesto que expresan la fuerza creadora de quienes se indignan ante las causas de las injusticias y desigualdades del presente, y se movilizan para extirparlas y fundar otra realidad.
Este dato esencial debe incidir sobre nuestras organizaciones y proyectos, sobre sus formas de abordar y sumar a nuestros pueblos, sobre sus lenguajes y modos de escuchar, renovar propuestas y persuadir. Solo así ellas podrán convocar, formar y ayudar a organizarse por sí mismos a los contingentes sociales necesarios para pasar del progresismo ahora posible a la necesaria transformación revolucionaria, y sostenerla.

Notas* La versión original de este ensayo fue expuesta en la 12a Conferencia de Estudios Americanos, del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI), en La Habana el 24 de octubre de 2014, poco antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas de ese año. Al inicio de su lectura el autor afirmó que los acontecimientos que en aquellos momentos estaban en curso, cualesquiera fuesen los resultados de esos comicios, necesariamente harían modificar algunas de sus consideraciones. La presente versión remplaza ese preámbulo e incorpora a lo largo del texto los cambios y adiciones que la realidad ya venía escribiendo.
[1]. No pocas veces quienes desde la izquierda has sido más críticos de las insuficiencias de estos gobiernos progresistas, asimismo han sido más débiles analistas de la proyección estratégica que esta contraofensiva se propone alcanzar como contrarrevolución preventiva.
[2]. Después reeditada en 2001, 2007 y 2012.
[3]. Pese a lo decepcionante que este último personaje pronto resultó, en aquel momento quienes votaron por él creían hacerlo por una opción progresista.
[4]. Es equívoco, además de inútil, juzgar el carácter de estos gobiernos según el rasero de las pre misas y expectativas conceptuales características de los años 60 y 70 , puesto que el de ahora es un fenómeno de otro tiempo y carácter.
[5]. Fenómeno al que no le faltan precedentes en América Latina, como el sesgo que Lázaro Cárdenas le imprimió a la Revolución mexicana, el intento de Jacobo Árbenz en Guatemala o el ímpetu inicial de la Revolución boliviana, entre otros. Para evaluarlos, algunos de los actuales críticos radicales resultan bastante más dogmáticos que los de aquella época.
[6]. Esto, si bien propicia la adquisición de nuevos socios, a la vez define y moviliza la hostilidad norteamericana y sus acciones conspirativas.
[7]. Las agrupaciones y personalidades más fieles al interés popular y nacional mantuvieron las denuncias y protestas contra las tragedias sociales, las corrupciones y las renuncias a la soberanía agudizadas por las políticas neoliberales pero, batiéndose a la defensiva, tuvieron escasa posibilidad de desarrollar propuestas alternas.
[8]. Elecciones donde, para el mismo elector, los motivos aldeanos, familiares y coyunturales pueden primar sobre la valoración nacional, ética y estratégica de los temas.
[9]. A escala masiva, de los años 70 quedaba la memoria de los costos y sacrificios que acompañaron al esfuerzo revolucionario sin que sus esperanzas se cumplieran.
[10]. Por ejemplo, en 1960 Blas Roca, respetado dirigente del Partido Comunista cubano, caracterizó lo que sucedía en Cuba como un proceso característico de “una revolución democrático burguesa en los países coloniales, semicoloniales o dependientes, o sea, una revolución agraria y antimperialista”. Ver 29 artículos sobre la Revolución Cubana, Publicaciones del Comité Municipal de la Habana del Partido Socialista Popular, 1960, p. 20. 
[11]. La crítica de ciertas izquierdas señalando que estos gobiernos no forman cuadros ni organizaciones revolucionarias es una forma de eludir la responsabilidad que les corresponde por incumplir esa misión. Desde siempre, la formación de cuadros idóneos para implementar su proyecto ha sido una de las misiones medulares de los partidos, gobernantes o no .
[12]. A veces por motivos de legitimación electoral.
[13]. Así como el golpe contra Allende impuso una reestructuración que fue mucho más allá de reponer el anterior marco institucional. Lo cual es cónsono con la ideología de la revolución neoconservadora y el tea party norteamericano y con la de la nueva derecha europea.
[14]. En lo que me corresponde, hace pocos años elaboré para el CIPI un material sobre la contraofensiva reaccionaria y la llamada “nueva” derecha, discutido en una de las pasadas Conferencias. Al respecto, ver ¿Quién es la “nueva” derecha? en Agencia Latinoamericana de Información (Alai) del 14 de abril de 2010 y en Rebelión del 15 de abril de 2010.
[15]. Ver su discurso inaugural del Encuentro internacional de partidos, movimientos, frentes y organizaciones de izquierda progresista “América Latina unida y soberana frente a la restauración conservadora”, en Quito, el 29 de septiembre de 2014 [www.elap2014.com]. 

“Google nos espía e informa al Gobierno de Estados Unidos”


Entrevista a Julian Assange, fundador de Wikileaks
Le Monde Diplomatique

Desde hace treinta meses, Julian Assange, paladín de la lucha por una información libre, vive en Londres, refugiado en las oficinas de la Embajada de Ecuador. Este país latinoamericano tuvo el coraje de brindarle asilo diplomático cuando el fundador de WikiLeaks se hallaba perseguido y acosado por el Gobierno de Estados Unidos y varios de sus aliados (el Reino Unido, Suecia). El único crimen de Julian Assange es haber dicho la verdad y haber difundido, vía WikiLeaks, entre otras revelaciones, las siniestras realidades ocultas de las guerras de Irak y de Afganistán, y los tejemanejes e intrigas de la diplomacia estadounidense.

Como Edward Snowden, Chelsea Manning y Glenn Greenwald, Julian Assange forma parte de un nuevo grupo de disidentes que, por descubrir la verdad, son ahora rastreados, perseguidos y hostigados no por regímenes autoritarios sino por Estados que pretenden ser “democracias ejemplares”…

En su nuevo libro, Cuando Google encontró a WikiLeaks (Clave Intelectual, Madrid, 2014), cuya versión en español está en librerías desde el 1 de diciembre, Julian Assange va más lejos en sus revelaciones, estupendamente documentadas, como siempre. Todo parte de una larga conversación que Assange sostuvo, en junio de 2011, con Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google. Este vino a entrevistar al creador de WikiLeaks para un ensayo que estaba preparando sobre el futuro de la era digital. Cuando se publicó el libro, titulado The New Digital Era (2013), Assange constató que sus declaraciones habían sido tergiversadas y que las tesis defendidas por Schmidt eran considerablemente delirantes y megalomaníacas. El nuevo libro del fundador de WikiLeaks es su respuesta a esas elucubraciones del presidente de Google. Entre muchas otras cosas, Assange revela cómo Google –y Facebook, y Amazon, etc.– nos espía y nos vigila; y cómo transmite esa información a las agencias de inteligencia de Estados Unidos. Y cómo la empresa líder en tecnologías digitales tiene una estrecha relación, casi estructural, con el Departamento de Estado. Afirma también Assange, que hoy, las grandes empresas de la galaxia digital nos vigilan y nos controlan más que los propios Estados.

