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domingo, 7 de septiembre de 2014

Chile: los hijos de Pinochet


El 11 de septiembre de 1973 se consumó el golpe militar contra el gobierno de Salvador Allende, cuartelazo que tendría como resultado la implantación de una dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet, que prevalecería hasta 1990.
Masacres, torturas y represión de todo tipo caracterizaron a ese gobierno militar, de tal suerte que muchas personas tuvieron que huir a otros países para salvar sus vidas.
Aborrecido por amplios sectores de su país y del mundo, Pinochet es admirado por las fuerzas más radicales de la derecha y del Ejército de Chile, mientras que sus descendientes son motivo de escándalo por su corrupción y sus abusos.
Descendencia del tirano
El 11 de septiembre de 1973, los militares chilenos derrocaron al gobierno socialista de Salvador Allende para instaurar una junta militar encabezada por Augusto Pinochet (Augusto José Ramón Pinochet Ugarte), quien gobernó el país hasta 1990.
Fue una sanguinaria dictadura militar que perpetró incontables violaciones a los derechos humanos; curiosamente, Pinochet moriría, en 2006, el Día Internacional de los Derechos Humanos: el 10 de diciembre.
En sus últimos años, Pinochet enfrentó la acción de la justicia de su país por los crímenes que cometió durante su mandato.
Pudo evadir el castigo, pues en 2002 se alegó que ya estaba loco y que por lo tanto no podía ser procesado; a fines de 2005, el exdictador encaraba nuevos cargos, por malversación de fondos, pero su muerte, al año siguiente, detuvo la acción de la justicia (www.lasemana.es/periodico/noticia.php?cod=13673 ).
Sin embargo, tanto su esposa como sus hijos y varios de sus nietos han pasado por problemas legales, sea por abusos perpetrados durante la dictadura o por delitos cometidos posteriormente.
La esposa de Pinochet, María Lucía Hiriart Rodríguez fue, de acuerdo con el propio Pinochet, una de las personas que más lo animaron a perpetrar el cuartelazo contra Allende.
Famosa por su afición a las costosas joyas, trajes, sombreros y abrigos de piel, en 2005 fue acusada de complicidad en el delito de evasión fiscal cometido por Pinochet, y el 4 de octubre de 2007 ella y sus cinco hijos fueron arrestados por malversación de fondos, uso de pasaportes falsos, y por haber transferido ilegalmente 27 millones de dólares a bancos extranjeros durante el régimen pinochetista.
En 2013, el hijo mayor de Pinochet, Augusto Pinochet Hiriart, quien ha sido empresario y militar, fue procesado, además, por “giro doloso de cheques” (http://radio.uchile.cl/2013/01/21/hijo-mayor-de-pinochet-sera-formalizado-por-giro-doloso-de-cheques).
Nacida en 1943, Lucía Pinochet Hiriart, hija mayor del general, dirigió varias instituciones educativas durante el régimen militar, y de 1995 a 1998 participó en el Directorio de la Fundación Augusto Pinochet. En 2006, en el funeral de su padre, pronunció un discurso donde reivindicó el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, y afirmó que Augusto Pinochet había encendido “la llama de la libertad” en su país tras el gobierno de Salvador Allende.
En las elecciones municipales de 2008, Lucía Pinochet Hiriart fue electa concejala por una zona acomodada de Santiago de Chile, mientras que en los comicios parlamentarios de 2009, Rodrigo García Pinochet, hijo de Lucía y nieto de Augusto Pinochet, compitió infructuosamente por una diputación.
Rodrigo García Pinochet ha defendido tenazmente la memoria de su abuelo, de quien elogia “la autoridad, el orden y la convicción con que gobernó, como también su carencia de ineptitud a la hora de abordar conflictos extremos, incluidos los bélicos…” (www.cambio21.cl/cambio21/site/artic/20120426/pags/20120426105511.html ).
Jacqueline Marie Pinochet, a quien se consideraba la hija predilecta del dictador, tuvo un comportamiento irresponsable y agresivo.
No solía asistir a clases, pero antes de que cumpliera 18 años de edad su padre le regaló un automóvil y, luego, varias casas (“Jacqueline, la hija rebelde, autoritaria y predilecta de Pinochet”, El Mostrador, 10 de febrero de 2012).
En su adolescencia, su madre la retiró de la escuela Juana de Arco porque una compañera se atrevió a criticar a Pinochet: Lucía Hiriart “llegó indignada y ordenó a la dirección formar a todas las alumnas. Delante de ellas increpó a las monjas por lo sucedido y se llevó a su hija…”
A los 14 años viajó por primera vez a Miami, Estados Unidos, adonde volvió en reiteradas oportunidades, e incluso alquiló un departamento en el barrio residencial de Key Biscayne.
Jacqueline Pinochet prohibió a sus dos primeros maridos, Guillermo Martínez Spikin y Jaime Amunátegui Barros, mantener contacto con los niños después de que se separaron de ella.
Su tercer matrimonio también fracasó: en enero de 2004 se disolvió en términos poco amistosos, con demandas por pensión de alimentos y régimen de visitas.
En julio de 2006, Manuel Contreras, quien fuera jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina), policía secreta de Pinochet, acusó de narcotráfico al exdictador y a otro de sus hijos, Marco Antonio Pinochet Hiriart.
Según esa versión, Pinochet usó instalaciones militares para producir cocaína, además de que su hijo mantenía excelentes relaciones con el narcotraficante Edgardo Bathich (“Vínculos de Augusto Pinochet y el narcotráfico”, www.forosperu.net/showthread.php?t=308493 ).