Cuando Google encontró a WikiLeaks es una obra inteligente, estimulante y necesaria. Una fiesta para el espíritu. Nos abre los ojos sobre nuestras propias prácticas de comunicación cotidianas cuando usamos un smartphone, una tablet, un ordenador o cuando navegamos simplemente por Internet con la candidez de quien se cree más libre que nunca. ¡Ojo! Nos explica Assange, como Pulgarcito, vas sembrando rastros de ti mismo y de tu vida privada que algunas empresas, como Google, recogen con sumo cuidado y archivan secretamente. Un día, las utilizarán contra ti…

Para conversar de todo esto y de algunas cosas más, nos encontramos con un Julian Assange entusiasta y fatigado, en Londres, el pasado 24 de octubre, en una pequeña sala acogedora de la Embajada de Ecuador. Llega sonriente y pálido, con una barba rubia de varios días, con su cabeza de ángel prerrafaelista, cabellos largos, rasgos finos, ojos claros... Es alto y delgado. Habla con voz muy baja y lenta. Lo que dice es profundo y pensado, le sale de muy adentro. Tiene un algo de gurú... Habíamos previsto charlar no más de media hora, para no cansarlo, pero con el paso del tiempo la conversación se fue poniendo interesante. Y finalmente hablamos más de dos horas y media…

Ignacio Ramonet: El corazón de tu nuevo libro –Cuando Google encontró a WikiLeaks– lo constituye un encuentro tuyo, en junio de 2011, con Eric Schmidt, el presidente ejecutivo de Google. En un momento, dices: “Google es la compañía más influyente del mundo”. ¿Qué entiendes por “más influyente”?Julian Assange: 

Lo que intento decir es que el mundo está viviendo un cambio muy profundo, y Google es la entidad que más influencia tiene sobre la esencia de ese cambio y tal vez también sobre la velocidad de ese cambio. Podríamos preguntarnos incluso si Google no es la empresa más influyente en términos absolutos. De esto no estoy seguro. Hay varias mega empresas que podrían ocupar esa posición, la de ser la más influyente en términos absolutos. Pero al menos, de entre las empresas de comunicación, sí, es la más influyente en términos absolutos. Otras compañías pueden tener mucha influencia, como General Electric, o Raytheon, o Booz Allen Hamilton, o ExxonMobil, o Chevron, pero todas ellas tienen, más o menos, un modelo de negocio estabilizado, y el tipo de influencia que ejercen no es tan evidente. Son muy grandes, sí, pero son estáticas. En cambio, Google está en evolución constante; ha duplicado su valor bursatil entre 2011 y este año, pasando de 200.000 millones de dólares a 400.000 millones... Y su penetración en la sociedad global, en términos de interacción con los individuos, ha aumentado más que la de cualquier otra empresa de gran tamaño

.IR: ¿Más que las empresas financieras…?JA: Sí, no hay duda.


IR: Escribes que “el avance de la tecnología de la información, encarnada por Google, anuncia la muerte de la privacidad para la mayoría de las personas y reconduce el mundo hacia el autoritarismo”. ¿No eres demasiado pesimista? 

JA: No creo que se pueda mirar el mundo y decidir si uno quiere hechos optimistas o pesimistas. Los hechos son como son. Hay otros fenómenos que se están produciendo y podemos considerarlos como optimistas, pero no lo que Google está haciendo. Se trata de otros procesos que están ocurriendo.

IR: Hablaremos de esos procesos más adelante. Por ahora quería preguntarte: ¿en qué te basas para afirmar que “las tecnologías de Silicon Valley son un instrumento al servicio de la política exterior de EE UU”?

JA: De varias maneras, que describo en el libro. En primer lugar, la larga historia de colaboración entre el complejo militar-industrial de las fuerzas armadas de Estados Unidos y el Silicon Valley. Cualquier persona que haya investigado sobre el Silicon Valley sabe que eso es así. Noam Chomsky ha denunciado con contundencia lo que ocurría en Silicon Valley en las décadas de 1970 y 1980 (1). De hecho, si miramos hacia atrás y pensamos en cuál era la percepción que se tenía en esa época de los ordenadores… Eran unas máquinas enormes que los militares hacían funcionar y las ponían al servicio de las grandes empresas estadounidenses. La idea que la gente se hacía del superpoder de los ordenadores está reflejada en películas como Colossus (2). En todo caso, los militares en esa época pilotaban el desarrollo del Estado: ayudando a llegar a la Luna, ayudando a construir armas atómicas, ayudando a diseñar misiles ICBM (3), ayudando a acelerar la velocidad de los submarinos nucleares, ayudando al Servicio de Impuestos Internos a verificar la fiscalidad de cada persona... Todo eso cambió cuando Silicon Valley, en los años 1990, empezó a desarrollar un mercado de consumo, a poner los avances de la tecnología informática al alcance del gran público. Fue entonces cuando se empezó a crear una “burbuja de percepción” que presentaba a las empresas de Silicon Valley como “amigas” de la gente, “amigas” del consumidor. Apple, Google, Amazon y más recientemente Facebook han estimulado ese aspecto y se han beneficiado de ello. Y todo eso ha creado una ilusión... que ha permitido obliterar la visión previa, negativa, que había al respecto, y que la mayoría de los académicos tenía con relación a Silicon Valley, aquel Silicon Valley que colaboraba con los militares. En segundo lugar, estas nuevas compañías, como Google, que describo en mi libro, establecieron una estrecha relación con el aparato de Estado en Washington, en particular con los responsables de la política exterior. Esa relación es una evidencia ahora. La tienen los más altos ejecutivos de Google, Eric Schmidt (4), Jared Cohen (5)... tienen ideas políticas semejantes y comparten una idéntica visión del mundo. Y finalmente, esta asociación tan estrecha y esta visión del mundo compartida entre Google y la Administración estadounidense están al servicio de los objetivos de la política exterior de Estados Unidos.

IR: Precisamente, en esa misma línea, escribes que cuando Eric Schmidt visitó China, Corea del Norte y Birmania, en 2013, era evidente que estaba llevando a cabo una operación de “diplomacia encubierta” para Washington. ¿Qué pruebas tienes de ello? 

JA: Hablo basándome en mi experiencia. Pudimos demostrar que cuando había un flujo de información entre Eric Schmidt y yo, inmediatamente esa información llegaba a los niveles más elevados del Departamento de Estado (6). Y cuando Eric Schmidt utilizaba a Lisa Shields (7) como canal para contactar conmigo, se producía con anterioridad un flujo de información en sentido contrario, del Departamento de Estado a Eric Schmidt... Respecto a este y su diplomacia encubierta con Corea del Norte y con algunos países con los que Washington no quiere ser visto manteniendo comunicaciones de forma directa, no soy yo quien lo afirma, yo simplemente repito y reproduzco las afirmaciones que otras personas han expresado. Pero yo, como te acabo de decir, tuve una experiencia concreta respecto a su función de informador del Departamento de Estado; y otras personas también supieron evaluar lo que Schmidt hizo en Corea del Norte y en otros países.

IR: Hace unos meses, Eric Schmidt estuvo en Cuba (8) ¿crees que también era para llevar a cabo una “diplomacia encubierta”?

JA: Sí, eso creo. 

IR: ¿Piensas que cometiste un error cuando recibiste en 2011 a Eric Schmidt y a sus amigos cercanos a la Administración estadounidense? ¿Fuiste ingenuo? 

JA: Son preguntas interesantes. Yo estoy acostumbrado a reunirme con muchas personas de todo tipo, desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, periodistas con antecedentes cuestionables. Pero no tenía tiempo de evaluar cuáles eran sus motivaciones al venir a verme. Así que traté la cita con Eric Schmidt y las tres personas que lo acompañaban [Jared Cohen, Lisa Shields, Scott Malcomson] de una forma similar a como siempre lo había hecho. Obviamente tuve mucho cuidado en no revelar detalles de nuestras operaciones o los nombres de los miembros de mi equipo... Ese tipo de precauciones… Si lees cuidadosamente la transcripción de nuestra conversación verás que intento escabullirme un poco de algunas preguntas demasiado incisivas de Eric Schmidt. Por ejemplo cuando me pregunta cómo WikiLeaks se defendía técnicamente a sí misma en aquel momento... En lugar de responderle a eso, describo cómo WikiLeaks se defendía... ¡en etapas anteriores! Pero hay muchas cosas que uno puede aprender sobre una persona cuando esta te visita durante un largo rato. Y en este caso, Eric Schmidt y sus tres acompañantes, miembros del Departamento de Estado, me visitaron durante más de cinco horas... Es un tiempo suficientemente largo como para poder sacar una impresión relativamente precisa sobre la salud de alguien, su estado de ánimo, qué es lo que le interesa, de qué se ríe, etc. Y yo, ahora, claro, sería un poco más cuidadoso si hubiera sabido que ese tipo de información, recogida sobre mí por Eric Schmidt, iba a ir directamente hacia el Departamento de Estado... Pero, dicho esto, esa información también la recogí yo sobre él, y eso me reveló quién era Schmidt, y creo que los lectores también lo perciben. Si se analiza cuidadosamente lo que él y las tres personas que lo acompañaban me preguntaron, de qué se reían, la diferencia entre una risa verdadera y una risa falsa… Se deducen cosas... Por ejemplo, está muy claro que Eric Schmidt ve a China como un enemigo... Porque cuando yo hice bromas sobre cómo, con WikiLeaks, habíamos engañado a la seguridad china, la risa de Schmidt fue más fuerte y espontánea, mientras que en otros momentos su risa era falsa.

IR: ¿Te decepcionaste al ver la versión truncada que daba Schmidt de esa conversación en su libro (9)?

JA: Me sentí más decepcionado por el libro de Schmidt como libro. Eso sí me decepcionó. Pero también fue muy interesante descubrir lo que ese libro intentaba ser. Y, naturalmente, como yo también había grabado nuestro encuentro, tuve la experiencia personal de saber exactamente lo que yo había dicho a Schmidt y lo que él reprodujo de nuestra conversación en su libro. Por lo tanto, pude ver lo que él estaba intentando hacer. Pude vislumbrar el objetivo de Schmidt cuando analicé qué partes de la conversación había conservado, cuáles había ocultado y cuáles había distorsionado. Su propósito no era atacarme a mí, aunque dijo algunas cosas hirientes. Lo que él intentaba era posicionar a Google como el “visionario geopolítico” que necesitaban los Estados Unidos. Para que las autoridades de Washington acudieran a él y escucharan a Google…

IR: Dices que muchos ciudadanos critican el espionaje y el control ejercidos por el Estado, pero sin embargo notas que son muy pocos los ciudadanos que critican la vigilancia ejercida por las empresas privadas. ¿Es tan peligrosa esta como la de los Estados?

JA: ¿Estás presuponiendo que hay una diferencia entre el Estado y las grandes empresas privadas? [risas]

IR: Te hago la pregunta... Tengo mi opinión... [risas]

JA: Esta división está desapareciendo en la mayor parte de los países de Occidente. Pero la complicidad es más clara en Estados Unidos donde, por ejemplo, el 80% del presupuesto de las agencias de seguridad nacional (10) va a la industria privada. Incluso la agencia de inteligencia más secreta de Estados Unidos, que forma parte del núcleo más protegido del Estado, destina el 80% de su presupuesto a las industrias del sector privado. Por lo tanto, es interesante preguntarse por qué ha habido más investigaciones sobre el espionaje del Gobierno que sobre el espionaje de las empresas privadas. Creo que están ocurriendo dos cosas. En primer lugar, una ley general: cuando aumenta el grado de abstracción de un problema disminuye el número de personas que pueden entender esa abstracción.