En 2006, María Verónica Pinochet Molina, nieta mayor del exdictador, fue procesada por violencia intrafamiliar y por golpear a una mujer policía (“La fierecilla indomable del clan Pinochet”, La Nación, 13 de febrero de 2006).
El 1 de enero de ese mismo año, fue acusada por su excuñada, Rossana Morales Salazar, por agresiones y amenazas de muerte, a raíz de los golpes y mordeduras que le propinó luego de que Verónica llegara a buscar a su hija Isidora al departamento de su expareja, Miguel Morales Salazar.
 “En la declaración judicial queda estipulado que María Verónica Pinochet golpeó a Miguel Morales Salazar [su tercer marido], en frente de su hija, de forma violenta y reiterada, haciendo caso omiso de los gritos desesperados de la niña y sus dos medias hermanas”.
Rossana declaró: “Yo salgo a la calle y veo que María Verónica le pegaba a mi hermano, enterrándole las llaves del auto en la cabeza y gritándole… Me acerqué y le dije que dejara de pegarle, entonces ella se abalanzó sobre mí tomándome del cabello y me botó al suelo, donde me pateó en la cabeza y los hombros.
 “Me gritaba: ‘¡Yo soy la nieta del Tata! Te voy a mandar a matar por encargo o te voy a pegar en lo que más te duele’…”
En noviembre de 2008, la nieta de Pinochet volvió a agredir a Morales Salazar, por lo que posteriormente fue detenida por la policía.
Esta vez, Verónica le propinó una paliza, que incluyó golpes de puños y pies, cuando él se negó a entregarle dinero para que asistiera a la peluquería.
Sin duda, María Verónica tuvo de quién heredar y aprender esa forma de comportarse.
Por su parte, en 2006, otro de los nietos de Pinochet, Augusto Pinochet Molina, quien era capitán del Ejército, aprovechó el funeral de su abuelo para pronunciar un discurso de propaganda política a favor del golpe militar de 1973, por lo que fue expulsado de la milicia.
Entre otras cosas, Pinochet Molina afirmó: “Mi abuelo derrotó el modelo marxista no mediante voto, sino derechamente por el medio armado” (www.20minutos.es/noticia/181824/0/nieto/pinochet/expulsado/#xtor=AD-15&xts=467263 ).
Los nazis
Como documentó Miguel Littin en la década de 1980, en el periodo de Pinochet se estimuló el culto a Nicolás Palacios Navarro (1854-1911), pensador político chileno de ideas nacionalistas, quien en su libro La raza chilena pregonó una supremacía racial, de tipo patriarcal y militarista, originada en ese país (Miguel Littin, “El ojo en el corazón de Chile. Notas de una filmación clandestina”: www.blest.eu/cultura/littin 85.html ).
La obra de Palacios fue apreciada por el escritor chileno neonazi Miguel Serrano (1917-2009), mientras que los nazis chilenos siguen rindiendo culto a Pinochet.
Apenas en marzo de 2014 se pretendía abrir en la isla de Chiloé, al Sur de Chile, la autodenominada Escuela de Arte Nazi Augusto Pinochet.
El proyecto se frustró por la detención de su director, Godofredo Rodríguez Pacheco, acusado de un robo cometido a finales de la década de 1990.
Según el propio Rodríguez, dicha escuela pretendía formar a “las nuevas generaciones derechistas” (www.24horas.cl/nacional/detienen-a-creador-de-la-escuela-nazi-augusto-pinochet-1134815 ).
Aunque no reivindicó abiertamente la ideología nazi, el régimen de Pinochet tuvo con él muchos rasgos en común: su carácter totalitario, derechista, su rabioso anticomunismo, su militarismo y la política de exterminio de sus opositores.
Algunos investigadores han señalado que, además del carácter inhumano que compartieron los regímenes de Adolfo Hitler y de Pinochet, tradicionalmente el nazismo ejerció influencia “en sectores decisivos del Ejército chileno”, además de que el propio Pinochet llegó, en su texto Geopolítica, a suscribir “un conjunto de ideas y contenidos del pensamiento nazi”.
Asimismo, la Junta Militar que él encabezó no tuvo empacho en “relacionarse con personeros del Tercer Reich, como el criminal de guerra Walter Rauff, que a pesar de muchas peticiones de extradición pudo vivir sin problemas en Chile” (www.blest.eu/cs/gaudit 88.html ).
El oficial nazi Walter Rauff se considera creador del método de exterminio mediante camiones de gas y responsable de la muerte de medio millón de personas en Auschwitz. Luego de la guerra se refugió en Suramérica y durante el gobierno de Pinochet trabajó en la represión de los opositores políticos y en la construcción del campo de concentración de la Isla Dawson.
Murió en Chile el 14 de mayo de 1984 y a su funeral asistió, entre otros, el mencionado Miguel Serrano.
En el aniversario luctuoso de Pinochet, algunos grupos de militares –como los que con él colaboraron, incluso los acusados de haber cometido abusos contra la población– suelen expresar sus condolencias en las páginas de los diarios de ese país.
En 2013, a 40 años del golpe militar, el presidente de la Fundación Augusto Pinochet, el empresario minero Hernán Guiloff, pregonaba que en 1973 “el 90 por ciento de los chilenos quería una intervención militar”, que el golpe fue “un pronunciamiento cívico militar” y que el gobierno de Allende “había destruido al país”.
Edgar González Ruiz*
*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México

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