Por ejemplo, cuando el Gobierno estadounidense contrata a la empresa militar privada Blackwater (11) para que sus mercenarios operen en Oriente Medio, ¿cuánta atención se presta al número de mercenarios que intervienen en Irak o en Afganistán, comparado con lo que se publica sobre el número de militares de las fuerzas armadas? ¿Cuánta atención se da a los mercenarios de Blackwater cuando matan a alguien o cuando cometen un delito, en comparación con la cobertura mediática que recibe el crimen o el delito cometido por un militar? Y sin embargo, el Gobierno estadounidense, en ambos casos, es el amo que da las instrucciones y financia las operaciones. Se le da un nombre diferente, y darle a algo un nombre diferente es suficientemente eficaz para esconder la verdad, y disimular la realidad. Y segundo, especialmente en Estados Unidos, está el aspecto ideológico. Por un lado tenemos a la izquierda norteamericana... Casi toda esa izquierda liberal está en el seno del Partido Demócrata, en un sistema clientelista y, por lo tanto, no está ejerciendo un examen adecuado de lo que está sucediendo con los excesos del Gobierno, incluida la privatización generalizada. Y, por otro lado, tenemos la parte libertaria del Partido Republicano que dice que sólo el Gobierno es el problema, y que el sector privado jamás es el problema. Sin embargo, el sector privado es quien dirige, en gran parte, al Gobierno. Y algunas mega empresas, como Google o Goldman Sachs, con su enorme tamaño y sus monopolios, están dirigiendo los servicios centrales del Estado como si fueran el propio Gobierno... Son mega empresas privadas que tienen una cifra de negocios anual superior al PIB de Nueva Zelanda o de muchos otros Estados

IR: De Ecuador, por ejemplo…

JA: En efecto, de Ecuador. Si comparamos la empresa petrolera Chevron, que tiene una facturación de unos 300.000 millones de dólares al año y Ecuador, que tiene un PIB de unos 90.000 millones de dólares al año… La diferencia es abismal. Sabemos que hay un conflicto entre estas dos entidades (12). Chevron intenta presentar a Ecuador como un “Estado poderoso” que utiliza la fuerza coercitiva para poder reducir e intimidar a una empresa privada... Pero si consideramos los ingresos, no cabe duda de que Chevron es la entidad con más recursos de las dos. Es tan grande que ha podido asociarse, además, al poder de Estados Unidos que también posee la habilidad de usar la fuerza coercitiva, no de manera directa, pero sí indirecta, para tratar de intimidar a Ecuador... Movilizando, si es necesario a la llamada “sociedad civil”…

IR: ¿ El concepto de “sociedad civil” es una fábula?

JA: El concepto no es una fábula, pero la práctica sí lo es. Porque la mayoría de las organizaciones de la llamada “sociedad civil” están financiadas para ser agentes del Estado o de las empresas más poderosas. En mi libro doy bastantes ejemplos de esto, no para probar este punto, sino para estudiar lo que hace Google. La New America Foundation, por ejemplo, en Washington, ¿quién la financia? La respuesta es: Eric Schmidt personalmente, y Google como compañía, y el Departamento de Estado, y Radio Free Asia, y varias entidades más, pero las que he mencionado son las principales patrocinadoras. Y su directora general, Anne-Marie Slaughter, había trabajado anteriormente como asesora muy cercana a Hillary Clinton en el Departamento de Estado, y sigue siendo una asesora actual del Departamento de Estado. Y es profesora en Princeton, al mismo tiempo. Por lo tanto, aquí los tenemos a todos juntos: Eric Schmidt como individuo, Google como compañía, el Departamento de Estado como parte del Ejecutivo de EE.UU. Igual ocurre con Radio Free Asia, y con el mundo académico representado, en parte, por Anne-Marie Slaughter. Eric Schmidt es miembro de la Junta de muchas de estas fundaciones, junto con directivos de Facebook. Aunque, desde lejos, parece que Google y Facebook están en competencia, en realidad, a nivel social, no se oponen entre sí, cooperan en fundaciones, y también trabajan con el Estado, como en el caso de la New America Foundation. En el libro, entro más en detalle en esta fundación porque es la más significativa desde el punto de vista político. Es como el “hogar político” de Eric Schmidt en Washington. Aunque él y varios ejecutivos de Google están involucrados también en otras fundaciones que pretenden encarnar la “sociedad civil”…

IR: Dices que “detrás de la fachada de la democracia lo que hay, en realidad, es un poderoso deseo de controlar a los ciudadanos”. ¿En qué te basas para escribir esto?

JA: ¿Tiene que ver tu pregunta con esta falsa “sociedad civil”…?


IR: Sí, es la idea. Lo que llamamos ‘democracia representativa’, en realidad, escondería, según tú, un gran deseo de controlar a la gente…

JA: Ya veo... Seguramente conoces la famosa afirmación de Noam Chomsky: “Los medios de comunicación son a la democracia lo que la propaganda es a la dictadura”.

IR: Sí, dos maneras de manipular.

JA: Es una parte necesaria del sistema de control.

IR: A ese respecto, háblame de Total Information Awareness, no te pido que la describas, lo haces en el libro, pero ¿crees que ese proyecto ha sido abandonado realmente?

JA: ¿Total Information Awareness? No, no, en absoluto. Disponemos de documentos que WikiLeaks no ha publicado todavía sobre el nacimiento de Total Information Awareness. Y mi conclusión, después de estudiar a fondo su evolución es que, inmediatamente después de los atentados del 11 de septiembre del 2001, el complejo de los servicios de inteligencia estadounidenses quiso obtener más poder.



Conseguir muchas cosas que habían querido hacer desde hacía mucho tiempo… Aunque ya eran muy poderosos… No es que no hubiera vigilancia masiva antes del 11 de septiembre, sí la había. La Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) era ya como “la gran bestia” en Washington, y ya recopilaba una enorme masa de información. Pero inmediatamente después del 11 de Septiembre, el Ejército pensó que podía agarrar parte de este pastel y quitarle la suya a la NSA. Por lo tanto hicieron esa propuesta de Total Information Awareness, con algo llamado MOAD [en inglés Mother Of All Databases, “la madre de todas las bases de datos”], que incluía toda la información que se había reunido en Estados Unidos, la de la CIA, la de los satélites y la de las demás agencias de inteligencia. Y este proyecto se aprobó inicialmente. Pero la NSA vio esta intromisión del Ejército como una amenaza para su propio poder institucional. Por lo tanto, la NSA luchó contra Total Information Awareness. Y no ganó inicialmente. Se estableció una especie de cibercomando supremo que no estaba dirigido por la NSA. Y la oficina de Total Information Awareness tampoco estaba dirigida por la NSA. Entonces, la NSA se unió con los demócratas, con los principales responsables demócratas, y empezaron a atacar ese proyecto. Una vez que lo debilitaron bajo el pretexto de que, de algún modo, constituía una amenaza para las libertades civiles, empezó a digerir los trozos, las piezas de Total Information Awareness, y a integrarlos en el seno de la NSA... Finalmente, la NSA absorbió la mayor parte de los elementos del proyecto Total Information Awareness. O sea, el proyecto como tal ha desaparecido, pero todos sus objetivos siguen vigentes y forman ahora parte de las misiones de la NSA.

IR: A tus lectores les dices: “¡Aprended cómo funciona el mundo!” Pero ¿dónde pueden aprender eso?

JA: En primer lugar comprando y leyendo mi libro… [risas]

IR: Obviamente... ¿y después?JA: La revolución de las comunicaciones ha conectado a todas las sociedades unas con otras. Eso significa que ha conectado a todos los espías de una sociedad con los de otra sociedad, incluyendo a los principales espías, los de la NSA, y eso ha reforzado los aspectos negativos de la globalización. Por ejemplo, la competencia económica tan agresiva, las transferencias financieras a la velocidad de la luz… Eso significa que los grupo dominantes, ya poderosos, pueden ahora multiplicar su poder gracias a Internet y extenderlo a todos los países cuyas sociedades se están fusionado también gracias a Internet. Pero por otro lado, este proceso, esta misma revolución tecnológica, ha permitido a muchas personas, en todas partes del mundo, educarse unas a otras. Mediante la transferencia lateral de la información. Y eso nos permite, en principio, informarnos mejor y comprender cómo funciona realmente el mundo. 

IR: Es el aspecto positivo del que hablábamos al principio…

JA: Sí. La NSA y las organizaciones de espionaje semejantes a ella, como Google y otras empresas cuyo negocio es recoger información privada, han estado sacando información de las personas menos poderosas y archivándola para utilizarla en su beneficio. Y esto ha aumentado su poder en gran medida. Ha aumentado el poder de aquellos que ya tenían mucho. Es el aspecto negativo.



Pero por otro lado, esa transferencia lateral de información ha aumentado el conocimiento y, por lo tanto, el poder de millones de personas. Y han surgido unas cuantas organizaciones, no muchas, como WikiLeaks que se especializan en recoger datos secretos de esas organizaciones superpoderosas para ponerlos a disposición de todo el mundo, para reequilibrar la falta de igualdad en materia de poder. En cierto modo, no he respondido a tu pregunta, pero hay tantas formas de aprender ahora… Y los últimos cinco años han sido la época de mayor educación política que haya habido nunca, no para todos los países, pero si se mira esta educación que se está produciendo al mismo tiempo en todo el mundo, eso no había ocurrido nunca antes. 

IR: ¿Crees realmente que Internet ha conseguido poner fin a la asimetría de la información?

JA: Sí, pero, como acabo de explicar, las grandes empresas y el Estado están intentando controlar este fenómeno recogiendo todavía más información.

IR: Dices que “no es el Estado quien debe saberlo todo sobre los ciudadanos, sino los ciudadanos quienes deben saberlo todo sobre el Estado”.

JA: Sí, así debe ser. ¿A quién le importa la transparencia? A nadie realmente. La gente no nace con el tema de la transparencia en sus corazones. No piensan en la transparencia en el último instante de sus vidas, antes de morir.

IR: Seguro… 

JA: La gente nace con deseos de justicia, y antes de morir, quiere haber sido tratada con justicia. Lo mismo ocurre con la privacidad. Transparencia y privacidad son sólo importantes porque son mecanismos que dan o quitan poder.

IR: Afirmas que WikiLeaks contribuyó a hacer caer dos dictaduras: en Túnez y en Egipto. ¿Estás convencido de ello? 

JA: Muchas personas están convencidas de ello. 

IR: ¿Está demostrado?

JA: Los ministros de Ben Ali admiten que la divulgación de unos cables con información explosiva por WikiLeaks fue lo que quebró la espina dorsal del sistema de Ben Ali. Queda claro que estas divulgaciones representaron un papel importante. Llegaban en el momento propicio y en un contexto de gran descontento social. Porque, en realidad, lo que hizo caer a Ben Ali fue el propio Ben Ali. 

IR: La dictadura misma, claro…

JA: Sí.



IR: Quisiera ir más allá. Dices que, cuando se produjeron las primaveras árabes y las revueltas de jóvenes a través del mundo, desde los “indignados” de España hasta los manifestantes de “Occupy Wall Street”, “Internet se convirtió en un demos, un pueblo, que comparte cultura, valores y aspiraciones, se convirtió en un lugar en el que tiene lugar la Historia”. ¿No es excesivo decir que Internet es un “pueblo”?

JA: Antes de 2005, Internet era un lugar muy apático. Pero luego, en parte gracias a WikiLeaks, se produjo un cambio muy grande.

IR: Sin embargo, ¿no crees que es excesivo decir que “Internet es un demos”? 

JA: Es excesivo decir que Internet, en su totalidad, lo es. Pero hay millones de personas en Internet –ignoro su número exacto–, que se consideran a sí mismas como parte de ese demos. En cambio hay otros millones de personas que utilizan Internet y no se conciben a sí mismos como parte de ese demos de Internet. Pero eso no impide que haya millones de personas, repito, que sí se perciben a sí mismas como parte de ese demos. Incluso conozco a personas a las que les he preguntado: “¿De dónde eres?” Y algunas me han contestado: “Soy de Internet”. 

IR: Generación Internet… 

JA: Es divertido... Pero lo dicen en serio, no en broma. Sienten genuinamente que Internet es el lugar de donde ha emergido su cultura personal.

IR: ¿Sigues pensando que compartir información es una manera de liberar al mundo?

JA: No hay otra esperanza. Nunca ha habido ninguna otra esperanza. Esta ha sido siempre la lucha. Que las personas reciban información. Si retrocedemos al tiempo de los griegos, o a los debates durante la Ilustración, o a los enfrentamientos en China, o las guerras de independencia en Latinoamérica, o las luchas poscoloniales, el primer paso siempre ha sido: comprender la situación, comprender qué es posible y qué no es posible. Incluso si nos apartamos de las cuestiones que tienen que ver con la distribución de recursos y el desequilibrio de los poderes –porque a veces pienso que la izquierda se centra exclusivamente en estas cuestiones… Si miramos simplemente de qué es capaz el ser humano cuando está en sus mejores condiciones, y qué es capaz de hacer la civilización cuando está también en su mejor momento, cualquier cultura, cualquier civilización… Está claro que no se puede hacer un plan para hacer algo a no ser que se piense en ese plan. No se puede comprender si un plan de acción es válido o no es válido a no ser que se analice en detalle y se entienda la situación. A no ser que se comprenda cómo las instituciones humanas se comportan, y también a no ser que se comprenda cómo funcionan los seres humanos. Los seres humanos siempre se han visto limitados por la falta de conocimiento. Imaginemos que mañana todo el mundo se queda sordo, mudo y ciego; las personas no pueden comunicarse unas con otras, ni transmitir sus conocimientos, ni tampoco aprender del pasado, ni de los archivos escritos, no pueden transmitir sus conocimientos a sus hijos, ni al futuro. Imaginemos esa situación extrema…


Entonces las personas serían como conejos o como piedras... Pero también podemos imaginar otra postura, donde la adquisición de conocimientos sería mucho más importante, y la educación mucho mejor que ahora, y la comunicación de mayor calidad y más honesta que ahora... Pues bien, en este momento nos hallamos entre esta posición elevada y la de ser meras piedras... Hace unos cinco mil años tal vez estábamos a un nivel muy bajo, ahora hemos subido un poco, pero aún nos queda mucho por subir para alcanzar, gracias a una educación y una información adecuadas, un nivel humano realmente superior.


IR: Hablabas antes de transparencia. Un ex ministro socialista francés de Relaciones Exteriores, Hubert Védrine, criticando a WikiLeaks, dijo: “La transparencia absoluta es el totalitarismo”… También se ha acusado a WikiLeaks de “violar la vida privada de los Estados”. ¿Piensas que debe haber límites a la difusión de informaciones ocultas sobre los Estados? 

JA: Cuando los responsables políticos, en los Gobiernos, se quejan de la transparencia, me da risa. Detrás de esas acusaciones, hay algo que es como decir: yo creo que las personas no deberían robarse unas a otras. Uno puede creer esto, o no creerlo. Pero en realidad no importa, porque no somos dioses, y los Estados tampoco lo son. En la práctica, sabemos que los Estados no pueden regularse a sí mismos para evitar volverse “malos”. En consecuencia, los Estados deben ser regulados por otras instancias, por personas que están dentro de ese Estado y por personas de fuera del aparato de ese Estado. Esto es una evidencia, lo han propuesto muchos humanistas. Una institución que se regula a sí misma, que no tiene regulación externa, se condena a cometer excesos o a la corrupción. Por eso, en términos prácticos, algunas instituciones del Estado, como la policía que investiga a las mafias, por ejemplo, deben actuar de forma profesional para asegurarse de que sus investigaciones no sean cuestionadas. Sin duda, WikiLeaks actúa de forma profesional y verifica que la identidad de nuestras fuentes no se vea comprometida, o la identidad de nuestro equipo, de nuestro personal, nunca sea revelada. Y nunca lo ha sido. Pero mantener nuestros secretos no es la responsabilidad de toda la sociedad. De forma similar, no porque la policía o las agencias de inteligencia actúen de forma incompetente, los editores de prensa o los ciudadanos deben censurarse unos a otros.

IR: Dices que WikiLeaks le ha dado al mundo “una lección de periodismo”, y que respecto a los medios de comunicación “habría que destruirlos todos”, y sustituirlos. ¿No eres, aquí también, un poco excesivo?

JA: Yo he trabajado con los medios de comunicación como periodista, como editor, en competencia con otras publicaciones y, al igual que todo el mundo, como consumidor o lector. Pero también he tenido la experiencia de algo que poca gente ha experimentado, incluidos muy pocos periodistas, que es padecer a los medios de comunicación como sujeto, cuando los medios hablan de mí. Y por lo tanto he desarrollado una percepción muy aguda respecto a su falta de profesionalidad, he comprobado que tienen muchos prejuicios y que están al servicio del poder dominante al que rinden cuentas. Aunque, entre los periodistas que trabajan para los medios dominantes, los hay muy buenos, las limitaciones institucionales son muy severas y casi inevitables. Esencialmente, el poder los corrompe. Y cuando una organización mediática se convierte en influyente, incluso simplemente porque está haciendo bien su trabajo, se convierte en poderosa y, como consecuencia, invita a otras personas a que trabajen para ella, y a su vez estas personas son invitadas por otros grupos sociales poderosos para que se sienten con ellos a un mismo nivel social, a un mismo nivel de negocios, y para intercambiar información. Y este proceso es sencillamente un proceso de seducción y de captación al que la mayoría de los seres humanos no se puede resistir. Resultado: todo grupo mediático que tiene influencia y que la ha ejercido durante muchos años ya no es capaz de dar información de forma honesta.

IR: Quisiera preguntarte: ¿Qué relación tienes con Edward Snowden actualmente? Si no es un secreto…

JA: No es un secreto el hecho de que WikiLeaks, de que yo y otras personas de WikiLeaks hemos conseguido exfiltrar a Edward Snowden de Hongkong para colocarlo en lugar seguro. Tiene asilo en Rusia y ahora ha montado una organización para defender las fuentes de los periodistas, que se llama Courage Foundation. En cuanto a cómo nos comunicamos… Ahí no puedo entrar... Pero es interesante el motivo por el que no puedo entrar en ello: es porque hay un Gran Jurado en Estados Unidos investigando el caso de Snowden, y los agentes del FBI vinculados a ese Gran Jurado han estado haciendo preguntas respecto al papel que Sarah Harrison (13) y yo, y otros miembros de WikiLeaks hemos tenido en el caso de Edward Snowden. Pero estamos orgullosos y muy contentos de que Snowden tenga asilo seguro. Su familia ahora se ha reunido con él en Rusia. Y tiene libertad de movimientos en el país más grande del planeta. Posee documentación para viajar. Todavía tiene que tener mucho cuidado a la hora de salir fuera de Rusia, por los intentos de Estados Unidos de capturarlo... Pero siempre y cuando sea muy cuidadoso en lo que hace, se encuentra en una buena situación ahora. Y esto es un incentivo muy importante para que lanzadores de alerta como él den un paso al frente y hagan lo mismo que hizo él. 

IR: Compartes con Snowden el ser, a la vez, uno de los hombres más perseguidos por Estados Unidos, y también el ser considerado como un “héroe de nuestro tiempo” por mucha gente.

 JA: Sí... Ninguna buena acción queda impune... [risas] 

IR: ¿Estás dispuesto a negociar con Estados Unidos para poner fin a tu situación? 

JA: Respecto a Estados Unidos hemos intentado negociar, y mis abogados, en Washington, han negociado. El Departamento de Justicia estadounidense se niega a hablar con mis representantes. Y la última actualización, por parte del Departamento de Justicia, es que la investigación sobre mí sigue su curso pero se niegan a decírmelo, se lo comunican al Tribunal, pero no quieren hablar con nuestros abogados ni conmigo. Y el Gobierno de Ecuador, a nivel estatal, ha intentado hablar con el Gobierno estadounidense respecto a esta cuestión, y ahí también, el Gobierno de Estados Unidos se niega a entablar conversaciones.

IR: En junio pasado, anunciaste públicamente que pronto saldrías de aquí… 

JA: No lo anuncié yo, fueron los medios de comunicación quienes lo anunciaron. 

IR: ¡Ah! Otra prueba de las “mentiras de los medios”... [risas]. ¿Cuándo piensas salir de aquí?

JA: Tengo mucha confianza. La situación legal es absolutamente clara. Tenemos varias demandas, hemos depositado una docena de demandas diferentes en distintas jurisdicciones, que están avanzando. Sobre la mitad de ellas, estamos a la ofensiva, por ejemplo, presentamos una demanda penal contra las operaciones de inteligencia contra mí en Suecia, otra contra las operaciones militares de Estados Unidos contra nosotros en Alemania, otra en Dinamarca contra la cooperación ilegal entre la inteligencia danesa y el FBI contra nosotros. Y en otra demanda penal, en Islandia, también hemos tenido éxito y hemos conseguido hacer arrestar a un confidente del FBI, que informaba en nuestra contra. Pero también he interpuesto un recurso de apelación en Suecia y esperamos algún resultado positivo. Legalmente la situación está muy clara desde hace tiempo. Por otra parte, a medida que avanza el tiempo, Estados Unidos y el Reino Unido empiezan a tomar cierta distancia con respecto al tema WikiLeaks... Ahora, por ejemplo, están muy ocupados con la Organización del Estado Islámico... En el Reino Unido, además, están las elecciones del año que viene. Y en Suecia hay un nuevo Gobierno.

IR: Socialdemócrata…

JA: Sí, pero no hay que olvidar que fue un Gobierno socialdemócrata quien tomó la decisión de colaborar con la CIA en el 2001 (14). En Suecia, no hay mucha diferencia entre el centro-derecha y el centro-izquierda... La realidad es que, en Estocolmo, están ahora en un periodo de transición. Y durante un periodo de transición la presión sobre el sistema judicial no es tan elevada porque el nuevo Gobierno se está formando. En el Reino Unido, tenemos varias facciones que están de mi parte y esto ha tenido como resultado un cambio en la ley. Hay que recordar que aquí se me detuvo sin cargos durante cuatro años, pero tampoco hay cargos contra mí en Estados Unidos, ni en Suecia…



Esto resulta increíble para la mayor parte de la gente, no creen que esto pueda ser verdad. Y yo tampoco creo que esto pueda pasar pero, sin embargo, es lo que me pasa a mí. Estuve detenido sin cargos durante cuatro años... E intentan extraditarme sin cargos... Por suerte, ha habido un reconocimiento, por parte de el Reino Unido, del Tribunal Supremo, de que esto ha sido un abuso que no se podía evitar según la ley anterior. En consecuencia, el Parlamento ha modificado la ley. Y ahora ya no es posible una extradición sin cargos en el Reino Unido. 

IR:¿Han hecho un caso especial con tu asunto?

JA: No. Aunque hay un problema: esa nueva ley no es retrospectiva. Esa cláusula de no retrospectividad se introdujo en la nueva ley después de que un artículo en el London Independent dijese que si se aprobaba la nueva ley tal y como estaba redactada, Assange quedaría libre. Probablemente no es legal, porque esa cláusula se ha introducido únicamente para causar perjuicio a una persona en concreto.

IR: Pero no se puede hacer una ley para una única persona… 

JA: Bueno, han hecho trampa, no han puesto mi nombre, pero describen mis circunstancias exactas. [risas]IR: La llamarán la “enmienda Assange”, me imagino…

JA: Mis abogados bromean. Dicen que es “la excepción Julian a la ley Assange”. [risas] Pero tengo confianza. Soy optimista.


Notas: 
(1) Léase la entrevista con Noam Chomsky (realizada el 15 de agosto de 2012 por Jegan Vincent de Paul), “Noam Chomsky on Government, Silicon Valley and the Internet”. http://www.socialphy.com/posts/computers-technology/17119/Noam-Chomsky-on-Government_-Silicon-Valley-and-the-Internet.html
(2) Colossus: The Forbin Project (Colossus: el proyecto Forbin), 1970, dir: Joseph Sargent. Película de ciencia ficción que cuenta cómo el Gobierno de Estados Unidos cede la defensa del país a un superordenador que contacta con el superordenador de los soviéticos, llamado Guardian, para formar un hiperordenador que toma conciencia de su poder y se hace con el control del planeta.
(3) Misil Balístico Intercontinental.
(4) Después de haber sido, de 2001 a abril de 2011, director ejecutivo (consejero delegado) de Google, Eric Schmidt es, desde el 4 de abril de 2011, presidente ejecutivo del Consejo de Administración de Google.
(5) Jared Cohen es director de Google Ideas, un think tank patrocinado por Google y dedicado a “identificar los desafíos globales y a determinar qué soluciones tecnológicas se podrían aplicar”. Fue asesor de Condoleeza Rice y de Hillary Clinton, secretarias de Estado (ministras de Relaciones exteriores), respectivamente de George W. Bush y de Barack Obama.
(6) Ministerio de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos.
(7) Lisa Shields, directora de comunicaciones del Council on Foreign Relations (Consejo de Relaciones Exteriores), el think tank de Relaciones Exteriores más importante, vinculado a los demócratas del Departamento de Estado; novia de Eric Schmidt.
(8) Cf. “Presidente ejecutivo de Google visita Cuba”, 14ymedio, La Habana, 28 de junio de 2014. http://www.14ymedio.com/nacional/Presidente-Google-visita-oficial-Cuba_0_1586841303.html
(9) Eric Schmidt, Jared Cohen, The New Digital Age. Reshaping the Future of People, Nations and Business [La nueva era digital. Remodelando el futuro de la gente, las naciones y los negocios], 2013.
(10) La United States Intelligence Community reúne a diecisiete agencias de seguridad, entre ellas la CIA, la NSA, la DEA y el FBI.
(11) Blackwater USA (que luego cambió de nombre y pasó a llamarse Blackwater Worldwide, y que ahora se llama Academi) es una sociedad militar privada estadounidense considerada como el “Ejército privado más poderoso del planeta”. Intervino en apoyo de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Irak y en Afganistán.
(12) Léase Ignacio Ramonet, “Ecuador y la mano sucia de Chevron”, Le Monde diplomatique en español, diciembre de 2013.
(13) Periodista británica, investigadora en temas de derecho y consejera jurídica de Julian Assange.
(14) En 2001, Suecia se vio salpicada por un escándalo de torturas a dos ciudadanos egipcios durante un vuelo secreto de la CIA que partió rumbo a El Cairo desde el país escandinavo, gobernado entonces por una coalición de izquierdas presidida por el primer ministro socialdemócrata Göran Persson.
(Londres, 24 de octubre de 2014. Traducción y primera transcripción: Marta Sedó. El texto de la entrevista ha sido revisado y enmendado por Julian Assange).
Fuente: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=93dd828d-8d5a-4d01-bfa9-bbe89c8ffe79 

sábado, 29 de noviembre de 2014

Cualquier hijo de policía o militar: ¿Papá, reprimiste a muchos jóvenes rebeldes por órdenes del gobierno?


Pedro Echeverría V.
Por la inmediata libertad de los 11  rebeldes
y la aparición de los 43 de Ayotzinapa

Imágenes integradas 11. Padre, ¿Qué son los vándalos de los que habla el presidente, la radio y la televisión, es verdad que son jóvenes rebeldes que quieres derrocar al gobierno para imponer el caos? ¿Por qué hasta en la iglesia se dice que el mundo era un caos hasta que vino dios a organizarlo? ¿Si dios lo organizó por qué no lo hizo con justicia e igualdad de modo que los que trabajan la tierra, en las fábricas, los de trabajos duros y sucios, posean los ingresos necesarios para vivir honestamente y que los que no trabajen –tal como los ricos que poseen mansiones, automóviles, mucho dinero- se les niegue el derecho a poseer? Se me hace que el dios “infinitamente bueno” no intervino y quienes organizaron el mundo eran lo que se llama la clase dominante. 
2. ¿Será que dios haya hecho todo si parece que este mundo está de cabeza? Si el mundo estuviera de pie –como debe estar- todo lo que viéramos sería justo: nadie se iría a la cárcel por  luchar para que haya justicia en México y, por tanto, nadie saldría a protestar contra la represión. Tú mismo, padre, no recibirías órdenes de golpear a jóvenes valientes que arriesgan su vida y su libertad para que haya justicia en México. ¿Recuerdas que me has dicho que como militar arriesgas tu vida al enfrentarte a los jóvenes, pero que tienes que actuar porque así te exigen tus superiores? Aunque los jóvenes jamás acuden armados a las protestas y manifestaciones, creo que sí te arriesgas, porque los jóvenes llevan mucho coraje contra el gobierno acumulado por años. 
3. Papá, ¿Qué pasaría si toda la tropa –viendo que la situación de México se complica y que el gobierno en vez de solucionar los problemas de fondo se dedica reprimir- toma un día el acuerdo de no reprimir a los jóvenes rebeldes? No hijo, esas son tonterías porque no conoces a los jefes. Nuestros jefes han tomado cursos en EEUU, en Colombia, en Perú y muchos lugares y cada vez que regresan son más déspotas y engreídos. Son algo así como robots que no escuchan argumentos. Da la impresión de que en lugar de cursos militares recibieron profundos “lavados de cerebros” para luchar contra todo aquello que se rebele. No hijo, en el ejército, la marina y en asuntos militares no caben consejos porque todas son órdenes de arriba y sin discusión. 
4. Papá, ¿Qué pasaría si al presidente Peña Nieto –ante las graves dificultades que tiene: No crece la economía, el desempleo repunta, los salarios son cada vez más miserables, la inseguridad, las movilizaciones- los EEUU intervinieran automáticamente –como lo han hecho en todos los países- para asegurar que sus intereses estuvieran garantizados? Sus intereses, es decir, sus propiedades, sus inversiones, sus ganancias, sus bancos, sus soldados, sus ciudadanos. ¿Y el ejército mexicano –tú mismo- qué haría? Hijo, nosotros –desde que nacimos como institución- sabemos que sólo debemos recibir órdenes y no podemos actuar por conciencia o a la libre. Pero te diré en antes de renunciar cualquier gobierno prepara las condiciones y se adelantan todos los pasos. 
5. Papi, aunque nos has asegurado dándonos comida, ropa, vivienda, escuela, una vida regular, te adelanto que no sería militar porque es un poco triste no poder decidir acerca de nuestra persona y nuestra vida. Pienso que ser hombre o mujer libre es otra cosa, a pesar de que el sistema esté de cabeza. Aunque te duela debo decirte que a ustedes los mandan a reprimir a jóvenes o a adultos –y a ti sé que te duele, pero no tienen otro camino- porque están defendiendo –de manera natural y con dignidad- sus derechos. ¿Papi, realmente crees que los 11 jóvenes presos, que irrumpieron el 20 de noviembre en la noche frente al Palacio Nacional, se merezcan estar en la cárcel? Nunca los jóvenes han sido violentos en estos casos, pero si los provocan responden con dignidad. 
6. Veía, sentía que mi padre estaba muy preocupado por lo que le decía, pero después de 18 años de trabajar como militar-policía, sólo le quedaba solicitar su cambio a un departamento que no tuviera que ver directamente con la represión mientras llegaba su jubilación. Me decía: Mira hijo, muchos de la tropa hacen méritos para obtener más grados militares. Todos buscan quedar bien con los altos mandos para obtener mejores ingresos y mejores comisiones. No pienses que estar en el ejército es fácil porque también entre nosotros hay mucha competencia para destacar y recibir premios. Por eso lo que sucedió el 20 de noviembre frente a Palacio –donde tuve la mala suerte de estar- no es nada para alegrarse porque habían mucho jóvenes de tu edad. 
7. ¿Y a ti padre no te enviarán pronto a otro país a tomar cursos? Posiblemente no porque ya no me ven agresivo, es decir, dispuesto a hacer acciones atrevidas que en cada momento son necesarias. Quizá por ello no me den otros grados ni me aumente más mis salarios. No creas, ya tengo un poco de miedo porque las cosas en el país parece que se complican mucho. Hace 15 años, gobernaba Zedillo y no se preveía que la descomposición llegara a este grado. Creí que con el gobierno del PAN de Fox vendría la paz y la honestidad y, al contrario la corrupción, la delincuencia y se inseguridad se agravaron. Con el gobierno de Calderón empeoró la situación y parece que hoy nada se ha compuesto y todo sigue igual de mal. Hijo, cúidate, pues sólo pienso en ustedes. 
8. Pienso que si todos los militares fueran bondadosos y cariñosos como mi padre, habría mucho menos violencia en la policía y el ejército. Él habla conmigo y estoy seguro que me escucha. Ha cambiado tanto que si le ofrecieran otro trabajo con idénticos ingresos y jubilación no lo pensaría dos veces. Él sabe y parece decir que a los jóvenes hay que escucharlos, no hay que tratarlos mal para que sus protestas se ventilen y los problemas que plantean sean solucionados. Yo no escogí ser hijo de militar-policía, pero mis estudios y entendimiento me han enseñado que debo ser libre y no un robot subordinado. Desafortunadamente, por pobreza y desempleo ha tenido que actuar en la milicia. Pero todavía es tiempo para que las cosas cambien. (29/XI/14)